La adúltera virtuosa — Jornada I

LA ADÚLTERA VIRTUOSA

Antonio Mira de Amescua

Texto basado en la copia única, una suelta colocada en la Biblioteca del Estado en Munich, y preparado por Vern Williamsen en forma electrónica en el año 1988. Luego fue preparado en la forma presentada aquí en 1995.


Personas que hablan en ella:

  • El REY de Nápoles
  • El VARÓN
  • El CONDE
  • El marqués ASTOLFO
  • El duque MAURICIO
  • Don FELIPE de Cardona
  • El duque CLAUDIO
  • El marqués CARLOS
  • FRISÓN, lacayo
  • ALBERTO
  • CATALINA, Reina de Nápoles
  • Doña JUANA de Aragón
  • Doña INÉS, camarera
  • CLAUDIO, villano
  • CORIDÓN, villano
  • GACENO, villano
  • JULIO, criado
  • LUPERCIO, criado
  • CRIADOS
  • GUARDIAS
  • CAPITANES

JORNADA PRIMERA


Salen el duque MAURICIO, y la duquesa doña JUANA, su mujer, doña INÉS, su camarera, el duque CLAUDIO, el marqués CARLOS, y gentiles hombres. Todos salen como desposorio
CARLOS: Ya en el domo, el cardenal
a vueselencias aguarda,
y en el palacio real
vi cercados de la guarda
los mármoles del portal.5
CLAUDIO: ¿Qué falta para salir
agora a la santa iglesia?
MAURICIO: El rey.
CLAUDIO: Pues, ¿ha de venir?
MAURICIO: A honrarnos.10
CLAUDIO: De su prudencia
más se puede presumir.
JUANA: Quiere honrarnos, siendo hoy
de nuestras bodas padrino;
que porque española soy,
me favorece.15
CARLOS: Imagino
que oyendo la guarda estoy.
Dentro
GUARDIA: ¡Plaza, plaza!
MAURICIO: Él es, sin falta.
A recibirle salgamos,
pues una merced tan alta
de su clemencia alcanzamos.20
CARLOS: Pienso que caeréis en falta,
porque ya está arriba y llega
donde estáis.
Dentro
GUARDIA: ¡Plaza!
Salen el REY, el CONDE y VARÓN
MAURICIO: Señor,
mi humildad a estos pies llega,
pues tan inmenso favor25
hoy deja la envidia ciega.
¿Cuándo, señor, merecí
que mi casa y su humildad
tal huésped tuviera en sí?
REY: Alzad, duque; duque, alzad.30
MAURICIO: Quisiera tener aquí
riquezas para ofrecerlas
a estos pies; que sólo ellos
pudieran enriquecerlas,
[…………………..- ellos]35
[…………………..- erlas]
y que del rubio arrebol
tapices el sol le diera,
sus Indias el español,
y, al fin, que esta casa fuera,40
señor, la Casa del Sol.
REY: Duque, su adorno y concierto
es digno de gran valor.
A encarecerlo no acierto.
Poned la gorra.45
MAURICIO: Señor…
REY: Basta, no estéis descubierto.
Y vos, señora, seáis
a esta tierra bien venida,
que enriqueces y adornáis.
JUANA: Ya que con alma y con vida50
una crïada tengáis
en mí…
REY: (¡Oh, España, perfeta Aparte
región, cielo en serafines,
a quien el orbe respeta,
muerto soy!) Para chapines55
[os] doy, duquesa, a Gayeta.
JUANA: Merced de esas manos es.
REY: Y a Coloneta posean
vuestros pies; que razón es
que estos dos ciudades sean60
chapines de vuestro pies.
JUANA: Como de tan gran padrino
son las arras,…
REY: Duque, a vos
por mil razones me inclino.
(¿Qué es esto? ¡Válgame Dios! Aparte65
¿De dónde mi suerte vino?
Parece cosa imposible;
libre entré, cautivo estoy.
¡Oh, Amor, oh dios invencible!
Pero soy rey y hombre soy,70
y enamorarme es posible).
¿No vamos?
MAURICIO: Gran señor, sí,
porque aguarda el cardenal.
REY: (Loco estoy, no estoy en mí. Aparte
¡Oh, española, por mi mal75
y por mi muerte te vi!)
Vuestro padre, el duque, es
deudo mío muy cercano,
y un gran príncipe después.
JUANA: Es hechura de tu mano,80
y yo alfombra de tus pies.
REY: Levantaos, ¡por vida mía!
La gente de España sola
sabe enseñar cortesía!
(Un infierno es la española, Aparte85
y es su mano nieve fría).
¿Queda en Ribagorza agora
su excelencia?
JUAN: Hasta Colibre
me acompañó.
REY: ¡Hola! ¿No es hora?
¿Qué aguardamos? (Dios me libre). Aparte90
MAURICIO: A vuestra alteza.
REY: Señora,
¿cuándo a la reina veréis?
JUANA: Mañana la iré a besar
las manos.
REY: ¡Hola! ¿Qué hacéis?
¿No vamos?95
MAURICIO: Si das lugar,
sí, señor.
REY: ¿No le tenéis?
(Ya, Amor, te rindo la palma). Aparte
CARLOS: Al cardenal desigual
disgusto le da esta calma.
REY: (Ya me hace este cardenal Aparte100
cardenales en el alma).
Vamos, duquesa. (¡Oh, cuál voy! Aparte
Ten lástima, Amor, de mí).
[A un lado los dos]
¡Conde!
CONDE: A tus pies estoy.105
REY: Finge que me das aquí
un papel.
CONDE: Ya te le doy.
Señor, aqueste papel…
REY: ¿Es de la reina?110
CONDE: Señor,
es de su alteza.
REY: ¿Y en él,
qué me escribe? (¿Cómo, Amor, Aparte
siendo niño, eres crüel?)
[A un lado CARLOS y CLAUDIO]
CARLOS: Las bodas vendrán a ser
muy tarde ya.115
CLAUDIO: Por su alteza
se han venido a detener.
CARLOS: Ser tarde es mayor grandeza.
REY: Por fuerza he de responder.
Dadme recado. Llevad,
duque, a la duquesa al Domo,120
y en ella un poco aguardad
mientras escribo. (¡Ya tomo Aparte
veneno!)
CLAUDIO: ¡Plaza!
CARLOS: ¡Apartad!
JUANA: Vuestra alteza dé licencia.125
REY: Es darla muy justa cosa,
que se ve en vuestra prudencia
que sois cortés como hermosa,
y hermosa por excelencia.
CLAUDIO: Sospecho que las dos son.130
MAURICIO: Llegan carrozas, ¿qué esperas?
Vanse todos y quedan el REY, el CONDE y VARÓN
REY: (¡Ay, Elena de Aragón, Aparte
nunca a Nápoles vinieras,
si has de ser mi perdición!
Nunca tu fama creí,135
pero tus ojos han sido
basiliscos para mí,
que en un instante han perdido
mi ser, y mátanme así).
Conde, Varón, no hay quien venza140
mi enemigo, estoy mortal,
no hallo quien mi mal convenza.
CONDE: Señor, ¿qué tienes?
REY: Un mal
que se dice con vergüenza.
El alma tengo ofrecida145
a un dios desnudo y sin ley.
VARÓN: ¿Hay vergüenza que eso impida?
REY: Sí, que enamorarse un rey
es bajeza conocida.
¡Ay, hermosa doña Juana,150
divino sol de Aragón!
[……………… -ana]
[……………… -ón]
[……………… -ana].
Nunca vieras las riberas155
del mar; que, lleno de asombros,
vieras sus entrañas fieras
cuando en sus celosos hombros
pasó en salvo tus galeras.
A pesar de los timones,160
las ondas se te cuajaron;
nunca ninfas ni tritones
por verte pasar, fundaran
espumosos torreones.
En vuestras manos está165
hoy mi vida.
CONDE: ¿Eso, señor,
tanto cuidado te da?
Siendo rey y con amor,
¿quién resistirte podrá?
Pero la que pasa allí170
es, señor, su camarera.
REY: Pues, llámala. Estoy sin mí.
Mas no la llames, espera.
VARÓN: Luego, ¿tienes miedo?
REY: Si.
VARÓN: Pues, desengañarte puedo,175
que será tu mal terrible.
REY: De Amor este miedo heredo,
que es hijo de lo imposible,
y es compañero del miedo.
Más vale, conde, llamar.180
CONDE: Voy.
Vase el CONDE
VARÓN: A esta mujer allana
con dar; que las vence el dar.
Eva tomó la manzana
porque supiese tomar.
Salen el CONDE y doña INÉS
INÉS: ¿Qué me manda vuestra alteza?185
REY: Levantad.
INÉS: Muy bien estoy
delante vuestra grandeza,
que sois rey.
REY: Aunque lo soy,
tratadme con más llaneza.
¿De dónde sois?190
INÉS: Soy, señor,
de España.
REY: Dicen que es bella.
[Aparte a VARÓN]
¿No entro bien?
VARÓN: Dile tu amor,
que yo he colegido de ella
que lo entenderá mejor.
REY: ¿Cuánto ha que acompañáis195
la duquesa?
INÉS: En su servicio
nací.
REY: ¿Y en qué os ocupáis?
INÉS: En su cámara.
REY: ¿En qué oficio?
VARÓN: ¡Rey!
CONDE: ¡Señor!
REY: Necios andáis.
INÉS: Soy, señor, su camarera.200
REY: ¿Está la duquesa inclinada
a fiestas? Que hacer quisiera
fiestas, si de ella se agrada.
INÉS: No, de ninguna manera
REY: ¿Suele a saraos acudir?205
INÉS: Pocas veces.
REY: ¿Danza?
INÉS: Un poco.
REY: ¿Nota bien? ¿Sabe escribir?
INÉS: Bien, mas lo aborrece.
REY: (¡Loco Aparte
estoy!) ¿Tiene en el vestir
cuidado?210
INÉS: No, que es modesta
en las galas.
REY: ¿Es amiga
de visitas?
INÉS: Si es honesta.
REY: ¿De terrero?
INÉS: Es enemiga.
REY: ¿Es conversable?
INÉS: Es compuesta.
REY: ¿Trata espejo cristalino?215
INÉS: (Las preguntas que he escuchado Aparte
más son, a lo que imagino,
preguntas de desposado
que preguntas de padrino).
REY: Pues, ¿a qué se inclina?220
INÉS: Al monte,
donde sigue el jabalí,
o por el verde horizonte
al oso, y al hallarle allí,
siguiera al rinoceronte.
Cuando estaba en Ribagorza,225
por los matizados ramos
mataba el gamo y la corza;
que son de bronce sus manos
aunque parecen de alcorza.
REY: ¡Hola! Desviáos allá.230
Si de mi parte un recado
le das hoy, tuyo será
en Nápoles un condado,
y a mi cuenta quedará
el casarte. ¿Qué te alteras?235
Yo soy rey, y por un rey,
cuando tú en ello perdieras,
que hagas es razón y ley
lo que por ninguno hicieras.
De tal suerte me ha dejado240
su donaire y su hermosura
que hasta el alma me ha abrasado,
y no juzgues a locura
este amoroso cuidado.
INÉS: Señor, si no imaginara245
que eres mi rey, de otra suerte
lo que me has dicho tomara.
Que soy española advierte,
y de sangre ilustre y clara.
Y si como ese condado250
me das, tu reino me dieras,
lo hubiera aquí despreciado
como por él me pidieras
tercería ni recado.
Si el alma, señor, te engaña,255
Nápoles te podía dar
actor de tan torpe hazaña;
que yo sé servir y honrar,
porque he nacido en España.
Vase INÉS
VARÓN: Señor, ¿cómo ha respondido?260
REY: Ha respondido de suerte
que he quedado sin sentido.
La sentencia de mi muerte
me ha pronunciado y leído.
CONDE: Al fin, ¿respondió que no?265
REY: No la escopeta preñada
de tal suerte respondió,
del pedernal agraviada
que con violencia le hirió.
VARÓN: Pues, señor, escribe luego270
un papel, con que podrás
templar su desasosiego.
REY: Y si tú el papel le das,
pondrás templanza en mi fuego.
CONDE: Vamos, señor, que te aguarda275
el cardenal, y con él
los novios.
REY: Llama a la guarda,
Varón. ¿Al fin, que el papel
veré en su mano gallarda?
VARÓN: Él templará tus enojos.280
Sale CARLOS
CARLOS: A vuestra alteza real,
el cardenal…
REY: ¡Oh, qué enojos!
Vamos, que este cardenal
ya le llevo entre los ojos.
Vanse, y salen don FELIPE de Cardona y el marqués ASTOLFO, de camino
FELIPE: Un pobre caballero soy de España,285
y si otra cosa escriben, es engaño;
que un humilde crïado me acompaña
en mis desdichas puede haber un año.
ASTOLFO: El que escribe esta carta no se engaña
ni pretende con ella vuestro daño;290
amigo es vuestro, y tanto que la vida
pondrá por vos.
FELIPE: ¿La letra es conocida?
ASTOLFO: La letra es conocida y la persona
que la escribe lo es más.
FELIPE: ¿Veré la firma?
ASTOLFO: Dice la firma “El duque de Cardona,295
y vuestro padre.”
FELIPE: Basta. Si él lo afirma,
su hijo soy, que su valor me abona,
y en su sangre y nobleza me confirma,
la mía de su pecho la recibe.
Y en ella, ¿qué os escribe?300
ASTOLFO: Esto me escribe:
Lee
He sabido que el Conde de Ampudias, mi hijo,
está entretenido en las galeras de vueseñoría.
Recibiréla muy grande en que le favorezca,
porque es fuerza que viva así encubierto hasta
que en desafío, como honrado caballero, vengue305
la muerte de don Carlos, su hermano, si el rey
se lo otorga. Vueseñoría le apadrine; que la
merced que recibiere correrá por cuenta mía.
Dios me guarde a vueseñoría mil años.
De Barcelona, y marzo . El Duque de Cardona.310
FELIPE: Ya, famoso marqués, que habéis sabido
quién soy, es justa cosa que os declare
la forzosa ocasión de haber venido
donde vuestro valor mi agravio ampare.
Salí de Cataluña, y he corrido315
toda la Francia, y quiere Dios que pare
en vuestras baleáricas riberas,
coronadas de naves y galeras.
Es, marqués, mi propio nombre
don Felipe de Cardona,320
porque de una misma suerte
duque y ducado se nombran.
Entre mi famosa casa
y entre la casa famosa
de los Aragones hay325
una entrañable discordia.
Mas viendo el rey de Aragón
y el Conde de Barcelona
que la paz de un casamiento
todo lo allana y conforma,330
concertaron de casarme
con la divina y hermosa
doña Juana de Aragón,
sol claro de Ribagorza.
Otorgados los conciertos,335
para las arras y bodas,
dio cornerinas el Asia,
y dio el África heliotropias.
Otra vez el Pirineo
derritió sus blancas rocas340
vertiendo sierpes de pala
que por su falda se enroscan;
que alegres del casamiento,
pienso que hacía de todas
virillas, para adornar345
los chapines de mi esposa.
Hasta el mar quedó empeñado,
pues, despreciando el aljófar,
sacó perlas transparentes
de los cofres de sus conchas.350
Quedó sin telas Milán
y sin riquezas la Europa;
el Betis sin los caballos
que engendró en su madre Bóreas.
Al sol vimos despeado355
que por darme su carroza,
haciendo largos los días,
caminó a pie por sus zonas.
Esparcióse por el mundo
la fama de nuestras bodas,360
y en Milán por el palacio
del duque Francisco Esforcia,
envidioso de mis bienes,
quiso atropellar mis glorias
pidiendo para su hijo365
esta divina española.
El cual, mientras vive el padre,
dicen que en Nápoles goza
el ducado de Milán
y el marquesado de Soma.370
Y viendo que es la vejez
avarienta y codiciosa,
en trescientos mil ducados
por hacerme mal, la dota.
Y al conde, contrario nuestro,375
le hace el interés que rompa
los conciertos y palabras,
invencible en nobles bocas.
Hicieron nuevos conciertos
y el novio lleno de joyas380
pasó a ofrecerlas a España
a las plantas de la novia.
En cimientos de zafiros,
entre las azules ondas,
fundaron un edificio385
de quien los mares se asombran.
De cristal y oro formadas
eran las gallardas popas,
y en los árboles pendían
mil flámulas revoltosas.390
Quejáronse, hiriendo el viento,
los clarines, y las trompas
de vanidad se hincharon,
las bastardas y las bordas.
Al fin, a pesar del golfo,395
las seis cajas voladoras
roncaron en Vinaroz,
libre la apacible costa.
Desembarcaron en ella
y desde allí a Zaragoza400
llegaron en pensamientos,
que pueden serlo las postas.
Yo, de mi esposa llamado,
también me acercaba en otras,
que la mar a los amantes405
les da la vida por horas.
Traía treinta crïados,
todos con capas gasconas,
con los aforros de tela
de color de mi congoja;410
y con don Carlos mi hermano
otras ilustres personas,
que fueron a ser testigos
de mi lamentable historia.
Desempedrando la calle415
llegamos juntos en tropa
a las puertas de su casa,
cerradas para mi gloria.
Y entrando alegres por ellas
vimos una Babilonia420
en la confusión de lenguas
italianas y españolas.
Al fin, gente de palacio,
que corren cruzan y estorban;
y sin saber a qué van,425
unos con otros se topan.
El alboroto y las luces,
de quien huían las sombras,
a saber nos obligaron
por qué causa se alborotan.430
Un paje dijo… no puedo
parar a contarlo ahora;
mas otro, sin preguntarlo,
nos dijo de aquesta forma:
“¿Es posible, mis señores,435
que este regocijo ignoran?
¿No saben que doña Juana
aquesta noche se otorga
con el duque don Mauricio,
que ha llegado por la posta?”440
Yo entonces –entre los labios
el alma– dije: “¿Tú ignoras
la causa de este alboroto,
pues al revés nos informas;
que es el que viene a otorgarse445
don Felipe de Cardona,
conde de Ampudias y duque
de su nombre y casa propia?”
Respondió: “Reíos, señor,
que es el que se otorga agora
don Mauricio, que de este otro450
no hacen caso ni le nombran.
Y si no queréis creerme,
subid allá, que os importa,
si os deja el mar de la gente
romper sus confusas olas.”455
Yo, entonces, como la bala
que escupe la negra boca,
oprimida del salitre,
que gime cuando la [arroja],
me subo por la escalera,460
y tras mí mi gente toda,
y a pesar de los porteros
entro, aunque el paso me estorban.
Llegué a la postrera sala,
y a la luz de cuatro antorchas465
pudieron ver mis dos ojos
mis celos y mis deshonras.
Mas no las vieron apenas
cuando mi cólera loca,
mis razones, y mi espada470
toda la gente alborotan.
Vieras, sin ser primavera,
brotar relucientes hojas,
que son árboles los hombres
cuando se enfadan y enojan.475
Doña Juana alborotada,
descompuesta y vergonzosa,
da voces, y el duque aleve
toda la gente convoca,
y por la espalda a traición480
llegó una punta alevosa
al corazón de mi hermano,
de donde el alma le corta.
Y entonces a mis contrarios
acometí de tal forma485
que no dejara a ninguno
a ser en el campo a solas.
Acudió el pueblo, y fue fuerza,
porque nadie me conozca,
dejar la ciudad y el reino,490
vertiendo enojo y ponzoña.
He desafïado al duque,
pidiendo campo en Saboya,
en Francia y en Alemania.
A Nápoles vengo agora495
para que el rey don Alonso
me le otorgue; y si le otorga,
él como buen caballero
en el campo me responda.
Que después de haberlo muerto500
ha de ser mi amada esposa
doña Juana de Aragón,
que como el alma me adora.
ASTOLFO: Como vengo de correr
desde Asia a Constantinopla,505
y he estado ausente del reino,
no he sabido vuestra historia.
Y pues, señor, el serviros
es obligación forzosa,
no habrá cosa en vuestro gusto510
que delante se me ponga.
FELIPE: Ya agradezco esa merced
pero sabed que me importa
darle muerte en estacada,
que he de vengarme con honra.515
Sale FRISÓN, lacayo, de camino
FRISÓN: No quisiera haber quedado
en Nápoles, por no ver
el mal que no ha de poder
ser de mi lengua contado.
O entrando en ella, señor,520
cogiérame una pared
o matárame la sed,
que es la maldición mayor.
Hartárame en el camino
de agua en las cisternas frías,525
y en todas sus hosterías
no hallara un trago de vino.
FELIPE: ¿Qué traes, Frisón?
FRISÓN: No sé
por donde empiece a contar
tu mal.530
FELIPE: ¿Qué, siempre has de estar
borracho?
FRISÓN: Yo callaré.
FELIPE: ¿Qué has de callar y decir?
FRISÓN: Con lo que estoy consolado
es con ver que anduve honrado535
y que honrado he de morir.
En su diluvio, Noé
no hizo tanto como yo.
FELIPE: ¿Qué hiciste?
FRISÓN: El mundo lo vio.
FELIPE: ¡Ah, cuero!540
FRISÓN: Yo callaré;
mas sólo, señor, te digo
que hice por ti en la ocasión
lo que no hiciera un león;
que en la ausencia es el amigo.
Que estocadas le tiré545
a un franchote por San Ponce
que a esperarme fueron once.
FELIPE: ¿Qué dices?
FRISÓN: Yo callaré.
FELIPE: Si en Nápoles has bebido,
cuéntame lo que has soñado.550
FRISÓN: Yo soy un lacayo honrado,
dentro [en] Gascuña nacido,
y bebo lo que me basta.
ASTOLFO: ¿Quién es éste?
FELIPE: Es un garzón
que me acompaña.555
FRISÓN: Frisón
me llamo.
ASTOLFO: Lindo humor gasta.
FELIPE: Si vienes en tu jüicio,
Frisón, lo que has visto cuenta.
FRISÓN Vi la ocasión de tu afrenta.
FELIPE: ¿A quién?560
FRISÓN: Al duque Mauricio,
señor, sólo en dos razones:
doña Juana de Aragón
y el señor duque, si son
casarse las velaciones,
se iban, señor, a casar565
a la iglesia; mas vengado
quedas, pues yo, alborotado,
sin poderme reportar,
meto mano, y no esperaron,
y crïados que volvieron570
seis coscorrones me dieron
y por necio me dejaron.
Yo en el campo me quedé
sin hüir, y así la gloria
me dieron de la victoria.575
FELIPE: No hables más.
FRISÓN: Yo callaré.
FELIPE: ¡Válgame Dios! ¡Jesús! ¡Qué doña Juana
de Aragón es mujer que me ha engañado!
¡Qué me ha salido mi esperanza vana!
¡Qué por el duque aleve me ha dejado!580
Forzaríala el padre, cosa es llana;
mas, ¿qué albedrío se rindió forzado?
Ella de voluntad se casaría.
¡Mal haya el hombre que en mujeres fía!
ASTOLFO: Callad, que por ventura será engaño585
y la verdad en Nápoles veremos.
FELIPE: Verdad, marqués, será, siendo en mi daño.
ASTOLFO: ¡Hola! Postas nos dad. No hagáis extremos.
Desde hoy en mal o en bien os acompaño.
FELIPE: Mi vida es vuestra.590
ASTOLFO: Juntos moriremos,
que está ya vuestro agravio a cuenta mía.
FELIPE: ¡Mal haya el hombre que en mujeres fía!
Vanse, y salen el REY, el CONDE y el VARÓN
REY: Sus colores sacar quiero
en estas fiestas mañana.
¡Ay divina doña Juana!595
Llamad, conde, al camarero.
VARÓN: Hoy viene sin falta a ver
a la reina, mi señora.
REY: ¿Cuándo lo supiste?
VARÓN: Agora.
REY: Varón, tuyos han de ser600
el alazán español
que me envió el de Castilla,
con caparazón y silla,
y el bayo, que los del sol
deja atrás con ligereza,605
y tuyos aquellos tres
en que subí ayer.
VARÓN: Los pies
mil veces beso a tu alteza.
CONDE: Ya viene, señor.
REY: Ya viene,
Varón. Idla a recibir.610
Vos, también podéis salir.
Salid presto, ¿qué os detiene?
CONDE: De aquesto admirarme quiero.
REY: ¿No basta quererlo yo?
CONDE: Pues, ¿cuándo se recibió,615
señor, a tu camarero?
REY: No le recibáis, Varón,
que fue inadvertencia mía,
entendiendo que venía
doña Juana de Aragón.620
CONDE: Antes, señor, yo sospecho
que el duque y ella se van,
según dicen, a Milán,
y que [este] viaje está hecho.
REY: Malas nuevas os dé Dios.625
CONDE: Ellos a decirlo obligan.
REY: Yo quiero que ellos lo digan
y que no lo digáis vos.
CONDE: Verdad es que en la ciudad
se publica y no se esconde.630
REY: No todas las veces, Conde,
se ha de decir la verdad.
CONDE: Antes, señor, si la digo
es para que busques medio
para impedirlo.635
REY: Remedio
me dad, pues.
CONDE: Tu gusto sigo.
Ofrécele tus galeras
y haz que el marqués las prevenga,
y di que los entretenga
con engaño en las riberas.640
Y en tanto, puedes…
REY: ¿Qué puedo?
CONDE: Temo.
REY: Acaba, ¿en qué reparas?
CONDE: Tengo miedo.
REY: Si tú amaras,
no tuvieras, Conde, miedo.
CONDE: Puedes hacer que le den645
muerte con secreto.
REY: ¿Muerte?
CONDE: Sí, pues, ¿puedes de otra suerte
gozar la ocasión más bien?
Porque estando el duque vivo,
será imposible vencella,650
porque la española bella
le tiene amor excesivo.
REY: Ése es muy grande subsidio.
CONDE: Amor tiene aqueste imperio.
REY: Dime, ¿no basta adulterio655
sin también homicidio?
CONDE: David hizo con Urías
lo mismo por Bersabé.
REY: Después regó a Gelboé
con llanto y lágrimas frías.660
CONDE: Pues tú harás eso después
como David.
REY: Tengo amor
al duque.
CONDE: Templa, señor,
tu voluntad, si así es;
que mal le puedes querer665
bien, procurándole mal,
que no hay mal que sea igual
al codiciar la mujer.
REY: Si él a la guerra se va
y queda acá doña Juana,670
¿mi pretensión no está llana?
CONDE: No, que se la llevará
consigo, que agora son
recién casados.
REY: Amigo,
siendo así, su amor maldigo.675
CONDE: Doña Juana de Aragón
es noble, y aquesto baste,
y él vivo, no has de vencella.
REY: Conde, yo muero por ella
después que me la nombraste.680
Muera el duque y muera el mundo,
que es justa razón y ley
que él muera y que viva un rey.
CONDE: Yo en justa razón lo fundo.
REY: Mueran mil duques.685
CONDE: Señor,
hoy he de darle el papel
y colegiremos de él
si es invencible su amor.
Si a él responde, aunque enojada,
es pedir que otro le des;690
que ésta entre las damas es
una lección muy usada.
REY: Callad, que viene la reina.
Sale la REINA
REINA: ¿Qué hace vuestra alteza aquí?
REY: ¡Oh, reina! (Mas, ¡ay, que en mí Aparte695
sola doña Juana reina!)
REINA: Este memorial me han dado
unas pobres religiosas,
que por ser de Cristo esposas
el alma le han consagrado,700
y a vuestra alteza suplican
que [las] mande remediar,
que no pueden acabar
una iglesia que fabrican
por ser pobres y por ser705
de limosna lo que han hecho,
y está la iglesia sin techo.
REY: Mandad que le hagan hacer
a mi costa luego. Conde,
désele a su alteza gusto,710
fuera de que hacerlo es justo.
Adiós, mi señora.
REINA: ¿Adónde
se va tu alteza tan presto?
(Todos sus negocios son Aparte
con el conde y el varón.715
No sé qué sospeché de esto).
REY: Ando, señora, ocupado
en una ocupación justa,
que escriben que en Famagusta
el Otomano ha juntado720
alcaides y sus virreyes,
genizaros y galeras,
para robar las riberas
mías y de otros reyes.
REINA: Con tan justa ocupación725
muy bien mis tratos se impiden.
Sale un CRIADO
CRIADO: Licencia para entrar piden
doña Juana de Aragón
y el duque Mauricio.
REY: Ella
[puede entrar] sola.730
REINA: ¿Y él no?
REY: Aquesto he mandado yo.
REINA: Doña Juana es muy bella.
REY: Hermosa es y virtüosa.
REINA: Su virtud es manifiesta,
y sé que es cuerda y honesta735
en el grado que es hermosa.
[Aparte al VARÓN]
REY: (Procura darle, Varón
a esta divina mujer
este papel).
VARÓN: (Y ha de ser,
señor, con esta invención).740
Gran señora, una española
que está triste y afligida,
[…………… -ida]
viviendo en Nápoles sola,
aunque con su viuda madre,745
desea para vivir
a la duquesa servir,
atento a que fue su padre
de los suyos en España
crïado, y este papel750
le envía, pintando en él
su necesidad extraña.
Yo se lo había de dar,
pero mejor vuestra alteza
lo alcanzará.755
REY: Su pobreza
ya deseo remediar.
Salen el Duque MAURICIO y doña JUANA
MAURICIO: Dénos los pies, vuestra alteza.
REY: Duque, levantad del suelo,
y vos, señora. (Del cielo Aparte
es su divina belleza).760
MAURICIO: Y vuestra alteza nos dé
los pies también.
REINA: Duque, alzad,
y vos, duquesa, os sentad
aquí.
JUANA: Bien así estaré.765
REINA: Sentaos.
MAURICIO: Mi padre me escribe
que haga de la corte ausencia,
y vengo a pedir licencia.
REY: ¿Para qué? ¿Tan mal se vive
en mi corte?770
MAURICIO: Antes me muero
en ausentarme, señor.
Porque mi hermano mayor
que es de Milán heredero,
y señor de Lombardía,
está malo y quiere verme,775
y mi padre, por tenerme
consigo, a llamarme envía.
JUANA: Yo vengo a que vuestra alteza
conozca en mí una crïada.
REINA: Doña Juana, aficionada780
vuestra virtud y nobleza
me tiene, y sentiré mucho
que de Nápoles os vais,
porque todo lo alegráis.
REY: (Alma y sentido, ¿qué escucho? Aparte785
¿Qué doña Juana se ha de ir?
¿Qué su sol se ha de poner?
¿Qué al alma ha de anochecer,
y que he de poder vivir?)
REINA: Tomad aqueste papel,790
duquesa, y antes que os vais,
os encarezco que hagáis
todo lo que viene en él.
JUANA: ¿Qué me podéis mandar vos
en que yo no os sirva luego?795
REINA: Esto, duquesa, os lo ruego,
porque es servicio de Dios;
que si no, no lo pidiera.
VARÓN: (Ya el papel le dio, señor,
y le abre).800
REY: (Ayúdame, Amor, Aparte
si estás en tu quinta esfera).
Duque, en notable ocasión
me desamparáis, pues, ¿cómo,
cuando yo las armas tomo
y tremolo mi pendón,805
me desamparáis la tierra?
MAURICIO: ¿Pues, hay guerra?
REY: Cruel y brava,
que en paz Nápoles estaba;
mas ya, duque, todo es guerra.
Ya para causarme enojos810
el enemigo me acerca,
y está de mí ya tan cerca
que le miro con los ojos.
MAURICIO: Yo no he llegado a entender
que haya guerra en esta tierra.815
REY: Pues, hayla, y sólo esta guerra
vos en paz podéis poner.
MAURICIO: Si en mí consiste la gloria
no me iré.
REY: Como no os vais,
duque, y como os detengáis,820
yo saldré con la victoria.
JUANA: Señora, en lo que el papel
me pide, gusto recibo;
mas estando el duque vivo
todo corre a cuenta de él.825
Con él habla y no conmigo
que cuando su esposa fui,
la voluntad le ofrecí,
y sólo su gusto sigo.
REY: (¡Oh, qué discreta mujer! Aparte830
Darme a entender ha querido
que está vivo su marido
y no le puede ofender;
pero que si muerto fuera,
su voluntad me entregara,835
Bien su intento me declara.
¡Muera el duque, el duque muera!)
MAURICIO: ¿Qué es esto?
JUANA: Manda su alteza
que este papel satisfaga
y una buena obra [se] haga840
remediando una pobreza,
y a su alteza respondía,
mi señor, que sin licencia
vuestra, yo no…
MAURICIO: Inadvertencia,
si es la hacienda vuestra y mía.845
A su alteza le dad gusto
en lo que pide el papel.
REINA: Todo lo que pido en él,
duque Mauricio, es muy justo.
Aparte el REY, el CONDE, y el VARÓN
VARÓN: Pues el papel ha leído850
con gusto y no se ha turbado,
movido le ha tu cuidado
y tu afición le ha vencido.
CONDE: Del papel respuesta espera.
REY: (Que dé muerte a su marido Aparte855
por cifras me ha respondido.
¡Muera el duque, el duque muera!)
Duque, el turco en Famagusta
ha juntado gruesa armada,
y teniéndola cercada860
me han avisado que gusta,
antes que la señoría
socorro envíe, tomarla,
con intento de asolarla
con Chipre y con Nicosía.865
Y de aquí quiere bajar
a nuestra costa y riberas
a robar con las galeras;
y esto lo he de remediar
con que vos, duque, al momento870
mi estandarte tremoléis
y los hombros le doméis
al turquesado elemento.
Que aunque el general Astolfo
con serlo le satisfago,875
Príncipe del Mar os hago.
Id, duque, y tomad su golfo;
que la duquesa os dará,
Príncipe del Mar, licencia.
[……………… -encia].880
JUANA: Señor, si a serviros va,
no es razón que yo lo impida.
MAURICIO: Luego, señor, partiré,
y en tu servicio pondré,
si te importare, la vida.885
Salen el marqués ASTOLFO y don FELIPE
ASTOLFO: Vuestros pies, señor, me dad.
REY: Oh, marqués, habéis venido
a verme a tiempo escogido.
No estéis así, levantad.
Dicen que el turco se ha entrado890
a Famagusta.
ASTOLFO: Señor,
por la costa ese rumor
se ha extendido y divulgado.
REY: Pues, id luego a acompañar
al duque hasta el mar, marqués;895
que sois general, y él es
el Príncipe del Mar.
ASTOLFO: ¿Príncipe del Mar?
REY: Sí,
que como aunque más importe
no puedo dejar la corte.900
Hoy el duque va por mí.
[Aparte al Marqués ASTOLFO]
FELIPE: (Marqués, estoy sin sentido.
¿Duermo acaso? ¿Estoy soñando?
Pienso que me está engañando
la vista, y pierdo el sentido.905
¿No es éste el duque Mauricio?
Doña Juana de Aragón,
¿no es ésta? Sí, los dos son.
Loco estoy. Pierdo el jüicio.
¿Cómo? ¿Qué mi esposa esté910
con otro dueño a mis ojos?
¿Y que sufro estos enojos
y que muerte no les dé?
Ya no lo puedo sufrir.
Marqués, podéis perdonar,915
que pues no puedo matar
quiero salirme a morir.
Vase [don FELIPE]
ASTOLFO: Ya, señor, que mil mercedes
de vuestra mano recibo,
entre las muchas que os debo,920
que me hagáis una os suplico.
REY: Cualquier cosa que pidáis
daré con gusto infinito;
pedid, que yo os lo concedo.
ASTOLFO: Cosa honrada es la que pido.925
Ya sabéis, señor, que soy
Cardona, y que soy sobrino
de los duques de Cardona,
honor de los blancos lirios.
REY: Ya lo sé.930
ASTOLFO: Pues hoy en nombre
de don Felipe, su hijo,
cito a plazo y pido campo.
REY: ¿A quién?
ASTOLFO: Al duque Mauricio.
Y aquí con vuestra licencia,935
gran señor, le desafío;
que quiere dar a entender
en la batalla mi primo
que la muerte de su hermano
alevosamente ha sido.940
MAURICIO: Y yo os suplico también
que lo otorguéis; que imagino,
con sola daga y espada,
sin armas ni peto limpio,
sustentaré lo contrario.945
REY: Pues, yo otorgo el desafío
para el día que volváis
triunfando del enemigo.
ASTOLFO: Soy contento.
MAURICIO: Soy contento.
ASTOLFO: Nombre el duque su padrino.950
MAURICIO: Mi padrino será el conde.
ASTOLFO: Yo por don Felipe afirmo
que he de ser padrino suyo;
y serviros determino,
que no he de dejar por esto,955
duque, de ser vuestro amigo.
[…………………]
REY: Duque, poneos en camino
al momento, y vos, marqués,
venid, porque hagáis lo mismo.960
Adiós, señora. De vos,
duquesa, no me despido
pues quedáis en nuestra corte.
JUANA: Quedaré para serviros.
REINA: Vistadme, doña Juana,965
que en veros gusto recibo.
MAURICIO: Sé que [ella] se ocupará,
señora, en vuestro servicio.
REY: (Ay, conde, que voy sin alma). Aparte
Vanse todos y quedan la REINA y el VARÓN
REINA: Varón, mirad si ha venido970
mi confesor.
Vase el VARÓN
El papel
de las esposas de Cristo
es éste. Quiero que el conde,
pues el rey le ha remitido
su cuidado, se lo dé975
al Varón. ¡Qué bien escrito!
¡Con qué profunda humildad
su necesidad han dicho!
Quiero volver a leerle
aunque otra vez le he leído.980
Lee
“Duquesa, como el Amor,
como al parecer es niño,
es dios invencible y fuerte
contra Aníbales y Pirros,
y son de sus pies alfombras985
cetros, espadas y libros
sin respetar mi grandeza,
me ha atropellado y vencido”.
¡Oh, infamia! ¿A una honesta dama?
¡Oh, engaño! ¿A un noble marido!990
¿Que aquesto intenten los reyes
sin advertir los abismos?
¡Ah, conde y varón aleves!
¡Ah, engañosos cocodrilos,
aduladores del gusto995
y de las almas martirio!
¡Qué trocase los papeles
Dios, –¡viles!– lo ha permitido!
Sale el VARÓN
VARÓN: No ha venido el confesor.
REINA: No importa, que ya ha llegado,1000
Varón ingrato y traidor,
un mudo que ha confesado
vuestros pecados y error.
Y porque ha llegado a haber
tan poco arrepentimiento1005
en vuestro vil proceder
no os quiere absolver, y siento
yo que no os quiera absolver.
Mas mirad vuestra conciencia
si podéis reconoceros,1010
y si por vuestra insolencia
no quiere agora absolveros,
no excusa la penitencia.
Y quizá será tan fuerte
y tan corto y breve espacio1015
que vuestras culpas concierte;
si no, dejáis mi palacio
por excusar vuestra muerte.
Vase [la REINA]
VARÓN: Hasta la reina ha entendido
el engaño y falsedad.1020
Mi intención ha conocido.
¿Qué haré, si con la verdad
mi mentira ha convencido?
¿En qué opinión me tendrá?
Sale el CONDE
CONDE: ¿El rey ha salido acá?1025
VARÓN: No, conde, mas nuestro engaño
ha salido por mi daño
donde descubierto está.
La reina trocó el papel
y nuestra baja intención,1030
sin duda, ha leído en él.
CONDE: ¿Esto te causa pasión?
El rey responda por él;
que sabrá bien disputallo.
El rey solamente reina;1035
sírvele como vasallo.
VARÓN: Temo enojar a la reina.
CONDE: Anda, que el rey es mi gallo.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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