La quinta de Florencia — Jornada III

JORNADA TERCERA


Salen LUCINDO, BELARDO y ROSELO
BELARDO: Parece que a entrar no aciertas.1905
¿Qué tienes ya que temer,
honra, fama y vida muertas?
LUCINDO: Apenas oso poner
los ojos en estas puertas.
ROSELO: ¿Qué mal te puede venir,1910
pues que vienes a pedir
tu justicia?
LUCINDO: Temo entrar.
ROSELO: Prevén un honesto hablar,
y está seguro al salir.
LUCINDO: Ofendo al mayor señor1915
del mundo en este temor,
que dudar de su justicia
es ofender con malicia
la fama de su valor.
Es el Médicis famoso,1920
tan justo con el que es rico,
con el pobre tan piadoso,
tan igual al grande y chico,
tan freno del poderoso,
que le agravio en no atreverme.1925
¿Qué hará agora?
ROSELO: Acaso duerme,
que estos señores muy tarde
se levantan.
LUCINDO: Dios le guarde;
aquí puedo entretenerme.
¡Qué bellísima portada!1930
¡Válame Dios, qué de pechos
tienen por aquí la entrada!
unos a lisonjas hechos
y otros con filos de espada.
¡Qué de quejosos también!1935
o porque favor les den
o porque les pagan mal.
En fin, éste es un caudal
de un gran linaje de bien.
Representa a Dios un hombre1940
que está puesto en este estado.
BELARDO: Calla, padre, y no te asombre
haber en su casa entrado
sin traje, vestido y nombre,
pues como dices, conoces1945
su valor.
LUCINDO: A su valor
dará mi justicia voces,
que atrás deja en el temor
las hojas de honor feroces.
Estas doradas molduras,1950
estas puertas levantadas
con ricas arquitecturas,
sin ser de justicia honradas,
fueran humildes y escuras.
No las columnas en torno,1955
no los jaspes con adorno:
la justicia los realce,
que no quiere que se ensalce
la lisonja y el soborno.
Estas armas bien ganadas,1960
no por estar bien grabadas
esas grandezas merecen;
por justicia resplandecen
en las tarjetas doradas.
BELARDO: ¡Qué de historias hay aquí!1965
Todas son claras hazañas
de los Médicis.
LUCINDO: Yo fui
testigo en tierras extrañas
y en las propias muchas vi.
No siempre fui labrador,1970
algún tiempo fui soldado.
ROSELO: ¡Oh, cómo muestra valor
en aquel caballo armado!
LUCINDO: No fue el de Marte mejor.
Esta gran casa fundó1975
Cosme de Médicis.
BELARDO: ¡Qué hombre!
El mundo dél se admiró.
ROSELO: No se olvidará su nombre.
LUCINDO: ¡Qué bien le conocí yo!
ROSELO: ¿Para qué se labra aquí1980
esta insigne fortaleza?
LUCINDO: Alejandro quiere así
asegurar su cabeza.
ROSELO: Pues ¿tiene enemigos?
LUCINDO: Sí,
que la virtud soberana,1985
nunca deja de seguilla
la envidia fiera inhumana.
BELARDO: ¿Esta casa es maravilla?
¡Deleite es Villacayana!
LUCINDO: Ésa labróla Laurencio1990
de Médicis.
ROSELO: Dad silencio,
que sale el gran Duque a misa.
LUCINDO: Poco en la real divisa
del griego se diferencia.
Sale el Duque ALEJANDRO, con guardas, y CELIO
ROSELO: Agora puedes llegar;1995
atraviésate a sus pies
y no le dejes pasar.
LUCINDO: ¡Señor! ¡Ah, señor!
ALEJANDRO: ¿Quién es?
LUCINDO: Yo soy, que te quiero hablar.
Si jamás, señor, tuviste2000
lástima a algún hombre triste,
huérfano y desconsolado,
tenla de mí, que he llegado
a un mal que jamás oíste.
La pobreza de este viejo,2005
la desventura y lealtad
en tanta edad, sin consejo:
no apartes tu autoridad
de que les sirva de espejo.
Mírame, y verás en mí2010
un agravio que me han hecho,
y también es contra ti,
que llamado de tu pecho,
osé llegar hasta aquí.
Tu justicia acostumbrada2015
y tu virtud: no es posible
que no levante la espada,
con que maldad tan terrible
pueda quedar castigada.
Que si se disimulase2020
y sin castigo quedase,
no hay duda de que otra gente
se atreviese hasta tu frente,
y de ella el laurel quitase.
ALEJANDRO: Buen viejo, apártate aquí,2025
donde los que me acompañan
no te oigan.
LUCINDO: Harélo así.
ALEJANDRO: ¿En qué lágrimas se bañan
tus barbas?
LUCINDO: ¡Triste de mí!
ALEJANDRO: Amigo, aunque las culpas y delitos2030
graves y de importancia, es justa cosa
castigallos en público, mil veces
de la improvisa furia pesa al príncipe,
porque el pecado es natural al hombre,
y si tomarse de él enmienda puede2035
sin la severidad del grave escándalo,
y no excediendo de las leyes lícitas,
parece que el jüez le da más crédito.
Esto te he dicho, porque en tus palabras
me has dado a sospechar que te ha ofendido2040
alguno de mi casa, y no querría
afrentarlos en público, pudiendo
castigar en secreto su delito.
Dios puso por pastores a los príncipes
para que guarden, velen y reparen2045
la más ínfima plebe, no sufriendo
que el poderoso y rico los agravie;
dime aquí, sin que nadie nos entienda,
de qué te quejas, y la causa.
LUCINDO: Escucha:
sabrás qué es, y que la causa es mucha.2050
Sobre las aguas del río
que por la ribera corre
de esta famosa ciudad,
tu patria y de tus mayores,
famoso Duque Alejandro2055
de Médicis, cuyo nombre
vive, a pesar de la envidia
de lenguas en mil naciones,
tengo un molino en que vivo:
cien ovejas, dos pastores,2060
hacienda de mis abuelos,
¡qué mayorazgo tan pobre!
Seguí mozuelo las armas,
los romanos atambores,
antes que pasase a Francia2065
Carlos a los españoles.
Guïábame la virtud,
y el natural retiróme
adonde colgué la espada
y troqué el laurel en roble.2070
Caséme y tuve una hija;
murió su madre y quedóme
por gobierno y compañía,
aunque con años catorce.
Fue creciendo en la virtud2075
y en los años, cuyos loores
no te digo por ser padre,
que dirás que son conformes.
Ya que estaba en buena edad
para casarla, se opone2080
mi desdicha a su virtud.
Llora
ALEJANDRO: Prosigue, amigo, no llores.
LUCINDO: Cerca de aqueste molino
labró un caballero noble
una casa de placer,2085
casi a la mitad del bosque.
Apenas oso decirte
el nombre, porque es el hombre
que más quieres en tu casa,
y más estima tu corte.2090
Pero, pues es tan forzoso,
si las señas no conoces,
César se llama, en quien cesa
de los Césares el nombre.
Salió a caza, señor,2095
este César por los montes,
ya con los ligeros perros,
ya con los pardos halcones.
Y alguna vez, que por dicha
topó con Laura en las flores2100
de un prado, que de unas peñas
las vertientes aguas coge,
se enamoró de tal suerte,
que procuró desde entonces
vencerla con sus regalos,2105
moverla con sus razones;
mas viendo que era imposible,
y que el oro y seda en cofres
era contrastar con vidrios
de su honestidad las torres,2110
con sus crïados y amigos
vino a mi casa una noche,
con más armas y arcabuces
que si los quitara a Londres.
Y de mis brazos, que ya2115
sus secos nervios encogen,
la fría sangre en las venas,
aunque corazón me sobre,
me robó mi amada hija
con tan infames razones2120
que a mí me daba dinero,
y a Laura, marido y dote.
Asíase la cuitada
a mis brazos, dando voces
para que fuesen mis canas2125
sagrado de sus traiciones.
Pero cual suele el villano,
que con la segur de un golpe
derriba el olmo y la hiedra,
así nos aparta y rompe.2130
Llevómela de mis brazos,
gran Alejandro, y llevóme
el alma y el honor mío,
y a su castillo se acoge.
Mira tú si has visto padre2135
con más tristes ocasiones
de dolor y de ventura
en tan notable desorden.
Junté mi pobre familia
por armas y petos dobles,2140
mohosas lanzas y espadas,
que el largo tiempo corrompe.
Y en llegando a sus puertas
a las ventanas se ponen,
y quizá por espantarnos,2145
ponen al hombro las voces
y tiran tres arcabuces,
a quien el eco responde,
cuyo plomo, si le había,
no quiere Dios que nos tope.2150
Yo, viéndome sin remedio,
dejo el robo y los traidores,
y echándome en aquel suelo,
pienso abrir su centro a voces.
Pasé dos días así,2155
y el ver que hay Dios levantóme
una noche al cabo de ellos,
y cercó la casa y monte,
donde a mis tristes suspiros,
acaso, no sé por donde,2160
Laura dijo: “Padre mío,
ya que este villano torpe
satisfizo sus deseos,
atada y muerta, no enojes
al cielo, pues en la tierra
hay príncipes y señores.2165
Vete a los pies del gran Duque,
y porque el caso disforme
no pienses que es por mi culpa,
esos cabellos recoge.”
Arrojóme los cabellos,2170
que con sus manos feroces
se arrancó Laura llorando,
y díjeles mil amores.
Besélos, y en mi arrugado
pecho los puse, y sirvióme2175
de píctima su sustento,
que me faltaba tres noches.
Vine desde allí a tus pies
para que venganza tome,
y para aqueste castigo2180
de laurel tu frente adornes.
ALEJANDRO: Buen viejo, no te aflijas, que contigo
tengo el crédito justo, que este agravio
tendrá presto el castigo que merece;
mas guárdate: no sea que levantes2185
a César este grave testimonio
y me obligues a cosa que te cueste
quitarte la cabeza de los hombros,
porque César es hombre bien nacido,
bienquisto de mi casa y de mi corte2190
y con fama de casto y venturoso;
pero siendo verdad, no pongas duda,
que no te quejarás de que Alejandro
no te hizo justicia.
LUCINDO: Señor mío,
el caso es cierto, y para prueba basta2195
que tenga allá mi hija; vuestra alteza
puede envïar jüez, siendo servido,
y verá que es verdad.
ALEJANDRO: Pues vete luego
a tu casa, donde hoy seré tu huésped,
y allí sin falta comeré contigo,2200
y guárdate: no digas esto a nadie.
LUCINDO: Guárdete el cielo. Vamos, hijos míos.
BELARDO: ¿Qué has negociado?
LUCINDO: Oiréislo en el camino.
Vanse LUCINDO, ROSELO y BELARDO
CELIO: ¿Qué te quieren, señor, estos villanos?
ALEJANDRO: Hame dicho aquel viejo que en su tierra2205
anda un gran jabalí que le destruye
su hacienda, y con mil lágrimas me pide
que solamente…. Haz, Celio, por tu vida,
que mientras oigo misa, ensillen.
CELIO: Creo
que le dieras albricias al villano.2210
ALEJANDRO: (¡Así, César traidor! Agora entiendo Aparte
la causa de este mal, y lo que había
para dejar de hacer el casamiento
que os estaba tan bien; pues estad cierto
que no venza mi amor vuestra malicia,2215
ni en los Médicis falte la justicia.)
Vanse, y salen DANTEA y DORISTO
DANTEA: ¿Por adónde la has hablado?
DORISTO: Por detrás de su jardín,
entre unas matas echado,
porque allí fuera mi fin2220
si fuera de alguno hallado.
DANTEA: ¿Qué tal está?
DORISTO: Sin sentido.
No la hubiera conocido
por la cara tan feroz
que allí tiene, si la voz2225
no me tocara al oído.
DANTEA: ¿Qué te dijo?
DORISTO: Mil tristezas,
de mil lágrimas bañadas,
a quien hasta las durezas
de estas montañas peladas2230
ablandaran sus ternezas.
Contóme cómo la había
aquel tirano forzado,
y cómo se defendía;
yo, enamorado y turbado,2235
más lloraba que entendía.
Dijo que estaba encerrada
en un aposento.
DANTEA: Acaso
estará de él olvidada,
porque es el segundo paso2240
de toda mujer gozada.
En la iglesia dijo el cura,
Doristo, que cuando Amón
gozó con fuerza perjura
de su hermana y de Absalón,2245
que fue [Tamar] la hermosura,
de suerte la aborreció,
que ella mucho más sintió
que la echase aborrecida,
que la honestidad perdida,2250
aunque al alma le llegó.
Y así pienso que estará
Laura aborrecida ya,
de ese florentín Tarquino.
DORISTO: ¿Quién viene por el camino?2255
DANTEA: No llames, que cerca está.
DORISTO: Si no me engaña, Dantea,
esa rama de taray.
DANTEA: No es señor; para bien sea.
Salen LUCINDO, ROSELO y BELARDO
LUCINDO: ¡Dantea!2260
DORISTO: Nuesamo, ¿qué hay?
LUCINDO: Lo que es bien que el mundo crea
de tal príncipe y señor,
de un Médicis, en efeto,
donde es tan propio el valor.
BELARDO: ¡Qué príncipe tan discreto!2265
ROSELO: ¡Qué santo legislador!
LUCINDO: Ya viene a comer aquí.
ROSELO: Sólo diz que quiere entrar.
LUCINDO: Aunque labrador nací,
de comer le quiero dar.2270
DANTEA: ¿Decíslo de veras?
LUCINDO: Sí.
Ve, por tu vida, Dantea,
y adereza que coma,
como con presteza sea.
DANTEA: Muestra aquesas llaves.2275
LUCINDO: Toma,
y como al uso de aldea.
Vase DANTEA
BELARDO: Su nobleza, padre, es tal,
que se hallará entre el sayal,
y comerá a nuestra mesa.
LUCINDO: De que no tenga, me pesa2280
hoy, de Alejandro el caudal.
Sacad una mesa aquí,
con los manteles mejores.
Va DORISTO por la mesa
¿No canta Tirrena?
ROSELO: Sí.
LUCINDO: ¿Y Lauso?2285
ROSELO: También, que ignores….
BELARDO: De eso me espanto.
LUCINDO: ¡Ay de mí,
estoy sin entendimiento!
BELARDO: Lucindo, mostrad contento
y verá el Duque mejor
que tenéis honra y valor,2290
y que hacéis su mandamiento.
LUCINDO: Bien decís, porque ninguno
de los que vienen con él
sabe mi mal importuno;
está la venganza dél2295
en que no lo sepa alguno.
Saca DORISTO una mesa muy pobre
ROSELO: Aquí ya la mesa está.
LUCINDO: ¡Qué pobreza!
DORISTO: ¿No está limpia?
¿Qué pena, Lucindo, os da?
ROSELO: Por aquel pie se columpia.2300
LUCINDO: Ponle un canto.
ROSELO: Bien está.
LUCINDO: ¿Toallas?
Ponen unos manteles y servilletas toscas
BELARDO: No son sencillas,
pero son de Laura y tuyas.
LUCINDO: ¿Hay silla?
Saca una silla de costillas, mala
DORISTO: La de costillas.
ROSELO: Tendrá en el aire las suyas,2305
si acá no hay bordadas sillas.
LUCINDO: ¿Habrá principio?
DORISTO: No sé;
legumbre es nuestro principio.
ROSELO: En tus alientos se ve.
BELARDO: Comerá Doristo un ripio,2310
como entre alcorzas esté.
DORISTO: Vos, en adobo, un jumento.
LUCINDO: Eso, sí; mostrad contento.
BELARDO: ¿Qué mayor se ve, ni alcanza,
que el día de la venganza?2315
LUCINDO: El cielo sabe el que siento.
DORISTO: Rüido de gente suena,
que del molino el rüido
encubre.
LUCINDO: ¡Sea en hora buena!
ROSELO: ¡Señor, el Duque ha venido!2320
Tu venganza el cielo ordena.
BELARDO: Él entra.
Salen ALEJANDRO, Duque, y gente de guarda, y CELIO, de caza
LUCINDO: ¡Oh, heroico señor!
¡Qué inmortal ha de vivir
mi casa con tu valor,
que veo de grandeza henchir2325
con las obras de tu honor!
El río corre más fuerte:
sospecho que viene a verte,
y como en las ruedas toca,
a música las provoca
por donde sus aguas vierte.2330
Todas estas alamedas,
parece que están cantando
a imitación de las ruedas,
porque dice el viento blando
que no están las hojas quedas.2335
Por este monte vecino
resuena el monte un divino
acento a las aves junto,
llevándolas contrapunto
la cítara del molino.2340
Trigo vierten los graneros
ya sobre las tolvas, blancos;
todos estos molineros
se han puesto vestidos blancos
por venir de fiesta a veros.2345
Mirad bien cómo pasáis,
que os teñiréis con la harina;
pero no, que ya lo estáis
de la grandeza divina
que hoy a los Médicis dais.2350
Si queréis de nuestro oficio
parte, altísimo señor,
tomar aqueste ejercicio,
porque tenga más valor
lo que sabéis que codicio.2355
Que este río, hacer me obligo,
de cristal, sus arboledas
de esmeraldas, como digo,
y moleré en estas ruedas
aljófar en vez de trigo.2360
ALEJANDRO: Buen huésped: yo estoy contento
de tu buen acogimiento,
que estas humildes cabañas,
en tus sinceras entrañas,
hacen un rico aposento.2365
Ya que en tu molino ves
mi persona, es bien que al doble
te estimes.
LUCINDO: Beso tus pies.
ALEJANDRO: Para que un noble a algún hombre
puedas igualar después.2370
¿Cuándo iremos a buscar
aquel fiero jabalí?
LUCINDO: Aún no acabas de llegar;
descansa, señor, aquí,
pues te deja descansar,2375
que no se nos puede ir.
ALEJANDRO: ¿Eso habemos de temer?
LUCINDO: Ha hecho para dormir
cama de yerba y placer.
ALEJANDRO: Pues yo le sabré seguir,2380
en caso que se levante.
LUCINDO: Metió una cierva, señor,
en su casa el arrogante,
y con extraño furor
la deshizo en un instante.2385
ALEJANDRO: Pues si él tiene qué comer
no saldrá de su acogida.
LUCINDO: Allí le puedes coger.
ALEJANDRO: Costarle tiene la vida,
o yo no tendré poder.2390
LUCINDO: Justo parece, en verdad,
que nos come nuestra hacienda.
. . . . . . . . . .
ALEJANDRO: (¡Que este villano me entienda, Aparte
y hable con tal propriedad!2395
¡Oh, fuerza del santo honor!)
LUCINDO: Pienso que os diera dolor
la ciervecita que mata.
ALEJANDRO: (¡Qué bien de su historia trata!) Aparte
LUCINDO: Del bosque fue la mejor,2400
blanda, tierna, humilde y mansa.
ALEJANDRO: Como agora, que no importa,
mientras mi fuerza descansa.
LUCINDO: Si este cuello el Duque corta,
grandes tiranos amansa.2405
Sentaos, señor, a comer,
en aquesta pobre mesa.
ALEJANDRO: Yo lo he mandado traer,
mas de mandarlo me pesa,
pudiéndolo vos tener,2410
que fue poner en un hombre
tan honrado mal conceto.
LUCINDO: La bajeza de mi nombre
os hizo a vos tan discreto.
ALEJANDRO: (¿A quién hay que esto no asombre?) Aparte2415
No entre, Celio, la comida;
vuélvase a la gente allá.
CELIO: Estaba ya apercebida.
ALEJANDRO: Del huésped la mesa está
antes de esto proveída.2420
CELIO: ¿Meterán un par de platos?
ALEJANDRO: Tampoco aquí he de comer,
que tener aquesos tratos
con quien esto sabe hacer,
es de huéspedes ingratos.2425
Sentaos, buen viejo.
LUCINDO: Señor,
yo he de servir de rodillas.
ALEJANDRO: Yo os quiero hacer este honor:
tengamos iguales sillas,
que habéis menester valor.2430
LUCINDO: Gran señor.
ALEJANDRO: No repliquéis;
así la presa gocéis
de aquel jabalí arrogante.
LUCINDO: Llevando esta luz delante,
vencido me le daréis.2435
ALEJANDRO: Sentaos.
Siéntanse en un banquillo
LUCINDO: Ya, señor, me asiento,
mas no con atrevimiento,
ni el alma arrogancias fragua,
que era de un molino de agua
hacer molino de viento.2440
ALEJANDRO: (¡Qué entendido labrador!) Aparte
LUCINDO: Comed de aquesta pobreza,
ya que gustáis, gran señor,
de cifrar vuestra grandeza,
con hecho de tanto amor.2445
ALEJANDRO: ¿Qué hay debajo de este plato?
¿Es papel?
LUCINDO: Gran señor, sí.
ALEJANDRO: ¡Buen principio!
LUCINDO: Aunque no trato
de esto, por principio os di
de esta virtud un retrato.2450
Abre ALEJANDRO el papel y léele
[ALEJANDRO:] “El principio de la comida del buen príncipe
es la consideración de quien eligió de sus
súbditos esté a semejantes horas con hambre
de justicia.”
¡Buen principio! Yo le tomo2455
por tal, y este día le quiero,
si así mis descuidos domo.
(Pensé que era molinero. Aparte
Con un filósofo como.
Alejandro vino a ver2460
a Dïógenes un día,
y hoy lo mismo vino a ser,
y de esta filosofía
tengo mucho que aprender.)
¿Qué gente es ésta?2465
ROSELO: Han venido
a dar placer a su Alteza.
ALEJANDRO: ¿Cantan?
ROSELO: Lo que han aprendido
de este bosque en la aspereza.
ALEJANDRO: En todo discreto ha sido;
tengo notable afición2470
a la música.
ROSELO: Tirrena,
cantad alguna canción,
mientras comen norabuena
Júpiter y Filemón.
Cantan los MÚSICOS, que han de haber salido cuando se asienta a comer el Duque
MÚSICOS: “El blanco pecho desnudo,2475
entre las pequeñas sierras
que del medio levantadas
forman una blanca senda,
con una sangrienta daga
que la esmalta y atraviesa2480
de rubíes y crueldad,
está la casta Lucrecia.
Mirándola estaba Roma,
levantada su cabeza
de sus siete montes altos,2485
coronada su soberbia.
El Tibre, padre de Remo,
llorando lágrimas tiernas
quiere anegar la ciudad
por satisfacer su afrenta.2490
¡Oh, Lucrecia desdichada!
Que si en el tiempo nacieras
de este famoso Alejandro,
gran Médicis de Florencia,
no te mataras así,2495
pues era cosa muy cierta
que él vengara tus agravios,
y tú con honra vivieras.”
ALEJANDRO: ¿También por acá se sabe
esta historia?2500
LUCINDO: Sí, señor.
ALEJANDRO: Tras un principio süave,
filósofo labrador,
¿cómo un ejemplo tan grave?
Por mi fe, que la comida
me ha de entrar en buen provecho.2505
BELARDO: Trae postre.
LUCINDO: Que os pida,
ya de mi honor satisfecho,
sea de vos bien recibida,
desatino me parece,
siendo vos, señor, aquel2510
que esta humildad engrandece.
DORISTO: Aquí hay postres.
ALEJANDRO: Y un papel,
por postre también se ofrece.
Toma el papel ALEJANDRO y léele
“El postre de la comida del buen príncipe, es
que a tales horas todos sus súbditos estén2515
satisfechos de sus agravios.”
No comeré yo jamás
que de esto haya algún quejoso.
Sale DANTEA
DANTEA: Dos ciervas, si no son más,
por este bosque frondoso2520
van dejando el aire atrás.
Por la ventana las vi
que cae al río, señor.
ALEJANDRO: Pues ¡alto! Vamos de aquí,
que a vueltas de este rumor2525
se cazará el jabalí.
¿Quién es esta labradora?
LUCINDO: Mi sobrina, a tu servicio,
que ha hecho por Laura agora
de cocinera el oficio.2530
DANTEA: Eso, Lucindo, os desdora;
mas ya que el señor lo sabe,
le suplico me perdone
las faltas.
ALEJANDRO: ¡Buen rostro!
CELIO: Grave.
ALEJANDRO: Yo, porque presto se abone2535
cuanto en esta casa cabe,
tomad vos esta cadena,
para que cuando volvamos
tengáis guisada la cena.
DANTEA: No para que te sirvamos,2540
para atarnos será buena.
ALEJANDRO: Todos saben responder.
Tomá esta sortija vos,
por la canción.
MÚSICO 1: Al volver
oiréis, gran príncipe, dos2545
que os darán mucho placer:
Una de vuestros pasados
cuando vinieron de Grecia,
y otra de sus esforzados
hechos, que hoy la fama precia,2550
de su valor aumentados.
ALEJANDRO: ¿Adónde está por aquí
la casa de César?
BELARDO: Cerca.
ALEJANDRO: Pues, pasemos por allí.
ROSELO: Detrás está de esta alberca.2555
ALEJANDRO: Que yo en mi vida la vi.
LUCINDO: De camino la veréis,
gran Duque, que no es muy tarde.
ALEJANDRO: Guïadnos vos, pues sabéis;
huésped, nada os acobarde,2560
que hoy al jabalí tendréis.
LUCINDO: Vuestros perros harán presa.
ALEJANDRO: Bien le valdrá la carlanca.
LUCINDO: Por la corcilla me pesa,
que era como nieve blanca,2565
y de manchalla no cesa.
Vanse todos, y salen CÉSAR y LAURA
CÉSAR: Alza los ojos, no hagas
fáciles los imposibles.
Mira que su luz estragas
ya con tres cosas terribles;2570
mal mi amor, Laura, me pagas.
Habrá estrellas en el suelo
si dél no quitas los ojos;
rompe de la noche el velo
de estas lágrimas y enojos.2575
Serene el arco su cielo
y pase tu tempestad,
y toda mujer se esfuerza
de hacer la necesidad
virtud, porque tras la fuerza2580
se rinde la voluntad.
Yo te obligué con la mía,
con regalos, con promesas;
tú siempre rebelde y fría
a un hombre que otras empresas2585
altas en los pies tenía.
Pues viendo yo que por ti
no servía al Duque un hora,
ni estaba en corte ni en mí,
y que una noble señora2590
con un grado te perdí,
y que vine a quedar loco
de tu desdén, hice acuerdo
con quien tú estimas en poco;
y con su consejo cuerdo2595
a esta fuerza me provoco,
con la cual tomó venganza
de tu aspereza mi amor.
Esfuerza tu confïanza,
que te pagaré mejor2600
que tú tienes la esperanza.
Este Teodoro es un hombre
de virtüoso renombre,
muy de bien, muy bien nacido:
éste será tu marido,2605
porque mi bondad te asombre.
Daréte dos mil ducados,
viviréis en esta casa,
de mi hacienda regalados,
donde él mejor que un rey pasa2610
los veranos abrasados.
Tendréis doscientos y más
de salario aquí los dos;
si tú sospechosa estás,
no me olvidaré ¡por Dios!2615
de tu remedio, jamás.
Y aquí podré yo gozarte
sin que falte al Duque, un día
que venga a holgarme y hablarte,
¿no es verdad, Laura?2620
LAURA: Desvía.
CÉSAR: Mi vida, quiero abrazarte.
LAURA: ¡Suéltame, infame grosero!
Que si hasta aquí procediste
como vil tirano fiero,
en lo que agora dijiste,2625
como falso caballero.
¿Parécete, por tu vida,
que una fuerza resistida
con tan heroico valor,
se verá a dueño menor2630
eternamente rendida?
Conténtate de haber sido
quien con violencia tan loca
venció mi honor resistido;
no me deshonre tu boca2635
con darme ese vil marido;
que yo, puesto que no quieres,
te tendré en ese lugar;
tú solo, César, lo eres,
pues me pueden consolar2640
otras burladas mujeres.
Y no te doy este nombre
porque te haya amor cobrado,
que antes, para que te asombre
el rigor que has aumentado,2645
aborrezco hasta tu nombre.
Y si por necesidad
por algún resquicio había
entrado en mi voluntad
amor, ya salió este día2650
con mayor velocidad.
¿Yo, marido? ¿Yo, en tu casa?
¿Yo, en tu casa? ¿Yo, tu amiga?
CÉSAR: Eso de límite pasa
y razón.2655
LAURA: ¿Quieres que diga
que quien me goza me casa?
CÉSAR: ¿Y es malo?
LAURA: Sí, que no veo
disculpa en eso, traidor,
sino cansarse el deseo,
trocarse el odio en amor,2660
lo que ya del tuyo creo.
¿Qué más aborrecimiento
que casarme? Mas tenéis
todos ese bien violento
porque luego aborrecéis2665
tras el primero contento.
CÉSAR: ¿Yo aborrecerte, mi vida?
¡Ea, Laura; ea, mi bien!
LAURA: Suéltame, infame, homicida
de mi honor.2670
CÉSAR: ¿Tanto desdén?
Habla bien, si eres servida,
que me gastas la paciencia.
LAURA: ¿Respuesta esperas honrada?
CÉSAR: Sí, que hay mucha diferencia,
porque una mujer gozada2675
no tiene tanta licencia.
LAURA: Antes sí, porque el agravio
hace al más honesto labio
que se descomponga y mueva,
no a quien con gusto la lleva.2680
Entra OTAVIO
OTAVIO: Caso extraño.
CÉSAR: ¿Qué hay, Otavio?
OTAVIO: Viniendo el Duque a cazar,
a vuestra quinta ha llegado.
CÉSAR: ¿Quiere adelante pasar?
OTAVIO: No, porque si ya no ha entrado,2685
debe de querer entrar.
CÉSAR: ¿Qué haré?
OTAVIO: ¿De qué os turbáis?
CÉSAR: ¿Esconderé a Laura?
OTAVIO: Sí.
Entra CARLOS
CARLOS: ¡Qué descuidados estáis!
CÉSAR: ¿Cómo?2690
CARLOS: Alejandro está aquí,
señora, ¿cómo no os vais?
LAURA: ¿Que me vaya? Que me place.
CÉSAR: Deténte, que bueno fuera
que la viera el Duque, y hace
extremos que la entendiera.2695
CARLOS: Todo es honra.
OTAVIO: De eso nace;
escondelda.
CÉSAR: Este aposento
es para ello acomodado.
Entra presto.
LAURA: ¡Ah, cielo, atento
a mi mal! ¿Si habrá llegado2700
ya tu castigo violento?
CÉSAR: Entra, y apenas respires,
aunque arder el mundo mires.
OTAVIO: Laura, ni tosas ni hables.
CÉSAR: ¿Qué sucesos hay?2705
OTAVIO: Notables.
CARLOS: No te aflijas.
OTAVIO: No suspires.
Vase LAURA, y sale ALEJANDRO, CELIO, LUCINDO, ROSELO, BELARDO, DORISTO, DANTEA, TEODORO y gente de guarda
ALEJANDRO: ¿Y está César aquí?
TEODORO: Sí, señor mío.
ALEJANDRO: ¿Ha mucho?
TEODORO: Habrá seis días.
OTAVIO: Llega, César.
CÉSAR: Señor, ¿vuestra grandeza honra esta casa?
ALEJANDRO: ¡Oh, César! Yo os prometo que ella puede2710
honrar a cualquier príncipe que ponga
los pies en ella.
CÉSAR: Por merced tan grande,
señor, me dé los suyos vuestra Alteza.
ALEJANDRO: Héme holgado de ver tantas pinturas,
tan ricas salas, tan bien hechas cuadras,2715
tan bien acomodados los retretes;
tiene gentil portal, y esas ventanas
prometen un bellísimo horizonte
a los ojos que miran los jardines.
CÉSAR: La pintura, señor, es extremada,2720
la casa pobre, aunque en alegre sitio;
de Miguel Ángel son aquellos cuadros,
y del Ticiano aquella Filomena,
que forzada se queja de Tereo.
ALEJANDRO: Ésa miré con atención un rato:2725
¡qué fiero está Tereo, y qué quejosa
la bella Filomena!
LUCINDO: Allá en lo lejos
se queja bien a Pandïón, su padre.
ALEJANDRO: ¿También sabéis de historias vos, buen viejo?
LUCINDO: Como soy padre, aficionéme luego2730
a la persona de aquel rey quejoso,
viendo cómo ha sentido el ver su hija
en poder de un tirano.
CÉSAR: Razón tuvo,
que era rey en efeto.
LUCINDO: Aunque rey fuera
entonces, como yo, tosco villano,2735
sintiera con igual dolor su afrenta.
ALEJANDRO: Tiene razón, porque la honra, César,
es de tal condición, que hasta las fieras,
hasta los más salvajes animales
la estiman y agradecen a los cielos;2740
el blanco cisne el adulterio venga,
y el león de Albania la castiga y mata
a la leona, si su afrenta huele,
y por eso se lavan las leonas
cuando han cometido aquel delito.2745
¿No tienes vidrios en aquesta casa?
CÉSAR: Perdióseme la llave de un retrete
donde pudiera acaso vuestra Alteza
hallar algunos que le dieran gusto.
¿Dónde has comido?2750
ALEJANDRO: Aquí comí, en el campo.
¡Abran ese retrete, por tu vida!
CÉSAR: Yo me holgara, señor, que hubiera llave.
¿Cuándo se irá a Florencia vuestra Alteza?
ALEJANDRO: Hoy me pienso partir; mas mira, César,
que quiero ver aquestos vidrios tuyos.2755
CÉSAR: ¡Hola! ¿Tienes la llave?
TEODORO: Hase perdido.
CÉSAR: Otro día, señor, que a honrarme vengas,
los sacarán a aquesta sala todos.
¿Quieres ver los jardines?
ALEJANDRO: ¡Abran, César,
este retrete!2760
OTAVIO: (¡Aquesto va de veras!) Aparte
ALEJANDRO: ¡Ábranle, por mi vida, y no me enojes!
CÉSAR: Sin llave, ¿cómo?
ALEJANDRO: Con romper la puerta.
CÉSAR: Quebraránse, señor, algunos vidrios.
ALEJANDRO: No importa, que ya alguno está quebrado.
OTAVIO: (César, callar y oír es lo que importa. Aparte2765
¿No ves que viene aquí de Laura el padre?)
CÉSAR: Señor, ¿quiéresme oír?
ALEJANDRO: Di lo que quieres.
CÉSAR: Cuando viniste estaba entretenido
aquí con una dama de Florencia:
por tu respeto la escondí; no gustes2770
que aquí la vea toda aquesta gente.
ALEJANDRO: César, hombre soy yo, y todos son hombres;
abre, que no se espanta de eso nadie.
CÉSAR: Tú gustas, quiero abrir; vergüenza tengo.
[CARLOS habla aparte a OTAVIO]
CARLOS: Hoy temo al Duque.2775
OTAVIO: Y yo le temo, Carlos,
que en el rostro le he visto nuestra pena.
CARLOS: Pienso que el cielo esta venganza ordena.
Sale LAURA, muy triste
LAURA: Invictísimo Alejandro,
segundo del nombre en Grecia,
donde tus Médicis nobles2780
traen su ilustre descendencia,
el primero en el valor,
que de tal abuelo hereda,
y de tan famosos padres,
que dieron gloria a Florencia:2785
ved con piedad, que es tan propia
de vuestras entrañas mesmas,
la mujer más desdichada
y con mayor inocencia.
Laura soy, invicto Duque,2790
y éste que a vos me presenta
es mi viejo honrado padre,
noble, aunque de humildes prendas:
él con lágrimas amargas
que sus blancas canas riegan,2795
yo con las que veis de sangre
de mi honor y mi vergüenza.
Duélaos su cara afligida,
y mi edad, señor, os duela,
porque entre vuestras hazañas2800
la presente resplandezca.
No pido ya a un padre pobre
que me vengue de esta afrenta
contra un hombre poderoso
y en una campaña yerma,2805
sino al príncipe y a vos,
que nos ampara y gobierna,
que vos sois padre y señor,
os toca vengar mi afrenta.
Paréceme, excelso Duque,2810
que ni más notables muestras
ni lágrimas más amargas
ni más lastimosas quejas
os pueden dar mi dolor.
Mirad bien en mí y en ellas2815
una música acordada
de dos voces y mil penas.
Mirad al alto, señor,
puesto en la mayor bajeza,
y el contrabajo contento,2820
que en cualquier punto disuena.
Pobre soy, mas soy honrada,
Laura humilde pero honesta;
justicia, Alejandro noble,
aunque injusticia parezca.2825
Amáis a César y es justo,
pero si os ofende César,
no consintáis, gran señor,
que quien os ama, os ofenda.
ALEJANDRO: César, ¿qué disculpa das2830
de esta maldad, de esta ofensa?
Mas ¿cómo has de dar disculpa?
¡Que no es posible tenerla!
Antes que digas palabra,
sé la historia, y porque entiendas,2835
Carlos y Otavio, que vengo
a esto sólo de Florencia.
Llamadme de aquesas guardas
quien más ancha espada tenga,
que a los tres en esta sala2840
haré cortar las cabezas.
CÉSAR: Señor, ¿cuándo César dijo…?
ALEJANDRO: No hay aquí César; ya cesa
su amor con este delito.
Éste es fin de esta tragedia:
los tres habéis de morir.2845
CÉSAR: Pues señor…
ALEJANDRO: ¡Brava insolencia!
¿Tú hablas? ¡Venga un verdugo!
CÉSAR: ¿Sin oír? ¡Crueldad es ésa!
ALEJANDRO: Pues ¿qué más tengo de oír?
Oigo tanto, que quisiera2850
ser sordo, por no escuchar,
traidor, infamias como éstas.
¿Merecíate mi amor,
y aquella hazaña en que llega
a vencerse de sí misma,2855
de mi valor la excelencia?
¿Aquel darte a quien tú sabes,
que al fin con sospecha queda
de mi amor y voluntad,
esta vil correspondencia?2860
¿Así a las hijas de pobres,
que porque no tienen fuerza
las ampara mi persona,
las han de afrentar las vuestras?
¿A mis vasallos, traidor?2865
LUCINDO: Señor, si ella se contenta
de que sea su marido,
¿permitirás que lo sea?
ALEJANDRO: No sé yo si ella querrá,
pero como ella consienta,2870
daréle a mi César vida,
para que servirla pueda.
LAURA: Señor, por no ver morir
un hombre con tanta afrenta
satisfaciendo la mía,2875
le perdonaré la deuda.
CARLOS: César, responde que sí.
OTAVIO: Respóndela que sí, César,
que el Duque no hablara así
si no es que así lo sintiera.2880
CÉSAR: Señor, ¿no basta dotarla?
ALEJANDRO: Eso has de hacer, y con ella
te has de casar.
CÉSAR: Pues, ¿dotarla
y casarme?
ALEJANDRO: ¡Bien te quejas!
Dotarla, por si murieres2885
sin heredero, en treinta
o cuarenta mil ducados.
CÉSAR: ¡Qué rigurosa sentencia!
¿A una mujer que no es noble?
ALEJANDRO: ¡Cómo no! Llana es la prueba,2890
¡vive el cielo! que su padre
come conmigo a mi mesa.
Pues según esto, si tú,
César, me sirves en ella,
y él en ella está sentado,2895
él te hace diferencia.
CÉSAR: ¿A tu mesa?
ALEJANDRO: ¡Hoy, en su casa!
No repliques.
CÉSAR: Laura bella,
dadme esa mano, y a vos
os pido, padre, las vuestras.2900
ALEJANDRO: También has de dar al viejo,
porque descanse en su tierra,
César, quinientos ducados
de lo mejor de tu renta.
CÉSAR: Digo, señor, que lo haré.2905
ALEJANDRO: Y guárdate de que sepa,
César, que la tratas mal,
pues la cabeza te queda.
CÉSAR: Yo la serviré, señor.
ALEJANDRO: Vosotros, aunque pudiera2910
castigaros, sólo quiero
que no estéis más en Florencia.
CARLOS: Guárdete el cielo, gran Duque.
OTAVIO: Larga vida te conceda.
BELARDO: Perdí mi cierta esperanza,2915
mas no importa que se pierda.
Parabién te damos todos.
ROSELO: Tu gusto a Roselo alegra.
DORISTO: Parabién te da Doristo.
DANTEA: Y mil abrazos Dantea.2920
LUCINDO: ¡Viva el gran Duque Alejandro!
Con que da fin la comedia
del gran Médicis famoso,
primero Duque en Florencia.
Vanse todos por su orden

FIN DE LA COMEDIA

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