LA TERCERA DE SÍ MISMA
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en el manuscrito, no autógrafo, con fecha del 7 de agosto, 1626 (Biblioteca Nacional, Madrid, #17.149). Fue preparado por Vern G. Williamsen para un curso dictado en el año 1984.
Personas que hablan en ella:
- DUQUE de Mantua
- OCTAVIO, su criado
- CONDE Arnesto, hermano del duque
- FISBERTO, cortesano
- CAMILO, cortesano
- FABIO, criado
- FLORO, criado
- RICARDO, escudero de Lucrecia
- COSME, pastor
- LISARDO, labrador y tío de Cosme
- LUCRECIA, Duquesa de Amalfi
- PORCIA, Condesa de la Flor
- MARCELA, criada de Porcia
- GILA, pastora
JORNADA PRIMERA
Salen LUCRECIA de hombre y FABIO, criado
FABIO: En tu mismo arbitrio dejo
mi razón, que eres discreta.
LUCRECIA: Grande amor no se sujeta
a la razón, ni al consejo.
Los tuyos, Fabio son vanos,5
que tienen valor pequeño
cuando el amor se hace dueño
de los afectos humanos.
FABIO: En hábito de hombre, sola,
y amante, tres cosas son10
que más parecen ficción
hecha en comedia española.
LUCRECIA: Injustamente condenas
mi osadía y mi despecho.
De mujeres que esto han hecho15
están las historias llenas.
FABIO: Duquesa de Amalfi eres.
LUCRECIA: Duquesa de Amalfi soy,
pero yo sola no doy
este ejemplo a las mujeres;20
reinas hicieron lo mismo.
FABIO: Con esa resolución,
a tu obstinada opinión
no habrá fuerte silogismo;
mas ya que a Mantua has llegado,25
¿qué determinas hacer?
LUCRECIA: Sufrir y amar, hasta ver
tan inmenso amor premiado.
FABIO: ¿Dónde nació tanta fe?
¿Dónde nació ese deseo?30
LUCRECIA: Nápoles hizo un torneo
muy grandioso.
FABIO: Ya lo sé.
LUCRECIA: Fue el duque de Mantua a ver
esta fiesta singular.
Mal dije, pues fue a matar35
una mísera mujer.
Vile allí. ¡Nunca lo viera!
Y arrebatóme de modo
la libertad, que del todo
quiso amor que me perdiera.40
FABIO: Hablástele?
LUCRECIA: No.
FABIO: Ese amor
flaco accidente sería.
LUCRECIA: ¿No ves que en la fantasía
cobra fuerzas y valor?
FABIO: Mucho temo que ha de ser45
tanto amor, amor perdido.
LUCRECIA: ¿Qué imposibles no ha vencido
la industria de una mujer?
Sale RICARDO
RICARDO: Buen lance habemos echado.
Buen camino habemos hecho.50
LUCRECIA: ¿Qué hay Ricardo?
RICARDO: Sin provecho
te fatigas. Ya es casado
el duque.
LUCRECIA: ¿De quién lo sabes?
RICARDO: No corre por la ciudad
otra voz.55
LUCRECIA: Si eso es verdad,
llegarán mis penas graves
a crecer más que mi amor.
¿Y supiste quién ha sido
la que tal dicha ha tenido?
RICARDO: La condesa de la Flor.60
LUCRECIA: ¿La condesa Porcia?
RICARDO: Sí.
LUCRECIA: ¿No es pobre?
RICARDO: Y con hermosura.
LUCRECIA: Di, Ricardo, con ventura,
que es la que me falta a mí.
En hora infelice vi65
aquellas trágicas fiestas,
que desdichas como éstas
no serán desdichas breves.
¡Ay, duque, lo que me debes!
¡Ay, duque, lo que me cuestas!70
La que aventura el honor
como yo, mísera, hice,
cierto está que es infelice,
cierto está que tiene amor.
Difícil parece el error75
de venir de aquesta suerte.
Si llegara a Mantua a verte
sin esta alegre mudanza,
que un amor sin esperanza
ya no es amor sino muerte.80
¡Ay, qué rigurosa estrella!
Dime, Ricardo, ¿has sabido
si la condesa ha venido?
RICARDO: Pienso que han ido por ella.
LUCRECIA: ¡Cuántas honras atropella85
un mal nacido deseo!
¡Perdida, ay de mí, me veo!
¡Mi desdicha es inmortal,
que remedio a tanto mal
ni lo tengo ni lo espero!90
¡Cuánto mejor me estuviera
a ver mi mal declarado
en Nápoles, y excusado
el venir de esta manera!
¡Y mi silencio no fuera95
mi desdicha y mi pesar!
No tengo bien que esperar
si en efeto vengo a ser
yo la primera mujer
que se perdió por callar.100
Ame, pues, desesperada,
la que nunca amó atrevida,
ame y pene, aborrecida
la que se precia de honrada.
Callé mi mal confïada,105
hablar quise y llegué tarde.
El alma entre celos arde
que nunca dieron favor
la Fortuna y el Amor
al que ha nacido cobarde.110
RICARDO: A la ribera del río
el duque ha salido agora.
Sufre y sosiega, señora.
LUCRECIA: ¿Por qué amando desconfío?
Si no llega el amor mío115
a otro humano pensamiento,
porque máquinas intento
que ninguna las iguale.
RICARDO: Ya de la carroza sale.
LUCRECIA: Dame, Amor, atrevimiento.120
¿Tendréis los dos osadía
para ayudarme a una acción
que, por dicha, a mi pasión
será remedio algún día?
FABIO: En nuestros ánimos fía.125
LUCRECIA: Mete mano sin recelos,
que los astros de los cielos,
aunque adversos, han de ver
lo que puede una mujer
con ingenio, amor y celos.130
Vanse. Salen el DUQUE de Mantua y OCTAVIO, criado
OCTAVIO: No atribuye tu alteza a atrevimiento,
sino a fuerza de amor y maravilla
lo que quiero decir.
DUQUE: Ya, Octavio, sabes
que conozco tu amor y lo agradezco.
OCTAVIO: Señor, en Mantua dicen que te casas135
con la condesa de la Flor, y muchos
afirman que Fisberto y que Camilo
partieron a traerla. Y que se diga
esto por la ciudad, y los criados
no lo sepamos, confusión nos causa,140
debiendo ser nosotros los primeros
sabidores de acciones semejantes.
DUQUE: Convínome el secreto. No te espantes.
Mas, ¿cuándo al vulgo, vario y novelero,
secreto se encubrió? Siempre adivina145
las razones de estado más ocultas.
Octavio, verdad es. Con la condesa
de la Flor me desposo yo, y la espero.
Señora es de un estado pobre y corto,
pero estando tan rica de virtudes,150
de sangre ilustre y de belleza rara,
a la reina más alta se compara.
OCTAVIO: Pues, ¿cuándo vuestra alteza la vio?
DUQUE: Nunca.
La fama y relación de su hermosura
me obligó a su elección aficionado.155
OCTAVIO: Satisfecho me dejas y obligado.
Dentro LUCRECIA
LUCRECIA: Traidores, ¿dos a mí, sin tener culpa?
¿En Mantua no hay justicia?
DUQUE: ¿Quién da voces?
Sale LUCRECIA
LUCRECIA: Señora, amparad a un forastero
a quien siguen la muerte y la desdicha.160
DUQUE: Prended luego a esos dos. ¡Seguidlos!
¡Mueran!
LUCRECIA: Señor, aquí a tus pies halle acogida
esta infeliz y mal segura vida.
¡Oh, mal haya el tener tan pocas barbas!
Que aunque el valor del pecho grande sea165
no respetan al hombre.
DUQUE: ¿Por qué causa
se ofenden estos dos?
LUCRECIA: Son cuentos largos
y el recelo me tiene todavía
sin aliento.
DUQUE: No temas, pues el duque
te tiene en protección.170
LUCRECIA: Déme, tu alteza,
los pies, que no le había conocido,
como a extranjero, al fin, y perseguido.
DUQUE: Gustaré de saber quién eres, dime
la historia de tus trágicos sucesos.
LUCRECIA: Si la vida me das, y yo he venido175
a ampararme de ti, negar no intento
lo que mandas, señor. Estáme atento:
Mi patria, famoso duque,
en Nápoles la gentil,
y en ella de nobles padres180
si bien no ricos nací.
Como la pobreza y honra
peleaban contra mí,
a la duquesa de Amalfi
me fue forzoso servir.185
Asenté por paje suyo
y fuera estado feliz
si no creciera en mi pecho
el amor que conseguí.
Tiene su casa grandeza190
aunque no es muy rica, al fin.
Desciende por línea recta
del príncipe don Dionís.
(La alabanza en boca propia, Aparte
dicen, que es cosa muy vil;195
perdóneme la modestia
que mi paz pretendo así.)
DUQUE: Prosigue.
LUCRECIA: Vestida de oro
y de un celeste tabí
por parecer más al sol,200
y en su cielo de zafir
al campo salí una vez
y de su rostro el abril
las colores aprendía
para copiar el jazmín;205
Y aunque rapaz sin discurso
atentamente la vi
enamorando las aguas
y al céfiro más sutil.
Quedéme sin libertad,210
que no hacerte a discurrir
quien soy yo y quien es ella
con la ignorancia pueril,
luché con mis pensamientos
que tenían entre sí215
una doméstica guerra,
una batalla feliz.
Llevado, pues, de mi afecto,
oculto como infeliz,
Argos fui de sus acciones,220
lince de su pecho fui.
Curioso y enamorado
la escuché en su camarín,
mezclando en perlas lloradas
blandas razones así:225
“Ay, duque de Mantua mío,
si mío puedo decir
a quien mal, y apenas, tiene
noticia ninguna de mí,
nunca tornear te viera,230
vestido de carmesí,
más gallardo que Medoro,
más fuerte que un Paladín.
Rayos de púrpura y nieve
me dabas en un festín235
con los reflejos que hacían
los diamantes y rubís.
Si me viste, no lo sé,
sólo sé que he de vivir
llorando la libertad240
que con tu ausencia perdí.”
Estas palabras me abrieron
el sentido y discurrí
sobre el amor libre y loco
que era forzoso sufrir.245
Advertí que un ancho río,
que consiente un bergantín
en su espalda, fue al principio
un arroyo sutil,
y el ciprés, que con su punta250
al cielo intenta subir
al principio fue una vara
con delicada raíz,
consideré que el amor
se debía resistir255
cuando es vara y es arroyo
en márgenes de alhelís.
Pedí licencia, ausentéme
y atravesando el país
de España, que es del mundo260
el admirable jardín,
después de varios sucesos,
que al caso no hacen aquí,
llegué a Flor, ¿nunca tuvieran
mis principios este fin!265
Aquí empiezan mis desdichas,
y pues que vos las oís,
señor, con lástima y gusto
todas las pienso decir.
Es la Flor villa pequeña,270
que entre la francesa Lis
y las llaves de la iglesia
sobre la dura cerviz
de una montaña se asienta.
Su dueño es una gentil275
y hermosa dama, a tener
fortaleza varonil.
Llámase Porcia, y su casa
fue mi amparo, y me acogí,
peregrino a sus umbrales,280
ya destinado a servir.
Y aunque a veces el amor
es un templado neblí
que con vuelo infatigable
se sube al cielo a rendir285
la garza más remontada,
a veces en baharí
que se abate a presas bajas
de una humilde codorniz.
Esto digo, porque Porcia290
puso los ojos en mí,
haciendo al rostro del alma
un transparente viril.
En los ojos y la boca,
en el mirar y el reír,295
con néctar de amor brindaba.
¡Néctar no, veneno sí!
Tales fueron sus afectos,
aunque es la edad juvenil
ignorante y divertida,300
su oculto amor conocí.
No confrontaba la sangre
o porque vario cenit
nuestras estrellas tenían
su amor mismo aborrecí.305
Pienso que fue la ocasión
que la vi sin la varniz
que las mujeres se ponen
mezclando nieve y carmín.
¡Qué cosa para Lucrecia!310
La duquesa a quien serví
nunca en su rostro se ha puesto
artificioso matiz.
Esto no importa, prosigo:
descubrióme Porcia a mí
su lascivo amor, y yo315
fui ignorante al resistir.
Enlacéme como hiedra
en sus muros de zafir
y en dos hojas de clavel
toda el alma la bebí.320
DUQUE: ¡Calla, sirena crüel!
Porque no te quiero oír
voz y palabras que son
muerte y rabia para mí.
(¡Válgame Dios! ¿Qué escucho? Aparte325
¿Qué letargo y frenesí
me arrebatan y suspenden
alma y memoria infeliz?
¿La condesa Porcia es fácil?
¿Porcia es mujer rüín?330
Ya no come Porcia brasas;
ya no es Porcia. Bruto fui.
Huyendo dama de un rey
vengo ignorante a elegir
amiga de un paje, ¡cielos!335
¿Cómo mi mal no sentís?
¡Venga la muerte, venga contra mí,
que no es para desdichados el vivir!)
Ven acá, prosigue, acaba.
Llega de su historia al fin.340
LUCRECIA: (Ya le está mordiendo el áspid Aparte
que entre las flores le di.)
Pienso que te doy disgusto
y recelo proseguir.
DUQUE: Cuenta, acaba, loco estoy.345
Un rayo fatal sentí.
LUCRECIA: Después de haber sido el olmo
de tan verde y fresca vid,
me sucedió lo ordinario.
DUQUE: ¿Y fue?350
LUCRECIA: Que la aborrecí.
Una pared vieja y fea
cubre un hermoso tapiz
y el áspid se disimula
entre ameno toronjil.
La mujer que más parece355
mayo alegre y fresco abril
es un enero, un demonio
con lejos de serafín.
A la noche sigue el alba
de clavel y de jazmín360
y de este modo al pecar
se sigue el arrepentir.
Mas la mujer despreciada
o con traza o con ardid
va a su venganza y ligera365
más que el águila y delfín.
Ausentéme en fin y Porcia
como envidioso Caín,
contra mi inocencia envía
estos hombres contra mí.370
DUQUE: Calla, otra vez enmudece
que es tu lengua serpentín
que da fuego a los sentidos
que escuchándote perdí.
(Incauta serpiente he sido Aparte375
pues no tapé, por no oír
tus encantos, mis orejas.
¿Si es aquesto verdad? Sí.
¿Si miente aqueste rapaz?
Mas no, ¿por qué ha de mentir?380
Bien se ve su sencillez
en hablar y discurrir.
Amaba a Porcia, sin verla,
porque la Fama es clarín
que sus virtudes pregona385
y por mujer la escogí.
Engañéme, erré, no supe
hacer elección. Mentís,
Fama vulgar, Fama necia,
no sabéis lo que os decís.390
La manzana más hermosa,
con la cual [ ] el carmín
cubre un corazón podrido.
Un hipócrita es así;
mas ya en mi nombre Fisberto395
trae, sin duda, a Porcia. Abrir
quisiera el pecho en que cupo
tan incauto frenesí.
¡Venga la muerte, venga contra mí!
¡Qué no es para desdichados el vivir!)400
Sale OCTAVIO
OCTAVIO: Como unos corzos huyendo
se entraron en San Martín
y les dejamos de posta
un cuidadoso alguacil.
DUQUE: ¡Octavio!405
OCTAVIO: Señor.
DUQUE Escucha:
Pártete luego a decir
a Fisberto que procure
no traer a Porcia aquí.
Dirásle que ya aborrezco410
lo que a un tiempo apetecí.
Dirás que no me conviene…
mas ven, que quiero escribir.
¿Cómo te llamas?
LUCRECIA: ¿Yo? César.
Y te quisiera servir.415
DUQUE: La luz de mi desengaño
tendré delante de mí.
Sírveme, pues.
Vase el DUQUE
LUCRECIA: (Vea el mundo Aparte
lo que saben conseguir
amor, ingenio y mujer.420
César soy pues que vencí.)
Vanse. Salen FISBERTO, CAMILO, PORCIA, MARCELA y FLORO criado
FISBERTO: Arrimad esa carroza
a ese arroyo mientras vuelva
la fresca tarde a esta selva
que de eterno mayo goza.425
La hierba aquí se remoza
con la nueva primavera,
y a la sombra lisonjera
podrás, Porcia, descansar
hasta que pare en el mar430
el sol su ardiente carrera.
Suspéndase su viaje
mientras declina la siesta,
ya la apacible floresta
nos hace grato hospedaje.435
Cantarte puede este paje
si no quieres reposar
a la voz del murmurar
de ese arroyuelo, que en verte,
alegre corre a su muerte440
que es el piélago del mar.
La mudanza del estado
y el conocer gente nueva,
sin duda, Porcia, te lleva
con tristeza y con cuidado.445
Alégrate en este prado
en cuyas rústicas flores
copió el cielo los colores
que en tu rostro están sin precio.
A MARCELA
PORCIA: Poco le falta a este necio450
para que me diga amores.
No es burla, Marcela mía.
Cánsame este hombre de suerte
que en su presencia o la muerte
no sé cual escogería.455
Natural antipatía
y adversión de estrella es.
FISBERTO: Hierba y flores a tus pies
son sitial y verde alfombra,
y las plantas te dan sombra460
porque hermosura les des.
PORCIA: Fisberto, la soledad
sueño infunde y da sosiego.
CAMILO: Pues, retirémonos luego;
duerma en esta amenidad,465
Porcia, un rato.
Vanse CAMILO y FLORO
FISBERTO: (¡Qué deidad! Aparte
¿Qué fuerza y ley poderosa
tiene una mujer hermosa
contra el hombre que entorpece,
acobarda y enmudece470
la lengua más animosa?
Para mujer de mi dueño
llevo a Porcia, y el amor
flechas saca de rigor
de su semblante risueño.475
Ya mi valor es pequeño
para resistir mi mal.
¿Qué he de hacer; que soy leal?
¿Qué he de hacer; que amando muero?
Uno huyo y otro quiero,480
y así es mi pena inmortal.
Ardo y lloro sin sosiego
y mi grave mal es tanto
que ni el fuego enjuga el llanto
ni el llanto consume el fuego.485
Lloro mi mal, pero luego
ardo a los rayos que adoro,
y como la causa ignoro,
vuelvo al llanto, y porque veo
que es inmortal mi deseo490
ardo siempre y siempre lloro.
Ya no tienes fuego, Amor,
en tus ardientes extremos,
que entre los dos lo tenemos
tú la luz y yo el ardor.495
Da, señora, el resplandor
a mi fuego por si acaso
quieres ver el mal que paso;
o tome la luz süave
la parte que a mí me cabe500
y arde tú, pues yo me abraso.
Si no sé nombre que dar
a contrarios tan unidos,
a mí el alma y los sentidos
sepan sufrir y callar.505
No quiero filosofar
sobre mi dulce pasión.
Llore y arda el corazón,
ose y tema sin sosiego;
que en los afectos de un ciego510
está oscura la razón.)
Vase FISBERTO
MARCELA: ¿Cómo, yendo a tanto bien
vas triste?
PORCIA: Dame cuidado
el pensar que me he casado
sin haber visto con quién.515
Cuando nuestros ojos ven,
se quieta el alma, y así
temo; que el duque no vi,
ni él me ha visto, y ser pudiera
que de su gusto no fuera,520
o él no me agradara a mí.
MARCELA: Mucho le alaba la fama,
y al fin es un potentado.
PORCIA: ¿Y qué importa un rico estado
si no hay gusto ni se ama?525
Cautiverio de oro llama
uno al rico casamiento
cuando en él falta el contento;
y la fama puede ser
que mintiese, y hasta ver530
llevo el corazón violento;
que si, por desdicha mía,
el duque me pareciera
como Fisberto, muriera
de eterna melancolía.535
Salen FISBERTO y FLORO
FISBERTO: ¿Estás advertido?
FLORO: Fía
en el ingenio de Floro.
Vase FLORO
FISBERTO: (Dame tu copete de oro, Aparte
hermosísima Ocasión,
que busco mi perdición540
y mi propio mal adoro.
No consiente resistencia
el ardiente amor que paso
pues si resisto, me abraso
con más furia y más violencia.545
No hay discurso ni prudencia
o resuelta voluntad.
Sea gusto o sea maldad,
ya yo estoy determinado
porque en haberlo pensado550
tengo hecho la mitad.)
Porcia, de cuya hermosura
toman resplandor los días,
las ardientes penas mías
han parado ya en locura.555
En vano el alma procura
amando disimular.
Ya te vi, fuerza es amar;
y es mi amor tan eminente
que a tu beldad solamente560
se pudiera comparar.
No me culpes, Porcia, a mí.
Culpa a tu gran perfección,
porque en tan cuerda ocasión
fuera el no amar frenesí.565
PORCIA: Fisberto, ¿vienes en ti
¿Así tu dueño se estima?
FISBERTO: En ti estoy y se lastima
mi afligido corazón
porque con el afición570
tu voz a mi pecho anima.
Dice FLORO desde adentro y al primer verso, luego salga con una guitarra
FLORO: Al duque me he de quejar
o romperos la cabeza.
No permita vuestra alteza,
pues venimos a cantar,575
que nos quieran agraviar.
FISBERTO: Insolente, vil, grosero,
¿no os he dicho que no quiero
que sepa Porcia quién soy
mientras sirviéndola voy580
disfrazado de escudero?
¿No he dicho que Fisberto
me llamen todos? ¿Es justo,
que yendo contra mi gusto,
me hayáis así descubierto?585
¡Pues, vive Dios!
Vale a dar FISBERTO a FLORO con la daga y FLORO se arrodilla delante de él
FLORO: ¡Yo soy muerto!
Duque de Mantua, señor,
perdóname aqueste error.
FISBERTO: Por estar en la presencia
de mi esposa, en la paciencia590
envainaré mi rigor.
A FISBERTO
FLORO: (Goza bien de la ocasión; Aparte
que yo seré centinela.)
Vase FLORO. Habla PORCIA aparte a MARCELA
PORCIA: Ya mis desdichas, Marcela,
eternas desdichas son.595
Profeta fue el corazón.
Bien a voces lo decía
mi muda melancolía.
Perdida soy, ¿qué he de hacer?
FISBERTO: Ya, Porcia, me he de atrever600
a daros hombre de mía.
Perdonad si vuestro amante
ser quise en este camino,
que de un amor peregrino
nació un error semejante.605
Pero ya de aquí adelante
pretendo vuestro favor
con más piadoso rigor.
Sueño soy de esa belleza.
PORCIA: (¿Para qué quiero grandeza Aparte610
si he de vivir con dolor?)
FISBERTO: Pues, ¿de mis brazos huís?
¿Qué, señora, os acobarda?
Canta FLORO dentro
FLORO: Todos dicen, “Guarda, guarda,”
los que asaltan a París;615
huye, huye, flor de lis,
porque viene Bradamante.
FISBERTO: (El aviso es importante, Aparte
alerta en el retirar.)
Sale CAMILO
CAMILO: Si quisieras merendar,620
en esa amena floresta
te espera la mesa puesta.
FISBERTO: Porcia mandará avisar.
CAMILO: En hora buena.
Vase CAMILO
FISBERTO: (¡Ay, Amor, Aparte
cómo me vas despeñando!)625
PORCIA: (Segad, mis ojos llorando, Aparte
que eterno es vuestro dolor.)
MARCELA: Un gran duque, un gran señor,
¿a agradar no es poderoso?
PORCIA: El gusto no es ambicioso.630
FISBERTO: (Ya lo intenté, prosigamos. Aparte
Ayuden selvas y ramos
a un amor tan prodigioso.)
Triste estáis, condesa mía.
No sé la ocasión que sea.635
¿No correspondo a la ida
que de mí formado había
acaso la fantasía?
O, como nadie merece
este rostro que oscurece640
al sol alegre y risueño,
¿de verse que tiene dueño
con soberbia se entristece?
Si esto es así, mi señora,
el gozar de esta hermosura,645
atribúyase a ventura
de este pecho que te adora
y no a méritos. Y agora
dadme los brazos.
PORCIA: Después.
FISBERTO: ¿Cuándo, Porcia?650
PORCIA: Cuando estés
en tu palacio, señor.
FISBERTO: ¿Treguas no admite mi amor?
PORCIA: No es amor el descortés.
FISBERTO: ¿No eres mi propia elección?
PORCIA: Aún no estamos desposados.655
FISBERTO: ¿Cuándo amorosos cuidados
llevan bien la dilación?
PORCIA: Los que amores castos son
obedecen a quien aman.
FISBERTO: Y si en deseos se inflaman,660
quien no los templa es crüel.
PORCIA: No es amor honesto aquél
que a gusto los hombres llaman.
Canta FLORO
FLORO: Otra vez vuelve la gente
a impedir de Francia el paso.665
FISBERTO: (Gente viene, y yo me abraso. Aparte
La Ocasión huyó la frente.)
FLORO: Huye, huye diligente
porque vienen contra ti.
FISBERTO: (¡Qué templar no puedo así Aparte670
amor tan desatinado!)
Sale CAMILO
CAMILO: Ya que el sol ha declinado
partir podemos de aquí.
FISBERTO: (Fuerza es que agora se entienda Aparte
mi amorosa alevosía.675
Pero, no, la industria mía
será la que me defienda.)
Aunque pardas sombras tienda,
Camilo, la fresca tarde,
fuerza será que se aguarde,680
aunque duerme en este prado,
porque un frenesí le ha dado.
(¿Cuándo el ingenio es cobarde?) Aparte
La tristeza que traía
en locura se convierte,685
porque siempre cuando es fuerte
alguna melancolía,
tiene ese fin si porfía.
CAMILO: Pues, ¿en qué locura ha dado?
FISBERTO: Duque y señor me ha llamado690
porque da en decir que soy
duque de Mantua, y que estoy
perdido de enamorado.
Una vez me favorece,
otra con desdén me trata.695
Se suspende y arrebata;
ya se alegra y se entristece.
Señal es de que enloquece.
PORCIA: ¿Qué me aconsejas, amiga?
MARCELA: ¿Quieres que verdad te diga?700
Melindre me ha parecido,
o liviandad, que un marido
con el buen término obliga.
¿Cuándo fue necio un señor?
¿Qué mujer habrá que halle705
hombre rico de mal talle?
Después le tendrás amor
con el trato.
PORCIA: De este error
enmienda no habrá después.
El mejor remedio es710
dilatar mi casamiento,
o impedirlo, que el contento
no estriba en el interés.
Duque de Mantua, por quien
daré, como agradecida,…715
Híncase de rodillas
FISBERTO: ¿No lo dije yo?
PORCIA: …la vida,
hacienda y honra también,
sola una merced, un bien,
pretendo de ti, señor.
Aunque agradezco tu amor,720
por agora es importante
el no pasar adelante.
CAMILO: (¡Qué lástima!) Aparte
FISBERTO: ¡Qué dolor!
PORCIA: Suspéndase algunos días
la elección que has hecho en mí,725
pues voy sin salud.
CAMILO: ¡Qué así
con leves melancolías
deliren las fantasías
de los humanos!
FISBERTO: ¿Qué haremos?
CAMILO: Ir por sus mismos extremos;730
seguirla su loco humor.
FISBERTO: ¡Qué lástima!
CAMILO: ¡Qué dolor!
FISBERTO: ¡Gentil duquesa tenemos!
CAMILO: Como duque la responde.
FISBERTO: Discretamente dijiste.735
No estéis, mi señora, triste.
Alzad, que no corresponde
a quien sois, estar adonde
mis ojos enamorados
habían de estar postrados.740
Lo que quisiéredes sea,
aunque sin remedio vea
mis amorosos cuidados.
CAMILO: ¡Lindo socarrón!
FLORO: ¡Famoso!
PORCIA: De nuevo estoy a tu alteza745
obligada.
FISBERTO: (¡Qué belleza! Aparte
¡Qué serafín tan hermoso!
Amor, franco y generoso,
da fortuna a mi osadía.)
Ésta fue melancolía750
o fue desvanecimiento
de tan alto casamiento.
FISBERTO: Alguna hierba sería.
FLORO: Por la posta llega Octavio.
CAMILO: ¡Si nos trae algún aviso!755
FISBERTO: (El perderme es ya preciso. Aparte
Ni temo muerte ni agravio
porque no hay discreto sabio
en el alma que desea.)
CAMILO: Bien venido Octavio sea.760
Sale OCTAVIO
OCTAVIO: Tú, Camilo, bien hallado.
FISBERTO: ¿Qué traes de nuevo?
OCTAVIO: Cuidado
de que esta carta se lea.
Lee FISBERTO
FISBERTO: Fisberto y Camilo, luego que recibáis
ésta, conviene que se suspenda el tratar765
de este casamiento, y la venida de Porcia;
y si hubiere partido, volvedla a su casa,
que por agora no conviene.
El Duque
CAMILO: Según eso, ¿ya ha sabido
su enfermedad y locura?770
FISBERTO: Según eso, ¿su hermosura
el duque no ha conocido?
OCTAVIO; Luego, ¿loca está?
CAMILO: Ha perdido,
de melancolía, el seso.
OCTAVIO: ¿Qué habemos de hacer en eso?775
CAMILO: Fisberto lo ha de ordenar.
FISBERTO: Que partáis los dos a dar
cuenta al duque del suceso.
Yo entretanto, poco a poco
quiero volverla a su casa.780
OCTAVIO: ¡Qué en efecto aquesto pasa!
Con lástima voy.
Vanse CAMILO y OCTAVIO
FISBERTO: (Y el loco Aparte
soy yo que abismos invoco
de engaños. ¡Oh, Amor injusto!)
MARCELA: ¿Un melindroso disgusto785
te aflige, te desconsuela?
PORCIA: Si de ésta escapo, Marcela,
yo me casaré a mi gusto.
Vanse PORCIA y MARCELA
FISBERTO: La condesa ha de ser mía.
Alto, a su casa no vuelva.790
FLORO: A la entrada de esta selva
he visto una casería.
FISBERTO: Allí estará, pues porfía,
esta pasión que me abrasa.
Iré a saber lo que pasa795
a Mantua, y decir podré
que a la condesa dejé
con más locura en su casa.
Dicen COSME y GILA, pastores dentro
COSME: No la has de gozar.
GILA: ¿Temor
de Dios ni del dueño has?800
COSME: Crüel, no la gozarás.
FISBERTO: ¿Quién da voces?
FLORO: Un pastor
del monte baja.
GILA: ¡Ah, traidor!
COSME: ¡Ah, comas malas zarazas!
GILA: No se lograrán tus trazas.805
COSME: No ha de ser tuya, enemigo.
FISBERTO: (Parece que hablan conmigo, Aparte
¿o son del cielo amenazas?
Vanse FISBERTO y FLORO. Salen COSME y GILA
GILA: Valiente lobo, feroces
ganas de comer llevaba.810
COSME: La burra se merendaba
si no le diéramos voces.
Jo, burra de aquella loca.
GILA: ¿Qué dices?
COSME: Turbado estó
que ni sé si es arre o jo815
lo que arrojo por la boca.
GILA: Dale, que pase adelante
que no se puede mover.
COSME: Es hembra y si da en caer,
Bercebú, que la levante.820
GILA: Entre unos verdes hinojos
se cayó. Dale una jurra.
COSME: No quiero, que está otra burra
en las niñas de mis ojos.
GILA: ¿Y quién es?825
COSME: Tú, cara hermosa.
GILA: Buen resquiebro. ¿Estás sin tiento?
COSME: ¿No dice que so jumento
cuando digo alguna cosa?
Pues asno so en el hablar,
y tú has de ser mi mujer,830
o burra tienes de ser
o no me puedo casar.
GILA: Dile a tío que nos case.
COSME: ¿Por qué no dice ella?
GILA: Es empacho a una doncella.835
COSME: Pues, quien quiere pan, que amase.
GILA: Siempre ha de pedir el macho
a la hembra.
COSME: También
soy yo un doncello de bien
y sabe tener mi empacho.840
Sale LISARDO, labrador
LISARDO: ¡Mal ataúd os aparte!
¿Siempre juntos? ¡Qué esto pasa!
¿Cosme y Gila siempre en casa?
¿Cosme y Gila en cualquier parte?
¡O en la iglesia a ver a Dios845
o en el campo a ver los bailes!
COSME: Somos labradores frailes
que andamos de dos en dos.
Fray Cosme y Fray Gila somos.
LISARDO: ¡Oh, nunca tus años goces!850
COSME: También somos par de coces.
GILA: Siempre los viejos son momos
de los mozos. Mire, tío,
ya mis intentos barrunta,
la hiedra al olmo se junta,855
y la fuente busca el río.
¿Con cualquier amor placentero
qué tortolilla no arrulla?
COSME: ¿Y qué gato no maúlla
cuando viene el mes de enero?860
GILA: ¿Qué yegua de edad y brío
la amante clin no espeluzna?
COSME: ¿Y qué potro no rebuzna
cuando ve la potra, tío?
LISARDO: Quizá Gila tiene amor865
a algún zagal mozo y rico.
¿Quién será el novio?
GILA: Cosmico.
COSME: Cosmono, dirás mejor.
LISARDO: ¡Tómame si la langosta
ha relamido! ¿No ves870
que tiene torpes los pies?
GILA: Quiérole yo para posta.
LISARDO: ¿Hay semejante locura?
Ten vergüenza, ten recato.
¿No miras que es mentecato?875
GILA: Quiérole yo para cura.
LISARDO: ¿Hay disparate mayor?
COSME: Cada vez lo echa más gordo.
LISARDO: ¿No ves que Cosme está sordo?
GILA: Quiérole yo para oidor.880
COSME: Si sé comer como un lobo,
¿por qué, tío, no me casa?
LISARDO: ¿Sabrás gobernar tu casa?
COSME: Claro está, que no soy bobo.
GILA: Y él no repara en el dote.885
COSME: Lo primero que he de hacer
en teniendo yo mujer
es apañar un garrote;
y si mando y gruñe, luego
sacudirle el polvo bien.890
LISARDO: ¿Y si no gruñe?
COSME: También.
GILA: Bobear, y darle a juego.
Salen FISBERTO, FLORO, PORCIA y MARCELA
FISBERTO: Ni a Mantua has de ir, ni a tu casa.
Fácil, ingrata y esquiva
entre estos rústicos viva895
quien me desprecia y abrasa.
Ah, villanos, ¿cuya es
esta casa?
LISARDO: A mí me cuesta
dinero.
FISBERTO: ¿Qué tierra es ésta?
LISARDO: Del Duque de Mantua.900
FISBERTO: Pues,
tened aquí recogida
esta mujer, sin dejar
que salga de este lugar.
FLORO: Y so pena de la vida.
COSME: ¿So qué de la vida?905
FLORO: Digo
que la vida os costará
se de esta casa se va.
Abrid los ojos, amigo.
COSME: Él es el sopena y miente
que aquí no hay otro sopena.910
LISARDO: Estás loco. ¡En hora buena!
COSME: Y para mí soldemente.
Váyase allá a sopenar
a algún asno, hermano suyo,
que si alcanzo un canto y huyo,915
no ha de poderme alcanzar.
FLORO: ¿Conocéis al duque?
LISARDO: No,
a su padre conocí.
FLORO: Éste es el duque.
GILA: ¡Ay de ti!
COSME: Éste es el duque como yo.920
No tiene ningún pergeño
de duque.
LISARDO: Con gusto grande,
sí, haremos cuanto nos mande
que en efecto es nuestro dueño.
COSME: ¡Si una cabra coja y ciego925
sabe correr y trepar!
¿Hemos aquí de guardar
una mujer palaciega?
FISBERTO: Porcia, de término tienes
tres días para pensar930
si te conviene casar
o proseguir tus desdenes.
Mira el estado que gozas
siendo, Porcia, mi mujer;
y si no, vuelves a ser935
pobre dueño de seis chozas.
PORCIA: Bien me prometo y me fío,
siendo tuya, grande bien.
No llames, duque, desdén
ni arrepentimiento mío.940
Falta de salud le llama
y a tantas melancolías
darán fin estos tres días.
FISBERTO: Tres siglos son a quien ama.
Dale a LISARDO un bolsillo
Toma, buen hombre, y ten cuenta945
con el huésped que te doy.
¡Ay, Floro, perdido voy.
FLORO: (Nuevos engaños intenta.) AparteVanse FISBERTO y FLORO
LISARDO: Por serviros cual se debe
tantos rebaños quisiera950
que en esa verde ribera
formaran montes de nieve.
COSME: Cuando quisiere ir al río
a pescar alguna anguila,
irá en la burra de Gila955
o en el asno de mi tío.
GILA: ¿Qué la has dicho?
COSME: Así lo adobo
o en brazos la llevaré.
¡Par Dios que la resquebré!
Luego dirán que so bobo.960
PORCIA: Desde aquí, Marcela mía
se cumplirá mi deseo.
Dichosa yo, que me veo
sin tanta melancolía.
MARCELA: Pienso que no ha de estar firme965
en esa resolución.
PORCIA: Si es ésta mi inclinación,
¿cómo puedo arrepentirme?
La libertad he cobrado,
que el gusto no tiene precio.970
Y con un marido necio,
¿de qué sirve un rico estado?
Mis pensamientos están
alegres. Ya no se quejan.
Pajarillos son que dejan975
las uñas del gavilán.
De otro modo imaginé
al duque y dije “sí;”
mas cuando le conocí
mi libertad estimé.980
Ya sé, tras de varios antojos,
que la elección del marido
no ha de entrar por el oído,
porque el “sí” han de dar los ojos.
Ya a la Flor nos volveremos.985
MARCELA: Si nos dejan los villanos.
PORCIA: Joyas saben dar mis manos.
Habla a los pastores
Vuestro amor agradecemos.
Vanse MARCELA y PORCIA
COSME: ¿Quién es ésta?
GILA: Ellas lo saben.
Mujer perdida será.990
COSME: Tantas debe de haber ya
que en las ciudades no caben.
Vanse. Salen el DUQUE, su hermano el conde y CAMILO
CAMILO: En efecto, señor, melancolía,
alguna hierba o flores venenosas
la hicieron delirar, y así Fisberto995
a la Flor la volvió.
DUQUE: Bien se presume
con esto que es verdad lo que refiere
César de Porcia, pues que no venía
a Mantua con el gusto que debía.
CONDE: Cuando partí de Roma alborotado1000
de asistir a tus bodas, y pensaba
hallar en casa una cuñada hermosa,
novedades escucho no pensadas.
DUQUE: Gran dicha, hermano, fue saberlo a tiempo.
CONDE: Ver a César deseo.1005
DUQUE: Llama a César,
y prevenid los dos la montería.
que al monte habemos de ir.
CAMILO: Allí está César.
Vanse los criados. Sale LUCRECIA con un retrato y una carta
LUCRECIA: (Ayuda, Amor, al deseo Aparte
de una infelice mujer.
La carta quiero leer1010
como que al duque no veo.
No me mira. En vano leo;
mi desdicha es pertinaz.)
CONDE: (Buen talle tiene el rapaz.) Aparte
LUCRECIA: (Ya me pienso que me ha mirado. Aparte1015
¡Oh, si diese a mi cuidado
ocio dulce, alegre paz!
Que me pregunte, pretendo
cuyo es el papel, y en vano.
¡Ah, flechas de Amor tirano!1020
La triste vida defiendo.)
CONDE: Un papel está leyendo
con atención y placer.
DUQUE: De Porcia debe ser
que en los que amantes han sido1025
hace treguas el olvido,
y paces no sabe hacer.
César.
LUCRECIA: Mi señor. (Aquí Aparte
finjo turbación.)
DUQUE: La mano
llega a besar a mi hermano.1030
LUCRECIA: (Incitarle quiero así Aparte
a ser curioso. ¡Ay de mí!
¿Y cómo me persüades,
Amor, a dificultades?)
DUQUE: La carta me has de mostrar.1035
LUCRECIA: Nunca sé disimular
a tu alteza las verdades.
Es carta de la duquesa
de Amalfi.
DUQUE: ¿Y tanto recato?
LUCRECIA: Viene con ella un retrato,1040
y a fe, señor, que me pesa
que lo hayas visto.
CONDE: Con esa
turbación vas incitando
a que estemos deseando
ver esa carta los dos.1045
LUCRECIA: (Pues, buena pascua te dé Dios, Aparte
que esto estaba yo esperando.)
DUQUE: ¿Aquel retrato te envía?
LUCRECIA: La carta te lo dirá.
Lee el DUQUE
DUQUE: “César, pues que sabes ya1050
la infatigable porfía
con que lucha el alma mía
por amor del duque y eres
discreto, si bien me quieres,
haz con prudencia y recato1055
que pueda ver mi retrato
y avísame si le vieres
mostrar señales de amor;
y esto, César, ha de ser
sin que yo llegue a perder1060
un átomo de honor.”
CONDE: ¡Incomparable favor!
DUQUE: Notable facilidad
que pueda haber voluntad
donde no se comunica.1065
CONDE: Amor sin lengua se aplica;
muda es siempre su bondad.
LUCRECIA: (No echaron de ver que es mío, Aparte
que tiene más hermosura
el retrato, y me asegura1070
el traje de hombre con brío
extraño a mujer. No fío
de mi fortuna inconstante.
Quiero ponerme delante
y ver mi tormenta y calma1075
que el sentimiento del alma
se descubre en el semblante.
Amor, si entre los colores
de una lámina tan breve
tu inmensa deidad no mueve1080
con afectos interiores,
¿qué importan locos amores?
A la pintura está atenta.
El alma, no sé que sienta.
Amor sus líneas retoca.1085
¡Ay, que ha torcido la boca!
Señal que no le contenta.
CONDE: Bellos ojos.
DUQUE: ¿Qué tan bellos?
LUCRECIA: (Aunque me tengan presente Aparte
el retrato es diferente1090
con el traje y los cabellos.
Quiérome llegar a ellos.
¡Qué si el arte no me ayuda!
¿Qué ha de hacer la tabla muda,
nave sin velas ni leme?1095
¡Ay de mí, que el alma teme!
¡Ay de mí, que el alma duda!)
CONDE: Bello rostro, aire gentil.
¡Qué majestad representa!
LUCRECIA: (¡Ay, si él de ella se ha cuenta!) Aparte1100
CONDE: Que tiene ingenio sutil
y el ánimo varonil!
Tras el vuelo de un halcón
corre un caballo a la acción
más heroica y atrevida.1105
LUCRECIA: (Déte el cielo larga vida Aparte
pues ayudas mi intención.)
DUQUE: A mí, conde, no me agrada
una mujer animosa.
Agrádame si es hermosa,1110
pero hermosa afeminada,
y tímida y delicada.
Tras garza ni jabalí
no la quiero; en casa sí,
y un ratón la ha de espantar.1115
LUCRECIA: (Déte Dios, que te ha de dar Aparte
si te quiero más que a mí.)
¿Date amor?
CONDE: Esta hermosura,
¿no suspende y arrebata;
no da vida al gusto, y mata1120
la libertad más segura?
DUQUE: No me mueve.
LUCRECIA: (¿Hay desventura Aparte
más trágica que la mía?)
CONDE: Para mí es sereno día,
nueva vida, sol humano.1125
Quítale el retrato LUCRECIA
LUCRECIA: Que me importa en esta mano.
Suplico a vueseñoría.
¿Es posible que a tu alteza
no le agrade esta mujer?
¿Qué defecto tiene?1130
DUQUE: Ser
de altiva naturaleza
y varonil gentileza.
No hay en esto más razón
que faltar inclinación.
LUCRECIA: Estos ojos, ¿no son buenos?1135
DUQUE: No matan.
LUCRECIA: ¿La frente?
DUQUE: Menos.
LUCRECIA: ¿Y los labios?
DUQUE: Labios son.
César, César, no hay amar
si no le dan las estrellas;
no bastan facciones bellas1140
si no saben confrontar
la sangre.
Vase el DUQUE
LUCRECIA: (¡Qué inmenso mar Aparte
de desengaños me aflige!
En vano el amor me rige;
en vano intentó mi mano.1145
Todo en efecto fue en vano
cuanto pensé y cuanto dije.
Con tener más hermosura
el retrato no bastó.)
CONDE: Dádmele, César, pues yo1150
estimo en más su pintura.
LUCRECIA: (¿Qué letargo, qué locura Aparte
ya me falta en tanto mal?)
CONDE: ¿Oyes?
LUCRECIA: (¡Ah, pena inmortal!, Aparte
¿qué esperanza hay prometida?1155
No tenga el retrato vida
pues, muere el original.
¿Quién la lámina rompiera?
¿Quién del alma se arrancara
este amor? ¿Quién nunca amara?1160
¿Quién sentidos no tuviera?
Si en vano soy la tercera
de mí misma.
CONDE: Más valor
en pincel, tabla y color
hallo yo. No le arrojéis.1165
LUCRECIA: (¿Qué importa si no tenéis Aparte
vos su talle, ni él su amor?)
CONDE: ¿Cómo le habéis despreciado?
Siquiera porque os parece
alguna cosa, merece1170
ser de vos más estimado.
LUCRECIA: Algunos han sospechado
que es mi madre.
CONDE: Y puede ser.
Vase el CONDE
LUCRECIA: El duque me ha de querer
aunque desprecios escucho1175
que al fin, al fin, pueden mucho
amor, ingenio y mujer.
