El clavo de Jael — Jornada I

EL CLAVO DE JAEL

Antonio Mira de Amescua

Texto basado en un manuscrito temprano (Biblioteca Nacional, Madrid, #15.331) de la comedia hasta ahora inédita EL CLAVO DE JAEL. Fue preparado por Vern Williamsen para sus estudios en 1980 y luego fue revisado y puesto en forma electrónica en el año 1987.


hablan en ella:

  • Ever FINEO
  • SIMANEO, gracioso
  • Jabín, REY de Asiria
  • SÍSARA, capitán
  • ABDÍAS
  • BARAC
  • RUBÉN
  • JAEL
  • TAMAR, criada de Jael
  • SOFONISA, hermana del rey Jabín
  • DÉBORA, profetisa
  • MÚSICOS
  • CAPITÁN

JORNADA PRIMERA


Salen JAEL y TAMAR, criada
JAEL: Ya no puedo caminar.
TAMAR: Y a descanso te convida
aquesta fuente.
JAEL: ¡Ay, Tamar,
que es símbolo de la vida,5
un correr y un murmurar!
Ya son sus cristales fríos,
ya furiosos, ya tardíos,
ya por peñas, ya por prados,
hasta que en el mar mezclados10
pierden sus nombres los ríos.
¿Qué es la muerte sino el mar
a donde acaban las vidas?
TAMAR: La tuya debes guardar.
Si tus pesares no olvidas,15
tú misma te has de acabar.
Mira ese valle florido,
de sus flores guarnecido.
JAEL: Si a mí imitándome van,
presto se marchitarán.20
Falte el sol, vendrá su olvido;
que la Fortuna crüel
un mismo fin apresura,
y el mayor tormento en él.
TAMAR: Quien goza tanta hermosura,25
¿por qué se queja, Jael?
¿Qué importa que con rigor,
por pensión de tu valor,
te sea la suerte avara?
Pues, al fin traes en tu cara30
el mayorazgo mayor.
JAEL: ¡Ay, Tamar, nunca creí
que era hermosa, aunque avisada
del cristal o espejo fui,
hasta verme desdichada;35
que entonces lo presumí.
TAMAR: Siéntate.
JAEL: Llega a mi lado,
verde sitio, hermoso prado
para aumentar mi tristeza.
TAMAR: Aumenta más su belleza40
de los montes coronado.
JAEL: ¿Qué tierra [es ésta]?
TAMAR: No inquieres;
que no lo puedo saber;
mas al fin preguntar quieres
por ser del todo mujer,45
aunque a todas te prefieres.
Salen FINEO y SIMANEO
SIMANEO: ¡Qué ligero el corzo va!
FINEO: Los cristales buscará
de esa fuente clara y fría,
¡cosa tan cobarde cría50
el desierto de Judá!
SIMANEO: Imposible es alcanzalle,
y más yo, que un topo soy.
FINEO: Atrás deja el verde valle,
y en parte corrido estoy55
de herirle y no matalle.
SIMANEO: A tan veloz animal,
seguirle pudieras mal.
Gente hay en la fuente, espera.
FINEO: ¡Oh, qué felice ribera!60
Ninfas beben su cristal.
SIMANEO: ¿No es ésta caza mejor
sin que se gasten las flechas?
FINEO: Antes me anima el temor
entre dudas y sospechas65
que los presume el amor.
¡Qué soberana belleza!
A no saber con certeza
que hay sólo un Dios, adorara
a Venus en esta cara,70
monstruo de naturaleza.
SIMANEO: ¿Por cuál dices?
FINEO: Hablad vos.
Vista mis ojos pudieran…
¡No las entiendo, por Dios!
SIMANEO: Pues, en tus ojos hubieran75
lugar a un tiempo las dos.
Donde hay lengua, ¿para qué
han de hacer los ojos fe?
FINEO: Advierte con más decoro,
cuanto resplandece el oro80
si entre la plata se ve.
SIMANEO: Pienso que a la blanca humillas
el corazón.
FINEO: Maravillas
miro en el cristal ligero.
SIMANEO: Pues yo a la morena quiero85
para hacerla seguidillas.
TAMAR: Si Narciso quieres ser,
bien puedes mirarte más.
JAEL: Mal me sabes entender.
TAMAR: Sé que embelesada estás.90
Amor te podrás tener.
SIMANEO: Llega, pues.
TAMAR: Gente ha llegado.
¡Qué cazador tan turbado!
De la suspensión me admiro.
JAEL: Mal acertaréis el tiro95
con el arco desarmado.
Si caluroso buscáis
la fuente, llegad.
FINEO: No llego,
por saber que me engañáis.
Dieron vuestros ojos fuego100
y agua con la voz me dais.
Mas, si hubiera de llegar,
agua pudiera tomar
cuando me he sentido arder;
que si no para beber105
sirviera para llorar.
¿Quién eres, mujer divina?
JAEL: Una mujer desdichada
que desterrada camina.
FINEO: Una gloria está cifrada110
en beldad tan peregrina.
¿Eres gentil?
JAEL: De Israel,
el Dios adoro y en Él
fundo esperanzas altivas.
FINEO: Ya de sentido me privas.115
¿Cómo te llamas?
JAEL: Jael.
¿Y tú, quién eres?
FINEO: Escucha,
porque te quiero obligar
diciéndote brevemente
mi estado y mi calidad.120
Yo me llamo Ever Fineo.
Adoro al Dios de Abrahán.
Ignorante de la escrita,
sigo la ley natural.
Fue mi ascendiente Esaú125
y soy nieto de Boaz,
deudo del santo Moisés,
vuestro heroico capitán.
Cuando huyendo de Egipto
fue pastor en Madïán,130
le dio Jetro, sacerdote,
la hija que quiso más.
Después, cuando el Mar Bermejo
hizo muro de cristal
y pasó las doce tribus:135
Judá, Rubén, Isacar,
Zabulón, Neftalí, Aser,
Simeón, Benjamín, Dan,
que Jacob llamó culebra,
Efraín, Manasés, Gad,140
y después que Josüé
quebró el viril del Jordán,
[y] en la prometida tierra
rompió los muros de Haí,
bajó mi padre y familia145
de la hermosa Ciudad
de las Palmas y habitaron
los desiertos de Judá.
Aquestos valles que miras
que eternos abriles dan,150
cuyas fuentes son lazadas
de las flores de coral,
cubren los ganados míos
de quien soy otro Labán
sin que varas de Jacob155
puedan sus pieles manchar.
Dime tú, Jael divina,
iris hermosa de paz,
¿quién eres y qué es la causa
que a este desierto te trae?160
JAEL: Obligada, Ever Fineo,
a tu amor y voluntad,
oye las desdichas mías
en que un prodigio verás;
el tribu de Benjamín,165
nieto querido de Isaac,
me dio sangre clara y noble
por serlo entre los demás.
De ricos padres nací
a quien no pude heredar170
porque hermanos codiciosos
son ejemplo de crueldad.
Si fui hermosa, o si la soy,
tus ojos te lo dirán.
Sólo sé que el parecerlo175
pudo mis penas causar.
Muertos mis queridos padres,
al partir con gusto igual
la hacienda que nos dejaron
en el monte de Galaad180
mis hermanos me dijeron,
“Jael, ¿qué tesoro hay
[más] que tu rara hermosura
que puede el sol envidiar?
No fue Raquel tan hermosa185
ni vio más belleza Adán
en Eva, siendo su cuerpo
de jazmines y azahar.
¿Qué rosas cría Samer,
qué claveles Simaná,190
qué bellos lirios Emón,
qué jazmines el Cedar
que a tus mejillas y cuello
no den superioridad
confesando ser traslados195
de tu hermoso original?
Dividida en cuatro partes
nuestra hacienda, ¿quién será
rico de todos nosotros
si no es inmenso el caudal?200
Tú, Jael, seguramente
esposo rico hallarás,
y por eso de la hacienda
tu parte nos puedes dar.
Dijeron y entre los tres205
sin temer que el Jehová
poderoso castigase
tan inhumana impiedad,
parten los bienes y quedo
como en la orilla del mar210
el que sin bajel desea
romper sus montes de sal,
como el mísero que pasa
los desiertos de Farahán
perdido en sus arenales215
no habiendo a quien preguntar.
Piadosa y enternecida
pedí el favor celestial
como si entonces llovieran
las nubes dulce maná.220
Determinéme, en efecto,
a dejar mi natural.
Aunque soy hija de Sara
peregrina como Hagar,
y con el traje que ves,225
con poca seguridad,
de todos desamparada,
sino sólo de Tamar,
por inciertas sendas guío,
hasta que la variedad230
de las flores de este prado
entre lirios y arrayán
al descanso convidaron
con el dulce murmurar
de las fuentes fugitivas235
que huyendo a su centro van,
nuestros cansados alientos
donde has venido a escuchar
las desgracias de quien huyo
pero corren ellas más.240
FINEO: Aunque debo con razón
culpar el término injusto
de tus hermanos, es justo
que alabe su discreción;
pues entre varios efetos245
del ambicioso cuidado,
Jael, contigo han andado
avaros pero discretos.
Hazaña fue peregrina
el quitarte tus hermanos250
todos los bienes humanos
conociéndote divina.
SIMANEO: ¿Y ella no dice quién es?
TAMAR: Su crïada.
SIMANEO: Brevedad
notable y facilidad.255
TAMAR: Yo le informaré después.
FINEO: Fuerza es, divina mujer,
que halles un rico esposo.
Sólo es lo dificultoso
que te pueda merecer,260
y si de mí conociera
que méritos igualara
y que al cielo de tu cara
atrevido no ofendiera,
ya puesto a tus plantas bellas,265
amante y enternecido,
diera, siendo tu marido
clara envidia a las estrellas.
Y, si licencia me das,
[si] para este atrevimiento,270
y si de mi pensamiento
ya con enojo no estás,
permíteme que te ofrezca
un crïado, no un esposo,
que te sirva cuidadoso275
y que humilde te obedezca.
Rica y servida serás
y por tus ojos serenos,
Jael, que no puedo menos
ni puedo ofrecerte más.280
JAEL: Fineo, el agradecer
tu amor es justa razón,
y pagar a tu afición
si acaso pudiera ser.
El casarnos, ¡no os asombres!,285
es imposible los dos.
Soy de los hijos de Dios
y tú hijo de los hombres.
En mi ley es prohibido
el poder ser yo tu esposa.290
FINEO: ¿No sabes, Jael hermosa,
cuántos ejemplos ha habido?
JAEL: Yo sigo la ley de Job.
No vive otro sino tú,
descendiente de Esaú295
entre hijos de Jacob.
FINEO: Justas las leyes serán.
JAEL: Y es excusada porfía.
FINEO: ¡Cuántos están de la mía
en el seno de Abrahán!300
JAEL: Antes que Dios la ley diera
en el Sinaí a Moisés,
puede ser, mas no después.
FINEO: La grandeza considera
de mi pueblo. Balán fue305
testigo de su valor.
Si sois hijo del Señor,
¿cómo consentís que esté
en esclavitud pisada,
de Jabín, rey de Canaán?310
JAEL: Nuestras muchas culpas dan
fuertes filos a su espada.
Padece porque ofendió
a su Dios. Porque estuvieron
en gracia, presto cayeron315
los muros de Jericó.
Y para decir verdad,
por dichosa me tuviera
si nuestra ley una fuera,
en pagar tu voluntad.320
FINEO: La mucha fuerza de amor
a quien el alma rendí
hoy quiere mostrar en mí
todo su extremo mayor.
Pobre vienes y cansada.325
Aquí si mi amor deseas
te queda para que seas
servida y reverenciada.
Una tienda te armarán
que al sol en belleza afrente.330
Tendrá la punta al oriente
y sus columnas serán
de cedro para que estés
como tu beldad promete.
Las columnas serán siete335
y la cama de ciprés.
Allí de espacio, informado
de tu ley, seguirla quiero
y ser tu esposo.
JAEL: No quiero,
viéndome en tan pobre estado,340
no aceptar tu ofrecimiento
pues que de ti me fío
mi honor.
FINEO: No es amor el mío
ni atrevido ni violento.
Con respeto y cortesía345
has de ser de mí tratada.
El hospedaje me agrada.
SIMANEO: ¿No habláis vos, morena mía?
¿Es vergüenza o es temor?
(Derretido estoy por ella). Aparte350
FINEO: El vano miedo atropella.
JAEL: No le tengo de tu amor.
FINEO: Sólo licencia te pido
porque llegue a ser dichoso
que alcance el nombre de esposo.355
SIMANEO: Esposo de anillo has sido.
JAEL: Ese favor te concedo.
FINEO: Pues, ven, esposa querida.
JAEL: Amante y enternecida,
al amparo tuyo quedo,.360
FINEO: Ven, mi querida Jael.
JAEL: Soy esclava tuya al fin.
FINEO: Hoy, hija de Benjamín,
claro espejo de Israel…
Vanse365
SIMANEO: ¿Osaráme a hablar agora
que su ama no está aquí?
TAMAR: Hablo poco.
SIMANEO: Jamás vi
mujer menos habladora.
Milagro es que haya mujer370
que calle.
TAMAR: Si empiezo a hablar,
muy tarde suelo acabar.
SIMANEO: Eso es fácil de creer.
Advierte que no hay zagal
en los desiertos que ha habido375
más fuerte ni más erguido.
¿Quiéresme?
TAMAR: Ni bien, ni mal.
[Vanse]. Salen el REY y SOFONISA, su hermana, y el capitán SÍSARA
REY: Dame los brazos. Bienvenido seas.
SOFONISA: Bien merecidos son esos favores.380
SÍSARA: Por ver que mis deseos los empleas,
se acrecientan en mí fuerzas mayores.
Tú, viva emulación de las tebeas,
que [así] con [tus] divinos resplandores
afrentan su candor, dame tus plantas.385
SOFONISA: Con la humildad al cielo te levantas.
¿Tienes salud?
SÍSARA: ¿No es fuerza que con muerte
la cobre, aunque en tu ausencia me faltara?
SOFONISA: Que nos escucha el rey, mi hermano, advierte.
SÍSARA: Deslúmbrame tu luz hermosa y clara.]390
REY: Sísara, capitán heroica y fuerte,
que en Aser y Canaán mi gente ampara,
¿cómo quedan Samaria y Palestina?
SÍSARA: Pues, tú por mis venturas adivina:
Saqué [desde] Haroset, el cananeo395
ejército marchando belicoso
hasta mirar al muro jebuseo
que esperaba entre palmas, temoroso;
allí quisiera ver al gran hebreo
que el mar rompió soberbio y espumoso,400
o el que detuvo al sol con tal porfía
que se durmió la noche y todo el día.
Del tribu de Judá vi las banderas,
con el león real que al sol atreve
al pasar del Jordán por sus riberas405
que goza a mediodía diez y nueve
ciudades que puestas en hileras
cerca del mar que sus cristales bebe,
cobardes y rendidas, aunque tantas,
sobre ellas puse mis altivas plantas.410
Rubén, que un monte por sus armas tiene
y el reino goza de los amorreos,
franco pasó. A mi ejército previene
para que marche, rico de trofeos.
Benjamín, con el buey por armas, viene415
humilde a presentarme sus deseos
que hacia el septentrïón límite inclina
y con el Muerto Mar líneas termina.
Dan mostró la culebra, su estandarte,
mas fue para que humilde se rindiera;420
que el airado aquilón sus tierras parte
gozando de su eterna primavera.
Isacar, cuyas tierras a la parte
del Líbano, del mar ve la ribera
más humilde metió mis pretensiones425
que el animal que pinta en sus pendones.
Neftalí, con el ciervo presuroso
de sus armas llegó a besar mi mano;
y Simeón, confuso y temoroso
dejó los montes, ocupando el llano.430
Vi la Asiria y la Caldea hasta el hermoso
campo en Damasco, conde por la mano
de su Dios fue formado, porque asombre,
del limo de la tierra el primer hombre.
No se atrevió ninguno a dar señales435
de que alegre admite tu obediencia
y los montes, los fieros animales
aman tu nombre y temen mi presencia.
¡Y pensar que los dioses inmortales
pudieran con humana inteligencia440
juntarse, me dieron [dos] mil desvelos
del globo los desiertos paralelos!
No temas que otra vez los israelitas
salgan del cautiverio como hicieron
de Egipto, a quien las plagas infinitas445
por orden de los dioses destruyeron.
Conquista las naciones inauditas
que de Orontes los cristales bebieron
que estatuas tuyas de alabastro y jaspe
han de ver las corrientes del Hidaspe.450
REY: Ya conozco tu valor
y te estimo de manera
que contigo dividiera,
para muestras de mi amor,
el reino si de este modo455
mis deseos no afrentara,
pues al que todo lo ampara
fuera bien dárselo todo.
Sólo te quiero advertir
para saberte premiar460
que ya que soy corto en dar
no los seas en pedir.
SOFONISA: ¿No respondes?
SÍSARA: Mil caminos
intento, mas todos vanos;
que por servicios humanos465
espero premios divinos.
SOFONISA: Bien te puedes atrever.
Agora hay buena ocasión
y no será discreción
que así la dejes perder.470
SÍSARA: Si por heridas pudiera
el corazón enseñarte,
de él, en la más noble parte,
lo que he de pedir se viera.
Del que puedes inferir475
lo que te quiero agradar,
pues sabiendo pelear
me turbo para pedir.
REY: Ya ofendes con esas dudas
mis liberales antojos.480
SÍSARA: Yo sé que hablan los ojos
cuando están las lenguas mudas.
De ellos pudieras saber,
si puertas del alma han sido,
que ciego de amor te pido485
a tu hermana por mujer.
Perdóname, loco estoy.
REY: Justos son tus pareceres.
Tú pides como quien eres.
Yo he de dar como quien soy.490
Tuya es mi hermana cara,
mi valor y su nobleza.
Por dueño de su belleza
desde luego te declara.
Dale la mano.495
SOFONISA: Y con ella
el alma que suya es ya.
SÍSARA: Humilde a tus pies está
quien toda el Asia atropella.
Job quedara envidioso
de mis dichosos empleos,500
mas quiero que los trofeos
veas que alcanza tu esposo.
Los esclavos israelitas
quiero que besen tus pies
para que estimes después505
la libertad que me quitas.
REY: Dispón a tu gusto, en fin.
SOFONISA: No hay más bien que desear.
SÍSARA: A caza te he de llevar
a los montes de Efraín,510
porque si conmigo vas,
después de verme temido,
viendo lo que yo he vencido,
el vencerme estimarás.
[Vanse]. Salen ABDÍAS, BARAC, RUBÉN, y SOLDADOS515
ABDÍAS: Aquesta es su habitación.
Éste es el monte Efraín.
BARAC: Ya estoy con más confusión.
Saber, Abdías, el fin
me llama a esta ocasión.520
ABDÍAS: Ella misma lo dirá.
Aquí vive entre Ramá
y Betel.
BARAC: ¿Qué puede ser?
ABDÍAS: Aquesta ilustre mujer
respuestas al pueblo da.525
Al pie de una palma altiva,
después que murió su esposo
Lapidot, para que viva
en el seno venturoso
y su nombre en bronces, escriba,530
vive Débora, y consulta
con alta deidad oculta,
al Dios de Abrahán e Isaac.
RUBÉN: ¿Quién es aquéste?
SOLDADO 1: Barac.
RUBÉN: Quiero ver lo que resulta.535
BARAC: [El fin] de haberme llamado
[cierto me lo dirá].
SOLDADO 1: Mira
cuánta gente se ha juntado.
ABDÍAS: Ya escucha el pueblo admirado;
y su belleza me admira.540
Sale DÉBORA
Aquí está, Débora hermosa,
Barac.
BARAC: A tus pies [me] tienes.
(Mucho me mira y no habla. Aparte
Más confusión me parece).545
DÉBORA: Sean los montes testigos
cuyos peñascos parecen
gigantes que al cielo suben
armados de ramos verdes;
los arroyos despeñados550
cuyas risueñas corrientes
con ricas plumas de vidrio
púrpura y azahar guarnecen;
los animales feroces
que a mis voces obedientes555
embelesados me escuchan
y sin responder entienden
de que el gran Dios de Jacob
por mi indigna boca quiere
hablar para remediaros,560
porque el ánimo os despierte.
¡Oh, pueblo de Dios querido!
¡Victorioso tantas veces
contra el número infinito
de los idólatros reyes!565
¡Ah, vosotros que pasasteis
el Mar Bermejo, de suerte
que hombres [treparon] las ovas
a donde habitaban peces,
por quien cayendo las aguas570
sobre Faraón rebelde,
el caballo y caballero
vieron su sangre la muerte!
Los que una nube cubría
para que el sol no les diese575
calor sino luz hermosa
por los estíos ardientes;
y de noche una columna
de fuego os prestaba siempre
luz para ver en los campos580
llover el maná de nieve;
que cansándoos su dulzura
disteis causa a que lloviese
codornices por las ollas
que llorasteis impacientes.585
¿No sois los que con el arca
el Jordán claro y alegre
abierto por doce bocas
os dio paso francamente
y en la prometida tierra590
que manaba miel y leche,
vencidas tantas naciones
os vestisteis de laureles?
¿Cómo, desagradecidos
al Dios que os dio tantos bienes,595
falsos dioses adorasteis
engañados del deleite?
Volved al Dios de Jacob,
que Él por mi boca os ofrece
la victoria de Jabín600
y su capitán valiente.
A ti, Barac, te ha elegido
el Dios que ejércitos vence
porque del número seas
de los ilustres y jueces.605
Levanta pues, animoso.
Trae al Tabor eminente
del tribu de Neftalí
origen de quien desciendes
y deja brillar diez mil610
soldados con que presentes
a Sísara la batalla,
del Cisón en las corrientes.
Allí el Dios de vuestros padres
traerá a tus manos la gente615
de Sísara, con los carros
falcados que rige y tiene.
Será famoso tu nombre.
Levanta, ¿qué te suspendes?
Dios te llama y yo te aviso.620
Anímate, pues. Él vence.
BARAC: ¡Oh, profetisa divina,
el ánimo helado enciendes!
La ceniza de mis canas
en vivas brasas conviertes.625
No dudo de la victoria
sino de hallarme imprudente
para empresa tan heroica
que tanta industria requiere.
Débora, si vas conmigo,630
con tu amparo atreveréme;
mas si no vas, mi osadía
se acobarda y entorpece.
No iré si no me acompañas
porque quiero que peleen635
mi espada y tus oraciones.
No es miedo aunque lo parece.
DÉBORA: ¡Qué no por llamar Jacob
ciervo a Neftalí te viene
parte de su cobardía!640
Contigo iré, pero advierte
que no tiene de ser tuya
la victoria que Dios quiere;
que a manos de una mujer
Sísara la vida deje.645
ABDÍAS: ¡Vivan Débora y Barac!
¡A sus contrarios sujeten!
Ciña este laurel honroso,
Barac ilustre, tus sienes.
Dentro650
VOCES: ¡Por aquí va el capitán!
Con él al valle desciende
su alteza.
SÍSARA: Deja el caballo.
ABDÍAS: Voces al aire suspende
de cazadores.655
Salen SÍSARA y SOFONISA
SÍSARA: Teneos.
¿Qué hace aquí tanta gente?
DÉBORA: Éste es Sísara. No temas.
BARAC: Ya es forzoso atreverme.
SÍSARA: ¿Qué es esto, viles hebreos?660
¿Quién os animó a juntar
tanta gente, y en lugar
contraria a nuestros deseos?
¿Qué laureles, qué trofeos
en la cabeza ponéis665
de un caduco? ¿A quién hacéis
fiesta? ¿Qué memoria honráis?
¿Los ácimos celebráis
o la pascua ennoblecéis?
Como al ídolo que adoro670
primero y a mí después,
¿No sois alfombra a sus pies
de más divino tesoro?
Si le perdéis el decoro
y no llegáis a adorar675
a Venus, hija del mar,
en perfecciones tan raras,
vuestra sangre en limpias aras
le pienso sacrificar.
¿No habláis? ¿No respondéis?680
Si es que turbados estáis,
ya que la ocasión buscáis,
por el miedo que tenéis,
SÍSARA le quita la corona de laurel a BARAC y se la presenta a SOFONISA
vuestros laureles veréis
puestos a sus plantas bellas685
para que se honre en ellas.
DÉBORA: ¡Suelta, mujer!
SOFONISA: ¡Ay de mí!
SÍSARA: ¡Vivan los dioses! Que vi
en el suelo las estrellas.
Quítale DÉBORA la espada a SÍSARA
DÉBORA: Levanta, Sísara.690
SOFONISA: Apenas
puedo vencer el temor.
SÍSARA: La sangre con el furor
helada queda en las venas.
Manche las rubias arenas
la sangre de la canalla.695
DÉBORA: Quien sin espada se halla,
¿cómo busca nuestra ofensa?
Si tú me das mi defensa,
necia seré en no tomalla.
SOFONISA: Advierte que sólo estás700
y sin armas.
SÍSARA: Loco estoy.
Muestra mujer.
DÉBORA: No la doy
para que te enojes más.
De aquí adelante tendrás
por defensa de Israel705
un contrario más crüel
en el que informas así;
que por eso le ceñí
verdes hojas de laurel.
Resucitado a Josué710
otro Judá ha nacido
que a tu poder atrevido
el castigo justo dé,
y no será lo que fue.
SÍSARA: Bárbaros jueces nombráis715
cuando cautivos estáis,
pero bien es que mostréis
cuán poco valor tenéis
pues de un caduco os fïáis.
BARAC: Sísara, si no te viera720
de tus carros rodeado,
verte [he] de mí castigado
y que el castigo te diera.
Cubra la verde ribera
del Carit y del Cisón,725
tu innumerable escuadrón
agote el claro Jordán.
Sube en tus carros. Serán
los que perdió Faraón.
Vuelve a Haroset y no esperes730
a que tu injusto rigor
tanto incite mi valor;
que te deshonras si mueres
desarmado.
SOFONISA: Si me quieres,
como dices, no aventures735
tu vida y mi mal procures.
¡Si es difícil de vencer
hasta que con el poder
las victorias asegures!
SÍSARA: Aunque del furor vencido,740
tu mandamiento obedezco
y las causas que te ofrezco
de estos que libres han sido.
Vuestros nombres no he sabido.
DÉBORA: Débora y Barac serán745
los que guerra te darán.
SÍSARA: Débora, guarda mi espada.
DÉBORA: Presto la verás manchada
con la sangre de Canaán.
SÍSARA: ¡Qué arrogancia de mujer!750
¡Y qué viejo confïado!
La guerra habéis publicado
que vuestra muerte ha de ser.
BARAC: Dios tiene el sumo poder.
SÍSARA: ¿Qué poder si vivo estoy755
y asombro a los cielos doy?
DÉBORA: Confía en el Dios de Isaac.
TODOS: ¡Vivan Débora y Barac!
SÍSARA: Rabiando de enojo voy.
Vanse y sale SIMANEO
SIMANEO: Cada hora, cada instante760
va creciendo mi amorío;
de noche no temo el frío,
no hay día que el sol me espante.
Ya no voy tras el ganado
con el gusto que solía.765
Yo que amor no conocía
en su ciencia soy letrado.
Ésta es la tienda en que están
las dos de todos servidas,
que de mozas tan garridas770
inficionados están.
Saber un cantar quisiera
con qué llamase a Tamar,
pues que no sabe el cantar
ruiseñor de esta ribera,775
como ella. ¿Qué podré hacer
para que pueda salir?
Que es leer y no escribir
el cantar y no tañer.
Gente suena. ¡Juro a mí!780
Instrumentos traen. Quisiera
que alguno un cantar dijera,
y se hiciese, porque así
dijera que había sido
requebrando a mi morena785
a costa de voz ajena
que ya es uso introducido.
Salen FINEO y los MÚSICOS
FINEO: Como el bien aún no poseo
que con esperar me engaña,
adorando a esta cabaña790
le doy aliento al deseo.
A mi esposa querida
darle música concierto;
que en cuidado tan despierto
no ha de haber alma dormida.795
SIMANEO: Éste es mi amo.
FINEO: ¿Quién va?
SIMANEO: Bien arrebozado estoy.
FINEO: ¿Es Simaneo?
SIMANEO: Él [soy].
Todos estamos acá.
FINEO: Pues tú, ¿qué haces aquí?800
SIMANEO: También soy persona yo,
y sus virotes gastó
Amor, como en vos, en mí,
y si a Tamar no me dais,
amor, guárdaos el ganado.805
FINEO: Gusto infinito me has dado.
SIMANEO: Como en esperas andáis
de casaros, los desvelos
diferenciáis de los dos;
que gocéis la esposa vos810
y acá que nos papen duelos.
[…………………..]
FINEO: Calla; que yo estoy aquí
para que imites a mí.
[……………………]815
MÚSICOS: “Levanta, paloma mía.
Suene a mi oído tu voz,
la de la tórtola a mí
en nuestra tierra se oyó.”
Dentro820
JAEL: Muéstrame, adorado mío,
dónde, en ardiente calor,
apacientas tus rebaños
pues ves que a buscarte voy.
[TAMAR]: Estando el rey en su trono,825
el nardo dióme su olor.
Hija de Jerusalén
hermosa aunque negra soy.
MÚSICOS: “A estos montes de Judá
mi bella esposa subió,830
hermosa como la luna,
escogida como el sol.”
JAEL: Si viéredes a mi esposo,
bellas hijas de Sïón,
llamadle y decidle todos835
que estoy muriendo de amor.
Salen JAEL [y TAMAR]
Levantéme, esposo, a verte
cuando mi alma te oyó,
llenas de mirra las manos
para que abriesen mejor.840
FINEO: Ábreme, esposa querida,
que el invierno no pasó,
y el verano a dar empieza
dulce fruto entre la flor.
Ya se llega el mismo tiempo845
de nuestra imaginación,
fruto ha dado la higuera,
la viña flores brotó.
Por el desierto subiste
como hermosa inspiración850
del vino que de la mirra
y del incienso nació.
Es aceite derramado
tu nombre. Tras ti me voy
al olor de tus aromas855
de infinita estimación.
Los tabernáculos santos
del Cédar del rey mayor
el vestido a tu belleza,
son propia comparación.860
Hermosa eres, mi Jael,
y mancha en ti [no] se halló.
Tórtolas son tus mejillas,
palomas tus ojos son.
Tu cabellera el rebaño865
de las cabras que subió;
del monte Galaad quedaba
bellísimo resplandor.
SIMANEO: ¿No dejaréis que requiebre
a Tamar un poco yo?870
FINEO: Antes quiero que nos vamos.
Que descanse y es razón.
JAEL: ¿Qué más descanso que el verte?
FINEO: Adiós, mi Jael.
JAEL: Adiós.
SIMANEO: Vamos cantando, zagales,875
una amorosa canción.
MÚSICOS: “Si tus ojos se ponen,
zagala bella,
no habrá luz que me alumbre
cuando amanezca.”880
Vanse todos

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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