EL DESDÉN CON EL DESDÉN
Agustín Moreto
Texto basado en varios textos tempranos del EL DESDÉN CON EL DESDÉN. Fue preparado en forma electrónica por Vern Williamsen en el año 1995.
Personas que hablan en ella:
- CARLOS, conde de Urgel
- POLILLA, su criado gracioso
- El CONDE de Barcelona, padre de Diana
- El PRÍNCIPE de Bearne
- GASTÓN, conde de Fox
- DIANA, dama
- CINTIA, dama
- FENISA, dama
- LAURA, criada de Diana
- GALANES
- MÚSICOS
JORNADA PRIMERA
Salen CARLOS y POLILLA
CARLOS: Yo he de perder el sentido
con tan extraña mujer.
POLILLA: Dame tu pena a entender,
señor, por recién venido.
Cuando te hallo en Barcelona5
lleno de aplauso y honor,
donde tu heroico valor
todo su pueblo pregona;
cuando sobra a tus victorias
ser Carlos, conde de Urgel,10
y en el mundo no hay papel
donde se escriban tus glorias,
¿qué causa ha podido haber
de que estés tal mal guisado?
Que, por más que la he pensado,15
no la puedo comprender.
CARLOS: Polilla, mi desazón
tiene más naturaleza.
Este pesar no es tristeza,
sino desesperación.20
POLILLA: ¿Desesperación? Señor,
que te enfrenes te aconsejo,
que tiras algo a bermejo.
CARLOS: No burles de mi dolor.
POLILLA: ¿Yo burlar? Esto es templarte;25
mas tu desesperación,
¿qué tanta es a esta sazón?
CARLOS: La mayor.
POLILLA: ¿Cosa de ahorcarte?
Que si no, poco te ahoga.
CARLOS: No te burles, que me enfado.30
POLILLA: Pues si estás desesperado,
¿hago mal en darte soga?
CARLOS: Si dejaras tu locura,
mi mal te comunicara,
porque la agudeza rara35
de tu ingenio me asegura
que algún medio discurriera,
como otras veces me has dado,
con que alivie mi cuidado.
POLILLA: Pues, señor, polilla fuera.40
Desemboca tu pasión
y no tenga tu cuidado,
teniéndola en el crïado,
polilla en el corazón.
CARLOS: Ya sabes que a Barcelona,45
del ocio de mis estados,
me trajeron los cuidados
de la fama que pregona
de Dïana la hermosura,
de esta corona heredera,50
en quien la dicha que espera
tanto príncipe procura,
compitiendo en un deseo
gala, brío y discreción.
POLILLA: Ya sé que sin pretensión55
viniste a este galanteo
por lucir la bizarría
de tus heroicos blasones,
y que en todas las acciones
siempre te has llevado el día.60
CARLOS: Pues oye mi sentimiento.
POLILLA: Ello, ¿estás enamorado?
CARLOS: Sí estoy.
POLILLA: Gran susto me has dado.
CARLOS: Pues escucha.
POLILLA: Va de cuento.
CARLOS: Ya sabes como en Urgel65
tuve, antes de mi partida,
del amor del de Bearne
y el de Fox larga noticia.
De Dïana pretendientes,
dieron con sus bizarrías70
voz a la fama, y asombro
a todas estas provincia.
El ver de amor tan rendidos
como la fama publica
dos príncipes tan bizarros,75
que aun los alaba la envidia,
me llevó a ver si esto en ellos
era por galantería,
gusto, opinión o violencia
de su hermosura divina.80
Entré pues en Barcelona;
víla en su palacio un día
sin susto del corazón
ni admiración de la vistas,
una hermosura modesta,85
con muchas señas de tibia,
mas sin defecto común
ni perfección peregrina,
de aquellas en quien el juicio,
cuando las vemos queridas,90
por la admiración apela
al no sé qué de la dicha.
La ocasión de verme entre ellos
cuando al valor desafían
en públicas competencias,95
con que el favor solicitan,
ya que no pudo a mi amor,
empeñó mi bizarría,
ya en fiestas y ya en torneos
y otras empresas debidas100
al culto de una deidad
a cuya soberanía
sin el empeño de amor
la obligación sacrifica.
Tuve en todas tal fortuna105
que, dejando deslucidas
sus acciones, salí siempre
coronado con las mías,
y el vulgo, con el suceso,
la corona merecida110
con la suerte dio a mi frente
por mérito, siendo dicha,
que cualquiera de los dos
que en ella me competía
la mereció más que yo.115
Pero para conseguirla
tuve yo el faltar mi amor
y no tener la codicia
con que ellos la deseaban,
y así por fuera fue mía;120
que en los casos de la suerte,
por tema de su malicia,
se van siempre las venturas
a quien no las solicita.
Siendo pues mis alabanzas125
de todos tan repetidas,
sólo en Dïana hallé siempre
una entereza tan hija
de su esquiva condición
que, siendo mis bizarrías130
dedicadas a su aplauso,
nunca me dejó noticia,
aya que no de favorable,
siquiera de agradecida.
Y esto con tanta esquivez135
que en todos dejó la misma
admiración que en mis ojos;
pues la extraña demasía
de su entereza pasaba
del decoro la medida140
y, excediendo de recato,
tocaba ya en grosería;
que a las damas de tal nombre
puso el respeto dos líneas:
una es la desatención,145
y otra el favor; mas la avisa
que ponga entre ellas la planta
tan ajustada y medida
que en una ni en otra toque,
porque si de agradecida150
adelanta mucho el pie,
la raya del favor pisa,
y es ligereza, y si entera
mucho, y la planta retira
por no tocar el favor,155
pisa en la descortesía.
Este error hallé en Dïana,
que empeñó mi bizarría
a moverla por lo menos
a atención, si no a caricia;160
y este deseo en las fiestas
me obligaba a repetirlas,
a buscar nuevos empeños
al valor y ala osadía;
mas nunca pude sacar165
de su condición esquiva
más que más causa a la queja
y más culpa a la malicia.
De esto nación el inquirir
si ella conmigo tenía170
alguna aversión o queja
mal fundada o presumida,
y averigüé que Dïana
del discurso las primicias,
con las luces de su ingenio175
las dio a la filosofía.
De este estudio y la lección
de las fábulas antiguas,
resultó un común desprecio
de los hombres, unas iras180
contra el orden natural
del amor con quien fabrica
el mundo a su duración
alcázares en que viva;
tan estable en su opinión,185
que da con sentencia fija
el querer bien por pasión
de las mujeres indigna;
tanto, que siendo heredera
de esta corona, y precisa190
la obligación de casarse,
la renuncia y desestima
por no ver que haya quien triunfe
de su condición altiva.
A su cuarto hace la selva195
de Dïana, y son las ninfas
sus damas, y en este estudio
las emplea todo el día.
Sólo adornan sus paredes
de las ninfas fugitivas200
pinturas que persüaden
al desdén. Allí se mira
a Dafne huyendo de Apolo,
Anajarte convertida
en piedra por no querer,205
Aretusa en fuentecilla,
que el tierno llanto de Alfeo
paga en lágrimas esquivas.
Y viendo el conde, su padre,
que en este error se confirma210
cada día con más fuerza,
que la razón no la obliga,
que sus ruegos no la ablandan,
y con tal furia se irrita
en hablándola de amor,215
que teme que la encamina
a un furor desesperado,
que el medio más blando elija
la aconseja su prudencia,
y a los príncipes convida220
para que, haciendo por ella
fiestas y galanterías,
sin la persuasión ni el ruego,
la naturaleza misma
sea quien lidie con ella,225
por si, teniendo a la vista
aplausos y rendimientos,
ansias, lisonjas, caricias,
su propio interés la vence
o la obligación la inclina,230
que en quien la razón no labra,
endurece la porfía
del persuadir. Y no hay cosa
como dejar a quien lidia
con su misma sinrazón;235
pues si ella misma le guía
al error, en dando en él,
es fuerza quedar vencida,
porque no hay con el que a oscuras
por un mal paso camina,240
para que vea su engaño,
mejor luz que la caída.
Habiendo ya averiguado
que esto en su opinión esquiva
era desprecio común245
y no repugnancia mía,
claro está que yo debiera
sosegarme en mi porfía;
y considerando bien
opinión tan exquisita,250
primero que a sentimiento
pudiera moverme a risa.
Pues para que se conozca
la vileza más indigna
de nuestra naturaleza,255
aquella hermosura misma
que yo antes libre miraba
con tantas partes de tibia,
cuando la vi desdeñosa,
por lo imposible a la vista,260
la que miraba común,
me pareció peregrina.
¡Oh, bajeza del deseo!
Que aunque sea a la codicia
de más precio lo que alcanza265
que no lo que se retira,
sólo por la privación
de más valor lo imagina,
y da el precio a lo difícil,
que su mismo ser le quita.270
Cada vez que la miraba
más vella me parecía,
e iba creciendo en mi pecho
este fuego tan aprisa
a que, absorto de ver la llama,275
a ver la causa volvía,
y hallaba que aquella nieve
de su desdén, muda y tibia,
producía en mí este incendio.
¡Qué ejemplo para el que olvida!280
Seguro piensa que está
el que en la ceniza fría
tiene ya su amor difunto:
¡qué engañado lo imagina!
Si amor se enciende de nieve,285
¿quién se fía en la ceniza?
Corrido yo de mis ansias
preguntaba a mis fatigas:
¡Traidor corazón! ¿Qué es esto?
¿Qué es esto, aleves caricias?290
La que neutral no os agrada
¿os parece bien esquiva?
La que vista no os suspende
¿cuando es ingrata os admira?
¿Qué le añade a la hermosura295
el rigor que la ilumina?
¿Con el desdén es hermosa
la que sin desdén fue tibia?
El desprecio, ¿no es injuria?
La que desprecia, ¿no irrita?300
Pues la que no pudo afable,
¿por qué os arrastra enemiga?
La crueldad a la hermosura,
¿el ser de deidad la quita?
Pues, ¿qué, para mí la ensalza305
lo que para sí la humilla?
Lo tirano, ¿se aborrece?
Pues a mí, ¿cómo me obliga?
¿Qué es esto, amor? ¿Es acaso
hermosa la tiranía?310
No es posible, no; esto es falso;
no es esto amor, ni hay quien diga
que arrastrar pudo inhumana
la que no movió divina.
Pues, ¿qué es esto? ¿Esto no es fuego?315
Sí, que mi ardor lo acredita;
no, que el hielo no lo causa;
sí, que el pecho lo publica.
No puede ser, no es posible,
no, que a la razón implica.320
Pues, ¿qué será? Esto es deseo.
¿De qué? De mi muerte misma.
Yo mi mal querer no puedo;
pues, ¿qué será? ¿Una codicia
de aquello que se me aparte?325
No, porque no la querría
el corazón. ¿Esto es tema?
No. Pues, alma, ¿qué imaginas?
Bajeza es del pensamiento;
no es sino soberanía330
de nuestra naturaleza
cuya condición altiva
todo lo quiere rendir,
como superior se mira.
Y habiendo visto que hay pecho335
que a su halago no se rinda,
el dolor de este desdén
le abrasa y le martiriza,
y produce un sentimiento,
con que a desear le obliga340
vencer aquel imposible.
Y ardiendo en esta fatiga,
como hay parte de deseo,
y este deseo lastima,
parece efecto de amor345
porque apetece y aspira,
y no es sino sentimiento
equivocado en caricia.
Esto la razón discurre;
mas la voluntad, indigna,350
toda la razón me arrastras
y todo el valor me quita.
Sea amor o sentimiento,
nieve, ardor, llama o ceniza,
yo me abraso, yo me rindo355
a esta furia vengativa
de amor, contra la quietud
de mi libertad tranquila;
y sin esperanza alguna
de sosiego en mis fatigas,360
yo padezco en mi silencio,
yo mismo soy de las iras
de mi dolor alimento;
mi pena se hace a sí misma,
porque, más que mi deseo,365
es rayo que me fulmina,
aunque es tan digna la causa,
el ser la razón indigna;
pues mi ciega voluntad
se lleva y se precipita370
del rigor, de la crueldad,
del desdén, la tiranía,
y muero, más que de amor,
de ver que a tanta desdicha
quien no pudo como hermosa,375
me arrastrase como esquiva.
POLILLA: Atento, señor, he estado,
y el suceso no me admira,
porque esto, señor, es cosa
que sucede cada día.380
Mira. Siendo yo muchacho,
había en mi casa vendimia,
y por el suelo las uvas
nunca me daban codicia.
Pasó este tiempo y después385
colgaron en la cocina
las uvas para el invierno;
y yo, viéndolas arriba,
rabiaba por comer de ellas
tanto, que trepando un día390
por alcanzarlas, caí
y me quebré las costillas.
Éste es el caso, él por él.
CARLOS: No el ser natural me alivia
si es injusto el natural.395
POLILLA: Di, señor, ¿ella mira
con más cariño a otro?
CARLOS: No.
POLILLA: Y ellos, ¿no la solicitan?
CARLOS: Todos vencerla pretenden.
POLILLA: Pues que cae más aprisa400
apostaré.
CARLOS: ¿Por qué causa?
POLILLA: Sólo porque es tan esquiva.
CARLOS: ¿Cómo ha de ser?
POLILLA: Verbigracia.
¿Viste una breva en la cima
de una higuera, y los muchachos405
que en alcanzarla porfían
piedras la tiran a pares;
y aunque a algunas se resista,
al cabo, de aporreada
con las piedras que la tiran,410
viene a caer más madura?
Pues lo mismo aquí imagina.
Ella está tiesa y muy alta;
tú tus pedradas la tiras;
los otros tiran las suyas;415
luego, por más que resista,
ha de venir a caer,
de una y otra a la porfía,
más madura que una breva.
Mas cuidado a la caída,420
que el cogerla es lo que importa;
que ella caerá, como hay viñas.
CARLOS: El conde, su padre, viene.
POLILLA: Acompañado, se mira,
del de Fox y el de Bearne.425
CARLOS: Ninguno tiene noticia
del incendio de mi pecho,
porque mi silencio abriga
el áspid de mi dolor.
POLILLA: Ésa es mayor valentía.430
Callar tu pasión mucho es,
¡vive Dios! ¿Por qué imaginas
que llaman ciego a quien ama?
CARLOS: Porque sus yerros no mira.
POLILLA: No tal.435
CARLOS: Pues, ¿por qué esta ciego?
POLILLA: Porque el que ama, al ciego imita.
CARLOS: ¿En qué?
POLILLA: Encantar la pasión
por calles y por esquinas.
Salen el CONDE de Barcelona, el PRÍNCIPE de Bearne, y don GASTÓN, conde de Fox
CONDE: Príncipes, vuestro justo sentimiento,
mirado bien, no es vuestro, sino mío440
Ningún remedio intento,
que no le venza el ciego desvarío
de Dïana, en quien hallo
cada vez menos medios de enmendallo.
Ni del poder de padre a usar me atrevo,445
ni del de la razón, porque se irrita
tanto cuando de amor a hablarla pruebo,
que a más daño el furor la precipita.
Ella, en fin, por no mar ni sujetarse,
quiere morir primero que casarse.450
GASTÓN: Ésa, señor, es opinión aguda
de su discurso, a los estudios dado,
que el tiempo sólo o la razón la muda;
y sin razón estás desesperado.
CONDE: Conde de Fox, aunque verdad es ésa,455
no me atrevo a empeñaros en la empresa
de que asistáis en vano a su hermosura,
faltando en vuestro estado a su asistencia.
PRÍNCIPE: Señor, con tu licencia,
el que es capricho injusto, nunca dura;460
y aunque el vencerle es dificultoso,
yo estoy perdiendo tiempo más airoso,
ya que a este intento de Bearne vine,
que dejando la empresa mi constancia,
porque es mayor desaire que imagine465
nadie que al dejé por inconstancia,
ni ese crédito es de su hermosura,
ni del honesto amor que la procura.
CARLOS: El Príncipe, señor, ha respondido
como galán, bizarro y caballero;470
que aun en mí, que he venido
sin ese empeño, sólo aventurero,
a festejar no haciendo competencia,
dejar de proseguir fuera indecencia.
CONDE: Príncipes, lo que siento es empeñaros475
en porfiar, cuando halla la porfía
de mayor resistencia indicios claros;
si la gala, el valor, la bizarría,
no la mueve ni inclina, ¿con qué intento
vencer imagináis su entendimiento?480
POLILLA: Señor, un necio a veces halla un medio
que aprueba la razón. Si dais licencia,
yo me atreveré a daros un remedio
con que, aunque ella aborrezca su presencia,
se le vayan los ojos, hechos fuentes,485
tras cualquiera galán de los presentes.
CONDE: Pues, ¿qué medio imaginas?
POLILLA: Como mío.
Hacer justas, torneos, a una ingrata,
es poner ollas a quien tiene hastío.
El medio es, que rendirla no dilata,490
poner en una torre a la Princesa,
sin comer cuatro días ni ver mesa;
y luego han de pasar estos galanes
delante de ella y convidando a escote,
el uno con seis pollas y dos panes,495
el otro con un plato de jigote;
y a mí me lleve el diablo, si los viere,
si tras ellos corriendo no saliere.
CARLOS: ¡Calla, loco bufón!
POLILLA: ¿Esto es locura?
Ejecútese el medio, y a la prueba.500
Sitien luego por hambre su hermosura,
y verán si los ojos no la lleva
quien sacare un vestido de camino,
guarnecido de lonjas de tocino.
PRÍNCIPE: Señor, sola una cosa por mí pido,505
que don Gastón también ha de querella.
Nunca hablar a Dïana hemos podido;
danos licencia tú de hablar con ella,
que el trato y la razón puede mudarla.
CONDE: Aunque la ha de negar, he de intentarla.510
Pensad vosotros medios y ocasiones
de mover su entereza, que a escucharos
yo la sabré obligar con mis razones,
que es cuanto puedo hacer para ayudaros
a la empresa tan justa y deseada515
de ver mi sucesión asegurada.
Vase [el CONDE]
PRÍNCIPE: Conde, crédito es de la nobleza
de nuestra heroica sangre la porfía
de rendir el desdén de su belleza;
juntos la hemos de hablar.520
CARLOS: Yo compañía
al empeño os haré, mas no al deseo,
porque yo sin amor sigo este empleo.
GASTÓN: Pues ya que vos no estáis enamorado,
¿qué medios seguiremos de obligalla?
Que esto lo ve mejor el descuidado.525
CARLOS: Yo un medio sé que mi silencio calla,
porque otro empeño es, que al proponerle
cualquiera de los dos ha de quererle.
PRÍNCIPE: Decís bien.
GASTÓN: Pues, Bearne, vamos luego
a imaginar festejos y finezas.530
PRÍNCIPE: A introducir en su desdén el fuego.
GASTÓN: Ríndanse a nuestro incendio sus tibiezas.
CARLOS: Yo a eso asistiré.
PRÍNCIPE: Pues a esta gloria.
Vanse el PRÍNCIPE y don GASTÓN
CARLOS: Y que del más feliz sea la victoria.
POLILLA: Pues, ¿qué es esto, señor? ¿Por qué has negado535
tu amor?
CARLOS: He de seguir otro camino
de vencer un desdén tan desusado.
Ven, y yo te diré lo que imagino,
que tú me has de ayudar.
POLILLA: Eso no hay duda.
CARLOS: Allá has de entrar.540
POLILLA: Seré Simón y ayuda.
CARLOS: ¿Sabráste introducir?
POLILLA: Y hacer pesquisas.
¿Yo Polilla no soy? ¿Eso previenes?
Me sabré introducir en sus camisas.
CARLOS: Pues ya a mi amor le doy los parabienes.
POLILLA: Vamos, que si eso importa a las marañas,545
yo sabré apolillarle las entrañas.
Vanse [los dos]. Salen DIANA, CINTIA, LAURA, DAMAS, y MÚSICOS
MÚSICA: “Huyendo la hermosa Dafne,
burla de Apolo la fe,
sin duda la sigue un rayo,
pues la defiende un laurel.”550
DIANA: ¡Qué bien que suena en mi oído
aquel honesto desdén!
¡Que hay mujer que quiera bien!
¡Que haya pecho agradecido!
CINTIA: (¡Que por error su agudeza Aparte555
quiera el amor condenar;
y si lo es, quiera enmendar
lo que error naturaleza!)
DIANA: Este romance cantad;
proseguid, que el que le hizo,560
bien conoció el falso hechizo
de esa tirana deidad.
MÚSICOS: “Poca o ninguna distancia
hay de amar a agradecer,
no agradezca la que quiere565
la victoria del desdén.”
DIANA: ¡Qué bien dice! Amor es niño,
y no hay agradecimiento,
que al primer paso, aunque lento,
no tropiece en su cariño.570
Agradecer es pagar
con un decente favor;
luego quien paga el amor
ya estima el verse adorar.
Pues si estima, agradecida,575
ser amada una mujer,
¿que falta para querer
a quien quiere ser querida?
CINTIA: El agradecer, Dïana,
es deuda noble y cortés;580
la que agradecida es
no se infiere que es liviana.
Que agradece la razón
siempre en nosotras se infiere;
la voluntad es quien quiere;585
distintas la causas son;
luego si hay diversidad
en la causa y el intento,
bien puede el entendimiento
obrar sin la voluntad.590
DIANA: Que haber puede estimación
sin amor es la verdad,
porque amar es voluntad
y agradecer es razón.
No digo que ha de querer595
por fuerza la que agradece;
pero, Cintia, me parece
que está cerca de caer;
y quien de esto se asegura,
no teme o no ve el engaño,600
porque no recela el daño
quien al riesgo se aventura.
CINTIA: El ser desagradecida
es delito descortés.
DIANA: Pero el agradecer es605
peligro de la caída.
CINTIA: Yo el delito no permito.
DIANA: Ni yo un riesgo tan extraño.
CINTIA: Pues por excusar un daño,
¿es bien hacer un delito?610
DIANA: Sí, siendo tan contingente
el riesgo.
CINTIA: Pues, ¿no es menor,
si es contingente, este error
que esta delito presente?
DIANA: No, que es más culpa el amar,615
que falta el no agradecer.
CINTIA: ¿No es mejor, si puede ser,
el no querer y estimar?
DIANA: No, porque a querer se ha de ir.
CINTIA: Pues, ¿no puede allí parar?620
DIANA: Quien no resiste a empezar,
no resiste a proseguir.
CINTIA: Pues el ser agradecida,
¿no es mejor, si esto es ganancia,
y gastar esa constancia625
en resistir la caída?
DIANA: No, que eso es introducirle
al amor, y al desecharle,
no basta para arrojarle
lo que puede resistirle.630
CINTIA: Pues cuando eso haya de ser,
más que a la atención faltar,
me quiero yo aventurar
al peligro de querer.
DIANA: ¿Qué es querer? Tú hablas así,635
o atrevida o sin cuidado;
sin duda te has olvidado
que estás delante de mí.
¡Querer! ¿Se ha de imaginar
en mi presencia querer?640
¡Mas eso no puede ser!
Laura, volved a cantar.
MÚSICOS: “No se fíe en las caricias
de Amor quien niño le ve;
que, con presencia de niño,645
tiene decretos de rey.”
Sale POLILLA, de médico ridículo
POLILLA: (¡Plegue al cielo que dé fuego Aparte
mi entrada!
DIANA: ¿Quién entra aquí?
POLILLA: “Ego.”
DIANA: ¿Quién?
POLILLA: “Mihi, vel mí;
[e]scholasticus sum ego,650
pauper et enamoratus.”
DIANA: ¿Vos enamorado estáis?
Pues, ¿cómo aquí entrar osáis?
POLILLA: No, señora; “escarmentatus.”
DIANA: ¿Qué os escarmentó?655
POLILLA: Amor ruin;
y escarmentado en su error,
me he hecho médico de amor,
por ir de ruin a rocín.
DIANA: ¡De dónde sois?
POLILLA: De un lugar.
DIANA: Fuerza es.660
POLILLA: No he dicho poco;
que en latín lugar es “loco.”
DIANA: Ya os entiendo.
POLILLA: Pues andar.
DIANA: ¿Y a qué entráis?
POLILLA: La fama oí
de vos, con admiración
de tan rara condición.665
DIANA: ¿Dónde supisteis de mí?
POLILLA: En Acapulco.
DIANA: ¿Dónde es?
POLILLA: Media leguas de Tortosa;
y mi codicia, ambiciosa,
de saber curar después670
del mal de Amor, sarna insana,
me trajo a veros, por Dios,
por sólo aprender de vos.
Partíme luego a la Habana,
por venir a Barcelona,675
y tomé postas allí.
DIANA: ¿Postas en la Habana?
POLILLA: Sí.
Y me apeé en Tarragona,
de donde vengo hasta aquí,
como hace fuerte el verano,680
a pie a pediros la mano.
DIANA: ¿Y qué os parece de mí?
POLILLA: Eso es fuerza que me aturda;
no tiene Amor mejor flecha
que vuestra mano derecha,685
si no es sacáis la zurda.
DIANA: ¡Buen humor tenéis!
POLILLA: Así,
¿gusta mi conversación?
DIANA: Sí.
POLILLA: Pues con una ración
os podéis hartar de mí.690
DIANA: Yo os la doy.
POLILLA: Beso… ¡Qué error!
¿Beso dije? Ya no beso.
DIANA: Pues, ¿por qué?
POLILLA: El beso es el queso
de los ratones de Amor.
DIANA: Yo os admito.695
POLILLA: Dios delante;
mas sea con plaza de honor.
DIANA: ¿No sois médico?
POLILLA: Hablador,
y así seré platicante.
DIANA: Y del mal de Amor, que mata,
¿cómo curáis?700
POLILLA: Al que es franco
curo con ungüento blanco.
DIANA: ¿Y sana?
POLILLA: Sí, porque es plata.
DIANA: ¿Estáis mal con él?
POLILLA: Su nombre
me mata. Llamó al Amor
Averroes hernia, un humor705
que hila las tripas a un hombre.
Amor, señora, es congoja,
traición, tiranía villana,
y sólo el tiempo le sana,
suplicaciones y aloja.710
Amor es quita-razón,
quita-sueño, quita-bien,
quita-pelillos también,
que hará calvo a un motilón.
Y las que él obliga a amar,715
todas acaban en quita,
Francisquita, Mariquita,
por ser todas al quitar.
DIANA: Lo que había menester
para mi divertimiento720
tengo en vos.
POLILLA: Con ese intento
vino yo desde Añover.
DIANA: ¿Añover?
POLILLA: El me crïó;
que en este lugar extraño
se ven melones cada año,725
y así Año-ver se llamó.
DIANA: ¿Cómo os llamáis?
POLILLA: Caniquí.
DIANA: Caniquí, a vuestra venida
estoy muy agradecida.
POLILLA: Para las dueñas nací.730
(Ya yo tengo introducción. Aparte
Así en el mundo sucede:
lo que un príncipe no puede,
yo he logrado por bufón.
Si ahora no llega a rendilla
Carlos, sin maña se viene,735
pues ya introducida tiene
en su pecho la polilla.)
LAURA: Con los príncipes tu padre
viene, señora, acá dentro.
DIANA: ¿Con los príncipes? ¿Que dices?740
¿Qué intenta mi padre? ¡Cielos!
Si es repetir la porfía
de que me case, primero
rendiré el cuello a un cuchillo.
[CINTIA habla aparte con LAURA]
CINTIA: ¿Hay tal aborrecimiento745
de los hombres? ¿Es posible,
Laura, que el brío, el aliento
del de Urgel no la arrebate?
LAURA: Que es hermafrodita pienso.
CINTIA: A mí me lleva los ojos.750
LAURA: Y a mí el Caniquí, en secreto,
me ha llevado las narices;
que me agrada para lienzo.
Salen el CONDE, el PRÍNCIPE, don GASTÓN, y CARLOS
CONDE: Príncipes,entrad conmigo.
CARLOS: (Sin alma a sus ojos vengo; Aparte755
no sé si tendré valor
para fingir lo que intento.
Siempre la hallo más hermosa.)
DIANA: (¡Cielos! ¿Qué puede ser esto?) Aparte
CONDE: ¿Hija? ¿Dïana?760
DIANA: ¿Señor?
CONDE: Yo, que a tu decoro atiendo,
y a la deuda en que me ponen
los condes con sus festejos,
habiendo de ellos sabido
que del retiro que has hecho765
de su vista, están quejosos…
DIANA: Señor, que me des, te ruego,
licencia, antes que prosigas,
ni tu palabra haga empeño
de cosa que te esté mal,770
de prevenirte mi intento.
Lo primero es, que contigo
mi voluntad tener puedo,
ni la tengo, porque sólo
mi albedrío es tu precepto.775
Lo segundo es, que el casarme,
señor, ha de ser lo mesmo
que dar la garganta a un lazo
y el corazón a un veneno.
Casarme y morir es uno,780
mas tu obediencia es primero
que mi vida. Esto asentado,
venga ahora tu decreto.
CONDE: Hija, mal has presumido,
que yo casarte no intento,785
sino dar satisfacción
a los príncipes, que han hecho
tantos festejos por ti.
Y el mayor de todos ellos
es pedirte por esposa,790
siendo tan digno su aliento,
ya que no de tus favores,
de mis agradecimientos.
Y no habiendo de otorgarlo,
debe atender mi respeto795
a que ninguno se vaya,
sospechando que es desprecio,
sino aversión que tu gusto
tiene con el casamiento.
Y también, que esto no es800
resistencia a mi precepto,
cuando yo no te lo mando,
porque el amor que te tengo
mi obliga a seguir tu gusto.
Y, pues tú en seguir tu intento805
ni a mí me desobedeces
ni los desprecias a ellos,
dales la razón que tiene
para esta opinión tu pecho,
que esto importa a tu decoro810
y acredita mi respeto.
Vase [el CONDE]
DIANA: Si eso pretendéis no más,
oíd, que dárosla quiero.
GASTÓN: Sólo a ese intento venimos.
PRÍNCIPE: Y no extrañéis el deseo,815
que más extraña es en vos
la aversión al casamiento.
CARLOS: Yo, aunque a saberlo he venido,
sólo ha sido con pretexto,
sin extrañar la opinión820
de saber el fundamento.
DIANA: Pues oíd, que ya le digo.
POLILLA: (¡Vive Dios, que es raro empeño! Aparte
¿Si hallará razón bastante?
Porque será bravo cuento825
dar razón para ser loca.)
DIANA: Desde aquel albor primero
con que amaneció al discurso
la luz de mi entendimiento
y el día de la razón,830
fue de mi vida el empleo
el estudio y la lección
de la historia, en quien da el tiempo
escarmiento a los futuros
con los pasados ejemplos.835
Cuantas ruinas y destrozos,
tragedias y desconciertos
han sucedido en el mundo
entre ilustres y plebeyos,
todas nacieron de amor.840
Cuanto los sabios supieron,
cuando a la filosofía
moral liquidó el ingenio,
gastaron en prevenir
a los siglos venideros845
el ciego error, la violencia,
el loco, el tirano imperio
de esa mentida deidad
que se introduce en los pechos
con dulce voz de cariño,850
siendo un volcán allá dentro.
¿Qué amante jamás al mundo
dio a entender de sus efectos
sino lástimas, desdichas,
lágrimas, ansias, lamentos,855
suspiros, quejas, sollozos,
sonando con triste estruendo
para lastimar las quejas,
para escarmentar los ecos?
Si alguno correspondido860
se vio, paró en un despeño,
que al que no su tiranía
se opuso el poder del cielo.
Pues si quien se casa va
a amar por deuda y empeño,865
¿cómo se puede casar
quien sabe de amor el riesgo?
Pues casarse sin amor
es dar causa sin efecto.
¿Cómo puede ser esclavo870
quien no se ha rendido al dueño?
¿Puede hallar un corazón
más indigno cautiverio
que rendirle su albedrío
quien no manda su deseo?875
El obedecerle es deuda;
pues, ¿cómo vivirá un pecho
con una obediencia fuera
y una resistencia dentro?
Con amor o sin amor,880
yo, en fin, casarme no puedo;
con amor, porque es peligro;
sin amor, porque no quiero.
PRÍNCIPE: Dándome los dos licencia,
responderé a lo propuesto.885
GASTÓN: Por mi parte, yo os la doy.
CARLOS: Yo, que responder no tengo,
pues la opinión que yo sigo
favorece aquel intento.
PRÍNCIPE: La mayor guerra, señora,890
que hace el engaño al ingenio,
es estar siempre vestido
de aparente argumentos.
Dejando la consecuencias
que tiene amor contra ellos,895
que en un discurso engañado
suelen ser de menos precio,
la experiencia es la razón
mayor que hay para venceros,
porque ella sola concluye900
con la prueba del efecto.
Si vos os negáis al trato,
siempre estaréis en el yerro,
porque no cabe experiencia
donde se excusa el empeño.905
Vos vais contra la razón
natural, y el propio fuero
de nuestra naturaleza
pervertís con el ingenio.
No neguéis vos el oído910
a las verdades del ruego,
porque si es razón no amar,
contra la razón no hay riesgo.
Y si no es razón es fuerza,
que os ha de vencer el tiempo,915
y entonces será victoria
publicar el vencimiento.
Vos defendéis el desdén;
todos vencerle queremos;
vos decís que esto es razón;920
permitíos al festejo,
y haced escuela al desdén,
donde en nuestro galanteo,
los intentos de obligaros
has de ser los argumentos.925
Veamos quién tiene razón,
porque ha de ser nuestro empeño
inclinaros al cariño,
o quedar vencidos ellos.
DIANA: Pues para que conozcáis930
que la opinión que yo llevo
es hija del desengaño,
y del error vuestro intento,
festejad, imaginad
cuanto caminos y medio935
de obligar una hermosura
tiene amor, halla el ingenio,
que desde aquí me permito
a lisonjas y festejos
con el oído y los ojos,940
sólo para convenceros
de que no puedo querer,
y que el desdén que yo tengo,
sin fomentarle el discurso,
es natural en mi pecho.945
GASTÓN: Pues si argumento ha de ser
desde hoy nuestro galanteo,
todos vamos a argüir
contra el desdén y despego.
Príncipes, de la razón950
y de amor es ya el empeño;
cada uno un medio elija
de seguir este argumento.
Veamos, para concluir,
quién elige mejor medio.955
Vase [don GASTÓN]
PRÍNCIPE: Yo voy a escoger el mío,
y de vos, señora, espero
que habéis de ser contra vos
el más agudo argumento.
Vase [el PRÍNCIPE]
CARLOS: Pues yo, señora, también,960
por deuda de caballero,
proseguiré en festejaros,
mas será sin ese intento.
DIANA: Pues, ¿por qué?
CARLOS: Porque yo sigo
la opinión de vuestro ingenio;965
mas aunque es vuestra opinión,
la mía es con más extremo.
DIANA: ¿De qué suerte?
CARLOS: Yo, señora,
no sólo querer no quiero
mas ni quiero ser querido.970
DIANA: Pues, ¿en ser querido hay riesgo?
CARLOS: No hay riesgo pero hay delito;
no hay riesgo, porque mi pecho
tiene tan establecido
el no amar en ningún tiempo,975
que si el cielo compusiera
una hermosura de extremos
y ésta me amara, no hallara
correspondencia en mi afecto.
Hay delito, porque cuando980
sé yo que querer no puedo,
amarme y no amar, sería
faltar mi agradecimiento.
Y así yo, ni ser querido
ni querer, señora, quiero,985
porque temo ser ingrato
cuando sé yo que he de serlo.
DIANA: Luego, ¿vos me festejáis
sin amarme?
CARLOS: Esto es muy cierto.
DIANA: Pues, ¿para qué?990
CARLOS: Por pagaros
la veneración que os debo.
DIANA: Y eso, ¿no es amor?
CARLOS: ¿Amor?
No, señora, esto es respeto.
POLILLA: (¡Cuerpo de Cristo! ¡Qué lindo! Aparte
¡Qué bravo botón de fuego!995
Échala de ese vinagre,
y verás, para su tiempo,
qué bravo escabeche sale.)
[DIANA y CINTIA hablan aparte]
DIANA: Cintia, ¿has oído a este necio?
¿No es graciosa su locura?1000
CINTIA: Soberbia es.
DIANA: ¿No será bueno
enamorar a este loco?
CINTIA: Sí, mas hay peligro en eso.
DIANA: ¿De qué?
CINTIA: Que tú te enamores,
si no logras el empeño.1005
DIANA: Ahora eres tú más necia;
pues, ¿cómo puede ser eso?
No me mueven los rendidos
y, ¿ha de arrastrarme el soberbio?
CINTIA: Esto, señora, es aviso.1010
DIANA: Por eso he de hacer empeño
de rendir su vanidad.
CINTIA: Yo me holgaré mucho de ello.
A CARLOS
DIANA: Proseguid la bizarría,
que yo ahora os la agradezco1015
con mayor estimación,
pues sin amor os la debo.
CARLOS: ¿Vos agradecéis, señora?
DIANA: Es porque con vos no hay riesgo.
CARLOS: Pues yo iré a empeñaros más.1020
DIANA: Y yo voy a agradecerlo.
CARLOS: Pues mirad que no queráis,
porque cesaré en mi intento.
DIANA: No me costará cuidado.
CARLOS: Pues siendo así, yo lo acepto.1025
DIANA: Andad. Venid, Caniquí.
CARLOS: ¿Qué decís?
POLILLA: Soy ya ese lienzo.
A CINTIA
DIANA: Cintia, rendido has de verle.
CINTIA: Sí será; pero yo temo
que se te trueque la suerte.1030
(Y eso es lo que yo deseo.) Aparte
A CARLOS
DIANA: Mas, ¿oís?
CARLOS: ¿Qué me queréis?
DIANA: Que si acaso os muda el tiempo…
CARLOS: ¿A qué, señora?
DIANA: A querer.
CARLOS: ¿Qué he de hacer?1035
DIANA: Sufrir desprecios.
CARLOS: ¿Y si en vos hubiese amor?
DIANA: Yo no querré.
CARLOS: Así lo creo.
DIANA: Pues, ¿qué pedís?
CARLOS: Por si acaso…
DIANA: Eso acaso está muy lejos.
CARLOS: ¿Y si llega?1040
DIANA: No es posible.
CARLOS: Supongo.
DIANA: Yo lo prometo.
CARLOS: Eso pido.
DIANA: Bien está.
Quede así.
CARLOS: Guárdeos el cielo.
DIANA: (Aunque me cueste un cuidado, Aparte
he de rendir a este necio.)1045
Vanse DIANA y las damas
POLILLA: Señor, buena va la danza.
CARLOS: Polilla, yo estoy muriendo;
todo mi valor ha habido
menester mi fingimiento.
POLILLA: Señor, llévalo adelante,1050
y verás si no da fuego.
CARLOS: Eso importa.
POLILLA: Ven, señor,
que ya yo estoy acá dentro.
CARLOS: ¿Cómo?
POLILLA: Con lo Caniquí
me he hecho lienzo casero.1055
