Antona García — Jornada I

ANTONA GARCÍA

Tirso de Molina
(Gabriel Téllez)

Esta edición electrónica de ANTONA GARCÍA fue preparada por Vern Williamsen en 1998 para incluirse en esta colección. ANTONA GARCÍA se publicó por primera vez en la CUARTA PARTE DE LAS COMEDIAS DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA (Madrid, María de Quiñones, 1635), que es la edición que tomamos como base para fijar nuestro texto con el apoyo de varias ediciones modernas. La edición príncipe, cuyo texto está bien conservado, es la fuente última, directa o indirecta, de todas las ediciones posteriores. Nuestro texto regulariza las indicaciones de personajes que hablan y su disposición gráfica, resuelve las abreviaturas y moderniza la puntuación y las grafías siempre que no tengan relevancia fonética. Cualquier añadido o enmienda al texto de la príncipe va entre corchetes.


Personas que hablan en ella:

  • La REINA Isabel la Católica
  • El MARQUÉS de Santillana
  • El ALMIRANTE de Castilla
  • ANTONIO de Fonseca
  • Cuatro SOLDADOS
  • Juan de ULLOA
  • ANTONA García
  • Juan de MONROY
  • CARRASCO, pastor
  • BARTOLO, pastor
  • Doña MARÍA Sarmiento
  • CENTENO, pastor
  • Cuatro LABRADORES
  • MÚSICOS
  • Cuatro CABALLEROS
  • El CONDE de Penamacor
  • Don BASCO
  • Cuatro PASAJEROS
  • GILA, pastora
  • PERO Alonso
  • Cuatro CASTELLANOS
  • Cuatro PORTUGESES
  • CHINCHILLA, soldado
  • El rey don FERNANDO
  • Una VENTERA
  • VELASCO, soldado
  • Don ÁLVARO de Mendoza

JORNADA PRIMERA


Salen marchando la REINA, el MARQUÉS, el ALMIRANTE, y don ANTONIO de Fonseca, con otros soldados
REINA: No nos recibe Zamora;
que el mariscal y su hermano,
Valencias en apellido,
portugueses en sus bandos,
se han apoderado de ella.5
Castronuño nos ha dado
con las puertas en los ojos,
por Alfonso, lusitano,
enarbolando pendones.
Toro se muestra contrario10
al derecho de mi reino,
Y leales desterrando
de la ciudad, Juan de Ulloa
por el marqués, animado,
de Villena, determina15
dar al portugués amparo.
Doña María Sarmiento,
su mujer, vituperando
su misma naturaleza,
en el acero templado20
trueca galas mujeriles;
plaza de armas es su estrado,
sus visitas, centinelas,
y sus doncellas, soldados.
Todos a Alfonso apellidan,25
por reina legitimando,
a doña Juana, su esposa,
por muerte de Enrique cuarto,
mi hermano, que tiene el cielo;
sabiendo que a don Fernando,30
mi esposo y señor, y a mí
los ricos hombres juraron
por principes de Castilla
en los Toros de Guisando.
Mas ciégalos la pasión35
y el interés. No me espanto;
la inocencia está por mí;
los más nobles castellanos
mi justicia favorecen;
la verdad deshará agravios.40
Mis tíos, el Almirante
de Castilla, con su hermano
el conde de Alba de Aliste,
por mí arriesgan sus estados.
Toda la casa Mendoza45
y el Cardenal, fiel y sabio,
don Pedro, que es su cabeza,
de Enrique testamentario,
por su reina me obedecen.
Reconóceme vasallo50
don Rodrigo Pimentel,
en cuya experiencia y años
justifico mi derecho,
y en Benavente ha mostrado
contra quinas portuguesas55
la lealtad que estima en tanto.
La casa de Guzmán tengo
en mi ayuda, y la de Castro,
con el duque de Alburquerque
que noble sigue mi campo.60
Lo principal de Castilla
y León, vituperando
acciones de los inquietos,
rehusan reyes extraños.
Pocas ciudades me niegan.65
En Burgos está sitiando
la fuerza el rey, mi señor;
si Toledo es mi contrario,
su arzobispo le violenta,
con ser él por cuya mano70
fui princesa de Castilla.
Mal parecen en prelados
mudanzas escandalosas,
y peor en viejos que, varios
son, por seguir sus pasiones,75
a sus consejos ingratos.
¿Qué importa que el de Villena
en armas ponga su bando
con Girones y Pachecos,
Ponces, Silvas y Arellanos?80
Los Cabreras y Manriques,
los Cárdenas y Velascos,
valientes se les oponen,
resistiendo los hidalgos.
Dios ampara mi justicia,85
ricos hombres, no temamos;
la verdad al cabo vence,
no la pasión. Marche el campo.
ALMIRANTE: A valor tan generoso,
cuando fuera menos claro90
el derecho que a estos reinos
intentan negar livianos;
cuando mi padre no fuera
abuelo del rey Fernando,
rey natural de Aragón,95
de nuestra España milagro,
y una misma nuestra sangre,
el esfuerzo soberano
de esa virtud atractiva,
no los hombres, los peñascos100
llevara, invicta Isabela,
tras sí. Mi vida, mi estado,
ofrezco a vuestro servicio.
REINA: Tío almirante, el reparo
de mi reino estriba en vos.105
MARQUÉS: Yo, gran señora, no aguardo
sino ocasiones que muestren
la fe y lealtad con que os amo.
No os den recelo las quinas
portuguesas, si intentaron110
ofenderos, que por vos
ya la fortuna echó el dado.
No rebeldes os asombren,
que sin justicia son flacos
ejércitos enemigos,115
y ella sobra contra tantos.
Seis mil montañeses deudos
en vuestro servicio traigo;
si no bastan, haced gente,
vended mi Hita y Buitrago.120
REINA: Vuestra persona, marqués
de Santillana, es espanto
de todos nuestros opuestos;
con ella sola yo basto
a conquistar nuevos mundos.125
Al cardenal, vuestro hermano,
como a padre reverencio,
que es pastor discreto y santo.
ANTONIO: Yo, en nombre de los demás,
invicta senora, salgo130
fiador que fieles sabremos
morir, pero no olvidaros.
REINA: Don Antonio de Fonseca,
de vuestros antepasados
heredastes generoso135
lealtad y valor hidalgo.
Marchemos a Tordesillas,
que en ella el socorro aguardo
del conde de Benavente.
TODOS; ¡Viva Isabel y Fernando!140
Suenan dentro gaita y tamboril y fiesta
REINA: Aguardad. ¿Qué fiesta es ésta?
ANTONIO: Una boda de villanos,
que en este pueblo vecino
sale a festejar a el prado.
Tengo en él alguna hacienda;145
y aunque no son mis vasallos,
como señor me obedecen.
Habíanme convidado.
a que fuese su padrino;
pero en negocios tan arduos150
dejé, por lo más lo menos.
Entretuviérase un rato
vuestra alteza, a no venir
con la prisa y los cuidados
que la guerra trae consigo;155
porque, sencillos y llanos,
causan gusto sus simplezas;
mas no es tiempo de hacer
caso de rústicos pasatiempos.
REINA: No, don Antonio, hagan alto,160
que adonde a vos os estiman,
pretendo yo con honrarlos
que sepan en lo que os tengo.
Lícito es en los trabajos
buscar honestos alivios,165
que un pecho real es tan ancho
que pueden caber en él
aprietos y desenfados.
Gocemos la villanesca.
ANTONIO: Pues es la novia milagro170
de las riberas del Duero,
y hay de ella sucesos raros.
Asombra con la hermosura
a cuantos la ven, y tanto,
que de Toro y de Zamora175
generosos mayorazgos
se tuvieran por felices
de que, dándola la mano,
disculpara su belleza
algún ribete villano.180
Mas es de suerte el extremo
en que estima su ser bajo,
que antepone el sayal pobre
a las telas y bordados.
Sus fuerzas son increíbles.185
Tira a la barra y al canto
con el labrador más diestro,
y hay carretero de Campos
que rodeando hartas leguas
por verla, desafïados,190
a los dos tiros primeros
perdió las mulas y el carro.
Llevaban a ajusticiar
en Toro a un su primo hermano,
y al pasar junto a un convento,195
llegándose paso a paso,
cogió al jumento y al hombre,
y llevándole en los brazos,
como si de paja fueran,
los metió en la iglesia a entrambos.200
Echáronle los alcaldes
en su casa seis soldados;
que aunque labradora es rica,
y dándoles los regalos
caseros que un pueblo tiene,205
porque no se contentaron,
cogió del fuego un tizón,
obligándolos a palos
a que en el corral se echasen
dentro de un silo, y cerrados210
con la trampa en él los tuvo
hasta la mañana, dando
un convite a los gorgojos,
que el hambre en ellos vengaron.
Si me juzga vuestra alteza215
en esto demasïado,
la boda sale al encuentro.
Porque vea que la alabo
con razón, experimente
en la novia dos contrarios220
de hermosura y fortaleza
y en lo uno y otro milagro.
MÚSICA de aldea. LABRADORES y, entre ellos, BARTOLO, CARRASCO; detrás, de las manos, ANTONA GARCÍA a lo labrador, de novia, y Juan de MONROY, también labrador. Cantan todos
TODOS: Más valéis vos, Antona, que la corte toda.
UNO: De cuantas el Duero que estos valles moja afeitando caras tiene por hermosas, aunque entren en ellas cuantas labradoras celebra Tudela.
TODOS: Más valéis vos, Antona.225
OTRO: Sois ojiesmeralda, sois cariredonda, y en fin, sois de cuerpo la más gentilhombra. No hay quien vos semeje, reinas ni señoras, porque sois más linda.
TODOS: Que la corte toda. Más valéis vos, Antona, que la corte toda.
ANTONIO: Llegad, Antona García,
con vuestro esposo a besar
los pies a quien quiere honrar230
vuestras bodas este día.
La Reina, nuestra señora,
esta merced gusta haceros.
ANTONA: A la mi fe que con veros
tan apuesta y guerreadcra,235
nos dais de quien sois noticia.
Mal haya quien mal vos quiere,
y quien viéndoos no dijere
que vos sobra la justicia.
Todos los puebros y villas240
que por aquí se derraman
la Valentona me llaman,
porque no sufro cosquillas;
no las sufráis vos tampoco,
pues Dios el reino os ha dado245
que os viene pintiparado,
y quien lo niega es un loco.
Para ser emperadora
del mundo érades mijor,
pues venis, por dar amor,250
con cara de regidora.
No es comparanza el abril
con vos, aunque lo encarecen;
vuesos dos ojos parecen
dos matas de peregil.255
Toda vuesa cara es luz
que encandila desde lejos,
vuesos cabellos bermejos
parecen al orozuz.
De vuestra vista risueña260
no hay voluntad que se parta;
gloria es veros cariharta
honrar la color trigueña.
En las dos mejillas solas
miro, segun son saladas,265
rosas con leche mezcladas,
o cebollas o amapolas.
Yo tengo el pergeño bajo;
mas díganme los presentes
si igualen a vuesos dientes270
los brancos dientes del ajo.
Pues, ¿y el talle y la cintura?
Estas cuatro higas os doy,
que a la fe que loca estoy
viendo vuesa catadura.275
REINA: Y yo, Antona, agradecida
al amor que me mostráis.
Con sencillas muestras dais
señales de bien nacida.
ANTONA: Nuesa Señora del Canto280
mi feligresía es;
en ella naci de pies,
dando a la comadre espanto.
Bautizáronme en su igreja;
mire ella si bien nací,285
hidalga no, pero sí
sin raza y cristiana vieja.
REINA: ¿Y quién es el desposado?
ANTONA: Hinojaos, Juan de Monroy.
De rodillas
MONROY: Yo el novio, señora, soy290
de la Antona a su mandado,
y en la ciudad también moro.
REINA: Pues ¿por qué en este lugar
os salís a desposar
si sois vecino de Toro?295
MONROY: Tenemos la hacienda acá
y este puebro está mijor
para cuidar la labor.
Además que por allá
la ciudad toda está llena300
de bandos que el rey derrama.
REINA: ¿Cómo este pueblo se llama?
ANTONA: ¿Quién? ¿Éste? Tagarabuena.
REINA: Dios os haga bien casados.
MONROY: Mantenga Dios su presona.305
REINA: Tomad esta joya, Antona,
Dale una cadena
que si salgo de cuidados,
yo me acordaré de vos.
ANTONA: Más hijos para y más hijas
que tien la sarta sortijas,310
y sean de dos en dos,
papas reinando a la par,
y el mayor el puesto ocupe
de prior de Guadalupe,
que no hay más que desear.315
BARTOLO: Señora si porque solo
se casa Antona García.
la ha dado su reinería
cadenas, yo so Bartolo,
que huera marido ya320
a topar a quien querer;
más cuando no haya mujer
no falta son la mitá.
Media cadena la pido
hasta que Gila mechera;325
pues si Antona es novia entera,
Bartolo es medio marido;
y encadenados quizá
Gila y yo, haremos de modo
que después casado y todo330
vaya por la otra mitá.
LABRADOR 1: ¡Quita, necio!
LABRADOR 2: ¡Bestia, calla!
BARTOLO: Quitaos vos y callá vos.
Verá. Pues ¿no hay más de dos
maridos de media talla?335
Pintadas vi muchas veces
figuras, verdad vos digo,
como hombres hasta el lombligo,
que de allí abajo son peces,
y yo en viéndolos decía,340
“Medio maridos serán
que de noche huera están
y en casa duermen de día.”
REINA: Antona, va estáis casada;
vuestro esposo es la cabeza;345
id con la naturaleza
en sus efectos templada,
No hagáis de hazañas alarde,
porque el mismo inconveniente
hallo en la mujer valiente350
que en el marido cobarde.
Olvidad el ser bizarra,
viviréis en paz los dos;
aliñad la casa vos,
mientras él tira la barra.355
No os preciéis de pelear,
que el honor de la mujer
consiste en obedecer,
como en el hombre el mandar,
y vedme cuando entre en Toro.360
ANTONA: Por ser vueso ese consejo,
desde hoy mis bravuras dejo,
que a la mi fe que os adoro.
Mas, reina, también vos digo
que en dando en cabecear,365
quien no vos deja reinar
y vos persigue enemigo,
si en vuestro favor tomare
armas, no os dé maravilla,
que ha de ser vuestra Castilla,370
pésele a quien le pesare.
En cuanto esto, no me pasa
por el pensamiento ser,
como me mandáis mujer,
la cabeza sí de casa.375
Obligada estoy por vos,
y he de pagar a quien debo;
la sarta que al cuello llevo
mos encadena a los dos.
Mande y rija mi marido,380
pues Dios su yugo me ha puesto,
pero no me toque en esto,
que no será obedecido;
que en siguiendo armas tiranas
contra vuesa real corona,385
entonces a fe de Antona,
que han de ir rocín y mazanas.
Perdone padre y marido.
REINA: A ser todos como vos
no hubiera guerras, adiós.390
ALMIRANTE: ¡Brava mujer!
REINA: Yo he tenido
con ella un alegre día.
ANTONA: Bailemos y despidamos
la reina con fiesta.
REINA: Vamos,
notable Antona García.395
Vanse y cantan los villanos
TODOS: Por Morales van a Toro, por Tagarabuena y todo.
UNO: Si a ver iban sus amores por Morales los pastores, las zagalas cogen flores del Duero entre arenas de oro.
TODOS: Por Tagarabuena y todo.
Quédanse BARTOLO y CARRASCO
BARTOLO: Carrasco, oíd si os agrada.
CARRASCO: ¿Qué tenemos?400
BARTOLO: Dame pena
que Antona lleve cadena
por sólo que esté casada,
y Gila por no querer
conmigo matrimoniar,
en el puebro dé qué habrar405
y mi amor eche a perder.
CARRASCO: ¿Qué, en fin la tenéis amor?
BARTOLO: Yo no sé si es amorío
este desconcierto mío,
sí es angustia, sí sudor.410
El pecho se me basuca
y me dan ciciones luego.
Si esto es amor, dóle al huego,
que pardiez que es mala cuca.
Si vuesa edad no me endilga415
lo que es, abridme la huesa.
CARRASCO: Bartolo, celera es ésa.
BARTOLO: Estó hecho una pocilga
de celos, que por ser tercos,
poner al hombre de lodo420
y andar gruñéndolo todo,
se comparan a los puercos,
CARRASCO: Pues bien, ¿y ella sabe acaso
que la amáis?
BARTOLO: Sí.
CARRASCO: Bueno está;
¿y habéisla habrado?425
BARTOLO: Verá.
Pullas la echo a cada paso.
CARRASCO: Pescudo si la habéis dicho
vueso amor.
BARTOLO: Por comparanzas,
y ayer cerniendo las granzas
la declaré mi capricho.430
CARRASCO: ¿De qué modo?
BARTOLO: Darvos quiero
relación de esa demanda.
Ya vos veis del modo que anda
el gaticinio en enero.
Estaba una gata bizca435
con cierto gato rabón
allá en el caramanchón,
éste tierno, la otra arisca,
Cual si le pegaran ascuas
y en su lenguaje gatuno440
se decían cada uno
los enombres de las Pascuas.
Porque si explicarlos quiero.
siempre que el gato maullaba
de maullera la llamaba,445
y ella con “fuf,” dé fullero.
En fin, con gritos feroces
andaban dando carreras,
que gatos y verduleras
sus faltas se echan a voces.450
Escuchábalos allí
Gila, envidiosa de verlos,
y yo, que iba a componerlos,
la manga–¡pardiez!–la así
para que no se me escape,455
y como su amor me afrige,
“miz,” hocicándola, dije.
CARRASCO: Y ella, ¿qué os repuso?
BARTOLO: “¡Zape!”
e imprióme tal aruño
que el carrillo me pantó.460
Agarréla entonces yo,
mas ella cerrando el puño,
escopir hizo dos muelas
deshaciéndome un carrillo.
CARRASCO: Hizo bien, porque un gatillo465
de ordinario es sacamuelas;
y ése hué lindo favor.
BARTOLO: ¿Lindo? A otros dos, si me toca,
despoblárame la boca;
pero otro me hizo mayor.470
CARRASCO: ¿Mayor? ¿Cómo?
BARTOLO: Hué al molino,
y yo tras de ella antiyer,
y acabado de moler
llegué a cargarla el pollino,
y cuando el costal le pongo,475
dos yemas sin clara echó,
y a la primera que vió,
dijo, “Pápate ese hongo!”
Yo como la vi burlar,
las manos la así y beséselas,480
y aruñómelas y aruñéselas
y volviómelas a aruñar.
Tiróme una coz después,
pronóstico de una potra,
y yo tirándola otra485
jugamos ambos de pies.
Y durando el retozar,
volvióme dos y aparéselas,
y tirómelas y tiréselas
y volviómelas a tirar.490
Sale hilando ANTONA
ANTONA: ¡Alto! al ganado, Bartolo,
que bueno de boda ha estado.
BARTOLO: ¡Mas matalla! ¿Hoy al ganado?
ANTONA: Sí, que le dejaste solo,
y están cerca los majuelos495
del cura, y si se entra allá
la guarda los prenderá.
BARTOLO: No nos faltaban más duelos.
¿Hoy, que sois novia, hiláis vos
y a mí al hato me enviáis?500
Temprano en casera dais;
enriqueceréis los dos.
Dejad que llegue mañana
y holguémonos entretanto.
ANTONA: Hoy, Bartolo, no es disanto;505
mas gastemos la semana
en fiestas. Donde no hay renta
trabajar es menester.
Casera pretendo ser,
si he sido hasta áquí valienta.510
¿El sermonador no puso
ayer una comparanza,
que como al reye la lanza
honra a la mujer el huso?
BARTOLO: Sí.515
ANTONA: Pues las alforjas saca,
que yo hago lo que debo.
BARTOLO: Vaya, cedacico nuevo,
el primero día en estaca.
ANTONA: A estercolar fue mi Juan.
No me repliques, camina;520
echa en la alforja cecina,
cebollas, nueces y pan,
y al hato con la mochila…
Vase BARTOLO cantando
BARTOLO: Hilandera era la aldeana; más come que gana, más come que gana. ¡Ay! Que hilando estaba Gila; más bebe que hila, más bebe que hila.
Salen a lo soldado el CONDE de Penamaco y don BASCO
CONDE: Llaman a Alfonso quinto desde Toro,525
que ya a Zamora con su campo llega;
y aunque el partido de mi rey mejoro,
si esta plaza que es fuerte se le entrega,
como la fe con que le llama ignoro
y tanta gente de Castilla niega530
de Alfonso y doña Juana el real derecho,
primero es bien que quede satisfecho.
Bien es verdad que siendo nuestro amigo
Juan de Ulloa, que tiene tanta mano
en la ciudad, y deja a don Rodrigo535
contrario en opinión, con ser su hermano,
nos asegura; pero siempre sigo
el parecer de Cipión romano,
que el que cree su contrario, brevemente,
cuando falta el remedio, se arrepiente.540
Capitán general, de mi rey tengo
a mi cargo su ejército, y procuro
facilitar estorbos que prevengo,
que en reino extraño nadie está seguro.
Para esto a Toro de Zamora vengo,545
porque amparado del silencio obscuro,
cuando anochezca deje asegurada,
sin tratos dobles, a mi rey la entrada.
BASCO: Muestra el valor en eso vueselencia
que a su sangre hazañosa corresponde.550
Más victorias alcanza, la prudencia
que la osadía cuando no la esconde
el consejo que anima a la experiencia.
Ramo es del tronco real, y por su conde
Penamacor le estima, en su milicia555
nuestros reyes alientan su justicia.
¡Hija del cuarto Enrique es doña Juana.
¿Qué pretende Isabel, si el reino hereda
en Castilla la hija y no la hermana,
por más que la pasión en ella pueda?560
CONDE: Reparad, dejando eso, en la villana,
don Basco, que al encuentro nos hospeda
en el alma con vista enamorada,
ojos las puertas, gloria la posada.
¿Vistes en Portugal más hermosura?565
BASCO: ¡Qué divina mujer!
CONDE: Parca es hilando
libertades, que fundan su hermosura
en los labios, que vidas están dando
a los copos que tocan. ¿Ya procura,
cuando Isabel no hubiera ni Fernando570
con mi rey en Castilla opositores,
mezclar mi dicha hazañas con amores?
Retiraos entretanto que anochece,
don Basco, por el márgen de ese río,
que quiero hablar con ella.575
BASCO: Bien parece
que es Amor portugués.
CONDE: Es desvarío.
¿Hay hilandera igúal?
BASCO: Mientras que crece
sombras el sol, que en el ocaso frío
da a púrpuras de luz bosquejos de oro,
allí te aguardo para entrar en Toro.580
Vase don BASCO. Sale ANTONA con delantal blanco y saca GILA rastrillo y líno; y siéntase ANTONA y rastrilla
ANTONA: Dame, Gila, que rastrille,
que no tengo ya que hilar.
¡Oh, qué tela que he de echar!
CONDE: (Amor sus penas humille Aside
a tan superior belleza.)585
ANTONA: Aquí a la puerta veré
el campo y rastrillaré
con gusto hasta que anochezca.
Echa berzas y cebolla,
que vendrá de la labor590
alentado tu señor;
y después de Dios, la olla.
Vase GILA; canta ANTONA y rastrílla
ANTONA: Rastrillábalo la aldeana y, ¡cómo lo rastrillaba!
CONDE: Si merece un pasajero
hallar, bella labradora,595
mientras se llega la hora
de picar y un compañero
llega, por ser forastero
la gracia en vos, que esa cara
pregona, os acompañara,600
una alma, que en vuestros ojos,
aliviando sus enojos,
congojas tristes repara.
Si gustáis, le aguardaré
aquí, que presto vendrá.605
ANTONA: Pues a mí, ¿qué se me da
que se vaya o que se esté?
Pésame de verle en pie.
¿En casa no hay, otras sillas?
Sí, dos o tres de costillas.610
Llama
Gila, saca la mejor
en que se asiente el señor.
CONDE: Mejor fuera de rodillas.
ANTONA: Eso en la igreja al altar.
GILA saca una de costillas, pónela y vase
GILA: Ésta es la mijor que he hallado,615
ANTONA: Pósese si está cansado.
CONDE: Mal puede amor reposar
cuando comienza a penar.
ANTONA: ¿Está malo?
CONDE: Y lo desea
mi dicha.620
ANTONA: Pues en la aldea
no hay doctor si está doliente.
Dios mos mata soldemente.
No me estorbe la tarea.
Canta
Rastrillábalo la aldeana y, ¡cómo lo rastrillaba!
CONDE: Advertid que rastrilláis
entre ese dichoso lino625
un corazón peregrino
que crüel martirizáis.
Con una flecha el Amor
hiere, no con tantas juntas;
vos, que ejércitos de puntas630
multiplicáis, ¿no es rigor
que hiráis con armas prohibidas,
y con ojos bandoleros,
halaguéis a pasajeros
para quitarles las vidas?635
ANTONA: Señor, poco de arrumacos,
que no se usan por acá.
Al compañero esperá
callando; que son bellacos
labradores, y sospechan640
mal de todo palaciego,
y apenas habran que luego
cuidan que puyas mos echan.
Guardáos de gente villana
que no se sabe burlar,645
y dejadnos trabajar.
Canta
Rastrillábalo la aldeana y, ¡cómo lo rastrillaba!
CONDE: No afrenta en el trato hidalgo
la plática que entretiene.
Mientras que el que espero viene
gastemos el tiempo en algo.650
Poco os puede deslucir
hablarme en este lugar.
Del hombre es enamorar,
de la mujer resistir.
¿Qué importa que así pasemos655
aqueste rato los dos?
No sois tan liviana vos
que os han de ablandar extremos,
principalmente de quien
tan presto se ha de ausentar.660
ANTONA: Todo huésped se ha de honrar;
en eso habéis dicho bien.
Yo consentí la ocasión,
y así es fuerza el admitilla.
Quien en su casa da silla,665
se obliga a conversación.
No falta en los labradores
cortesía, aunque grosera.
Apartad la silla afuera
y no me tratéis de amores;670
que eso nunca es permitido
en quien tiene dueño ya,
y en lo demás conversá.
CONDE: ¿Dueño tenéis?
ANTONA: Y marido.
CONDE: ¡Ay, cielos!675
ANTONA: Con esto atajo
principios que amor ignora,
pues casada y labradora,
ya veis si tendréis trabajo
en lo que nunca ha de ser.
CONDE: ¿Casada, amor? ¡Bueno quedo!680
ANTONA: Ea, empezad, que bien puedo
rastrillar y responder.
CONDE: ¿Qué conversación no es vana
estando casada vos?
ANTONA: Pues casada estoy, adiós.685
Canta
Rastrillábalo la aldeana y, ¡cómo lo rastrillaba!
CONDE: Ahora bien, fuerza es pasar
el tiempo del mal lo menos.
(¡Ay, dulces ojos morenos, Aparte
la muerte me habéis de dar!)
Yo tuve amor en mi tierra…690
ANTONA: Ya vos digo que dejéis
amores y que contéis
otra cosa.
CONDE: ¿Qué?
ANTONA: ¿No hay guerra?
Está abrasada Castilia
en competencia mortal;695
viene el rey de Portugal
con gente a ocupar su silla,
y siendo vos caballero
y yo a la guerra inclinada
¿os falta qué hablar?700
CONDE: La espada
fue mi profesión primero
que uso de razón tuviese.
ANTONA: Tratad de la guerra, pues.
¿Sois de acá?
CONDE: Soy portugués.
Levántase ANTONA
ANTONA: ¿Portugués? Pues aunque os pese705
han de reinar Isabel
y Fernando, en nombre el quinto.
CONDE: ¡Fernando?
ANTONA: Como os lo pinto,
y yo de morir por él…
Si sois de enemigo bando,710
perdonad, que a fe de Dios
que he de comenzar por vos.
CONDE: Reine Isabel y Fernando.
Sosegáos, que yo no quiero
más de lo que vos queréis.715
ANTONA: Portugués, no me engañéis.
CONDE: Aunque Amor es lisonjero,
amándoos yo, ¿de qué modo,
cuando vuestro gusto sigo,
no tendré por enemigo720
al vuestro? Ya yo soy todo
de la opinión castellana.
ANTONA: ¡Reine Isabel!
CONDE: Soy contento.
ANTONA: Pues con eso va de cuento.
Vuélvese a asentar y hace labor; canta
Rastrillábalo la aldeana y, ¡cómo lo rastrillaba!
CONDE: (¿Hay rústica más donosa?) Aparte725
ANTONA: ¿Cómo os llamáis vos, señor?
CONDE: Conde de Penamacor.
ANTONA: ¿Vos sois conde? ¡Huerte cosa!
CONDE: Penamacor soy, en fin,
que mi corta suerte ordena730
que empiece mi estado en “pena”
y que tenga en “cor” su fin,
porque con este blasón
sea, en tan confuso abismo,
péname el cor, que es lo mismo735
que péname el corazón.
ANTONA: Ya otra vez os he rogado
que amores dejéis estar,
pues hay guerras de que hablar.
CONDE: Noticia os doy de mi estado;740
preguntáismele, y ansí
es fuerza el decirlo.
ANTONA: Pues,
siendo conde y portugués
¿a qué habéis venido aquí?
CONDE: Mandórne hacer asistencia745
mi rey en esta jornada,
salió con su esposa amada;
coronáronse en Plasencia
doña Juana, hija de Enrique
y nuestro rey su consorte;750
y en la castellana corte,
porque la acción se publique
que al reino tienen, alzaron
por ellos reales pendones;
y con fiestas y pregones755
por reyes los aclamaron.
Llegó a darlos obediencia
el maestre de Calatrava,
conde de Ureña, que estaba
con el duque de Plasencia;760
el primado de Toledo,
que es don Alfonso de Acuña,
portugués, de ilustre alcuña,
si en esto alabarle puedo;
el de Villena, y con ellos765
otros mil, que de Castilla
y León, le dan la silla.
ANTONA: ¿Malos años para ellos,
y aun para vos, que parece
que en decirlo os relaméis.770
CONDE: Yo quiero a quien vos queréis.
ANTONA: ¿Y qué hubo más?
CONDE: Obedece
todo el pueblo humilde y llano,
y con aparato y fiesta
no era tan blanca como ésta775
de nuestra reina la mano;
más la lealtad los provoca
a llegar de dos en dos,
del modo que yo con vos,
sellando en ella la boca;780
que en fe de que fui testigo
de esta facción, advertí
que la besaban ansí.
Quiérela besar la mano
ANTONA: Manos quedas. ¡Jo, le digo!
CONDE: Con ejemplos se declara785
mejor lo que decir puedo.
ANTONA: ¿Qué va, si no se está quedo,
que le rastrillo la cara?
CONDE: ¿A un conde?
ANTONA: Me maravillo
de más títulos que traiga,790
que porque no se le caiga
le haré conde del Rastrillo.
Si él conociera la moza
con quien habla, a buen seguro
que él la soñara.795
CONDE: Yo os juro
que según lo que se goza
el alma en veros, es cierto
que lleva en vos qué soñar;
si bien me holgara de estar,
por veros siempre, despierto.800
Estimad a quien os ama;
volved.
ANTONA: No se descomida
que me enojaré, por vida
de dona Isabel, nuesa ama.
CONDE: Mucho la amáis.805
ANTONA: Tal es ella.
CONDE: ¿Qué tal es?
ANTONA: Ángel de Dios.
CONDE: Yo ya la quiero por vos.
ANTONA: Si es cuerdo, ¿no ha de querella?
CONDE: Sí, pero ¿qué me daréis
porque yo a la reina siga?810
ANTONA: A la fe que sea su amiga.
CONDE: Si eso vos me prometéis
mi rey dejo.
ANTONA: Hará muy bien.
CONDE: ¿Amaréisme?
ANTONA: Sin pecar.
CONDE: ¿Si no?815
ANTONA: Daráme pesar.
CONDE: ¿Me aborreceréis?
ANTONA: También.
CONDE: ¡Qué desdicha!
ANTONA: No es pequeña.
CONDE: ¿Por qué la amáis?
ANTONA: Porque es santa.
CONDE: ¿Que tanta es su gracia?
ANTONA: Tanta.
CONDE: Mayor es la vuestra.820
ANTONA: ¿Sueña?
CONDE: ¿Es hermosa?
ANTONA: Como un sol.
CONDE: ¿Es discreta?
ANTONA: Como un cura.
CONDE: ¿Tanto?
ANTONA: Toda es hechizura.
CONDE: ¿Tiene valor?
ANTONA: Español.
CONDE: Será rubia.825
ANTONA: Como el trigo.
CONDE: Será blanca.
ANTONA: Como el ampo.
CONDE: Será gentil.
ANTONA: Como el campo.
CONDE: Más lo sois vos.
Vale a asir la mano
ANTONA: Yo le digo,
hacerse allá y manos quedas,
que no conoce la Antona.830
CONDE: Amor todo lo perdona.
¿Cómo es posible que puedas,
labradora, cuando labras
una voluntad rendida,
dar con los ojos la vida835
y muerte con las palabras?
ANTONA: Él está muerto.
CONDE: Aquí yace
un portugués, por despojos
del desdén de esos dos ojos.
ANTONA: ¿Él? pues requiescat in pace.840
CONDE: Si en paz y en descanso fuera,
no hubiera en mí pena tanta.
ANTONA: A los difuntos lo canta
el cura de esta manera.
CONDE: Mi tormento es más notorio,845
pues el que paso es eterno.
ANTONA: Será ánima del infierno.
CONDE: Sí, porque en el purgatorio
todavía hay esperanza.
ANTONA: Pues si en el infierno está850
conde, hermano, hágase allá.
CONDE: Si mi amor de vos alcanza
sufragios, tendré sosiego.
¿queréisme vos ayudar?
ANTONA: Mas, ¿que me tien de quemar855
el lino con tanto fuego?
CONDE: ¡Ojalá el alma abrasada
comunicarse pudiera
a esa nieve!
ANTONA: Hágase a huera,
si es ánima condenada;860
que se me sube el humillo
y podrá ser, si le topo,
que, ya que falta el guisopo,
le pegue con el rastrillo.
CONDE: No es mi pena tan tirana865
que el remedio no os avisa.
ANTONA: ¿Hay son decirle una misa,
si pena, por la mañana?
CONDE: Remedios quiero a lo humano.
Tened de mí compasión870
ANTONA: ¿Cuáles los remedios son?
CONDE: Dame la mano.
ANTONA: ¿Esta mano?
CONDE: Sí.
ANTONA: ¿No vé que es mano ajena?
CONDE: ¿Cúya es?
ANTONA: De mi marido.
CONDE: ¿Qué importa?875
ANTONA: ¿Está sin sentido?
CONDE: Estoy en pena.
ANTONA: ¿Y qué pena?
CONDE: De fuego.
ANTONA: Cerca está el río.
CONDE: No basta.
ANTONA: Pruébese a echar.
CONDE: Ni el mar basta.
ANTONA: ¿Ni aún el mar?
CONDE: Ni mil mares.880
ANTONA: ¡Desvarío!
CONDE: Estoy loco.
ANTONA: Bien lo prueba.
CONDE: ¿Queréisme vos curar?
ANTONA: Id…
CONDE: ¿Adónde?
ANTONA: A Valladolid.
CONDE: ¿A qué?
ANTONA: Al Hospital de Esgueva.
CONDE: Pues ¿qué hay en él?885
ANTONA: Curan locos.
CONDE: ¿Locos de amor?
ANTONA: ¿Y que tal?
CONDE: ¿De este mal?
ANTONA: ¿Qué hay de ese mal?
CONDE: Sanan pocos.
ANTONA: ¿Qué, tan pocos?
CONDE: ¡Ninguno!
ANTONA: Pues yo me obrigo.
CONDE: ¿A qué?890
ANTONA: A que esté presto sano.
CONDE: ¿Yo?
ANTONA: Si le asiento la mano.
CONDE: Dádmela, pues.
Tómasela
ANTONA: Yo le digo…
¡Arre allá, suelte!
CONDE: No puedo
ANTONA: Suelte le digo otra vez,
pues si le aprieto, ¡pardiez895
que ha de sudar!
Apriétasela
CONDE: ¡Quedo, quedo!
¡Ay, cielos!
ANTONA: A los traviesos
hago yo aqueste favor.
CONDE: Que me la quiebras.
ANTONA: Mi amor
no es más que quebranta huesos.900
¿Mas qué ya el suyo se enfría?
Suéltasela
CONDE: ¡Qué infierno fuerzas te dio?
ANTONA: ¡Miren con quien se topó
si con Antona García!
Sale don BASCO
BASCO: ¡Gran don Lope de Alburquerque,905
conde de Penamacor,
dame albricias! Toro aclama
a la alegre sucesión
de Castilla a nuestro Alfonso,
y todo el pueblo, a una voz,910
por doña Juana levanta
el real e invicto pendón;
la nobleza que la habita,
siendo Juan de Ulloa su autor
de la lealtad castellana,915
sigue la cuerda opinión
del arzobispo y marqués
de Villena, y el valor
de doña María Sarmiento
asegura su temor.920
Bien es verdad que lo impide
el plebeyo y labrador,
pero pecheros villanos
de poca importancia son.
Entra que todos te esperan.925
CONDE: ¡Viva Alfonso, mi señor,
y su esposa doña Juana,
en Castilla y en León!
ANTONA: ¿Y la promesa?
CONDE: No tiene
poder, Antona, el Amor930
donde reinan la nobleza
y la lealtad.
ANTONA: ¿Cómo no?
Pues Isabel y Fernando
reinarán en Toro hoy,
que a pesar de desleales935
y sebosos, sobro yo.
¡Aquí de mis labradores!
Avisa a Juan de Monroy,
mi marido, que hoy verá
Toro para lo que soy.940
¡Alto! ¡A Toro, deudos míos!
CONDE: ¡Extraña mujer!
ANTONA: No doy
un higo por Portugal.
Si aun vos dura el afición,
conde, aquí tenéis la mano;945
tomadla, que a fe de Dios
que os ha de costar bien cara.
CONDE: Aun me dura su dolor.
TODOS: ¡Viva Alfonso el quinto! Dentro
ANTONA: ¡Viva
don Fernando, que es mijor,950
y doña Isabel, y reinen
cuarenta siglos los dos!

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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