EL ESCLAVO DEL DEMONIO
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en la edición príncipe, EL ESCLAVO DEL DEMONIO, en Tercera parte de las comedias de Lope de Vega y otros autores (Barcelona: Cormellas, 1612) con el apoyo de la edición crítica de Milton Buchanan (Baltimore: Furst, 1905). Este texto fue preparado por Vern G. Williamsen para un curso dictado en el año 1984.
Personas que hablan en ella:
- MARCELO de Noroña, viejo
- Don DIEGO de Meneses
- DOMINGO, lacayo
- Don GIL Núñez de Atoguía
- Don SANCHO
- FABIO, criado de don Sancho
- FLORINO
- ANGELIO, demonio
- CONSTANCIO, labrador viejo
- Don Sancho, PRÍNCIPE de Portugal
- Don RODRIGO
- ARSINO, labrador
- RISELO
- LISARDA, hija de Marcelo
- LEONOR, hija de Marcelo
- BEATRIZ, criada de Lisarda
- LÍSIDA, pastora
- Un ESCUDERO
- Dos ESCLAVOS
- Un MÚSICO
- Un ÁNGEL
JORNADA PRIMERA
Salen MARCELO, viejo, y LISARDA y LEONOR, hijas suyas
MARCELO: Padre soy, hago mi oficio;
tomad consejo esta vez,
y sed por tal beneficio,
báculos de esta vejez,
columnas de este edificio.5
Si las acciones humanas
con igual amor de hermanas
dirigís a la virtud,
a la fuerte juventud
no envidiarán estas canas.10
Un año fue el curso mío,
mayo la niñez inquieta,
la juventud fue el estío,
otoño la edad perfeta,
la vejez invierno frío.15
Mi cuerpo apenas se mueve,
que la edad mayor es breve,
como el hombre no es eterno,
y por estar en mi invierno
me cubre el tiempo de nieve.20
Sirviendo a mi rey gasté
la flor de mi edad dorada
que en sus límites se ve,
y así he dejado aumentada
la nobleza que heredé.25
Ésta quiero conservar
y así te pretendo dar,
Lisarda, el estado que amas;
pues que las dos sois las ramas
en que el fruto he de mostrar.30
Cásate, estado recibe;
hágame Dios tal merced
antes que el tiempo derribe
aquesta baja pared,
que agora temblando vive.35
Don Sancho de Portugal,
que de la sangre real
gotas en sus venas tiene,
a ser tu marido viene
mañana.40
LISARDA: (¡Yo estoy mortal!) Aparte
MARCELO: Tú, Leonor, que el pensamiento
a Dios eterno ofreciste,
de que yo vivo contento,
ya que el estado elegiste,
sabe elegir el convento.45
Tus intentos son divinos,
que en esta vida en que estamos
todos somos peregrinos
del cielo, aunque caminamos
por diferentes caminos.50
Cada estado ya se sabe
que es camino, cuál es grave,
cuál es fácil; la casada
lleva su cruz más pesada
y la monja menos grave.55
Al Cordero, que inocencia,
siguen con gran reverencia
diferentes monarquías,
y quiero que con las mías
gocen de esta diferencia.60
Brazos míos sois las dos,
estados son en que fundo
poder abrazaros Dios;
con el uno a vos y al mundo,
con el otro solo a vos.65
Una monja, otra casada,
quedará mi casa honrada,
y yo con ánimo fuerte
en el umbral de la muerte
lloraré mi edad pasada.70
LISARDA: (Mi lengua perpetuamente Aparte
se atreve a decir de no;
rabio Amor, muero impaciente).
LEONOR: Tu esclava he de ser.
LISARDA: Y yo
una hija inobediente.75
La venganza y la afición
efecto de ánimo son
que suelen torcer el curso
a la costumbre, el discurso
al honor y a la razón.80
Son estas pasiones
que unos tiranos se hacen
de nuestras inclinaciones,
y de no vencerlas nacen
extrañas resoluciones.85
De las dos vencida fui;
que a don Sancho aborrecí,
y a don Diego de Meneses
tu enemigo, ha cuatro meses
que mi voluntad rendí.90
Ésta es fuerte inclinación
y no la puedo vencer,
hace en el alma impresión,
no discierno, soy mujer,
y tomo resolución.95
Si con él me has de casar
yo obedezco.
MARCELO: (¡Que escuchar Aparte
pueda un padre tal rigor!
Ciega la tiene el amor
y quiérome reportar).100
LISARDA: Mudar, Leonor, no pretendo
mi propósito ofendido.
MARCELO: Angel, mira que me ofendo.
LISARDA: Angel soy, y así no olvido
lo que una vez aprehendo.105
MARCELO: Tu aprehensión te condena.
LISARDA: Fuerza de estrellas me inclina.
MARCELO: No se fuerza lo que es buena.
LISARDA: A quien amor determina
ninguna razón refrena.110
MARCELO: ¿A un traidor, a un homicida
que priva de dulce vida
a un hijo que yo engendré
tienes amor, tienes fe?
¿No es tu sangre la vertida?115
¿Qué fiera, qué irracional,
qué bárbaro hiciera tal?
Hoy parece mujer mala
que quiere más y regala
aquél que la trata mal.120
Plega a Dios, inobediente,
que casada no te veas,
que vivas infamemente,
que mueres pobre y que seas
aborrecible a la gente.125
Plega a Dios que destrüida
como una mujer perdida,
te llamen fascinerosa,
y en el mundo no haya cosa
tan mala como tu vida.130
LEONOR: Templa tu enojo, señor,
que espantan tus maldiciones.
MARCELO: Descubro en esto el valor.
LISARDA: Y yo las inclinaciones.
MARCELO: ¿De quién, falsa?135
LISARDA: De mi amor.
Vase LISARDA
MARCELO: Quien ve tanta desvergüenza
también verá mi deshonra,
porque en la mujer comienza
a morir crédito y honra
cuando pierde la vergüenza.140
Hija que al padre desprecia,
viva y muera con infamia,
siga como loca y necia
a la antigua Flora y Lamia,
no a Penélope y Lucrecia.145
LEONOR: Señor, mal dije “señor,”
que en este nombre hay rigor
por la sucesión del hombre,
padre digo, porque es nombre
de más dulzura y amor.150
Templa, templa tus enojos,
que con esas maldiciones
podrán mirarlas tus ojos
divertidas las acciones
entre sus vanos antojos.155
Muéstrale el semblante amigo,
porque si está porfïando
una mujer, yo te digo
que es mejor consejo blando
que colérico castigo.160
Yo la rogaré y en tanto
habla tú a don Gil, el santo
que Coímbra reverencia
por su ayuno y penitencia,
oración y tierno llanto,165
para que a don Diego pida
se contente del rigor
con que fue nuestro homicida,
sin pretender el honor
que es de los nobles la vida.170
MARCELO: Eres el cielo que ordenas
las cosas con igualdad
eres arco que serenas
mi rostro en la tempestad
de mis lágrimas y penas.175
Mi cólera es bien detenga
y que por ti a pensar venga,
que en este mundo pesado
no hay hombre tan desdichado
que algún consuelo no tenga.180
Plega a Dios que desigual
tu vida a tu hermana sea,
y este viejo ya mortal
tan venturoso te vea
que reines en Portugal.185
Vanse. Sale don DIEGO de Meneses
DIEGO: Amor, si tus pasos sigo
no sé qué camino elija,
pues vengo a adorar la hija
de un hombre que es mi enemigo;
temo, resisto y prosigo.190
Teme en balde la prudencia,
y resisto con violencia,
mas es cual rayo el amor
que hiere con más rigor
donde halla resistencia.195
Pasa Leandro el estrecho,
Hero en él se precipita;
Tisbe la vida se quita,
Píramo se rompe el pecho.
¿Quién lo hizo? Amor lo ha hecho,200
porque vence si porfía
y la condición más fría
en amor se trueca y arde
y en el ánimo cobarde
suele engendrar osadía.205
Osar tengo, y no temer
que a Lisarda he de gozar
pues bien me quiere.
Entre DOMINGO, lacayo, con un billete
DOMINGO: Al pasar,
éste me dio una mujer.
DIEGO: Aun hay sol, podré leer.210
“Don Diego, el alma se abrasa
por ti, y mi padre me casa;
mas si amor te da osadía,
ven esta noche a la mía,
me llevarás a tu casa.”215
Cielos, dadme el parabién,
pues que mi ventura es tal
que apenas supe mi mal
cuando encontré con mi bien.
Fortuna, no des vaivén220
ya que al mismo sol me igualas.
Trae, Domingo, unas escalas
aunque superfluos serán
donde favores me dan
que pueden servirme de alas.225
DOMINGO: Don Gil te viene buscando.
DIEGO: Azar es esta ocasión
hallar un santo varón
que se está martirizando
al que mal está pensando,230
y al que con su carne lucha.
Amistad me tiene mucha;
uno es flaco y otro fuerte.
Sale don GIL de hábito largo
GIL: Don Diego.
DIEGO: ¿Qué quieres?
GIL: Verte
y hablarte.235
DIEGO: Dime, ¿qué?
GIL: Escucha:
Son amigos los consejos,
unas amargas lisonjas
que al alma dan dulce vida
y a las orejas ponzoña.
Son luz de nuestras acciones,240
son unas piedras preciosas
con que amigos, padres, viejos
nos regalan, y nos honran.
El darlos es discreción
a quien los pide y los honra,245
y es también locura el darlos
si no se estiman y toman.
Fuerza es darlos al amigo,
y la ocasión es forzosa
si al cuerpo importa la vida250
y al alma importa la gloria.
Tu amigo soy, y una escuela
nos dio letras, aunque pocas;
se te cansaren consejos
buen es la intención, perdona.255
Ya tú sabes la nobleza
de los antiguos Noroñas,
señores de Mora, lustre
de la nación española.
Y ya sabes que estas casas260
que celas, miras y adoras
son de esta noble familia
rica, ilustre y generosa.
Tú, que dignamente igualas
cualquier majestad y pompa,265
porque es bien que los Meneses
pocos iguales conozcan,
cortaste la tierna vida
con tu mano rigurosa,
al primogénito ilustre270
que padres y hermanas lloran.
Accidental fue el suceso,
no quiero culparte agora;
llegó tu espada primero,
fue tu suerte venturosa.275
Cumpliste un breve destierro,
que blanda misericordia
vive en los pechos hidalgos
y fácilmente perdonan.
Los nobles son como niños,280
que fácil es desenojan,
si las injurias y agravios
a la nobleza no tocan.
Agravios sobre la vida
heridas son peligrosas,285
mas sólo incurables son
las que caen sobre la honra.
Al fin, las heridas suyas
tienen salud, aunque poca,
que al alma incita el agravio290
y al agravio la memoria.
Pues si este viejo no imita
a la africana leona,
ni a la tigre remendada
en la venganza que toma,295
¿cómo tú, tigre, león,
rinoceronte, áspid, onza,
no corriges y no enfrenas
tus inclinaciones locas?
“Busca el bien, huye el mal;300
que es la edad corta;
y hay muerte, y hay infierno,
hay Dios y gloria.”
Si con lascivos deseos
de Lisarda te aficionas305
y en ella pones los ojos,
la pasada injuria doblas.
A un agravio habrá piedad
pero a más está dudosa,
que aun a Dios muchas ofensas310
rompe el amor si se enoja.
Teme siempre el ofensor
si el agravio le perdonan,
que su justicia da voces
y el rigor de Dios invoca.315
Refrena, pues, tu apetito,
porque es bestia maliciosa,
y caballo que no para
si no le enfrenan la boca.
Si aspiras a casamiento320
pretendan tus ojos otra,
porque no habrá paz segura
si resulta de discordia.
De largas enemistades
viene paces, pero cortas,325
porque es pasar de odio a amor
jornada dificultosa.
Quien reconcilia enemigos
madera podrida dora,
y al temple pinturas hace330
que fácilmente se borran.
Busca otros medios süaves
si pretendes paz dichosa,
y sobre bases de agravio
columnas de amor no pongas.335
“Busca el bien, huye el mal;
que es la edad corta,
y hay muerte, y hay infierno,
hay Dios y gloria.”
DIEGO: Predicador en desierto,340
hora es ya que te recojas.
GIL: Quien hace mal aborrece
la luz y busca la sombra.
Como la noche ha venido
a tu gusto tenebrosa,345
quieres que solo te deje;
líbrete Dios de tus obras.
Él corrija tus intentos,
Él te inspire y te disponga,
y Él no te suelte jamás350
de su mano poderosa.
Vase don GIL
DIEGO: Dichoso tú que no sabes
de pasiones amorosas,
no conoces disfavores,
desdén y celos ignoras;355
y desdichado también,
pues los regalos no gozas
del Amor, que en nuestros ojos
tiende su red cautelosa.
Sale DOMINGO con la escala
DOMINGO: Ya traigo escala, temiendo360
no me encontrase la ronda.
DIEGO: Y yo, parece que veo
al balcón una persona.
¿Es mi Lisarda?
Sale LISARDA al balcón
LISARDA: ¿Es don Diego?
DIEGO: Soy, mi dueño, y mi señora,365
quien idolatra ese rostro
imagen de Dios, hermosa,
quien sacrifica en tus aras
un alma ajena y fe propia.
LISARDA: Yo quien recibe la fe370
y la ha pagado con otra,
quien no ha temido, quien ama,
quien es cuerda, quien es loca,
quien se atreve, quien es tuya,
quien te espera y quien te adora.375
Procura subir arriba
mientras amor me transforma
en hombre, porque me lleves
sin que nadie me conozca.
En esta cuadra me espera,380
que sin luz, cerrada y sola
la dejaré.
DIEGO: Escala traigo.
LISARDA: Ladrón que el alma me robas…
Vase LISARDA
DIEGO: Arrímala, pues, Domingo;
que quiero escalar agora385
este cielo de Lisarda.
DOMINGO: A mil peligros te arrojas.
DIEGO: Amor me da atrevimiento.
DOMINGO: Y a mí temor estas cosas.
¿He de subir yo contigo?390
DIEGO: La escala es bien que recojas
cuando suba, y en lo oscuro
de aquesta calle te pongas,
y esto ha de ser sin dormirte.
Mira, Domingo, que roncas395
cuando duermes y aun a veces
a gritos dice tu boca
lo que te pasa de día
y a los demás alborotas.
DOMINGO: No era bueno para grulla,400
no puedo velar una hora;
que tengo el sueño pesado.
DIEGO: Vela esta noche, que importa.
Pónese a dormir DOMINGO, entre don GIL con una linterna y halla a don DIEGO en la escala
GIL: Esta noche para el cielo
un alma voy conquistando;405
mas la casa de Marcelo
está don Diego escalando.
Desdichas grandes recelo.
¡Don Diego!
DIEGO: (Temo perder Aparte
la gloria de esta mujer).410
¿Qué quieres?
GIL: ¿Adónde subes,
piedra arrojada a las nubes
que sube para caer?
Bajen tus altivas plantas
movidas de torpe amor,415
Nembrot que torres levantas
contra el cielo del honor
de aquestas doncellas santas.
Baja, loco carnicero,
ladrón de honrados tesoros,420
cobarde y mal caballero.
¿En qué alcázares de moros
estás subiendo primero?
En un libro Dios escribe
a la virtud y al pecado425
de él que en este mundo vive,
y aqueste libro acabado,
la gloria o pena recibe.
Y siendo así, tus delitos
tienen cercanas sus penas,430
porque son tan infinitas
que ya están las hojas llenas
donde Dios los tiene escritos.
Marcelo es árbol que pudo
dar el fruto que tú amas,435
y si cual bárbaro rudo
le vas quitando las ramas,
quedará el tronco desnudo.
La vida y honra también
son columnas en que estriba440
su casa. El brazo detén;
déjale vida en que viva,
y honra con que viva bien.
Si el cuerpo joven desalmas
de su hijo, y sin deshonra445
su sangre atinó tus palmas,
no le derrames la honra
que es la sangre de las almas,
Si no hay quien quite ni pida
lo que no puede tornar,450
advierte, ingrato homicida,
que no eres rey para honrar
ni Dios para dar la vida.
Teme a Dios cuya persona
es con los hijos que trata455
como parida leona,
que a quien los ofende mata
y a quien los deja perdona.
Ave es, y tus obras malas
se oponen contra los cielos,460
siendo milano que escalas
un nido donde hay polluelos
que cubre Dios con sus alas.
Número determinado
tiene el pecar. ¿Y qué sabes,465
si para ser condenado
sólo te falta que acabes
de cometer un pecado?
Ea, gallardo mancebo,
advierte a lo que te debo,470
si en gracias de Dios estoy
lo que te debo te doy.
DIEGO: Penitencia haré de nuevo.
No pienso escalaros, rejas.
Perdonad, Lisarda, vos.475
Don Gil, trocado me dejas
porque a las voces de Dios
no ha de haber sordas orejas.
Trae, Domingo, esas escalas,
y tú, que con santo celo480
a los milanos me igualas,
eres cazador del cielo
y me has quebrado las alas.
Desciende don DIEGO y vase
GIL: ¡Cielos, albricias, vencí!
No es pequeña mi victoria.485
Un alma esta vez rendí;
mas, ¿qué es esto? Vanagloria,
¿cómo me tratáis así?
Aquí se queda la escala
manifestando su intento,490
¿oh, qué extraño pensamiento!
¡Jesús, que el alma resbala,
y mudó mi entendimiento!
La fe de esta corazón
huyó, pues que la Ocasión495
es la madre del delito,
que si crece el apetito
es muy fuerte tentación.
Lisarda arriba le aguarda
a quien ama tiernamente.500
Imaginación, detente,
porque es hermosa Lisarda.
Corazón, ¿quién te acobarda?
Loco pensamiento mío,
mirad que sois como río505
que a los principios es fuente
que se pasa fácilmente
y después sufre un navío.
Subiendo podré gozar…
¡Ay, cielos! ¿Si consentí510
en el modo de pecar?
Pero no, que discurrí.
Tocando están a marchar
mis deseos. La razón
forma un divino escuadrón.515
El temor es infinito.
Toca el arma el apetito
y es el campo la ocasión.
Huye, Gil, salta tu estado,
no escapes de vivo o muerte.520
Conveniente es ser tentado;
mas si Cristo va al desierto
ya la batalla se ha dado.
La conciencia está oprimida;
la razón va de vencida.525
¡Muera, muera el pensamiento!
Mas, ¡ay alma!, cómo siento
que está en peligro tu vida!
Mas esto no es desvarío;
yo subo. ¿Qué me detengo530
si subo al regalo mío?
Mas, ¿para qué, si yo tengo
en mis manos mi albedrío?
Nada se podrá igualar,
que es la ocasión singular535
y si de ella me aprovecho,
gozaré, don Diego, el lecho
que tú quisiste gozar.
[La ejecutada maldad
tres partes ha de tener:540
pensar, consentir y obrar.
Y siendo aquesto así,
hecho tengo la mitad;]
que es pensamiento liviano
no resistirle temprano.545
Dudé y casi es consentido.
Alto, pues, yo soy vencido.
Soltóme Dios de su mano;
que a Lisarda gozaré
sin ser conocido entiendo.550
Sube don GIL y despierte DOMINGO
DOMINGO: Basta que en pie estoy durmiendo
como mula de alquilé;
pero al tiempo desperté
que subió arriba don Diego;
y mientras él mata el fuego555
y se arrepiente y le pesa,
soltaré al sueño la presa
y dormiré con sosiego.
Dentro está. Yo determino
hace del suelo colchón;560
que no hay cama de algodón
como un azumbre de vino.
Y no hay Roldán Paladino
que a dormir cual yo se atreva,
si el estómago no lleva565
con este licor armado.
A quien despierta el cuidado
si dormir pretende, beba.
Quita DOMINGO la escala y duérmese
GIL: Sola, cerrada y oscura
está esta cuadra. Lisarda,570
que Marcelo duerma, aguarda
o está en su cama segura.
Ya me tiene su hermosura
tan determinado y loco
que parece que la toco.575
¡Ay Amor, si imaginado
eres tan dulce, gozado
no será tu gusto poco!
Mil pensamientos me inflaman,
porque pleitos y recados580
andan siempre encadenados;
que unos a otros se llaman.
Estos intentos me infaman
y el crédito iré perdiendo.
¿Con el mundo irme pretendo585
y conservar mi opinión?
Sabe el cielo mi intención
que ya, por Dios, no desciendo.
¡Mas la escala no está aquí!
Habla entre sueños DOMINGO
DOMINGO: No bajes sin que la goces.590
GIL: ¿Quién me anima y me da voces?
Temiendo estoy. ¡Ay de mí!
Bajar por donde subí
no es posible.
DOMINGO: ¡Espera, espera
GIL: Bajar no puedo aunque quiera.595
¿Si me vio alguno subir?
DOMINGO: ¡Justicia de Dios!
GIL: Hüir,
no la podré.
DOMINGO: ¡Muera, muera!
GIL: La justicia de Dios es
que me viene a amenazar.600
DOMINGO: No la dejes de gozar,
yo te ayudaré después.
GIL: Ya me anima. ¿Cómo, pues,
si estoy hablando entre mí,
responderme puede así605
a lo que yo a solas hablo?
DOMINGO: ¿Quién ha de ser si no el diablo?
GIL: ¿Si estoy condenado?
DOMINGO: Sí.
GIL: Luego, si estoy condenado,
vana fue mi penitencia,610
y ha venido la sentencia.
DOMINGO: ¡Vino, vino!
GIL: ¿Ya ha llegado?
DOMINGO: Bebe y come.
GIL: Si he ayunado
en balde, ya comeré.
DOMINGO: ¡Brindis!615
GIL: La razón haré,
pues que la carne me brinda.
DOMINGO: Goza la ocasión, que es linda.
GIL: Ésta y otras gozaré.
Vase don GIL y despierta DOMINGO alborotado
DOMINGO: ¿Vienes, señor? ¡Por Dios que me he dormido!
¨Es hora? ¨Eres t£? Nadie parece.620
En sueño dulce estaba sepultado.
Al principio soñaba una pendencia
que don Diego tenía, y que bajaba
sin gozar de Lisarda los favores;
mas luego que en regalo y pasatiempo625
la boda celebrábamos alegres
brindándonos con vino de los cielos…
Mas ya se van huyendo las Cabrillas,
y las ruedas de Carro se han parado,
y el Norte ya no toca su bocina,630
y no sale don Diego. A gran peligro
estoy en esta calle con la escala.
¿Si está dentro? ¿Si, estando yo durmiendo,
se fue? Dudoso estoy. No sé qué haga.
Estando dentro, ¿no esperará el día?635
O si quiere bajar por la ventana,
saltar puede en el suelo fácilmente;
que al fin para bajar no importa escala.
Mejor consejo es irme de esta calle,
y más que están abriendo ya las puertas640
de casa de Marcelo y han salido
dos hombre, y don Diego no parece.
Mas yo me acojo; que el temor empieza
a subirse cual vino a la cabeza.
Vase DOMINGO y salen don GIL y LISARDA en hábito de hombre
LISARDA: Mucho, don Diego, has callado.645
Ya estamos solos. No estés
cubierto ni recatado.
GIL: Ten paciencia, que no es
don Diego quien te ha gozado.
LISARDA: ¿Quién eres?650
GIL: Quien ha subido
hasta la divina esfera;
pero cual Icaro he sido
que volé con fe de cera
y en el infierno he caído.
Un segundo Pedro fui655
y tú el fuego de Pilato,
pues por llegarme hoy a ti,
como necio y como ingrato,
negué a Dios y le perdí.
Por la voz de un gallo fue660
a llorar con pecho tierno.
Yo cual precepto escuché
una voz del mismo infierno
con que he perdido la fe.
Don Gil soy.665
LISARDA: ¡Triste de mí!
¿Y don Diego?
GIL: Él me ha traído
a que gozase de ti
para dejar ofendido
tu padre otra vez.
LISARDA: Así
se cumplen como merecen670
mis esperanzas prolijas,
mi agravio y desdichas crecen;
que en esto paran las hijas
que a sus padres no obedecen.
¿En qué pecho habrá paciencia?675
GIL: Para tan grave dolor
igual es nuestra imprudencia.
Tú perdiste mucho honor
y yo mucha penitencia.
LISARDA: Deja que vuelva a mi casa680
antes de nacer el día.
GIL: Eso no, adelante pasa;
que era el alma nieve fría
y es un infierno y se abrasa.
La vida de aqueste pecho685
hoy correrá más apriesa
por el gusto y el provecho,
pues se ha soltado la presa
que las virtudes han hecho.
Por ti perdí la prudencia690
por el infierno profundo,
con la carne la abstinencia,
el crédito con el mundo,
y con Dios la penitencia.
Por ti he perdido el jornal695
que esperaba recibir
del Señor universal,
y entro de nuevo a servir
a un amo que paga mal.
Ya serán mis ejercicios700
pecados fascinerosos,
que así salen de sus quicios
los que fueron virtüosos
y siguen tras de los vicios.
Conmigo, Lisarda hermosa,705
has de ir; que para los dos
no negará el mundo cosa,
pues nos ha soltado Dios
de su mano poderosa.
LISARDA: ¿Qué dices, alma? No puedes710
quedar en más vituperio.
Tú, cuerpo, ¿qué no te quedes
que temas de un monasterio
las solícitas paredes.
¿Qué replicas, alma? Que es715
es de buena conciencia.
¿Y tú, cuerpo? Que ya ves
que es temprana penitencia
pudiendo hacerla después.
La maldición es cumplida720
de mi padre. El cielo temo.
Ya lloro mi honra perdida.
Ya va llegando a su extremo
la desdicha de mi vida.
Tres enemigos me dio725
el cielo en mi mal prolijo:
don Diego que me engañó,
mi padre que me maldijo
y don Gil que me forzó.
Mi padre en su maldición730
colérico estuvo y ciego;
venció a don Gil la afición;
sólo el ingrato don Diego
no tiene satisfacción.
Don Gil, ¿querrás ayudar735
la venganza de mi agravio?
GIL: En pedir y perdonar
mueve el encendido labio
cual fino coral del mar.
La estrella que te ha inclinado740
sigue, que yo pienso ser
un caballo desbocado
que parar no he de saber
en el curso del pecado.
Sigue el gusto y la venganza;745
que lo que tu pecho ordene
emprenderá, sin mudanza,
esta alma que ya no tiene
fe, caridad ni esperanza.
LISARDA: Adiós, casa en que nací;750
adiós, honra mal perdida;
adiós, padre que ofendí;
adiós, hermana querida;
adiós, Dios a quien perdí.
Perdida voy, y es razón755
que tengan tal desventura
las que inobedientes son.
GIL: No hay alma buena, segura,
si no huye la Ocasión.
Como en Dios no he confïado760
y en mis fuerzas estribé
en el peligro pasado,
soberbia angélica fue
y así Dios me ha derribado.
Vanse don GIL y LISARDA. Salen MARCELO y LEONOR
MARCELO: Leonor, el grave cuidado765
que a un viejo padre conviene
con dos hijas sin estado,
toda esta noche me tiene
afligido y desvelado.
Si Lisarda, cruel, porfía,770
y de mi amor se desvía,
será obligación forzosa
dejar de ser religiosa.
LEONOR: Tu voluntad es la mía.
Sale BEATRIZ, criada
BEATRIZ: Señor.775
MARCELO: Tu miedo me espanta.
BEATRIZ: Helada tengo y asida
al suelo la débil planta,
a un grave dolor la vida,
y la voz a la garganta…
MARCELO: Di, ¿de qué estás admirada?780
BEATRIZ: Piensa de qué puede ser.
MARCELO: Dilo, pues, no estés turbada;
que me estás dando a beber
veneno en taza penada.
BEATRIZ: Lisarda, Lisarda ha escrito…785
MARCELO: Anda en su mismo apetito,
mas tu lengua no la nombre;
que en sólo decir su nombre
me has dicho ya su delito.
Mas dime, ¿a quién escribió?790
BEATRIZ: A don Diego de Meneses.
MARCELO: ¿Qué le ha escrito?
BEATRIZ: Le llamó.
MARCELO: ¡Calla!
BEATRIZ: Y sé…
MARCELO: Mas, ¡ay, no cesas!
Di, ¿qué sabes?
BEATRIZ: La llevó.
MARCELO: Dijéralo de una vez795
[este hecho de hombre soez]
porque a tragos he bebido
la purga que me has traído
para mi enferma vejez.
Si Dios quiere que me ofenda800
mi enemigo declarado,
que soy otro Job entienda.
Vida y honra me ha llevado;
vuelva también por la hacienda.
Cigüeña soy, blanda y pía;805
él es culebra, es harpía
que quebrantándome el nido,
dos hijuelos me ha traído
de los tres que en él tenía.
Hija, ¿qué enemigos vientos810
hacen que tu honra se doble
a tan infames intentos?
¿Posible es que en sangre noble
quepan bajos pensamientos?
Pero el vil y el mal honrado815
caen en un mismo pecado;
que la humana afrenta es ancha
y están a una misma mancha
sustos jerga y brocado.
LEONOR: No mojes tus canas tanto;820
que son perlas orientales
tus lágrimas.
MARCELO: Yo me espanto
que no las llames corales,
viendo que es sangre mi llanto.
¡Ay de mí! ¿Qué bien espero?825
LEONOR: ¿Qué sientes?
MARCELO: Siento un desmayo.
LEONOR: Tenerte en mi brazos quiero.
MARCELO: Así veré el verde mayo
junto al nevado febrero.
Desmáyase MARCELO en sus brazos y sale don DIEGO de Meneses
DIEGO: (Amor, que mi pecho sabes, Aparte830
paz pretendo, ponte en medio,
modera mis penas graves,
pues vengo a buscar remedio
por caminos tan süaves.
A pedir vengo a Lisarda835
antes que en sus llamas arda;
mas traigo, aunque Amor me anima,
tantos agravios encima
que mi sangre me acobarda).
Señor, si en tu noble pecho840
viven mis graves ofensas,
si tú no estás satisfecho
y remitirlas no piensas,
aquí está quien las ha hecho.
Intenta tus desagravios,845
dame muerte, aunque es prudencia
de pechos nobles y sabios
tener petos de paciencia
hechos a prueba de agravios.
Mi mal confieso y me pesa850
si he ofendido tu persona;
pero si el agravio cesa,
imita a Dios que perdona
a quien sus culpas confiesa.
De nuestro enojo pasado855
puede la paz resultar
como el cielo lo ha mostrado
que a veces suele sacar
un gran bien de un gran pecado.
A Lisarda tuve amor,860
que no he sido su enemigo.
Dale licencia, señor,
que se despose conmigo
pues merecí su favor.
Y a mi gusto satisfaces865
y a quien eres si esto haces;
hazlo, así goces tu edad
un siglo, una eternidad,
con el bien de nuestras paces.
MARCELO: Dame una espada o montante,870
vengaré esta grave injuria;
que es mi vejez elefante,
y ha cobrado nueva furia
viendo este tigre delante.
DIEGO: No la traigo, que no importa875
si a tus pies está inclinada
la mía. El enojo acorta,
porque es cobarde la espada
que el cuello rendido corta.
LEONOR: Señor, Lisarda ha de ser880
forzosamente mujer
de don Diego, pues la tiene
en su casa. Te conviene
fingir muestras de placer.
¿No vale más que se diga885
que por mujer se la has dado,
porque la paz se prosiga,
y no que te la ha llevado
y la tiene por su amiga?
Dile, pues, que en hora buena890
y allá se habrán.
MARCELO: Ya mi pena
con tus consejos se tarda.
Don Diego, tuya es Lisarda.
Alegres bodas ordena.
Mas es con tal condición895
que en mi casa no ha de entrar,
pena de mi maldición.
Allá se puede casar
y siga su inclinación.
DIEGO: Los pies a besar me da.900
Todo a tu gusto será,
pues que de límite pasa
tus mercedes. En mi casa
el casamiento se hará.
A prevenir fiestas voy905
pues con Lisarda me alegro;
Amor, mil gracias te doy
[por] mi amigo, que es mi suegro
Marcelo. Ya loco estoy.
Vase don DIEGO
MARCELO: Hija, no es razón que vea910
casarse contra mi gusto
la que ofenderme desea,
y así me parece justo
que nos vamos a la aldea.
Estando allá, no veré915
esta boda desdichada,
ni su suceso sabré.
LEONOR: Lo que mandares me agrada.
MARCELO: Tienes amor, tienes fe.
Vase MARCELO. Queda LEONOR. Salen don SANCHO y FABIO, su criado de camino con un retrato
SANCHO: Fabio, el hombre que se casa920
sin ver antes su mujer,
está sujeto a tener
poca paz y amor en casa.
En estas cosas es justo
que haya alguna inclinación,925
o que se haga elección
pidiendo consejo al gusto.
Yo, pues, que casarme trato,
sin ser conocido quiero
ver a Lisarda, primero,930
sin dar crédito al retrato.
FABIO: ¿Con qué ocasión llegarás?
SANCHO: Darámela mi deseo
si es Lisarda la que veo.
FABIO: Si es ella, casado estás;935
Paréceme que te abrasa.
SANCHO: Estando vivo Marcelo,
mal hago en llegar al cielo
a preguntar si está en casa.
Hablarle ya no deseo.940
aunque bien su intención supe,
porque la lengua se ocupe
en alabar lo que veo.
No vio el sol mujer ni estrella
tan hermosa y tan gallarda.945
Mira Fabio, si es Lisarda,
que sospecho que no es ella.
FABIO: Nada al retrato parece.
SANCHO: Son sus ojos soberanos.
FABIO: ¿Hay más que trocar sus manos?950
SANCHO: Ningún hombre la merece.
LEONOR: No es digno lo que miráis,
señor, de ser alabado,
y mi poder está ocupado.
Decidme lo que mandáis.955
SANCHO: Mando al gusto que no venga
a veros en daño mío.
Mando a mi libre albedrío
que mi inclinación detenga.
Mando el cuerpo a la ventura960
que tuve en estar mirando
ese sol, y el alma mando
al cielo de esa hermosura.
Y dejo del pensamiento
a la memoria heredera.965
LEONOR: Sólo falta que se muera,
pues se ha hecho el testamento.
SANCHO: No falta; que la herida
fue repentina, y es fuerte,
y el que en veros ve su muerte,970
ése sólo tiene vida.
Quien su seso mucho o poco
pierde, viendo esa hermosura,
tiene razón y cordura;
y quien no le pierde es loco.975
LEONOR: ¿Y qué favor lisonjero
no me dará un hombre que es
cortesano y portugués?
¿De dónde sois, caballero?
SANCHO: Como a Coímbra viniese980
de Lisboa la real,
don Sancho de Portugal
mandó que a Marcelo viese,
porque cierta ocupación
le detiene.985
LEONOR: (Yo sospecho Aparte
que éste es don Sancho).
SANCHO: En el pecho
no me cabe el corazón.
Lisarda no puede ser
tan hermosa dama). Fabio,
un consejo, como sabio.990
FABIO: Pide aquésta por mujer,
aunque es hermana segunda.
No repares en el dote.
FABIO: Mal podré, sin que se note.
FABIO: Torres de esperanza funda;995
no desmayes.
SANCHO: Si es Lisarda
tan hermosa como vos,
a don Sancho ha dado Dios
ventura.
LEONOR: (En vano la aguarda). Aparte
Vos sois, señor, el primero1000
que hermosa me ha llamado.
SANCHO: Todos lo habrán confesado
con silencio. Fabio, muero.
Naturaleza inclinada
tanto en vos, quiso cifrar1005
que sois más para adorar
que para ser alabada.
Y así los ojos que os ven
dejan a la lengua muda.
LEONOR: ¿Qué soy hermosa?1010
SANCHO: Esa duda
discreta os hace también.
Que pudiérades, se crea,
según sois bella y discreta,
ser necia, y sois tan perfeta
que pudiérades ser fea.1015
Sale BEATRIZ con el sombrero
BEATRIZ: Tomas, señora, el sombrero
y capotillo, que espera
mi señor.
SANCHO: ¿Quieres que muera,
flechando el arco de acero,
Amor?1020
LEONOR: Vamos a una aldea.
Mi padre os verá después,
derretido portugués.
SANCHO: Dadme licencia que os vea.
LEONOR: Ni la doy ni la consiento.
Vanse LEONOR y BEATRIZ
SANCHO: Pues, yo me la tomaré,1025
si basta que me la dé
mi atrevido pensamiento.
¡Ay, Fabio, que ésta es Leonor,
la que ha de ser religiosa!
FABIO: De que la llames hermosa1030
y le hayas mostrado amor,
no le pesa. No hayas miedo
que en su vida monja sea.
SANCHO: Verla tengo en el aldea.
FABIO: ¿Cómo?1035
SANCHO: Disfrazarme puedo,
porque mi amor no Consiente
que en otra el alma divierta.
FABIO: Vete, pues, por esta puerta;
que viene acá mucha gente.
Vanse, y salen DOMINGO, don DIEGO, y FLORINO
DIEGO: ¿Quién serán los que salieron?1040
FLORINO: ¿Quién? El pretensor sería
de Lisarda.
DIEGO: Bueno iría.
Si ellos salen, ya no vieron.
¡Hola! Avisad como vengo
con mis parientes y amigos,1045
de mi mucho amor testigos,
por mi Lisarda, y que tengo
a la puerta el coche. Avisa
a Lisarda y a Marcelo.
Vase DOMINGO
No vi más alegre el cielo,1050
lloviendo está gozo y risa.
Dándome está el parabién
de esta paz, de esta amistad,
con luz y serenidad
y sus esferas también.1055
Salen DOMINGO y un ESCUDERO
DOMINGO: Señor, no tenemos nada.
La boda del perro ha sido
esta boda.
DIEGO: ¿Cómo?
DOMINGO: Es ido
Marcelo.
DIEGO: La sangre helada
tengo ya.1060
ESCUDERO: Toda su casa
a la aldea se llevó,
y hecho alcalde me dejó
de estas suyas.
DIEGO: ¡Qué esto pasa!
¿Y Lisarda?
ESCUDERO: Claro está
que con él la llevaría.1065
No la vi, pero allá iría
con Leonor.
DIEGO: ¡Muerto soy ya!
¡Qué inconstante es la vejez!
A Lisarda me ha de dar
o tengo de ejecutar1070
lo que he intentado otra vez.
¿Qué bien sintió quien decía
que el hombre con la vejez
vuelve a la tierna niñez!
¿Quién en viejo y niño fía?1075
Por guardarle yo respeto,
no la tengo en mi poder;
pero será mi mujer.
Robaréla, te prometo.
No respetaré sus años.1080
FLORINO: Fuerte es su castillo.
DIEGO: Amor
ha sido siempre inventor
de máquinas y de engaños.
Vanse todos
