Obligar contra su sangre — Jornada I

OBLIGAR CONTRA SU SANGRE

Antonio Mira de Amescua

Texto basado en varios textos tempranos de OBLIGAR CONTRA SU SANGRE. Fue preparado por Vern G. Williamsen en 1972 y luego pasado a su forma electrónica por el mismo en 1986. El texto base de esta edición es el manuscrito, no autógrafo, que pertenece a la Biblioteca Nacional en Madrid (MS 18.142) fechado el 1 de junio de 1636 y con licencias de 1638. También se han consultado varias de las ediciones sueltas y, sobre todo, la edición crítica, no publicada, de Al Leroy Cooper (Ph.D., University of Arizona, 1974).


Personas que hablan en ella:

  • Don LOPE de Estrada, viejo
  • Don NUÑO de Castro
  • Don GARCÍA Velázquez
  • Doña SANCHA
  • Doña ELVIRA
  • COSTANZA, criada
  • LAÍN, gracioso
  • Un JUSTICIA mayor
  • ANDRADA, criado
  • Un ESCUDERO
  • Un CRIADO

JORNADA PRIMERA


Salen don NUÑO y don LOPE, viejo
NUÑO: Ya, don Lope de Estrada, hemos llegado
a este frondoso sitio, hermoseado
de esta undosa corriente
que río a su fin corre y nace fuente,
cuyo curso, impidiendo al sol ardores,5
cinta de plata, ciñe esa ribera
y, abismo de cristal, riega esas flores.
LOPE: ¿Qué tiene que ver eso con llamarme,
y aquí solo traerme?
¿Es para que riñamos?10
NUÑO: Perdonarme
el cansancio podéis; que si atreverme
a sacaros aquí solo he querido,
es, don Lope de Estrada, porque oído
a mis razones deis un rato atento;
que las vuestras conmigo, en ocasiones,15
más parecen agravios que razones.
LOPE: Fue el consejo que os di de fiel amigo,
el mal que en el rey siento es de vasallo
tan leal, que no hallo
quien excederme pueda,20
si no es que aquí yo mismo a mí me exceda.
NUÑO: Confieso esa verdad; mas ya que sigo
la queja a que me habéis ocasionado,
respondedme, don Lope, más templado.
¿Qué culpa tengo yo de los retiros25
de Alfonso, nuestro rey? ¿Qué culpa tengo
de que lamente a voces, con suspiros,
de la bella Raquel la infausta suerte?
¿Fui cómplice atrevido yo en su muerte?
LOPE: Don Nuño, las acciones del monarca30
y de los que en oficios colocados
son como reyes casi venerados,
cuando efectos no son de tiranía,
no las ha de impedir ciega osadía,
ni murmurarlas; porque en esta parte35
el que murmura de su rey con arte,
con gusto, con cuidado,
aunque premio no tenga el merecerlo,
o ama el que es traidor, o quiere serlo.
Alfonso amor tenía;40
vos y vuestros parientes –¡qué osadía!–
con ánimo traidor –¡qué infame hecho!–
rompisteis de Raquel el blanco pecho,
pudiendo, como nobles castellanos,
depuestos los aceros de las manos,45
con blandas quejas y piadosos ruegos,
vencer de Alfonso los ardores ciegos.
Dejárasle gozar lo que quería;
que un día llama a voces a otro día,
y suele en la delicia más ufana,50
lo que hoy parece bien cansar mañana.
Y cuando el rostro un rey atento entrega
a sus vasallos, y a la voz no niega
de sus piadosas quejas los oídos,
débese permitir que los sentidos55
gocen tal vez delicias,
deleites o caricias,
pues para obedecer de Amor las leyes,
hombres como nosotros son los reyes.
NUÑO: No niego esas verdades;60
pero, con descompuestas libertades,
hacerme vos culpado
en lo que yo, don Lope, no he pecado,
es querer, si se mira,
que haga su efecto contra vos la ira.65
LOPE: Culpado fuisteis vos, un traidor fuisteis.
Tome el acero, aunque en mi débil mano,
venganza de esta afrenta.
NUÑO: Ya me pesa. ¡Por Dios, qué desvarío!
LOPE: Aunque tengo fuerzas, no me falta brío.70
NUÑO: ¿Qué pretendéis?
LOPE: Mataros.
NUÑO: Quisiera, arrepentido, reportaros.
LOPE: Si no reñís, os mataré.
NUÑO: (Furioso Aparte
le tiene ya la injuria, y animoso
quiere vengarse. Defenderme intento;75
que, en todas ocasiones,
ha sido la defensa acuerdo sabio,
pues no hay que asegurarse del agravio.
LOPE: Flacas las fuerzas de mi brazo siento.
Entran riñendo, retirándose don LOPE
NUÑO: No a tan justos pesares me ocasiones;80
no midas más tu acero con el mío.
Dentro
LOPE: ¡Muerto soy!
Sale don NUÑO, con la espada en la mano
NUÑO: ¡Ay de mí! ¡Loco brío!
¡Ciego y precipitado!
Ya difunto cadáver le he dejado.
Retirarme pretendo,85
porque me sigue gente, a lo que entiendo.
No buscaba su muerte.
Efectos son de mi infelice suerte.
Vase. Salen doña SANCHA, LAÍN, COSTANZA y don GARCÍA
GARCÍA: Sancha, tus cosas no entiendo;
yo vivo y muero quejoso,90
Pues si en tu favor reposo,
en tus desdenes me enciendo.
A un mismo tiempo que miras
mi firme verdad dichosa,
mi voz escuchad piadosa,95
y tirana te retiras.
¿Cómo puedes, Sancha mía,
permitir, si en tu beldad
halló lugar la piedad
que le halle la tiranía?100
SANCHA: ¿Yo, tirana? Aquí llegaste,
perdido por la maleza
de esa encumbrada aspereza,
y albergue en mi casa hallaste.
Referísteme tu historia,105
que de la guerra venías
de Cuenca, y que en pocos días
se consiguió la victoria;
que a Burgos, donde se encierra
el padre que te dio ser,110
las treguas iba a hacer
del cansancio de la guerra.
Porque el rey, algo obligado
de un fiero accidente loco,
dejó a Toledo ha muy poco115
y a Burgos se ha retirado;
que una hermana, en fin, te dio
el cielo, hermosa beldad,
que desde su tierna edad
en la Huelgas se crió,120
porque le faltó su madre;
que del convento ha salido
agora, porque ha venido
con Alfonso el rey tu padre,
y porque más amparada125
de mí tu nobleza vieras,
me referiste que eras
Garci-Velázquez de Estrada.
Yo, que tu nombre escuché,
sin ver que un hermano tengo130
en Burgos, a quien prevengo
la obediencia, que entregué
con voluntad más que humana,
atropellé, firme en ella,
los recatos de doncella135
con los respetos de hermana;
y aunque en parte recelosa,
por las razones que ves,
quise admitirte cortés
y aposentarte piadosa.140
Mira pues qué tiranía
cabe en aquesta verdad;
o ha sido error mi piedad,
o es culpa mi cortesía.
GARCÍA: ¿No dices más?145
SANCHA: Pues, ¿qué ha habido
que a mí el decirlo me impida?
GARCÍA: Lo que callas de encogida,
yo lo diré de atrevido.
La primera vez que oíste
mi amoroso pensamiento,150
culpaste mi atrevimiento
pero no me despediste.
Segunda vez llegué osado,
aunque temí tu disgusto,
y escuchásteme con gusto,155
mirásteme con agrado.
Y un día, que los favores
del mirar y del oír
pude, Sancha, conseguir,
saliste a coger las flores160
de este músico arroyuelo,
cuya voz nace halagüeña
en la boca de esa peña,
y muere en la tumba de hielo.
Mi mano aquí bulliciosa,165
porque gloria distribuya,
andaba tras de la tuya
como abeja tras la rosa.
Tú, que con vergüenza aprisa
tejes púrpura en tu cielo,170
cubriste a la mano un velo,
y descubriste la risa.
Dudó la ignorancia mía
si era la risa en tu intento
pesar de mi atrevimiento175
o burla de mi osadía;
mas mi afecto soberana
me dijo, porque porfíe:
“Jamás boca que se ríe
suele negar una mano.”180
Su nieve y así el sosiego
como le usurpó al sentido,
con mis labios atrevido,
quise ver si era de fuego.
Vilo; y en esta porfía,185
desvanecido y ufano,
ni retirabas tu mano,
ni te enojaba la mía;
y así, con esta violencia…
SANCHA: No prosigas.190
GARCÍA: Callaré.
LAÍN: Mi Constanza, siempre fue
discreta y sabia advertencia
no estorbar al que llegó
a la ocasión que desea;
como yo los pies menea,195
y harás lo mismo que yo,
sígueme, aunque no te cuadre,
pues sabes que tuyo soy.
COSTANZA: Por no estorbarlos me voy;
que esto aprendí de mi madre.200
Vanse COSTANZA y LAÍN
SANCHA: Ya estamos solos agora;
que refieras te permito
lo demás, Garci-Velázquez,
que en tu empeño has conseguido.
GARCÍA: ¿No has dicho que has de ser mía?205
SANCHA: Es verdad que yo lo he dicho;
pero en la distancia que hay
del pronunciarlo al cumplirlo,
temo –¡ay de mí!– que has de ser
como el amante fingido210
que huyendo estragos de Troya
por los undosos zafiros,
le condujo hasta Cartago
leve leño y blando lino.
GARCÍA: Pues, ¿temes que imite a Eneas?215
SANCHA: Eso temo y eso miro.
¿Sabes lo que obró inconstante?
GARCÍA: Huésped fue de Elisa Dido,
vencióse de su belleza,
perdió sin alma el jüicio,220
palabra la dio de esposo,
gozóla y después, vencido
de la ingratitud, huyó.
SANCHA: ¡Oh, crüel! ¡Oh, fementido!
¡Que huyó después de gozarla!225
GARCÍA: Hasta hoy ha merecido,
por eso, nombre de ingrato.
SANCHA: Yo lo creo; ya me inclino
a resistir tus intentos.
Vete, por Dios, yo te pido230
que te vayas y me dejes.
GARCÍA: ¿Qué dices, Sancha? ¿Qué has dicho?
SANCHA: Que te vayas, don García.
GARCÍA: Pues lo que el troyano hizo,
¿quieres que mi amor lo pague?235
SANCHA: Hombre fue y hombre has nacido,
pues bástame aquel ejemplo
para temer el peligro.
GARCÍA: El mármol será inconstante;
con mi pecho, el bronce…240
SANCHA: Digo
que no quiero ser despojo
de las llamas y el cuchillo.
Vete, o por Dios, que la vida
me quite.
GARCÍA: Tanto la estimo
que sólo porque la tengas245
voy a perder el sentido.
Hace que se va
SANCHA: Pero con discurso poco
pronuncio lo que has oído.
Error ha sido culpable
porque, atento al beneficio,250
sabrás vivir obligado;
porque hasta agora no he visto
señas en mi de otra Elisa,
ni en tus palabras indicios
para temerte otro Eneas,255
falso amante y fugitivo.
Mi huésped eres, estáte.
(No sé dónde muero o vivo. Aparte
Quiérole, y mi daño temo.
Temo el daño y me retiro.260
Vase, y mátame su ausencia.
Pues, cielos, ¿por qué lo envío
si no he de vivir sin él?)
GARCÍA: Hallarás en tus desvaríos
la sinrazón de intentarlos265
o el pesar de consentirlos.
SANCHA: No puedo más; que luchando
están los discursos míos
con valor para vencer,
con temor por ser vencidos.270
La verdad es que te quiero;
ya lo dije, ya está dicho;
pero cuando considero
el mayor daño, reprimo
mis afectos y quisiera,275
antes de haberme rendido
a su fuerza, ser un mármol,
depósito helado y frío.
Porque pienso que ha de darme
bastante ocasión mi olvido,280
no digo para quitarme
la vida, que no es castigo
en quien llega a aborrecer
que muera lo que ha querido
sino para…; mas no quiero,285
aunque lo siento, decirlo.
Entiende lo que quisieres;
que ni pongo con jüicio
en mi acción lo que ejercí
ni en mi boca lo que digo.290
GARCÍA: ¿Qué temes, Sancha? ¿Qué temes
si tan ilustre has nacido?
Dame, besaré tu mano.
Dale la mano
SANCHA: Mal mis intentos reprimo.
¡Déjame, por Dios! Que tienes295
en las palabras hechizos.
(Y yo no sé lo que tengo; Aparte
que estos lances consentidos
llegan siempre a ser estragos
del honor más defendido).300
GARCÍA: Que seré tu esposo juro,
que seré tu esposo afirmo.
Lo que mal quisiere goce,
huya de mí lo que sigo,
viva lo que padeciere,305
muera siempre lo que vivo,
si tu esposo no me vieren,
Sancha, los presentes siglos.
¿Quieres más?
SANCHA: Que te recojas.
GARCÍA: Mal podré si me desvío310
de tus ojos.
SANCHA: ¿No podrás?
GARCÍA: En ti mis glorias confirmo.
SANCHA: Por allí se va a tu cuarto
y por esta puerta al mío.
GARCÍA: Iré siguiendo tus pasos.315
SANCHA: Ya te he enseñado el camino;
lo demás tú lo verás,
si en la ocasión no has temido.
Vase
GARCÍA: ¡Loco voy, amor! A voces
tu hermoso imperio publico.320
Déjame la vida, pues;
tu despojo es mi jüicio.
Vase tras ella. Salen LAÍN y COSTANZA, con una luz, y pónenla en un bufete
LAÍN: ¿Dónde, Costanza, vas con tanta prisa?
COSTANZA: A poner esta luz sobre un bufete.
LAÍN: A los bobos con eso, a quien lo ignora;325
no quiere luz, Costanza, la señora.
COSTANZA: ¿Qué es lo que dices? Malicioso eres.
LAÍN: Mejor se hallan sin luz muchas mujeres.
COSTANZA: Calla agora, Laín, y en este suelo
nos sentemos los dos, porque parlando330
divirtamos la noche.
LAÍN: ¿Estás burlando?
Pues si estas noches todas que han pasado
no he asistido, Constanza, yo a tu lado,
¿por qué este suelo enladrillado quieres
que agora sea colchón de mi descanso?335
COSTANZA: Tengo miedo, Laín, porque de noche
en forma de gigantes y dragones
inquietan esta sala mil visiones.
Quiere levantarse y detiénela COSTANZA
LAÍN: Mil vi; ¡qué linda cosa, por mi vida!
A buen puerto a ser huéspedes llegamos.340
Llamar quiero a mi dueño; que nos vamos.
COSTANZA: Repórtate; no el miedo te alborote.
LAÍN: Tengo gota coral, y si no excuso
estos lances, Costanza, aunque te asombres,
no me podrán tener juntos diez hombres.345
COSTANZA: Aquella luz se muere.
LAÍN: ¡Ay de mí, triste!
COSTANZA: Cielos, ¿qué es esto? El alma se aniquila.
Mira que está expirando, despabila.
LAÍN: Voy; que sin luz la vida se me acaba.
Ya despabilo. Peor está que estaba.350
Mata la luz
COSTANZA: ¿Qué es lo que has hecho?
LAÍN: ¿No lo ves? La vela
se cansó de ser sola centinela;
desdichas mías son.
COSTANZA: ¡Linda osadía!
¿Yo a escuras con un hombre?
LAÍN: ¡Oh, fiera arpía!
¿Engáñasme, y agora melindricos?355
Éste es encanto que mi mal señala.
Llena está de gigantes esta sala.
¿Adónde estás, mujer?
Anda a buscarla
COSTANZA: No has de saberlo.
LAÍN: Al viento ya te habrás encomendado;
que eres bruja sin duda.360
COSTANZA: Oye, ruin hombre.
Hable más bien, o haréle que se asombre.
LAÍN: Harto asombrado estoy, y más oyendo
tu voz en tantas partes; aquí hablas,
allí respondes, hacia allá preguntas.
Detén el golpe, mira que me apuntas.365
COSTANZA: ¿Qué apunto yo?
LAÍN: ¡Qué formidable seña!
Un gigante en la mano ase una peña,
y con amagos fieros de homicida,
me quiere trasladar a la otra vida.
¡Jesús!370
COSTANZA: ¿Qué fue?
LAÍN: La peña me ha tirado,
y si no huyo el golpe con presteza,
me despoja de sesos la cabeza.
COSTANZA: Agora bien entiendes mis razones;
mas no cuando te pido me des algo.
LAÍN: Con eso más de mi paciencia salgo.375
¿Qué quieres que te dé porque me saques
del peligro en que estoy?
COSTANZA: Lo que tuvieres.
LAÍN: No tengo, vive Dios, un real tan solo;
pero si tu piedad libre me escapa,
te daré este sombrero y esta capa.380
COSTANZA: Arroja.
LAÍN: Veslo ahí.
Arrójale el sombrero y la capa, y hace COSTANZA que abre una ventana
COSTANZA: Agora, amigo,
abriendo esta ventana, porque Apolo
con su luz ilumina ya los campos,
conocerás, pues ya decirlo puedo,
que el enredo fue mío, y tuyo el miedo.385
Vase
LAÍN: ¡Ya es de día, por Dios! Esta picaña
me ha engañado, y como no le he dado
un tan solo cuatrín, ni darle espero,
me ha quitado mi capa y mi sombrero.
Sale don GARCÍA
GARCÍA: ¡Laín!390
LAÍN: Pues, señor, ¿qué es esto?
GARCÍA: Felicidades que puso
el Amor en quien indigno
se constituyó por suyo.
Vamos de aquí. ¡Presto, presto!
LAÍN: ¿Qué dices?395
GARCÍA: Que luego a Burgos
partamos; porque esta tarde
Sancha, que así lo dispuso
con mañosa discreción
también se parte. Lo uno
porque, si en las soledades400
tanto tiempo nos ven juntos,
conspirará la malicia
armas contra nuestros gustos;
y también porque se impida
que sepa su hermano Nuño405
el hospedaje a quien yo
tantas dichas atribuyo;
que en Burgos, ella en su casa,
yo en la mía, sin que alguno
lo entienda, para gozarnos410
es bastante disimulo.
LAÍN: Aguarda, señor, aguarda.
Luego, ¿jugóse, pregunto,
la pieza más importante:
¿Con el silencio nocturno415
rindióse Troya?
GARCÍA: Rindióse.
LAÍN: ¿En aquesa finca? ¡Oh, punto!
¡Qué dicha!
GARCÍA: Con el respeto
que en mi adoración infundo,
Laín, has de hablar de Sancha.420
LAÍN: ¿Anduvo el Amor desnudo?
¿Quedó calvo de desdenes?
¿Quedó velloso de gustos?
¿Hubo despojo de enaguas,
desabrigo de coturnos?425
¿Examinóse el agrado?
¿Explicóse el venusto?
¿Durmiéronse los temores?
¿Extinguiéronse los sustos?
¿Veneróse el bello encanto?430
¿Admiróse el blando bulto?
¿Qué hubo, en fin?
GARCÍA: Eres un necio,
bárbaro, ignorante, rudo,
si imaginas que las dichas
me han de robar el discurso;435
en las deidades a quien
la veneración dio culto
lo que se alcanza se debe
presumir que ser no pudo.
Basta que sepas, Laín,440
que en el fuego que me cupo
de los incendios que Sancha
de sus dos soles compuso,
donde, batiendo las alas,
llegué a ser vivo trasunto445
del ave que en sus aromas
desperdicia sus orgullos,
tantos alientos me infunde
que de ellos con mayor triunfo,
a pesar de las cenizas,450
renace Fénix segundo.
LAÍN: Aguarda, mi rey; dejando
eso de Fénix, ¿qué hubo
en lo que prisión eterna,
en lo de rendirse al yugo?455
Di, ¿juraste de marido?
GARCÍA: Juré, en fin, de serlo suyo.
LAÍN: Fuego del cielo consuma
a quien tiene tan mal gusto.
¿Qué? ¿Marido te he de ver?460
Mas no importa; es de futuro,
y es siempre el jurar de serlo,
para llegar, el consumo
tomar a cambio en las Indias,
y dar libranza en el turco.465
GARCÍA: Esposo he de ser de Sancha.
LAÍN: ¿Quién te dice que no juzgo
que a mí me ha de estar mejor
el maridaje que escucho?
Andallo, eso sí. Habrá fiesta;470
que habrá librea no dudo.
Juzgarán los que me vieren,
si juzgarán, que me cubro
de alguna capa y sombrero
según lo que salto y bullo.475
GARCÍA: Ven, partamos; porque es tarde.
LAÍN: Otro poquito; presumo
que estoy sin sombrero y capa.
GARCÍA: ¿Y la tuya?
LAÍN: Ése es un punto
muy delicado.480
GARCÍA: ¡Qué flema!
LAÍN: Vive Dios, que no me burlo.
GARCÍA: Acaba.
LAÍN: ¿Cómo que acabe?
O eres sordo o yo soy mudo.
¿He de ir de esta manera
en un rocinante zurdo485
hecho títere con alma?
GARCÍA: Cúbrete.
LAÍN: Tomadle el pulso.
Sale doña SANCHA
SANCHA: Señor, ¿ya os vais?
GARCÍA: Tú me has dado
orden, mi bien, y licencia.
SANCHA: Quisiera fuera obediencia,490
mi señor, mas no cuidado;
que quien con tal brevedad
se parte y me deja, siento
que muestra arrepentimiento
o arguye infidelidad.495
GARCÍA: Sancha, voy tan abrasado,
tan ciego, loco y rendido
que vivo de agradecido
y muero de enamorado.
Y aunque así mi vida ignoro,500
con las dichas que merezco,
no sé si lo que agradezco
es menos que lo que adoro.
Fuera de que, si esta tarde,
mi bien, a Burgos te vas,505
allá más despacio harás
de mis finezas alarde.
Llaman
SANCHA: Aguarda; ¿qué golpes son
aquellos?
Dentro
NUÑO: ¡Costanza! ¡Andrada!
SANCHA: Nuño es quien llama.510
Sale COSTANZA
COSTANZA: Turbada
salgo.
SANCHA: ¡Terrible ocasión!
COSTANZA: De turbaciones acorta;
busca remedio.
SANCHA: Es en vano.
¿Qué es esto?
Sale ANDRADA
ANDRADA: Nuño, tu hermano.
SANCHA: ¡Ay de mí!515
GARCÍA: Tu vida importa.
LAÍN: Esto a mi suerte atribuyo.
SANCHA: ¡Qué suceso tan impío!
En ese aposento mío
que mejor le diré tuyo,
te esconde con tu crïado.520
GARCÍA: Mirar por tu honor quisiera.
SANCHA: Yo cerraré por de fuera.
Ciérralos SANCHA, y vuelve a llamar don NUÑO
ANDRADA: Priesa trae de algún cuidado;
indicios de su porfía.
SANCHA: Y tú, en entrando mi hermano,525
Andrada, saca a ese llano
los caballos de García
con cuidado y sin sentirse;
que, cuando en sosiego manso
Nuño se entregue al descanso,530
podrá salir y partirse.
ANDRADA: Voy.
Vase
SANCHA: ¿Quién tal desdicha vio?
Abre aprisa.
COSTANZA: Es excusado,
porque mi señor ha entrado;
que Andrada, pienso, que abrió.535
Sale don NUÑO
NUÑO: Cierren las puertas. Ninguna,
Costanza, sin llave quede.
SANCHA: Hermano, señor, ¿qué es esto?
(¡Oh, qué demudado viene! Aparte
Un hielo cubre mis venas).540
Era tiempo que vinieses
a ver a tu hermana y ver
esta casa, que parece
al pie de ese verde monte,
que la ciñe y no la ofende,545
digno edificio de Alfonso.
Tuya, Nuño, será siempre,
que para eso la heredé
de Iñigo Tello Meneses,
nuestro tío, mas ¡ay triste!550
¿Cómo pregunto? ¿No atiendes
a mis razones, hermano?
NUÑO: El honor, Sancha, que a veces…
SANCHA: (Por honor comienza, ¡ay cielos! Aparte
Él sabe mi amor y quiere,555
después de habérmelo dicho,
vengar su agravio en mi muerte.
¿Dónde iré?)
NUÑO: Pues, ¿aún no sabes
mi pena, y así te vence
la turbación? Oye, escucha.560
SANCHA: Dilo, acaba, si no quieres
que la dilación me ofenda;
dime presto lo que tienes.
NUÑO: Una desdicha, que ayer
me obligó, Sancha, a esconderme,565
y cuando más con la noche
seguro paso me ofrecen
las sombras, que me permiten
que no las tema y las huelle,
seis leguas, que hay hasta aquí570
desde Burgos…
SANCHA: (Ya parece Aparte
que se desahoga el alma).
NUÑO: Corrí en un hijo del Betis;
porque, aunque en tantos pesares
debida atención me niegues,575
o mis desaciertos culpes,
o mi errores condenes,
como noble, me recojas;
como sabia, me aconsejes;
como prudente, me animes,580
y como hermana, me alientes…
SANCHA: La vida es tuya; prosigue.
NUÑO: Ya sabes los accidentes
que en Toledo resultaron,
Sancha hermana, de la muerte585
de Raquel.
SANCHA: Nadie lo ignora;
pero si al caso presente,
que tú le llamas desdicha,
importa para saberse…
(Todo lo escucha García). Aparte590
…referirlo, hermano, puedes.
NUÑO: En Toledo, imperial solio,
donde undoso el Tajo vierte
cristal, que sus basas lame,
oro, que su pie guarnece,595
en cuyo espacio no hay
edificio que no apueste
a duración con el tiempo,
y con el rayo a lo fuerte;
aquí, pues, lo inevitable600
del hado infeliz consiente
que a Raquel, bella judía,
su imperio Alfonso rindiese.
Muchos en el rey culpaban
el injusto error, al verle605
rendido a una hebrea quien
rindió tantos moros reyes;
por parecerlos que estaba
tan fuera de sí, que a veces
a los despachos negaba610
las horas más competentes.
“¡Muera Raquel!” dicen, cuando
Don Lope de Estrada quiere
evitar resoluciones
con el consejo prudente,615
y a mí y a cuantos conmigo
a la ejecución se ofrecen
dijo: “Aunque Alfonso en Castilla,
nuestro rey, más se divierte
en el cariñoso halago620
que en la voz del pretendiente,
su espíritu generoso
cuerdas enmiendas promete;
y así, pues sois de esta causa,
como yo, todos jüeces,625
no el furor pueda en vosotros
lo que la prudencia puede”.
Con gusto escuché a don Lope;
mas los demás, en quien siempre
fue firme el intento, así630
le respondieron, rebeldes:
“Para que heroicas hazañas
haga Alfonso, y le venere
la admiración o le admire
noble atención elocuente;635
para que, en fin, consigamos
que la posteridad muestre
su imagen en duro bronce
y su nombre en mármol breve,
no es justo disimular640
el afecto donde vierten
soberbios montes de fuego,
mares de cenizas breves”.
Y así cuando, ausente Alfonso,
diestro cazador, previene645
a ciervos del monte flechas,
y a garzas del viento redes,
de Raquel llegan al lecho
adonde, como otras veces,
su sol, dormido en su ocaso,650
negaba luz a su oriente,
y cuales hambrientos lobos,
que de las dormidas reses,
a pesar del que las guarda,
la sangre intrépidos beben;655
así, pues, los conjurados
el pecho hermoso, inocente,
de la descuidada hebrea
rompieron inobedientes.
Volvió el rey, y cuando el rostro660
ver de su dama pretende,
halló pálido cadáver
la blanca animada nieve.
Miró el desmayado bulto,
y en su distancia una fuente665
que en humor sangriento rojo
ya deshojando claveles,
los cabellos que le dieron
madejas de oro luciente,
duro plomo derretido,670
bañado en sangre, le ofrecen.
Loco y sin vista, a sus labios
le arroja el fiero accidente,
sólo por ver si los suyos
algún aliento les deben.675
Mas, como no respiraron,
y advirtió que los que albergue
fueron del nácar más puro,
cárdenos lirios embeben,
tanto su sudor le hiela,680
tanto su amor le suspende
que le creyeron estatua
los que por rey le obedecen.
Pero volvió en sí, juzgando
que, aunque el sentir es a veces685
entendimiento, el valor
es más ingenio en los reyes.
Pártese a Burgos, por ver
si podrá olvidar, ausente,
lo que en su aliento fue vida,690
lo que en su memoria es muerte;
pero la imaginación
tanto daba en ofenderle,
que viendo un día en su cuarto
don Lope al rey poco alegre695
y retirado, me dijo:
“Señor Nuño, no padece
culpas de atrevido quien
a las experiencias cree;
si dejaran vuestros deudos700
y vos de mi voz vencerse,
faltaran nubes que agora
este sol entristeciesen”.
Callé, y una vez que al campo
fuimos los dos, procuréle705
quejoso desengañarle,
y cortés satisfacerle.
Díjele, en fin: “Ya sabéis,
señor don Lope, que siempre
son vuestros nobles consejos
en mi obediencias corteses,710
y que por ellos el rostro
negué al error, que rebeldes
en Raquel, contra el rey nuestro,
los castellanos cometen”.
“No negasteis. Traidor fuistes,”715
replicó el viejo impaciente.
Yo, como a la sangre mía
aquella palabra ofende,
viles infamias la impone,
porque no sé qué se tiene720
la traición, que aun los que ignoran
lo que es honor, la aborrecen.
Enmudecido, del rostro
perdido el color, ausente
la razón, ciego el discurso,725
sin mí mismo llegué a verme,
armado de nube de iras,
tanto que en espacio breve
los amagos de la vista
los sentí rayos ardientes,730
desenvolví las palabras,
respondiéndole que miente.
Y desnudando el acero,
vengar su agravio pretende;
mas como cobra un mentís735
el honor que allí se pierde,
procuré con mil perdones
obligarle y detenerle.
Porfió a querer herirme,
y yo, como el defenderme740
me toca en fin, y de bríos
sus muchos años carecen,
ya por hado o por desdicha,
ya por destreza o por suerte,
mi punta en su anciano pecho745
abrió camino a la muerte…
Quedé…
Llama a la puerta don GARCÍA
GARCÍA: ¡Abre, Nuño!
SANCHA: ¡Ay de mí!
NUÑO: ¿Quién da golpes?
SANCHA: Hoy se pierden
mi vida y mi honor, Costanza.
Mira si es gente que viene750
siguiendo a Nuño.
COSTANZA: Ya voy.
(¡Oh, lo que el ingenio puede!) Aparte
Vase COSTANZA
SANCHA: Sin vida estoy. ¡Qué desdicha!
(Quisiera impedir no oyese Aparte
García lo que dispongo;755
aquí el valor me conviene).
NUÑO: ¿Quién puede ser el que llama?
SANCHA: Desde esta pieza que tiene
una ventana a ese cuarto,
lo verás conmigo. Vente.760
Tirando de él, lo muda a la otra parte del tablado
NUÑO: Aparta, veré quién es.
SANCHA: Aguarda, hermano, detente;
no te arrojes al peligro.
NUÑO: ¿Quién puede ser?
Sale COSTANZA
COSTANZA: Mucha gente,
que indignada solicita765
o tu prisión o tu muerte;
y como cerrar mandaste
las puertas, es evidente
que una espaciosa ventana,
señor, que esa pieza tiene,770
no muy alta, les ha dado
lugar para que subiesen.
Vuelve a llamar don GARCÍA
GARCÍA: Abre o romperé la puerta.
NUÑO: Esta espada ha de valerme.
SANCHA: Mejor remedio a tu vida,775
tu hermana Sancha previene;
sal por una puerta falsa,
que mira a ese monte, y vete.
Sube en tu caballo apriesa,
y por las sendas más breves780
te vuelve a Burgos, pensando
que, pues te juzgan ausente,
nadie en él te buscará;
que de mi seguro puedes
partir, pues sabré seguirte785
y aun del riesgo defenderte.
¡Ea, vuela! Ese Pegaso
anima tan velozmente,
que sus batidos ijares
tu diligencia confiesen.790
NUÑO: Bien has dicho. Dios te guarde.
Vase
COSTANZA: Buena fue la industria.
SANCHA: ¿Fuése?
COSTANZA: Mirarélo.
Vase. Habla don GARCÍA dentro
GARCÍA: ¡Ah, Nuño infame!
No tu vil traición recuerde
miedos en ti, que me impidan795
vengar a la manchada nieve
de las canas de mi padre.
¡Abre, traidor! ¡Abre aleve,
o haré las puertas pedazos!
Abre doña SANCHA. Salen don GARCÍA y LAÍN
SANCHA: Ya está abierto. ¿Qué pretendes?800
GARCÍA: ¿Dónde está Nuño?
SANCHA: A Burgos
se partió. Si no lo crees,
por tuya tienes la casa.
GARCÍA: ¿Que esto tus engaños pueden?
Temió mi valor tu hermano.805
SANCHA: Quien nació Castro no teme.
GARCÍA: Saca los caballos presto;
que he de seguirle.
LAÍN: Conviene
el seguirle; mas repara…
GARCÍA: Acaba.810
LAÍN: Ya te obedece;
el ir sin capa y sombrero
es lo que más me entristece.
Vase
GARCÍA: Vengaré, viven los cielos,
mi agravio.
SANCHA: ¿Que así me deje
quien a ser de mi albedrío815
fiero robador se atreve?
¿Que así las glorias de amante,
ingrato bárbaro niegue
y acciones tan vengativas
contra mi sangre recuerde?820
¿Qué es esto, Garci Velázquez?
¿Qué es esto? ¿Agora previenes
falsedades que te infamen,
desprecios que me atormenten,
descréditos que te culpen,825
libertades que me afrenten?
¿Éste es el bien que gozaste,
las finezas que me debes,
las dichas que mereciste,
los favores que posees?830
Vuelve, esposo; no permitas,
señor, que mis gozos breves
justa desesperación
los ultraje y los desprecie.
Mira…835
GARCÍA: Sancha, no son buenas
esas lágrimas que viertes
para quien ve que a su padre
violenta mano le hiere.
Para un hijo, que ayer vio
sus canas pompa de nieve,840
y hoy de un sepulcro de mármol
cenizas las juzga leves,
la obligación que me corre
nadie la conoce y siente
mejor que yo mismo, Sancha.845
Yo sé lo que me conviene;
no ignoro lo que te debo;
no niego lo que mereces;
no desmayo en la palabra;
no huyo lo que pretendes;850
pero aquí mi muerto padre
me dice a voces que quiere
que helado bulto le estime,
que cadáver le venere,
que rüina le obedezca,855
que polvo le reverencie,
que a la venganza me anime,
que la aclame, que la aceche,
que la investigue animoso,
que la ejecute valiente.860
Y así, tus voces en mí
será imposible que esfuercen
lástima que las escuche
o piedad que las despeñe.
Los cielos, Sancha, te guarden;865
queda a Dios, que no consiente
más dilación un agravio
ni más tardanza una muerte.
SANCHA: ¡Aguarda! ¡Espera! ¡No huyas!
¡Oye, escucha, mira, advierte!870
¡A pesar de mis desdichas!
¡Que estos rigores ordene
Fortuna! Buena quedo.
Mi robada honra padece.
El ladrón huye tirano;875
Mi hermano la culpa tiene.
García quiere vengarse.
Ya temo que he de perderle.
Pues, acabadme, pesares;
acabadme porque quede,880
si estrago de los que soy,
lástima de lo que fuere.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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