La quinta de Florencia — Jornada II

JORNADA SEGUNDA


Salen ANTONIA, dama, y CÉSAR
ANTONIA: César, ¿cómo o cuándo ha sido1035
la desdicha en que me veo?
¿Cuándo tuviste deseo,
César, de ser mi marido?
Dime, ¿cómo estás tan triste,
si pediste y alcanzaste?1040
¿Qué es lo que alcanzando hallaste,
que tan presto enmudeciste?
¿Cómo así has enmudecido,
que palabra no has hablado?
César, aún no estás casado,1045
¿de qué estás arrepentido?
CÉSAR: Antonia, si verdad fuera
que yo te tuviera amor,
digo amor, en el rigor
que a este punto me trujera,1050
no estuviera enmudecido,
ni como me ves, helado,
ni primero que casado
estuviera arrepentido.
Entré en tu casa a servir1055
al Duque, y saliendo un día,
me dio una melancolía,
que me ha llegado a morir.
Yo mismo, Antonia, no sé
la causa de esta pasión;1060
pienso que del corazón
alguna enfermedad fue.
Miró en esto el Duque un día,
parecióle que te amaba,
viendo que no me alegraba1065
como otras veces solía.
Dio en pensar que tanto mal
procedía de tu amor,
y que callaba el dolor,
de noble, honrado y leal.1070
Como es príncipe piadoso,
tan grande, tan claro y justo,
quiso más perder el gusto
que dejarme a mí quejoso.
Hablóme y le respondí,1075
desvaneciendo su intento;
pensó que era cumplimiento,
y trújome, Antonia, aquí,
donde te pide y convida
que me admitas por tu dueño,1080
cosa, Antonia, que por sueño
no me ha pasado en mi vida.
De manera que si ha sido
desdicha tuya en perder
la gloria del pretender1085
tan excelente marido,
no estima menos la mía,
pues fue causa mi disgusto
de que perdiese su gusto
el Duque por cortesía,1090
que me obligase a mí,
no habiéndome dado nada,
pues no siendo de mí amada,
no me ha dado nada en ti.
ANTONIA: Cuando me amaste, o tuviste1095
imaginación de ser
marido de una mujer
a quien jamás pretendiste,
¡qué gran consuelo tuviera
como fuera de ti amada,1100
y que el verme desechada
de alguna ocasión naciera!
Pero que pierda el señor
y que no gane el crïado,
no sé yo quién ha llegado1105
a desventura mayor.
Pues que no se halla medio
para mi mal y su olvido,
mira César, que te pido
que procures mi remedio.1110
CÉSAR: Yo, Antonia, ya tengo el mío,
que es irme a mi casería,
donde esta melancolía
pase riberas del río.
Y si el Duque preguntare1115
por mí, puedes responder
que tengo mucho que hacer
en que mi mal se repare,
y que después trataré
de cosas, que importa al gusto.1120
ANTONIA: De su enojo y mi disgusto,
yo sé quien la causa fue.
CÉSAR: ¿Quién? ¡Por tu vida! ¿Fue Otavio?
ANTONIA: No, sino mi resistencia.
Perdió el Duque la paciencia,1125
y túvola por agravio.
CÉSAR: No creas que de eso nace,
sino de haber entendido
que te adoro, y que tú has sido
la que tanto mal me hace.1130
No deshagas esta hazaña
de su libre calidad,
tan digna de eternidad
en Francia, Italia y España.
Que Alejandro no te diera1135
si menos gloria alcanzara,
porque tu gusto le amara
y tu honor le resistiera.
ANTONIA: Yo pienso, César, llorar
muy de veras este engaño.1140
CÉSAR: Yo, lo que resta del año
en mi soledad pasar.
Mira, señora, ¿qué quieres?
Que estoy ya muy de partida.
ANTONIA: Que de mi honor y mi vida1145
piensa que el estrago eres,
y que a la gracia me vuelvas
del Duque.
CÉSAR: Yo lo haré,
y hasta entonces ¡por mi fe!
que al hablar no te resuelvas.1150
ANTONIA: Perderás esos enojos,
y yo perderé mis celos.
CÉSAR: ¡Ay, villana de los cielos,
cuándo te verán mis ojos!
Vanse, y sale LAURA con un cantarillo, y BELARDO con el papel
BELARDO: ¿Esto había de pedir,1155
Laura, a un hombre como yo?
LAURA: Luego ¿esto era mucho?
BELARDO: No,
no me pudiera impedir,
cuando ello posible fuera,
que en tanta razón lo fundo,1160
si en los límites del mundo
se hallara o nacido hubiera.
LAURA: Pues, ¿qué tiene ese papel
que no esté puesto en razón?
BELARDO: Para burlas, pues lo son,1165
no pocas has puesto en él.
¡Par Dios, Laura, que ese humor
más es de una gran señora,
que de humilde labradora!
LAURA: Dicen que quien tiene amor1170
todo lo halla posible;
ofensa a tu amor hiciera
si lo posible pidiera,
y pídote lo imposible.
BELARDO: Mira lo que dice aquí1175
si a ti te parece poco,
porque no me vuelvas loco,
oye, y no me culpes.
LAURA: Di.
BELARDO: “Tomarás cuatro estornudos
del dios Baco en escabeche,1180
de las cabrillas la leche
y la habla de seis mudos,
y luego seis libras toma
de asaduras de aradores,
y en quejas de ruiseñores,1185
los echa en una redoma.
Toma cuatro lunas viejas
de adonde estén desechadas,
y después de hechas tajadas,
las cuece en miel de lentejas.1190
Toma de influjos de estrellas
seis celemines no más,
y esto todo colarás,
después de majado en pellas,
por un paño de anascote1195
del manto de la gran noche,
y con la lanza de un coche,
traído como almodrote.
Ponlo en viéndola dormir,
que ella dirá si le ofende,1200
pero todo esto se entiende,
si ella lo quiere decir.
LAURA: ¿Y eso es muy dificultoso
de buscar, Belardo amigo?
BELARDO: De que te burlas conmigo,1205
Laura, yo no estoy quejoso,
pero de que hagas favores
a Doristo y a Roselo,
pues a mí, con justo celo
debes hacerlos mayores.1210
Aunque rústico, he leído,
y aunque pastor, he estudiado;
sé de labranza y ganado,
sé de amor y sé de olvido.
Aunque he sido labrador,1215
no siempre he sido grosero.
LAURA: Belardo, yo no te quiero
confesar que tengo amor,
pero si en las veras toco,
está seguro también1220
que eres en el mundo quien
no puedo ni tengo en poco.
En caso que el padre mío
quiera casarme algún día,
nadie como tú sería1225
más dueño de mi albedrío.
BELARDO: ¿A todos preferirás?
¡Que a tan altas glorias vengo!
¿Quieres el alma que tengo?
Mira que no tengo más.1230
¿Quieres que me vuelva loco?
Porque con un cuerdo puede,
bien que a tanto bien excede,
estimar menos que poco.
¿Tal bien merecí de ti?1235
LAURA: Tampoco, Belardo, quiero
que te desvanezcas.
BELARDO: Muero
en pensar que vivo en ti.
LAURA: Cerca estamos de la fuente;
vete, no venga Dantea,1240
o otro alguno que me vea
estar contigo.
BELARDO: Deténte.
LAURA: ¿Qué quieres?
BELARDO: Mándame en tanto
algo en que te sirva.
LAURA: Vete,
y hazme un bello ramillete.1245
BELARDO: Robaré a la tierra el manto;
quitaré las varias flores
de que se muestra compuesto,
mayormente las que han puesto
transformaciones de amores,1250
o las que mi amor imiten;
aunque si pasas después,
tú las darás con los pies
más que mis manos les quiten.
Vase
LAURA: Ni sé de amor, ni tengo pensamiento1255
que me incline a pensar en sus memorias,
que sus desdichas, como son notorias,
de lejos amenazan escarmiento.
Sus imaginaciones doy al viento,
sirviéndome de espejos mil historias,1260
y así de la esperanza de sus glorias,
aún no tengo primero movimiento.
Amor, Amor, no puedes alabarte
de que rindió tu fuego mi albedrío,
ni que en el campo voy de tu estandarte.1265
Las flechas gastas en un bronce frío;
no te canses, Amor, tira a otra parte,
que es fuego tu rigor, y nieve el mío.
Vase; salen CÉSAR y TEODORO
CÉSAR: Vuélvete acá, Teodoro,
que aquí la quiero buscar.1270
TEODORO: ¿Qué es lo que quieres cenar?
CÉSAR: Esto que suspiro y lloro.
TEODORO: Anda, que vives cansado,
y eso será desatino.
CÉSAR: No me ha cansado el camino;1275
hame cansado el cuidado.
TEODORO: Perdices hay extremadas
que hoy me trajo un cazador.
CÉSAR: ¿Son de lazo?
TEODORO: No, señor,
antes vienen azoradas,1280
que están de linda sazón.
CÉSAR: Todos cazan lo que emprenden;
sólo a mí se me defienden
su dureza y condición.
En fin, ¿no quiso la grana?1285
TEODORO: Cosa ninguna tomó:
hasta en no tomar mostró
que es su condición villana.
Conoce a lo que se obliga
quien toma.1290
CÉSAR: Dices verdad;
vete.
TEODORO: Adiós.
Vase TEODORO
CÉSAR: ¡Oh, soledad,
de mis desdichas amiga!
Descanso en ti solamente,
porque en contemplar me agradas
de una fiera las pisadas1295
que trae veneno a esta fuente.
¡Ay de mí, que aquélla es!
Que a la boca, para henchilla,
pone allí una cantarilla,
y sobre el mármol, los pies.1300
¡Oh, efeto de mi pasión,
ansias débiles y tiernas,
temblando me están las piernas
del peso del corazón!
Corazón de fuego y hielo,1305
no peséis mientras pensáis,
que si tanto me pesáis,
daréis conmigo en el suelo.
¿De qué furioso león,
de qué tigre estáis temblando?1310
¿Qué toro me está mirando,
que así tembláis, corazón?
¿Así tiembla un caballero?
No es animal, que es mujer,
pero ¿dónde puede haber1315
algún animal tan fiero?
Y dado que mujer sea,
¿de qué Amazona tembláis?
¿Qué Lucrecia conquistáis?
¿Qué reina miráis, qué dea?1320
¿No es ésta una labradora
con un cántaro de barro,
y no el venablo bizarro
de la bella cazadora?
Pues, ¿cómo agora teméis1325
a hacer las historias nuevas,
que aquel príncipe de Tebas,
o que desnuda la veis?
¡Que no sólo está vestida,
sino de rigor armada!1330
Ha de haber en el tablado una fuente, donde ha de haber estado todo este tiempo LAURA, junto a ella, hinchiendo el cantarillo
LAURA: ¡Cielos! ¡Toda estoy turbada,
de ver este hombre, ofendida!
¡Yo pensé que no volviera
de la corte al monte más!
CÉSAR: ¡Deténte! ¿Dónde te vas?1335
¡Espera, Dafne ligera!
¡Plegue a Dios que en el laurel
donde ella se transformó
te vuelvas, para que yo
ciña mi firmeza dél!1340
Supe que tomar no quieres
mi presente, para ser
diferente, aunque mujer,
de las más de las mujeres.
Hasme enojado, pues veo,1345
aunque esto siempre lo vi,
que no me estimas a mí,
pues no estimas mi deseo.
Que yo te enfade, no es mucho,
pues que no me tienes fe.1350
LAURA: De mí me espanto, a la he,
César, de ver que os escucho.
Sepamos qué obligación
de no tomar me caería,
lo que vuestro amor me envía,1355
adonde falta razón.
Si hubiera correspondencia
de mí a vos, y despreciara
vuestros dones, yo pensara
que eran efetos de ausencia;1360
pero si no puedo yo
igualaros ni quereros,
¿de que podéis ofenderos?
CÉSAR: Igualarme, ¿cómo no?
Que no me meto en quererme,1365
pues imposible ha de ser
despertar una mujer
que a tan fieros golpes duerme.
¿Qué te falta, o qué no sobra
en tu valor para mí?1370
LAURA: ¿No me entendéis?
CÉSAR: Laura, sí.
LAURA: César, quien obliga, cobra.
No os canséis en obligarme:
yo tengo resolución,
que mil libras de pasión
no dan de gusto un adarme.1375
Basta que nuestros crïados
a vos se vuelven corridos
de verse tan resistidos
de mis intentos honrados.
No permitáis vos también1380
venir aquí donde os venza,
para volver con vergüenza
de mi forzoso desdén.
Pues os basta estar corrido
de ver que un liviano amor1385
querrá derribar mi honor,
tantos años defendido.
No suelen los caballeros
venir por aquí a estas horas
a burlar las labradoras1390
con regalos lisonjeros.
Esas vanas falsedades,
llenas de palabras feas,
no son para las aldeas,
gastaldas en las ciudades.1395
Que os juro que no podréis
vencerme, aunque más finjáis,
si en esta fuente os tornáis
con lágrimas que lloráis.
Y esto no es desprecio, no,1400
que fuera descortesía,
mas sola estimación mía
y honor que profeso yo.
Tengo un padre viejo, y tal,
que puesto que es molinero,1405
como al Duque le venero,
vuestro señor natural.
Y cuando no le tuviera,
por mí sola no bastara
el Rey que me conquistara1410
para que a Dios ofendiera.
Ya no hay remedio que os cuadre,
pues que son tres contra vos:
mi padre, después de Dios,
y yo, después de mi padre.1415
CÉSAR: No te preguntaba yo
toda aquesa historia junta.
LAURA: Por no escuchar la pregunta,
la respuesta se alargó.
CÉSAR: Mil veces estoy pensando1420
que te falta entendimiento.
LAURA: Que te sobra atrevimiento
siempre estoy considerando.
CÉSAR: ¿No conoces que merezco
una mujer, sea quien fuere?1425
LAURA: La que queréis, si no os quiere,
como necia la aborrezco.
CÉSAR: Luego ¿aborréceste a ti?
LAURA: No, que vos no me queréis,
porque sólo pretendéis,1430
César, burlaros de mí.
Quien quiere, quiere el honor
y el bien de aquello que quiere;
quien quiere el gusto, prefiere
al santo honor el amor.1435
César, mi honor defiendo.
CÉSAR: No le puedes tú perder,
pues siendo humilde mujer,
enriquecerte pretendo.
No te faltará marido;1440
y que mi mujer te hiciera,
no dudes, si no tuviera
al Médicis ofendido.
Yo lo sé, porque lo temo,
puesto que tu amor me anima,1445
que aunque en extremo me estima
me aborrecerá en estremo.
Amóme por mi virtud;
si en mí conoce esta falta
una persona tan alta,1450
y de tanta rectitud,
no me ha de ver más la cara.
Vuelve tú por mi opinión,
que no es bien que tu afición
me venga a costar tan cara.1455
No fundes en interés
del honor lo que es mejor;
fúndate en amor, que amor
se paga en lo mismo que es.
Laura mía, Laura bella,1460
más bella y más dura que el
alma de piedra en laurel,
que al mismo Sol atropella.
Que eres laurel bien se entiende
de ese tu intento y valor,1465
pues el rayo de mi amor
no te toca ni te enciende.
Si no fuera voluntad
tan del alma aquesta mía,
muchas mujeres había1470
hermosas en la ciudad.
No soy yo tan desechado,
no tan viejo, ni tan feo,
que no fuera mi deseo
de algunas de ellas amado.1475
Si tienes entendimiento,
conoce aquesta verdad,
y verás que su beldad
no es honesto pensamiento.
Mi llanto, pena y tristeza1480
te muevan del César hora;
que en fin, cuando un hombre llora,
grande amor o gran flaqueza.
LAURA: Ya conozco el falso estilo:
por la fecha sé la mano;1485
no conmigo, cortesano,
lágrimas de cocodrilo.
CÉSAR: Mira, que me mataré.
LAURA: Mejor es que no matarme;
quiero el oído taparme.1490
CÉSAR: ¿Eres piedra?
LAURA: No lo sé,
pero mejor es quitar
la ocasión.
CÉSAR: Laura bella,
¿qué desesperada estrella
un bronce me obliga a amar?1495
LAURA: Déjame.
CÉSAR: Dame a beber
con aquesa cantarilla;
yo volveré luego a henchilla.
Hazme, Laura, ese placer.
Dame esa agua.1500
LAURA: ¿Agua pedís?
CÉSAR: Sí, para templar la boca.
LAURA: Es toda esta agua muy poca
para el fuego que decís.
Tomad, bebed.
CÉSAR: Muestra.
LAURA: ¡Cielo,
poned alas en mis pies!1505
Que está loco, y si lo es,
corre peligro mi celo.
Por estas ramas me voy.
En tanto que está bebiendo CÉSAR, se va LAURA
CÉSAR: ¡Laura, Laura, Laura mía!
Seguirte, Laura, podría,1510
y dejar de ser quien soy.
Pero si Apolo corrió
tras de otro duro laurel,
tras quien es lo mismo que él,
¿qué mucho que corra yo?1515
Pero no, que si la sigo,
cuando la venga a alcanzar,
o la tengo de forzar,
o la he de llevar conmigo.
¿Qué dije? ¡Válgame Dios!1520
¡Deténte, amor, que eres loco!
¡Honor, detenelde un poco,
pues que sois tan cuerdo vos!
¡Detened este caballo
tan fuerte, que me despeña!1525
¡Mirad que es fuego, y soy leña,
que es rey y que soy vasallo!
Ya habla el honor; pues hable
no de Laura, laurel, roble;
como es villana y soy noble,1530
hay diferencia notable.
Si fuera un tosco villano,
no se ofendiera de mí;
mas no voy bien por aquí,
pues el argumento es llano.1535
Si noble la quiero bien,
siendo villana tan llana,
bien puede, siendo villana,
querer a un noble también.
¡Terrible fue mi desdicha,1540
no puede llegar a más!
¿De cuál amante jamás
ha sido escrita mi dicha?
¡Que una labradora humilde
me quite el Duque, mi dueño,1545
la corte, el sustento, el sueño!
¡Cielos! que muero, decilde.
Volved por mí, que estoy loco,
no de amor, de lo que pierdo;
que cualquiera que ama es cuerdo1550
mientras que le cuesta poco.
Mal me defendéis, honor;
volvedme a reprehender.
Yo, César, ¿qué puedo hacer
donde tanto puede honor?1555
Laura es hermosa, es crüel,
quiere a un laurel, que es lo propio.
Bien dice, no es medio impropio:
¡alto! buscaré un laurel.
Vele aquí, mas son antojos,1560
haréle ¡por Dios! pedazos;
tiene ramas, no son brazos,
tiene hojas, no son ojos.
¡Qué triste imaginación!
Pues que consolarme quiero,1565
perdiendo lo verdadero
con los que retratos son.
Árbol para triunfos ciertos,
como fueras para mí,
coronárame de ti1570
si fueras árbol de muertos.
Si en las vitorias has sido
premio del que puede más,
¿cómo para mí serás?
que soy de Laura vencido.1575
Dicen que no crece amor
donde no hay correspondencia
y que con la resistencia
ha venido a ser mayor.
Yo amo y no soy amado:
paga mi amor con olvido.1580
¿Cómo he de ser escogido,
pues apenas soy llamado?
¡Que me abraso, que me muero!
Piedad de mis dulces ojos,
¡tantos villanos enojos,1585
a un alma de un caballero!
Desnudaréme; haré cosas
que muevan a compasión.
Sale BELARDO
BELARDO: Estos los mármoles son
de aquellas fuentes hermosas1590
donde a mi Laura dejé.
Laura mía, mas ¡ay, triste!
CÉSAR: ¿Volviste, Laura? ¿Volviste?
BELARDO: Sin duda Laura se fue.
CÉSAR: ¿Quién eres, que a mi dolor1595
estás presente?
BELARDO: ¡Ay de mí!
¿César no es aquéste? ¡Sí,
y de esta quinta el señor!
Algún mal grave le ha dado,
¿Qué tenéis? ¿Qué habéis habido?1600
CÉSAR: Desdichas, amigo, han sido,
de un mal nacido cuidado.
BELARDO: ¿Estáis acaso en desgracia
del Duque? Habráos descompuesto
envidia, que suele presto1605
trocar en odio la gracia.
¡Ah, palacio mal seguro!
Ved lo que puede el mandar:
que es la envidia en el bajar
lo que la yedra en el muro.
Señor, haced buena cara1610
a la Fortuna, aunque fiera,
porque ninguno subiera,
si no es que alguno bajara.
Quiero avisar en la quinta
antes que se pase el día;1615
pienso que en la fantasía
algunas quimeras pinta.
Lo que acude de tropel
a un cortesano perdido,
memorias de lo que ha sido1620
cuando ya no rezan dél.
Quiero avisar a Teodoro
y a los que con él están,
adónde hallarle podrán.
Vase
CÉSAR: Al fin, Laura, yo te adoro.1625
Estaba en mi fantasía
consultando la Razón,
por ver si era obligación
quererte bien, Laura mía.
Sentóse el Entendimiento1630
en su silla a presidir;
dio la Memoria en venir
con el uno y otro cuento.
Alegó de tu hermosura
la vista méritos tales,1635
que más fueron celestiales
que no de mortal criatura.
Replicó el Honor que fuiste
villana y mi desigual,
que era contra ti fiscal,1640
y supo cómo naciste.
Amor, tu procurador
dio una petición por ti;
pidió término, y en ti
fue buen término el rigor.1645
Sacó un desprecio el proceso
de tus desdenes tan malo
que apenas hubo un regalo
testigo en todo el suceso.
Y estando toda la sala1650
en aquesta confusión,
dijeron a la Razón
más de alguna razón mala.
Echando al Entendimiento
con una extraña crueldad,1655
dieron a la Voluntad
la presidencia y asiento.
Y ella, como juzga ciega,
aunque jamás te ofendí,
me manda entregar a ti:1660
¡ved a qué fuego me entrega!
Tú, sin guardar el decoro
de reina, tan mal me tratas,
que te adoro, y tú me matas,
y en fin, Laura, yo te adoro.1665
Salen OTAVIO, CARLOS y TEODORO
OTAVIO: No hubiera yo venido, ni dejara
que él viniera, Teodoro, si supiera
que su mal se aumentara de esta suerte.
CARLOS: A lástima notable me ha movido.
OTAVIO: Podrá mover, señores, a las piedras.1670
CARLOS: ¿Es aquél que allí está medio desnudo?
TEODORO: Él es, sin duda.
OTAVIO: ¡Ah, César! ¿Qué es aquesto?
Los caballeros nobles, los que aspiran
a gobiernos, a fama, a pretensiones
dignas de la nobleza de su sangre,1675
los que son el espejo de la corte,
en quien también sus ojos pone el príncipe,
toman los demás virtüoso ejemplo,
¿se dejan olvidar de esta manera,
del ser, gobierno, mando, obligaciones,1680
espejo, ejemplo y lo demás que debe
un hombre a ser quien es?
CARLOS: Muy mal parece,
señor César, que un hombre de las partes
que Dios ha puesto en vos, las aventure
de esta manera por tan vil sujeto.1685
Esto no es cosa que ella lo agradece.
Si fuera una señora que entendiera
esos efetos de un amor tan loco,
y dándoles lugar en la memoria
los pagara después con muchas lágrimas,1690
no fuera mucho hacer esas locuras;
pero una villaneja que no sabe
más de llevar el agua a su molino
e ir al monte, a la corte y al aldea
con la carga del pan y de la leña,1695
y por ventura sufre los requiebros
de algún villano con mejores ojos,
es lástima que os quite la memoria
de quien sois, tan a costa de la vida,
y no menos del alma y de la honra.1700
CÉSAR: Corrido estoy que así me hayáis hallado,
y de que Carlos como estoy me vea;
que en fin, Otavio, de mi mal testigo,
no importa que lo fuera en mis flaquezas.
Carlos, mancebo sois, hombre de ingenio,1705
¿quién duda que sabréis por experiencia
o por lo que en los libros habréis visto,
la gran fuerza de amor?
CARLOS: ¿Queréis agora
darnos disculpa?
CÉSAR: ¿No es razón?
CARLOS: No, César,
sino entrar en su casa libremente,1710
quitársela a su padre aquesta noche,
y en gozándola, darla algún dinero,
que lo tendrán los dos a gran ventura.
OTAVIO: Carlos dice muy bien, que entre villanos,
la fuerza solamente es de provecho.1715
¡Mucho entiende de efetos amorosos
una hija, por Dios, de un molinero!
Estas quejas son buenas para Orlando,
desvanecido por la bella Angélica,
empero para vos, de ningún modo.1720
Aquí tenéis amigos tan del alma,
que por vos perderán hacienda y vida,
crïados en la quinta y buenas armas.
Vamos luego, que el manto de la noche
encubre el sol, y sin gastar palabras,1725
lágrimas, quejas, voces y suspiros,
la gozaréis a todo vuestro gusto.
CÉSAR: Amigos, ya parece que serena
su cara el cielo, que se quita el aire,
que ha parecido el sol, la luz hermosa,1730
que se tranquila el mar, que llego al puerto.
Dadme aquesta mujer de cualquier modo.
OTAVIO: ¡Qué grave Elena, que robar intentas!
Perdiérase Florencia como Troya.
¡Vamos de aquí!1735
CÉSAR: Bien dices, que el más pobre
es quien menos amigos tiene y goza,
y aquel que tiene más, ése es más rico.
Vosotros sois, amigos, mi riqueza;
por vosotros saldré de esta locura,
que amor gozado, puesto que estoy loco,1740
bien sé que para en arrepentimiento.
¡Vamos! Y tú, Teodoro, prevén armas.
OTAVIO: Armas y gente, la que basta y sobra.
TEODORO: Bastan media docena de arcabuces,
para cuarenta mundos de villanos.1745
CÉSAR: Y más si se fabrican de mi fuego.
CARLOS: Presto verás tu gusto.
CÉSAR: ¡Ah, Laura, ingrata,
así se ha de tratar a quien maltrata!
Vanse y salen ROSELO con una alforja, DORISTO con una cesta tapada, y LAURA
LAURA: ¿Que de Florencia venís?
¿Que habéis en Florencia estado?1750
ROSELO: Y aun hubiéramos llegado
a Nápoles y a París.
No hemos dejado botica
donde no hayamos mostrado
las cédulas.1755
LAURA: ¿Que os han dado
lo que pedí?
DORISTO: ¡Cosa rica!
LAURA: Pues ¿de adónde lo traéis?
DORISTO: En Florencia un estudiante,
pienso que era nigromante,
por cinco reales o seis,1760
nos dio bastante recado.
LAURA: ¿Traéislo?
ROSELO: Yo traigo el mío
en esta alforja, que fío
que viene muy bien guardado.
LAURA: Muestra a ver.1765
ROSELO: Este papel
es la flor de azar de dados,
que son dos ases pintados
a manera de clavel.
Ésta es del ángel la pluma,
que de un retablo quitó,1770
que allí de bulto halló,
que no en el cielo presuma.
Éste es papel de arrebol
de cierta luna menguante,
y éste, leño del gigante,1775
el palo del guardasol.
Las coces de los caballos
del sol traigo en este lomo:
Sol se llama un mayordomo,
y fui a su casa a esperallos.1780
Ésta es cáscara del huevo
del cisne, y ésta la oliva
de la paloma.
LAURA: ¡Así viva,
que eres gallardo mancebo!
ROSELO: El humo de la escopeta1785
traigo en esta caja.
LAURA: A ver.
ROSELO: Saldráse, no es menester
vello; lo que es del poeta
varias imaginaciones,
traigo en aqueste librito,1790
y dentro de este vasito,
del mosquito los riñones.
LAURA: (Bravamente lo han cumplido. Aparte
Alguno los ha engañado.)
Muestra tú.1795
DORISTO: También he hallado
todo lo que me has pedido.
La tos de Lucrecia es ésta.
Tose DORISTO
LAURA: Tente, bueno está.
DORISTO: El viento
de la nave cogí a tiento,
y traigo en aquesta cesta.1800
LAURA: Muestra.
DORISTO: No tiene color,
ni cuerpo para tocar,
pero tan cierto es estar,
como yo que os tengo amor.
Éste es hilo de Teseo.1805
LAURA: ¿Tan gordo?
DORISTO: Hilólo su agüela
que era ya muy vieja; en vela,
no tiene sueño Morfeo,
pero venid a mi cama
desde las once a las seis,1810
adonde hallarle podéis.
Sale LUCINDO, padre de LAURA
LUCINDO: Siempre al lado de su dama,
siempre acá en conversación.
¡Váyanse al monte malhora!
¡Y qué ufana la señora1815
está oyendo su razón!
LAURA: ¿Yo, señor?
LUCINDO: Yo, señor, pues;
¡váyanse luego!
ROSELO: Sí harán.
LUCINDO: Pues ¿qué aguardan?
ROSELO: Ya se irán,
que no se han de ir en sus pies.1820
Vanse los dos
LUCINDO: ¿Para qué, Laura, entretienes
estos necios?
LAURA: Preguntaba
lo que en Florencia pasaba,
como cuando de allá vienes.
LUCINDO: Hija, una honrada mujer1825
no tiene que preguntar;
del preguntar y el hablar
nace luego el responder;
del responder, la amistad,
del amistad, el desprecio,1830
y más, amistad de un necio,
que es peste la necedad.
LAURA: Ya tienes satisfación
de que, aunque vivo sin madre,
sé que te tengo por padre,1835
y que sé tu condición.
Si la honra se perdiese,
en tu pecho se hallaría.
LUCINDO: Lo que la bajeza mía
a lo menos permitiese.1840
Pero en ser de labrador,
que en esto es común la ley,
que entre el labrador y el rey,
hago espejo del honor.
El cortesano se nombra1845
con diferente grandeza,
mas no hay pelo en la cabeza
que no piense que hace sombra.
Haz, por tu vida, que allá
no traten esos de ti,1850
porque tu remedio en mí
no duerme, despierto está.
Este Belardo es buen mozo,
y ha que sirve muchos años.
LAURA: ¿Finges aquestos engaños,1855
por verme el alma en el gozo?
LUCINDO: No, sino porque es mi gusto.
LAURA: Y el tuyo mi voluntad.
LUCINDO: Ruido siento, y en verdad
que a estas horas me disgusto.1860
Salen CÉSAR, OTAVIO, CARLOS, TEODORO y gente con escopetas
CÉSAR: Entrad con libertad.
OTAVIO: ¡Mirad qué alcázar,
sino un molino pobre!
LUCINDO: ¿Qué es aquesto?
¡Oh, vecinos! ¡Oh, César!
CÉSAR: ¡Oh, Lucindo!
LUCINDO: ¿Háseos perdido acaso alguna caza?
CÉSAR: La caza que buscamos es aquésta:1865
asid a Laura.
LUCINDO: ¡Ay, desdichado!
¡Ay, mísero de mí! César, ¿qué haces?
CÉSAR: Andad, buen viejo, que ésta es honra vuestra;
yo daré buen marido a vuestra hija
y a vos muy buena renta, de manera1870
que dejéis esa vida trabajosa.
LUCINDO: No soy, traidor, aunque villano pobre,
tan vil que venda yo mi propia sangre,
ni padre tan avaro, que mi hija
te dé por la codicia de tu hacienda.1875
Que en aqueste molino derribado
soy más bueno que tú cuarenta veces
en tu quinta pintada y llena de armas;
que esta harina que cubren estas puertas
es más limpia que el oro de las tuyas.1880
CÉSAR: Buen viejo, si queréis guardar la vida,
no habléis en ofensa de mi gusto.
LUCINDO: ¿Sabes que hay Dios?
CÉSAR: ¡Pues no!
LUCINDO: ¿Sabes que hay duque?
CÉSAR: Y le sirvo en su casa.
LUCINDO: Pues avísote.
LAURA: ¡Ah, padre! ¡Ah, padre mío! ¿Así me dejas1885
en poder de estos fieros?
LUCINDO: Hija mía,
si te comprara con piadosas lágrimas,
si con la sangre de mis secas venas,
no dudes que la diera por tu honra.
CÉSAR: Tirad con ella.1890
LAURA: ¡Ah, padre!
Llévanla, y queda solo LUCINDO
LUCINDO: ¡Ah, fiero bárbaro!
¡Águila, que me llevas mi paloma!
¡Valiente, que a un pobre molinero…!
¡Ah, gente! ¡Amigos, hola!
Salen BELARDO, ROSELO y DORISTO, molineros
BELARDO: ¿Qué es esto? ¿Que dais voces?
ROSELO: ¿No os vais ahora, bueno?1895
LUCINDO: A mi Laura querida lleva César.
BELARDO: ¿César, el dueño de esta casería?
LUCINDO: César es dueño de esta infame hazaña.
BELARDO: ¡Vamos allá! ¡Rompámosle las puertas!
LUCINDO: ¿Con cuáles armas?1900
BELARDO: Piedras son bastantes.
LUCINDO: Venid conmigo.
DORISTO: ¡Oh, perro!
ROSELO: ¡Ay, Laura mía!
LUCINDO: ¡Justicia, Duque de Florencia!
ROSELO: ¡Ah, cielos!
LUCINDO: ¡Justicia, noble Médicis!
DORISTO: ¡Da voces!
BELARDO: No temas, pues a todos nos conoces.

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

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