AMOR NO TEME PELIGROS
(La firmeza en la hermosura)
(Sin peligros no hay fineza)
Tirso de Molina (Gabriel Téllez)
El texto base de AMOR NO TEME PELIGROS se encuentra en el manuscrito, fechado 1635, que se encuentra en la Biblioteca Vaticana (Barberini Latini, Códice 3.493). En éste se le atribuye a Pedro Calderón, pero el texto es el de LA FIRMEZA EN LA HERMOSURA, que siempre se ha publicado como obra de Tirso de Molina. La obra se conoce también con otro título, citado como secundario en el manuscrito, SIN PELIGROS NO HAY FINEZA, y fue presentado con este título el en palacio del Pardo en 1633. El texto presentado aquí fue transcrito desde el manuscrito por Vern Williamsen en el año 1978 and luego fue editado por Harold G. Jones, con el apoyo de los textos publicados en Doze comedias nuevas de diferentes autores, las mejores que hasta aora han salido, Parte XXXXXVII (Valencia: Juan Sansoni, 1646) y las sueltas encontradas en la Biblioteca Nacional en Madrid y en la biblioteca del Museo Británico en Londres. Para un estudio más completo de los problemas editoriales, el de la atribución de la obra a Tirso, y el de la cronología, tanto como la relación del texto presente al de otra comedia cuya historia textual es parecida, véase el artículo de Harold G. Jones and Vern G. Williamsen, “Dos refundiciones tirsianas: `Amor no teme peligro’ y `Los balcones de Madrid’,” publicado en ESTUDIOS, 132-35 (1981), pp. 133-55.
Personas que hablan en ella:
- Don JUAN [de Urrea]
- El CONDE Infante
- Don ALONSO
- BUÑOL
- Doña ELENA [Coronel, condesa de Belrosal]
- ENGRACIA
- Doña JUSEPA, marquesa de la Luna
- Un CARCELERO
- Un ALCAIDE
- Un PAJE
- ESCUDEROS
PRIMER ACTO
Salen doña ELENA Coronel, con manto, ENGRACIA, sin él, y don JUAN de Urrea
JUAN: No has de ir, por vida mía.
ELENA: ¿Vida y tuya? Toma, Engracia,
allá este manto.
Quítaselo
JUAN: ¡Qué gracia!
¡Qué primor! ¡Qué cortesía!
ELENA: Sólo en tu vida se fía5
mi esperanza, y en su esfera
sus alivios considera;
que para mí no hay más mal
que el recelarte mortal,
porque eterno te quisiera.10
Si a sospechas te provoco,
no, mi don Juan, suelto el manto;
mas vida que estimo tanto
no la jures por tan poco.
JUAN: Con tantas finezas loco,15
aunque las adoro y precio,
mis méritos menosprecio;
porque llego a conocer,
mi bien, que no puede ser
tan dichoso quien no es necio.20
Vete, señora, a la mano,
favores con tiento tasa,
¿qué sol que al nacer abrasa
ponerse quiere temprano?
Lloraré después en vano25
si no prosigues empeños
de tantos primores dueños;
que amor que empieza en favores,
soberbio con los mayores
no se halla con los pequeños.30
Querer bien por elección
y no por razón de estado
–que aunque este nombre le han dado
no sé que haya en él razón–
nunca va en diminución;35
y asi agora que niño es,
en los extremos que ves,
don Juan mío, te parece
que mucho te favorece.
Juzga tú, ¿qué hará después?40
Como rapaz me desvela
y, en fe de recién nacido,
cobarde sale del nido,
bisoño en amarte vuela.
Haz cuenta que va a la escuela45
y que empieza a deletrear
el abecé del amar;
porque, en llegando a crecer,
si agora aprende a querer,
presto enseñará a adorar.50
JUAN: La hermosura y discreción
reina pueden coronarte;
mas, condesa, en esta parte
no ha acertado tu elección.
Si amaras con proporción55
lograras tus pensamientos;
pero recela escarmientos
mi mucha desigualdad:
fénix tú de la beldad
y yo sin merecimientos.60
¿Qué has visto en mí que te obligue
a tan prodigioso amor?
Noble nací; mas valor,
a quien la dicha no sigue,
en vez de ayudar, persigue.65
Mi padre fue el más valido
de un rey poco agradecido;
y bien sabes tú, señora,
que esto de “fue y no es agora”
es desaire aborrecido.70
Don Pedro el cuarto, –el crüel,
le ha intitulado Aragón,
mas no yo, que este blasón
no es en los vasallos fiel,–
don Pedro, pues, cifró en él75
de su favor el exceso;
pero imitó en su suceso
a los más que se le igualan;
que los privados resbalan
oprimidos con el peso.80
Quitóle vida y estados;
que la Fortuna y los reyes
siguen unas mismas leyes
con sabios y con privados.
Heredé solos cuidados85
que a mi desdicha añadieron
lisonjeros que subieron
por mi padre a la privanza
y, después, en mi mudanza
aun pésame no me dieron.90
Don Jaime, conde de Urgel,
conmigo solo propicio
me recibió en su servicio,
librando mi suerte en él.
Digno es que ciña el laurel95
de Roma su heroica frente,
del rey cercano pariente
y los dos ínclitos nietos
del cuarto Alfonso, respetos
con que a su sombra me aliente.100
Este es todo mi caudal,
bellísima Elena mía:
yo el crepúsculo, tú el día;
tu sangre de estirpe real,
condesa de Belrosal,105
tu renombre Coronel,
tan generosa por él
que hizo el valor que te abona
de tu “Coronel” corona
digna del sacro laurel.110
Mide agora, hermoso dueño,
mis prendas con las que tienes.
Verás cuán grade me vienes.
Despreciarásme pequeño.
Pesaráte del empeño115
que en mi amor te descamina.
Estimarásme divina
y enseñará mi escarmiento;
que todo lo que es violento
por sí mismo se arrüina.120
ELENA: Lección nueva al Amor das.
Sabré por ella a lo menos
que quien se presume menos
es digno de amarse más.
Ocasionándome vas125
a creer, cuando atropellas
tus prendas, que por tenellas
enajenadas te humillas,
o que das en deslucillas
por no deshacerte de ellas.130
Disminuye calidades,
que ponderando las mías
con esas hipocresías
a mi fuego fuego añades.
Soberbias tus humildades,135
temiendo mi ingratitud,
me enseñan en tu inquietud
que a pesar de ese artificio,
ni toda soberbia es vicio
ni toda humildad virtud.140
Si es tu sangre casi real,
bien ves, por más que te abajes,
que, cuando no me aventajes,
en nobleza eres mi igual.
¿De la hacienda haces caudal,145
don Juan mío? Compre y venda
Amor vil, y ponga tienda;
que el noble que a reinar viene
ni Consejo de Indias tiene
ni vio al Consejo de Hacienda.150
Sirve al infante de Urgel,
digno de mayor corona,
y pues tus prendas abona,
déjame que aprenda de él,
no de don Pedro el crüel,155
la noble satisfacción
de la discreta afición
con que su pecho te fía;
o, pues que culpas la mía,
culpa también su elección.160
JUAN: Tu entendimiento es de suerte
que la victoria he de darte.
Vivo, amores, de adorarte;
fuerza es que tiemble el perderte.
No por eso has de ofenderte,165
que todo desconfïado
duda del dichoso estado
en que le encumbra el favor,
y con celos nunca Amor
fue bien acondicionado.170
Pacífico siglo goza
Aragón por la blandura
de nuestro rey, que procura
cortejar a Zaragoza.
Sigue la nobleza moza175
su apacible inclinación,
que de las musas patrón
entre ejercicios diversos
se deleita con los versos
y ampara su profesión.180
Una comedia que ha escrito
el primero rey don Juan,
en los conceptos galán
y en el asunto erudito.
Sazona hoy el apetito185
del gusto, que en las sentencias,
consonancias y cadencias
se alegra de la poesía;
que el alma es toda harmonía,
y búscanla sus potencias.190
Seis títulos y señores
la representan; tres damas
de la reina encienden llamas
en laberintos de amores;
el Buen Retiro –entre flores195
con que al Ebro el cristal bebe–
da el teatro en que se atreve
hurtar a Plauto y Terencio
aplausos con que al silencio
admiraciones renueve.200
Perder por mí fiestas tales
será fineza indiscreta
pues, siendo rey el poeta,
traza y versos serán reales;
tu vista aumente sus sales,205
aunque has de dar ocasión
a que pierda su sazón
porque, ¿quién ha de tener,
si una vez te llega a ver,
en la comedia atención?210
ELENA: ¿Para qué siembras enojos
que broten después agravios,
si me permiten tus labios
lo que me niegan tus ojos?
Don Juan, de ruegos tan flojos215
conjeturar mi amor puede
que tu temor me concede
lo mismo que te desmaya,
y que el perdirme que vaya
es rogarme que me quede.220
Sale BUÑOL
BUÑOL: Más ha que por ti pregunta
el conde infante de una hora.
Quien siriviendo se enamora,
contrarios extremos junta.
Quiere que en la quinta amena225
la comedia de palacio
goces, ¡y tú, muy despacio,
París ciego de esta Elena,
brujuleas regodeos
del dios “Enrédalo todo.”230
Vamos, que es tarde.
JUAN: ¿De modo,
amores, que tus deseos
he de estoarbar? En fin, ¿quieres
que sin ti, condesa mía,
salga la comedia fría?235
¡No es justo! Ven.
ELENA: Mas, ¡cuál eres!
Anda, don Juan, que yo sé
lo que el quedarme te agrada.
JUAN: Después de representada,
la comedia te traeré.240
Leerás su traza discreta
y advertirásla mejor.
BUÑOL: No le haces mucho favor
con eso al dicho poeta,
porque muchos aplaudidas245
con víctores y palmadas
asombran representadas
que salen güeras leídas.
Comedia hay que como dama
se adorna, pule y afeita,250
que en el tablado deleita
y es una sierpe en la cama.
ELENA: No vas fuera de camino,
que yo en algunas impresas
he visto faltas como ésas255
pero el ingenio es divino
del dueño de ésta.
JUAN: Mi bien,
¿sola, en efecto, y sin mí?
ELENA: ¿Mientras que contemplo en ti?
No lo está quien quiere bien.260
Vanse los dos [don JUAN y BUÑOL], y sale ENGRACIA
ENGRACIA: Doña Jusepa de Luna
a nuestras puertas se apea.
ELENA: Querrá que con ella vea
esta fiesta ya importuna
para mí; mas no es fineza265
darle a don Juan pesadumbre.
Sale doña JUSEPA
JUSEPA: La amistad vuelta en costumbre
es otra naturaleza.
Ha tanto, condesa mía,
que las dos la profesamos,270
que si a esta fiesta no vamos
juntas, suceder podría
que me pareciese mal
sin merecerlo su autor.
ELENA: Débote en ese favor,275
marquesa, todo el caudal
que no tengo, y más agora,
que un estorbo que no digo
no me consiente ir contigo.
Permíteme tu deudora,280
hasta que en otra ocasión
me dé el gusto más espacio.
JUSEPA: Luego, ¿no has de ir a palacio?
ELENA: En yendo daré ocasión
a irremediables enojos.285
Juramentada me dejan
celos que de mí se quejan
que no la han de ver mis ojos,
y el cumplirlo es tan preciso
como lo es el respirar.290
JUSEPA: Mil cosas que maliciar,
condesa, me da tu aviso.
¿Qué sería si una traza
nos quitase, doña Elena,
fiestas que el Amor ordena295
y la sospecha embaraza?
¿Sírvete el conde de Urgel?
ELENA: Logrando en ti su cuidado
ese miedo es excusado.
No fuera yo amiga fiel300
si, sabiendo que le quieres,
te le enajenara yo.
JUSEPA: Poco en respetos miró
la amistad en las mujeres,
ni que lo tema te espante,305
porque el conde me ha pedido
con afecto encarecido
y con recelos de amante
que, si su quietud deseo,
pierda esta fiesta por él;310
que está celoso el de Urgel
del rey.
ELENA: Tan hermoso empleo
como el de tu amor, ¿qué mucho
que del mismo sol te guarde?
Mas si el conde hiciera alarde315
de servirme, como escucho
a tus sospechas, ¿quién duda
que en no ir allá te empeñaba,
porque si me declaraba
su pasión, hasta aquí muda,320
deseoso de obligarme,
no diese a celos lugar,
a costa de tu pesar?
Y así no había de privarme
de una fiesta majestad325
a quererme el conde bien.
JUSEPA: Amiga, los celos ven
más que la seguridad.
Esto por malicia pase.
ELENA: Pues agora, ¿adónde vas?330
JUSEPA: Puede otro precepto más,
y dudo, si le quebrase,
esperanzas en vislumbres
que el pecho obligado esconde.
ELENA: ¿Mudable tú?335
JUSEPA: Fuélo el conde,
e imito yo sus costumbres.
Ruégame don Juan de Urrea
con todo encarecimiento
que en este entretenimiento
asista, porque desea340
saber a cuál de los dos
obedecen mis cuidados
en gustos tan encontrados.
ELENA: ¿Qué dices? ¡Válgame Dios!
¿Don Juan te pretende a ti?345
¿Don Juan al conde compite?
JUSEPA: Pocas lealtades permite
Amor, ciego frenesí.
ELENA: ¿Qué maravillas no harán
tus divinas perfecciones?350
En efecto, ¿te dispones
a atropellar por don Juan
con el conde?
JUSEPA: De manera
que, sin que pierda con él,
cumpla yo con el de Urgel355
y con don Juan que me espera.
ELENA: Si es tu ingenio para tanto,
mucho tus trazas le deben.
JUSEPA: Como a esas cosas se atreven
los disimulos de un manto.360
Pero en efecto, ¿no admites,
condesa, el venir conmigo?
ELENA: Ya mi imposible te digo.
JUSEPA: En las finezas compites
con tu hermosura. Las dos365
no somos de un parecer;
pero, pues sin ti he de ver
la comedia, amiga, adiós.
Vase
ELENA: No sé como mi pasión
ha diisimulado tanto.370
Engracia, vuélveme el manto.
¿Disfrazada la traición
con halagos y caricias?
Pero sí, que deslealtades,
cuando afectan humildades,375
nunca vienen sin malicias.
Poniéndose las dos los mantos
De los encarecimientos
con que su amor ponderó
pudiera, a ser cuerda yo,
conocer sus fingimientos380
y saber cuán engañoso
en mi alabanza le escucho;
que amor que encarece mucho
cerca está de mentiroso.
Registrarán mis enojos385
verdades que lloren luego;
que, puesto que Amor es ciego,
los Celos son todos ojos.
Cubre el rostro y ven conmigo.
ENGRACIA: Esperando el coche está.390
ELENA: Más presto que él llegará,
Engracia, el temor que sigo,
que lleva alas en los pies.
No quiero que por el coche
saquen quién soy esta noche,395
dando qué decir después.
ENGRACIA: Pues, ¿qué intentas?
ELENA: Que sin verme
desgracias pueda mirar;
que me muero por hallar
lo que hallado ha de perderme.400
Vanse y salen el CONDE y don JUAN, como de noche
CONDE: Confiésote que tiene
el rey buen gusto, y que es este recreo
de príncipes empleo,
porque a cifrarse en la comedia viene
cuanto entretenimiento deleitoso405
es alivio del noble e ingenioso.
JUAN: De ti, señor, se ampare
Apolo defenido.
CONDE: Dichoso hubiera sido
aunque el rey en su abono se declare,410
a celebrar su fama.
Doña Jusepa, pues con ser su llama
de las de Amor amiga,
las musas, que aborrece, desobliga.
No he podido con ella415
que vea la comedia, y te confieso
–ya sabes que en sus ojos vivo preso–
que, por no hallarse en ella,
para mí ha de faltarla
la sazón que tuviera con mirarla.420
Llégase doña ELENA de medio ojo al CONDE, y apártale de don JUAN
ELENA: Vuestra alteza sea servido
de escucharme dos palabras
que le han de importar no poco.
CONDE: Decid; que no hay importancia
que para mí pueda serlo425
como el servir a las damas.
Pero abreviad, si es posible,
que advertirá el rey mi falta
si no asisto en su comedia.
ELENA: Vos pensáis que queda en casa430
la belleza que os hechiza,
y en prueba de que os engaña,
disimulada y cubierta
es oyente de la farsa
porque cierto amigo vuestro435
que os compite se lo manda.
CONDE: ¿Qué decís?
ELENA: Lo que es sin duda.
CONDE: ¿Y quién es el que maltrata
obligaciones de amigo,
fiscal vos de su fe falsa.440
ELENA: Eso adivinadla vos
y registrad circunstancias
de afectos, cuidados, señas,
entre los que os acompañan;
que en fe de que Amor es ciego,445
creyendo que todos andan
de la suerte que él, sin vista,
pocas veces se recata.
CONDE: Algo os duele a vos, señora,
este recelo.450
ELENA: Me abrasa
la vida su ingratitud,
el corazón sus mudanzas.
CONDE: Fïadme, pues, su noticia,
que, volviendo por mi causa,
de camino haré la vuestra,455
ya que a los dos nos agravia.
ELENA: No lo he yo de poner todo.
Lo que os he advertido basta
para que estudiéis atento
quién de los que os sirven anda460
esta noche en la comedia
diligenciando tapadas;
que acciones inadvertidas
son lenguas que mudas hablan.
CONDE: Pues, no habéis vos de exmimiros465
siendo parte interesada
de tan precisa advertencia.
ELENA: ¡Ay, conde infante! Que es tanta
la fuerza de mis congojas
que, para certificarlas470
en fe del mal que han de hacerme
desvelándose mis ansias,
aunque me pese, es sin duda
que será en mi vigilancia
un lince cada sentido,475
un Argos casa pestaña.
Llora. Saca un lienzo descubierta la mano y si descubrir el rostro, enjuga los ojos
CONDE: ¡Qué caros compráis, señora,
esos celos, pues os sacan
prendas del alma a los ojos.
(¡Ay, mano hermosa! Tornadla Aparte480
al guante, que es mi homicida,
y no dando yo la causa
a las perlas que vertéis,
no es bien que, por enjugarlas,
mientras sus niñas socorre485
ne tiranice a mí el alma.
Helada ha casi su nieve
las no agradecidas llamas
que encendió las que os desvela,
y con celos es extraña490
novedad que Amor se entibie.
Pero tales circunstancias
tiene esa mano hechicera
que hiela al tiempo que abrasa.)
Sale un PAJE
PAJE: Ya se han sentado los reyes.495
Vase
CONDE: Entrad, señora. (Si iguala
el talle a la discreción,
y a la mano, Amor, la cara,
a sus celos tengo envidia
y, aunque ofendido, feriara500
con el desleal amigo
por ésta a Jusepa ingrata.)
Éntranse los dos
JUAN: ¡Notable facilidad!
¡Válgame Dios! ¡Qué contrarias
son juventud y firmeza505
del poder y la inconstancia!
Confiesa el conde que adora
a doña Jusepa, y cuantas
aventuras se le ofrecen
le llevan tras sí.510
Sale BUÑOL
BUÑOL: ¿Qué aguardas?
¿De qué son los soliloquios
hermitaños?
JUAN: Comparaba
con el del conde mi amor:
tan difíciles mis llamas
de ofender la prenda mía515
como las suyas livianas,
pues cuantas mira apetece.
BUÑOL: ¿Qué quieres? El conde baila
al son que doña Jusepa
le tañe, pues no se cansa,520
por enjaularte en su amor,
de ponernos añagazas.
JUAN: ¡Qué inútiles diligencias!
BUÑOL: Eres la lealtad de España,
pero veamos las fiestas.525
JUAN: ¿Qué fiestas, necio? ¿Pagara
finezas de Elena ansí?
Prívase ella por mi causa
de verlas, siendo mujer,
y cuando se queda en casa530
por no ocasionar mis celos,
¿tendré yo gusto en gozarlas?
Sólo es objeto mi Elena
de mis deleites. No pasa
mi aplicación de su vista.535
Sin vida estoy cuando falta,
sordo cuando no le escucho,
ciego vivo sin mirarla,
cadáver soy si se ausenta.
BUÑOL: Perfúmate, pues se aparta;540
que olerás a cuerpo muerto
si estás sin ella sin alma.
Válgaos por ponderadores
los desatinos que ensartan,
los hipérboles que tejen,545
las locuras que encaraman.
Ellos son topos y linces,
corren cojos, mudos hablan,
penasn glorias, lloran risas,
mueren soles, nacen albas,550
cristal viven, mármol sienten,
candor tocan, muerden nácar,
besan jazmines con uñas
y adoran bostezos de ámbar.
JUAN: No murmures lo que ignoras,555
pero entretanto que gasta
la comedia el tiempo en burlas,
las veras que me regalan
vamos a ver. Sepa Elena
que sabe mi amor pagarla560
primores del mismo estilo
que los suyos.
BUÑOL: ¿No es hazaña
provechosa, si en ti sueña,
a las doce despertarla?
Déjala amar a cierraojos.565
JUAN: No duerme quien teme y ama,
pues quedando recelosa
de que sin ella en la farsa
bellas advenedizas
solicitan mi mudanza,570
mal dormirá mi condesa.
BUÑOL: Mal o bien, si no es fantasma,
celos y sueños a sorbos,
ya suspiran, ya descansan.
Sale ENGRACIA cubierta el rostro
ENGRACIA: La multitud de la gente575
que entró de tropel fue tanta
que nos desencadernó.
No está don Juan en la sala.
Buscarále la condesa
y si de la fiesta falta,580
creyéndole en otros gustos,
tragedias nos amenazan,
que pagaré yo por todos.
Esperaréla a que salga,
pues ha de ser por aquí.585
Quiera el cielo que no caiga
sobre mí este torbellino,
porque siempre las crïadas
hemos de llevar a cuestas
los disgustos de las amas.590
Las congojas del calor
me están asando la cara.
Descubre la cara
Perdióseme el abanillo.
¡Jesús! Quiero desahogarla;
que aquí y de noche, no luego595
han de dar conmigo.
JUAN: ¡Engracia!
¡Válgame el cielo! ¿Aquí y sola?
BUÑOL: ¿Al primer tapón zurrapas?
JUAN: Pues, ¿dónde bueno? ¿A quién buscas?
¿Con quién vienes? ¿A qué causa,600
si entraste a ver la comedia
la dejas medio empezada?
¡Ah, Engracia! Las turbaciones,
siempre que los labios callan,
hacen lengua las mejillas605
por donde las culpas hablan.
Lengua es también de vergüenza
y sus colores palabras,
que por escrito atestiguan
verdades que la acobardan.610
Las que tu semblante muestra
a tu pesar me declaran
que fueron en tu señora
de más valor las instancias
de quien aquí la condujo615
que las mías. ¡Qué ordinaria
es la elocuencia ingeniosa
cuando Amor fingiendo encanta!
¡Qué de finezas me dijo!
¡Qué ufano las escuchaba620
mi crédulo amor y pecho!
¡Qué fácilmente se engaña
la sencillez generosa!
A ser yo cuerdo, dudara
de verdades que peligran625
cuando son muy ponderadas.
¿No he merecido en efecto
que una fiesta perdonara
por excusar mis temores?
Quien en lo pequeño falta,630
¿qué hiciera, Engracia, a pedirla
dificultades más arduas?
¿Qué preceptos temió Elena?
¿Quién es el dueño que manda
más que yo en su voluntad?635
Dímelo. Ansí satisfaga,
eternamente dichosas,
el cielo tus esperanzas.
ENGRACIA: Señor don Juan, deteneos.
Mirad que ciego os arrastran640
por extraños descaminos
los desaires que os abrasan.
Por lo menos, de más fondo
es la amante fe que os guarda
mi señora, pues si duda645
no da crédito arrojada.
Avisáronla, no ha una hora,
que obligasteis a una dama
a que, viniendo encubierta,
os diese lugar de hablarla.650
No lo creyó, mas temiólo,
que el recelar en quien ama
es fineza, y grosería
culpar en duda mudanzas.
Ordenóme que os siguiese,655
dióme un caballero entrada,
discurrí todo el salón
buscándoos la vigilancia
de mi solícita agencia
que fue, os certifico, tanta660
que hasta el vestüario mismo
registré disimulada.
Presumí, como no os veía,
que la comedia os feriaba
en otra parte ocasiones665
con la belleza indiciada,
y que, fingiendo sospechas,
obligasteis a que en casa
se quedase mi señora,
porque en ésta no os echaran670
menos amantes desvelos
que buscan lo que les daña.
Sacásteisme mentirosa,
pues donde no os busco os hallan
inocente mis quimeras,675
si bien en razón fundadas.
De modo que a un tiempo mismo,
desvelando a quien os ama,
os quita a vos la paciencia;
mas háceos esta ventaja,680
don Juan, mi cuerda señora,
que si teme no amenaza,
si duda no certifica,
si fiscaliza no agravia.
JUAN: Si eso es así, Engracia mía,685
en albricias de ser falsas
mis sospechas, las perdono.
¿Que está mi condesa en casa?
¿Que a ser mi escolta te envía?
¿Que si firme amor realzan690
celos que le hacen perfecto?
ENGRACIA: ¿Con tanto rigor la tratan
que han de valerme estas nuevas
más de dos joyas o galas?
JUAN: Lucirán, si en nombre mío,695
con ésta las acompañas.
Dale una sortija
ENGRACIA: Recíbola por ser vuestra;
y adiós, porque amor que aguarda
o desengaños o alivios
juzga eternidades largas700
las dilaciones más breves.
JUAN: Obligarásme, si callas
malicias de mis sospechas,
infinito.
ENGRACIA: Sosegarla
pretendo yo, no afligirla.705
BUÑOL: Hablaste tan eleganta,
Engracia, en tu legacía
que me vas cayendo “en gracia.”
Vase ella [ENGRACIA], y sale doña JUSEPA cubierto el rostro
JUSEPA: ¡Qué poco, señor don Juan,
os preciáis de adulador,710
cuando del rey el favor
los que en su comedia están
afectan! ¿Y vos, ingrato,
por bellezas de acarreo
que os diviertan el deseo715
perdéis tan gustoso rato?
¿Cómo verla no queréis,
y a sus umbrales estáis?
Cuanto más os acercáis,
más a su dueño ofendéis;720
que el escuchar celebrarla
es premio del escribirla,
pero el no querer oírla
es peor que el murmurarla.
Poco el amor os abrasa725
de la belleza que, ausente,
empeñandoos obediente,
se queda por vos en casa,
pues en pago de las veras
que en sus afectos lográis,730
el gusto vulgarizáis
con damas aventureras.
Pero podréis disculparos
diciendo que, aunque es hermosa,
la pretendéis para esposa735
y queréis ejercitaros
en manüales favores;
que damas de poca estima
con somo espadas de esgrima
en que se ensayan amores.740
Si ella en mi pecho estuviera,
sin hacer tanta confianza,
temiendo vuestra mudanza,
disimulada viniera,
dándome crédito a mí,745
a ver lo que en vos tenía.
Pero, don Juan, ¿qué sería
si esto hubiese sido ansí?
Dígolo porque he advertido
a los pies de cierto conde750
no sé qué manto que esconde,
con melindre divertido,
que por deslumbrar enojos
en el tal conde ocupaba
los oídos que le daba755
y en vuestra busca los ojos.
JUAN: ¿Quién seréis vos, mi señora,
que, fiscal de mis costumbres,
dais corteses pesadumbres
y obligáis murmuradora?760
Decidle, que estoy en calma,
y mientras me examináis,
palabras que al vuelo echáis
me van traspasando el alma.
Mucho sabéis de mis cosas,765
pero podré aseguraros
que habéis venido a engañaros
con sospechas maliciosas,
porque por el mismo caso,
que por cumplir mi deseo770
deja mi dama el recreo
presente. Suspendió el paso
cual veis a su misma puerta
sin verle; que para mí,
no estando esa dama aquí,775
no hay cosa que me divierta.
Pero, ¿qué manto, qué conde,
qué prenda a sus pies es ésa?
JUSEPA: Espíritus de condesa
manifiesta lo que esconde,780
y lo bien que os obedece.
Si os importa conocella,
el conde sale con ella.
Ved qué alabanzas merece.
Sale doña ELENA cubierta y el CONDE
ELENA: No desdore vuestra alteza785
generosas cortesías
que le debe mi recato,
ni conocerme permita.
CONDE: No queráis tampoco vos,
prodigioso y bello enigma790
de quien por fe os idolatra,
que ésta os adore sin vista.
Yo vi una mano de nieve
con llamas de suerte activas
que, incencio de mis potencias,795
helándolas son ceniza.
Yo vi en la fiesta esta noche
cuantas veces socorría
congojas el leve avaro
de ese sol que se me eclipsa,800
a pesar del envidioso
manto que su luz me priva,
átomo de avaras glorias,
instantes breves de dichas,
peregrinos mis deseos805
como el que a escuras camina,
que apenas rayos, abortos
del relámpago divisa
cuando a su luz instantánea
cierra la nube cortinas810
y por minutos de cielos
le vende penas prolijas.
Amanézcame ya esa alba,
aliente flores su risa,
crepúsculos desembuchen,815
púrpuras su oriente vista,
sosieguen dudas misterios,
salga el sol, descifre el día,
–no a ruegos–dificultades
entre esperanzas ambiguas.820
Dadme licencia que os vea.
ELENA: ¡Ay, infante! ¡Y qué distintas
pasiones nos desconforman
y mi quietud martirizan!
Señalando a don JUAN que sigue hablando con doña JUSEPA
Aquel hombre, conde infante,825
aquel hombre, que entre indignas
ingratitudes desmiente
la fe con que se acredita,
es quien, perjuro a finezas,
desdeal os desestima,830
descompuesto se os opone,
tirano mi enojo incita.
Perdonadme, que impaciencias,
la vez que se precipitan,
ni saben guardar respetos835
ni advierten en cortesías.
Apártase de él y vase llegando a don JUAN sin descubrirse
CONDE: (Aquél, ¿no es don Juan de Urrea? Aparte
Luego, si como me avisa,
disfrazada esta ponzoña,
contra su lealtad conspira840
y osa hacerme competencia.
La dama que solicita
es la marquesa inconstante.
¡Ah, sospechas homicidas!
Duplicado habéis mis celos,845
y con ellos se duplican
aquí ocultos los pesares,
allí claras las malicias.
Celos de doña Jusepa
justas venganzas me intiman,850
y celos de quien no veo
mi esperanza desatinan.
Satisfagámoslos todos,
aunque si bien se averiguan,
los unos son desengaños855
pero los otros envidias.)
JUSEPA: Don Juan, estimad extremos
de quien por vos no hace estima
de blasones coronados
que mis imperios humillan.860
Mudanzas piden mudanzas,
que en quien agravios castiga
no hay venganza más airosa
que olvidar a quien olvida.
Y, porque llega el infante,865
adiós.
Apártase y llégase a doña ELENA y dícele
¡Ay, condesa amiga!
¡Qué de ello don Juan de debe!
¡Qué bien empeños desquita!
Adorándole, me adora.
No hay conde que le compita.870
No hay rey que se le compare.
Loco queda, voy perdida.
Vase. Descubierta [ELENA] a don JUAN
ELENA: En mitad de mis enojos
les debo tanto a mis iras,
desconocido don Juan,875
que templada aunque ofendida,
vengo sólo a preguntaros…
Habla aparte [y responde a sí mismo el CONDE]
CONDE: (Corrió a la imagen divina
del sol estorbos molestos
Amor, ciega monarquía,880
¡Válgame su luz hermosa!
¿No es la que mis celos miran
doña Elena, en quien la fama,
para enmienda de la antigua,
tanta clausura blasona,885
tanto recato nos pinta,
tanto retiro encarece,
tanto desdén nos intima?
Pues, ¿cómo sola y de noche
créditos desautoriza890
y, arriesgando honestidades,
en don Juan desvelos libra?
Pero, ¿cuándo en las bellezas
no se valió la mentira
de artificios exteriores895
que uno sienten y otro avisan?
Nunca, si bien siempre hermosa,
como agora que me hechiza;
nunca, aunque siempre discreta,
como esta noche entendida.900
Mas son los celos antojos
que con una fuerza misma,
haciendo las cosas grandes,
encarecen lo que envidian.
No la merece don Juan905
Su amor a Jusepa elija;
mas no duplicando ofensas
que a mi nuevo hechizo sirvan.
Venid, celosos cuidados,
desbaratemos la dicha.)910
Sale un PAJE
PAJE: Conde infante, el rey os llama.
Vase
CONDE: (Llamas, llamándome, atiza,
que con lo imposible crecen.
¡Ah, cielos! ¡Que en tan precisa
ocasión el rey me estorbe.)915
Llégase a don JUAN; ELENA vuelve a cubrirse
Don Juan, esa dama es cifra
de todas mis esperanzas
ni negadas ni admitidas.
Débola mudos agrados
esta noche aunque no vista920
–que no he sido tan dichoso–
por lo menos advertida
a pasiones consultadas.
Si mi respeto os obliga,
entre tanto que al rey veo,925
detenedla y divertidla,
que presto daré la vuelta.
Mirad que me va la vida
en esto, y que si se ausenta,
la vuestra, don Juan, peligra.930
Vase y descúbrese ELENA
JUAN: Vuelve a preguntarme agora,
para que inocencias finjas,
¿qué tantas almas me alientan?
O, ¿cómo está dividida,
si el ser a una sola debo,935
en bellezas tan distintas,
la que tu firmeza agravia,
la que mi lealtad derriba?
Encaréceme primores
de la fe que desperdicias940
en empleos mal pagados
que al escarmiento retiras.
Disimula falsedades.
Di que veniste a esta quinta
a manifiestas traiciones,945
que mi fe desacreditan.
¿Podrás, mudable, podrás,
cuando desmienta mi vista,
negar razones al alma
que el conde tu amante firma?950
¿Qué usuras son las que logra
tu engaño a la hipocresía?
¿Qué traiciones sin provecho
nunca Amor las quimeriza?
¿Qué interesas en burlarme?955
O, ¿por qué a mi amor te dignas
si me despeñan mudanzas
cuando engaños me subliman?
¿Qué sacas de mis tormentos?
¿Qué medras porque perdida960
mi crédula libertad
la despeñen tus caricias?
Mira, ingrata, si salieron
mis sospechas profecías,
falsedades tus finezas,965
certidumbres mis desdichas.
Porque a esta fiesta faltases,
atravesando mi vida,
pensé obligarte con ella.
¡Qué primorosa! ¡Qué fina!970
Disimulando cautelas
dijiste, por encubrirlas,
“¿Vida y tuya? Toma, Engracia,
allá este manto.” ¡Ah, fallidas
confïanzas en mujeres!975
¡Cuando más se hiperbolizan,
más lejos de las verdades,
más cerca de las malicias!
¡Qué necio yo al escucharte!
“Sólo en tu vida se cifra980
mi esperanza, y en su esfera
todos mis gustos estriban.”
Ponderaba tus ficciones
y aquellas filosofías
de “No jures por tan poco985
vida en quien vive la mía.”
¡Qué mal te salió la traza
de la mentirosa espía
que, porque me asegurase,
vino como tú fingida990
a ponderarme obediencias
de tu fe y que, por lucirlas,
despreciando obligaciones
no pagaste cortesías.
Disimulábate en casa,995
cuando en ésta a las festivas
demonstraciones atenta,
porque infantes se te rindan,
áspid, a sus pies, negabas
lo mismo que apetecías1000
porque cenase deseos
lo difícil de tu vista.
Ya consiguó diligencias,
ya a tu cara sacrifica
llamas de amor inmortales,1005
si antes que te viese tibias.
¿Qué más medras? Ya te adora.
¿Qué más triunfos? Ya le humillas.
¿Qué más lauros? Ya te tiembla.
¿Qué más penas? Ya me olvidas.1010
Si el abecé de tu amor,
que no ha mucho encarecías,
te sirvió hasta aquí de escuela,
ya pasa de él. Ejercita
facultades de más tomo.1015
Muden tus finezas, niñas.
¡Estudios! Sube a mayores.
Postra altezas. Vuela arriba,
pero no tan a mi costa;
que por sacar tus mentiras1020
airosas de mis agravios,
culpas a mi fe. ¿Apercibas
que obligan hoy mi impaciencia?
ELENA: ¡Ah, desleal! Homicida
de esperanzas en ti secas,1025
¿dobleces tuyas me aplicas?
Lisonjero me persuades
a que a las fiestas no asista.
Por celebrar sin pensiones
las que tu traición fabrica,1030
¿e insultos tuyos me cargas?
¡Ah, cielo! ¡Ah, luces divinas!
¿Cómo consentís que sombras
vuestra claridad persigan?
¡Qué seguro te juzgabas1035
cuando en casa me creías,
obediente a los preceptos
de tu lengua fementida,
diligenciando favores
de esa leve Luna rica1040
con resplandores que hurtados
propiedades al sol quitan!
¡Qué leal para el infante!
A estimaciones le obligas
cuando, de prendas que adora,1045
privado tuyo le privas!
Advertieras, a ser cuerdo,
que son los celos justicia
que con el hurto en las manos
coge engaños que registra.1050
No es la Luna en quien te empleas
lo que a la tierra vecina,
puesto que […] monstruo,
virreina del sol, le imita.
Luna sí, de espejo frágil,1055
que con las acciones mismas
que su cristal lisonjean,
adula a cuantos la miran.
Vióse en ella amante el conde,
amante también se pinta.1060
Tu amor en ella retratas.
El propio es fuerza te finja
si tan perdido por ella
estás como ella me afirma.
¿Qué mucho, siendo tu espejo,1065
que vaya por ti perdida?
Perdéos, mudables, entrambos,
mientras que mi amor consiga
ganancias que le mejoren;
que yo, para proseguirlas1070
con esmaltes de una alteza,
pretendo desde este día
sublimar la fe que estaba
en tu constancia abatida.
Al infante he de querer.1075
JUAN: Ya le quieres; no me digas
sino que le has de olvidar,
que en ti con la misma prisa
que se abrasan tus efectos,
las mudanzas los entibian.1080
Mas, porque mejor los logres,
yo buscaré medicinas
en tu ausencia poderosas
contra el fuego que me hechiza.
Yo mudable, tu liviana,1085
alejaré mi noticia
de suerte de las memorias
de mi patria que no impidan
ambiciones de tu empleo.
Yo, dicurriendo provincias1090
que Aragón, que España ignora,
que más la aspereza enrisca,
huyendo Circes que encantan,
esfinges que precipitan,
sirenas que lisonjean,1095
Medeas que desatinan
en los desiertos alegre[s]
donde las fieras habitan,
donde los áspides moran
y basiliscos anidan,1100
más seguro en su veneno
que en tus aleves caricias,
que en tus dobladas ficciones,
que en tus finezas de alquimia.
Te vengaré con vengarme1105
de mis esperanzas mismas,
necias por mal empleadas,
báarbaras por presumidas.
No aguarden verme tus ojos,
no nuevas que, compasivas,1110
tarde tus lágrimas muevan
para llorar mis desdichas;
que no lo son, aunque maten,
las que, cuerdas fugitivas,
de tus engaños me ausentan,1115
de tus traiciones me libran.
Pues cuando me rediman,
serán de mi nafragio alegre calma.
Vase [don JUAN]
ELENA: ¡Tenedle, cielos, que me lleva el alma!
Sale el CONDE, [con escuderos]
CONDE: ¿Qué es esto?1120
ELENA: ¡Ay, hado fiero!
Que se ausenta don Juan, que sin él muero,
que sin remedio lloro.
Infante, que me deja, que le adoro,
Id tras él. Detenelde.
CONDE: (¡Ah, rabiosas envidias! ¡Ah, rebelde Aparte1125
pasión!)
A los ESCUDEROS
Llevadle preso.
(¡Dóblarme agravios y quitarme el seso!) Aparte
Vase [el CONDE]
ELENA: Préndanle, conde, pues nos ha ofendido;
que más le quiero preso que perdido.
