Las bizarrías de Belisa — Jornada I

LAS BIZARRÍAS DE BELISA

Lope de Vega

Texto basado en autógrafo de LAS BIZARRÍAS DE BELISA (Library of the British Museum) con el apoyo de varias ediciones tempranas y modernas: la edición príncipe en La Vega del Parnaso (Madrid: Imprenta del Reino, 1637), la publicada en Obras sueltas, tomo 9 (Madrid: Sancha, 1777), y otras ediciones de los siglos XIX y XX. Fue preparado por Vern Williamsen en 1997 para su presentación en esta colección.


Personas que hablan en ella:

  • BELISA, dama
  • FINEA, su criada
  • CELIA, dama
  • LUCINDA, dama
  • FABIA, criada
  • Don JUAN de Cardona
  • TELLO, su criado
  • OCTAVIO, galán
  • JULIO
  • El CONDE Enrique
  • FERNANDO, criado del conde
  • CRIADOS,
  • MÚSICOS
  • DOS HOMBRES

JORNADA PRIMERA


Sale[n] BELISA con vestido entero de luto galán, flores negras en el cabello, guantes de seda negra y valona, Y FINEA
FINEA: ¿Así rasgas el papel?
BELISA: Cánsame el conde, Finea.
FINEA: ¡Qué ingratitud!
BELISA: Que lo sea
me manda Amor.
FINEA: Fuego en él,
que pienso que no es tan vario5
en sus mudanzas el viento.
BELISA: Navega mi pensamiento
por otro rumbo contrario.
Castigó mi voluntad
el cielo.10
FINEA: No sé si diga
que justamente castiga,
señora, tu libertad.
Tanto despreciar amantes,
tanto desechar maridos,
tanto hacer de los oídos15
arracadas de diamantes,
claro está, que habían de dar
[esa] ocasión al Amor
para vengar tu rigor.
BELISA: Bien se ha sabido vengar.20
FINEA: ¡Oh qué bien los has vengado
con querer agora bien
a quien, ni aun sabes a quién,
ni él tampoco tu cuidado!
Tus desdenes con razón25
agora diciendo están;
“Qué se hizo del rey don Juan?
Los infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
BELISA: No presumas
que de esta mudanza estoy30
arrepentida, aunque doy
agua al mar, al viento plumas;
porque tengo la memoria
de este necio amor tan llena,
que juzgo poco la pena35
para tan inmensa gloria.
¿Llaman?
FINEA: Sí.
BELISA: Pues quiero hablarte
con más espacio después;
mira quién es.
FINEA: Celia es,
que ha venido a visitarte.40
Vase. [Sale CELIA]
CELIA: Prospere tu vida el cielo.
BELISA: No sé, Celia, si querrá
tener ese gusto ya.
CELIA: Ya la novedad recelo;
dijéronme que te habían45
visto con luto en la Calle
Mayor aunque gala y talle
la causa contradecían.
Y hallo que todo es verdad
pero tanta bizarría50
no es tristeza.
BELISA: Celia mía,
murió.
CELIA: ¿Quién?
BELISA: Mi libertad.
CELIA: Es imposible que en ti
haya faltado el desdén.
BELISA: ¿No es faltarme querer bien?55
CELIA: ¿Tú quieres bien?
BELISA: Yo.
CELIA: ¿Tú?
BELISA: Sí.
Ya cesaron mis rigores.
CELIA: Veré primero sembrado
de estrellas del cielo el prado,
y el cielo de hierba y flores,60
y trocado el natural
efeto veré también
a la envidia decir bien,
y a la virtud hablar mal;
veré la ciencia premiada65
y a la ignorancia abatida
que es la verdad bien oída
y que la lisonja enfada,
y el imposible mayor
dar honra al que está sin ella,70
que crea, Belisa bella,
que puedes tener amor.
BELISA: Una tarde, cuando el sol
dicen que en el mar se esconde
y se le ponen delante75
las cabezas de los montes
cuando por aquella raya
que con varios tornasoles
divide el cielo y la tierra
y los días y las noches80
nubes de púrpura y oro
van usurpando colores
a la plumas de los aires
y a las ramas de los bosques,
iba sola con Finea,85
amiga Celia, en mi coche,
tan sol de mi libertad
cuanto luego fui Faetonte;
que nunca verán tan altas
las soberbias presunciones90
que no las fulminen rayos
como a las soberbias torres.
Era en la parte del Prado
que igualmente corresponde
a esa Fuente Castellana95
por la claridad del nombre;
que también hay fuentes cultas
que, aunque oscuras, al fin corren
como versos y abanillos,
¡quiera el cielo que se logren!100
Ibas Finea cantando
en gracia de mis blasones
finezas del conde Enrique,
que ya conoces al conde
y a sus papeles escritos105
para que, cuando me toque
como papel de alfileres
tenga papeles de amores,
y a mis locas bizarrías
desprecios y disfavores110
como si hubiera nacido
de las entrañas de un roble,
cuando veo un caballero
con el semblante conforme
al suceso que esperaba.115
Volvió la cara y paróse
a escuchar quién le seguía;
pero con pocas razones
desnudando las espadas
los ferreruelos descogen.120
El que digo, el pie delante,
con el contrario afirmóse,
gala y valor que en mi vida
vi hombre tan gentilhombre.
No era el otro menos diestro.125
No te parezca desorden
que siendo mujer te cuente
lo que es bien que ellas ignoren;
que, aunque aguja y almohadilla
son nuestras mallas y estoques,130
mujeres celebra el mundo
que han gobernado escuadrones.
Semíramis y Cleopatra,
poetas e historiadores
celebran, y fue Tomiris135
famosa por todo el orbe.
¿No has visto cuando dos juegan
que sin conocerse escoge
uno de los dos quien mira,
sin que el provecho le importe,140
y quiere que el otro pierda
sin saber que esto se obre
por conformidad de estrellas
que infunden inclinaciones?
Pues de esa suerte mi alma145
súbitamente se pone
al lado del que juzgaba
por más galán y más noble.
Alzó el contrario de tajo
a quien mi ahijado embebióle150
una punta con que dio
en tierra mas levantóse
presto porque después supe
que traía un peto doble
de Milán, labrado a prueba155
del plomo, que muros rompe.
Acudieron a este punto,
tirándole varios golpes
tres hombres a mi galán,
cosa indigna de españoles.160
Pero dicen entre amigos
que el enemigo perdone,
que sólo es vil el que huye,
y valiente el que socorre.
Con razón o sin razón165
salto de mi coche entonces,
quito la espada al cochero
que arrimado a los frisones
miraba a pie la pendencia,
todo tabaco y bigotes170
como si estuviera el necio
de la plaza en los balcones
y el conde de Cantillana
acuchillando leones;
y partiendo al caballero175
me pongo de Rodamonte
a su lado. ¡Cosa extraña!
En fin, hombres de la corte,
pues se volvieron humildes
los que llegaron feroces.180
Agradecido el galán
de dos tan nuevas acciones
comenzó a hablarme y no pudo
porque de lejos dan voces
que la justicia venía;185
que no hay Santelmo en el tope
después de la tempestad
que como una vara asome.
Díjele, En mi coche entrad
que si los caballos corren,190
porque éstos no son de aquellos
que repiten para cofres,
presto estaremos en salvo.”
Entró el galán y sentóse
en la proa y yo en la popa195
como campos fronte a fronte.
Viendo que nadie venía
templó el cochero el galope
y en la Fuente Castellana
para descansar paróse.200
Yo siempre que voy al Prado
llevo un búcaro. Tomóle
el cochero y diónos agua.
Dile yo una alcorza y dióme
las gracias en un requiebro205
que la mano agradecióle.
Con esto le persuadí
a que dejando favores
me contase la ocasión
de la pendencia; que sobre210
cosas de amor sospechaba
que hay profetas corazones,
pues antes que le dijese
celos me daban temores;
que el que ha de matarla sabe215
la garza entre mil halcones.
En fin, dijo de esta suerte,
–Agora a escucharme ponte,
para que como él a mí,
de mi desdicha te informe–220
“Yo soy don Juan de Cardona,
hijo del señor don Jorge
de Cardona, aragonés,
y doña Juana de Aponte.
Nací segundo en mi casa225
y así mi padre envióme
a Flandes donde he servido
desde los años catorce
hasta la edad en que estoy.
Volvieron informaciones230
de mis servicios y cartas
de aquel ángel que coronen
los cielos, Infanta de Austria
de divinos resplandores,
tía del rey que Dios guarde.235
Pretendí luego en la corte
a guisa de otros soldados;
pero entre otras pretensiones
de un hábito, vi una tarde
con otro de chamelote,240
un serafín de marfil
con toda el alma de bronce.
Quedé sin ella, seguíla,
servíla, y agradecióme
la voluntad, retirando245
todo lo que no es amores.
Gasté, empobrecí. Mi padre,
enojado, descuidóse
de mi socorro, y Lucinda,
que éste es de esta dama el hombre,250
desdeñosa, a puros celos
me mata viéndome pobre;
que no hay finezas que obliguen
ni lágrimas que enamoren.”
Cuando esto dijo, quisiera255
sacar los ojos traidores
que por otra habían llorado.
¡Mirad qué envidia tan torpe!
Prosiguió que la pendencia
fue por ser competidores260
él y el galán, porque teme
que si la obliga, la goce.
Finalmente paró el caso
en tantas lamentaciones
que sin saber por qué causa265
quise arrojarle del coche.
él llorando y yo sin alma
llegamos casi a las once
a mi posada. Roguéle
que me viese, y respondióme270
que sería esclavo mío
con mil tiernas sumisiones
y, despedido e ingrato,
a ver su dama partióse.
Quedé tan necia que apenas275
sé por qué, cómo ni dónde
amo, envidio, y con los celos
temo que loca me torne
porque pienso que es castigo
de aquellos tiranos dioses280
Venus y Amor, de quien hice
burla y los llamé embaidores.
Troqué las galas en luto,
la libertad en prisiones,
la bizarría en descuidos,285
y en humildad los rigores.
Ni voy al Prado ni al río.
No hay cosa que no me enoje;
a la música soy áspid,
veneno a fuentes y flores.290
Soy, no soy, vivo y no vivo,
y entre tantas confusiones
ni sé dónde he puesto el alma
ni ella misma me conoce.
CELIA: Es suceso tan extraño295
que, a no ser tuyo, no fuera
posible que le creyera.
Pagas justamente el daño
que has hecho a tantos, ingrata.
Locura debe de ser300
querer quien otra mujer
deja, aborrece y maltrata;
pero de tu entendimiento
la mayor locura ha sido,
Belisa, no haber querido305
divertir el pensamiento.
¿Ya no vas, como solías,
al Prado ni al Soto?
BELISA: No,
que más me entretengo yo,
Celia, en las tristezas mías,310
que en el lugar más remoto
con mayor descanso estamos.
CELIA: Así vivas, que salgamos
estas mañanas al Soto.
BELISA: Si va a decir la verdad,315
que encubrirla no es razón
ni a mi justa obligación
ni a tu segura amistad,
con la ocasión de este mes,
de tantas damas paseo,320
salgo al campo a ver si veo
quién me ha de matar después;
mas si en Sotos ni en Retiros
le he visto, ni él vuelve a verme.
CELIA: Como en otros brazos duerme,325
no despierta a tus suspiros;
pero salgamos mañana,
que en mi buena dicha espero
hallar ese caballero;
que tengo por cosa llana330
que, si le vuelves a ver
y más despacio mirar,
no sólo no le has de amar
pero le has de aborrecer;
que muchas cosas agradan335
miradas súbitamente,
mas pasa aquel accidente
y vistas de espacio enfadan.
BELISA: Ay, Celia, yo quiero darte
crédito y seguir tu voto.340
Disfrazada voy al Soto.
CELIA: Y yo quiero acompañarte.
BELISA: No ha de salir el Aurora
cuando estés aquí.
CELIA: Sí haré.
BELISA: Dar a tus consejos fe345
mis esperanzas mejora
porque de la luna el velo,
mirado con atención,
descubre manchas que son
indignas de tanto cielo.350
Vanse. Salen don JUAN de Cardona y TELLO, criado
JUAN: Tello, el amor no gusta de consejos
y más del inferior.
TELLO: ¿Qué mayor prueba
de que el Amor es loco
sin los consejos, de la vida espejos?
JUAN: Y para el ciego Amor, ¿es cosa nueva355
tener la vida y aun el alma en poco?
TELLO: Quien tiene vista al que le falta guía;
que si entrambos son ciegos, van perdidos.
Cuando tu amor Lucinda agradecía
estaban disculpados tus sentidos;360
pero agora que quiere bien a Octavio
es infamia de Amor sufrir su agravio
si no buscar remedio.
JUAN: ¿Qué remedio?
TELLO: Poner otros amores de por medio;
que así se curan cuantos han querido365
porque otro amor es el más breve olvido.
JUAN: ¿Con qué dinero, necio?
TELLO: No todos los amores tienen precio.
Méritos tienes, ama.
¿Ha de faltar una mostrenca dama370
que te quiera por gusto?
JUAN: ¡Majadero!
¿Amores en la corte sin dinero,
y más agora que tan caro es todo?
TELLO: Pues yo no sé otro modo,
ni hay médico en el mundo que, tomando375
el pulso a un amador aborrecido,
no le recete otra mujer.
JUAN: Si cuando
voy a buscar de tanto amor olvido
se me pone delante la hermosura
de Lucinda, ¿podré yo por ventura380
decir amores a otra cara?
TELLO: Bueno,
una purga es veneno
y por tener salud la toma un hombre.
JUAN: Tello, ya no hay mujer que no me asombre.
TELLO: Alejandro lloraba porque había385
un mundo solo; que con uno solo
dijo que no podía
con tanta tierra y mar de polo a polo
satisfacer su pecho.
Tú lo contrario has hecho;390
que sola una mujer en Madrid quieres,
habiendo treinta mundos de mujeres;
morenas, pelirrubias, gordas, flacas,
una mudas de lengua, otras urracas,
discretas, mentecatas, bachilleras,395
airosas en la burlas y en las veras;
hay enanas, hay largas como trampa,
unas con pie de apóstol, consoladas
del ponleví que imprime poca estampa,
y otras, que en vez pudieran de arracadas400
traer las zapatillas;
hay lázaras mujeres de amarillas,
que salen del sepulcro de las camas,
y otras, que de clavel parecen ramas;
hay romas, hay píoquintas,405
unas que se contentan con dos cintas,
y otras como tarascas de dineros,
que engullen mayorazgos por sombreros;
unas piadosas y otras socarronas,
tales severas, tales juguetonas;410
unas mudables por andar más frescas
y otras firmes de amor, como tudescas;
pero en siendo mujeres, sean morenas,
sean blancas o no, todas son buenas.
JUAN: ¡Qué pintura tan necia!415
TELLO: Pues yo, señor, ¿qué he dicho de Lucrecia
la casta y en camisa,
de Porcia y Artemisa,
una, avestruz de hierros encendidos,
y otra, sepultura de maridos?420
JUAN: ¡Ay puerta! ¡Ay dulce rejas!
A Lucinda llevad mis tristes quejas.
TELLO: Pues ya que llegas, llama.
JUAN: Aun llegar a llamar teme quien ama.
Llama. [Sale FABIA, criada]
FABIA: ¿Quién llama? ¿Quién está ahí?425
JUAN: Dile, Fabia, a tu señora
que estoy aquí.
FABIA: No es agora
tiempo de llamar ansí.
JUAN: ¿Por qué razón?
FABIA: Porque está
desnudándose.430
JUAN: ¿Tan presto?
FABIA: No fuera término honesto
abriros la puerta ya.
Id con Dios, don Juan, que habemos
de madrugar para ir
al Soto.435
JUAN: ¡Que vengo a oír
tal crueldad!
TELLO: No hagas extremos.
Mira que en la calle estás.
JUAN: Fabia, Fabia, espera.
FABIA: Espero.
¿Qué queréis?
JUAN: Di que la quiero
una palabra no más.440
FABIA: Bueno, en comenzando a hablar
tanto vendrás a empeñarte
que venga el sol a rogarte
que la dejes acostar.
JUAN: Abre, Fabia.445
FABIA: ¡Qué locura!
Sale LUCINDA [a la reja]
LUCINDA: ¿Con quién hablas?
FABIA: Con don Juan
de Cardona.
LUCINDA: ¿Y qué dirán
de tanta descompostura
en la peor vecindad
que tiene calle en Madrid?450
JUAN: Lucinda hermosa, advertid,
que es linaje de crueldad
indigno de un caballero
como yo tratarme ansí.
LUCINDA: Lo que Fabia os dijo aquí455
daros por disculpa quiero,
porque habiendo de salir
del alba al primer albor,
no será razón, señor,
que no me dejéis dormir.460
El afeite natural
en el buen sueño reposa;
que no se levanta hermosa
mujer que ha dormido mal.
Id con Dios y presumid465
que os amo y tengo respeto.
JUAN: Que yo me fuera os prometo,
señora, pero advertid
que ver a Fabia turbada
tan necios celos me ha dado470
que pienso que lo ha causado
el estar vos ocupada.
Abrid, que con sólo entrar
luego me vuelvo a salir.
LUCINDA: ésta no es hora de abrir475
ni de dar que murmurar;
que hay vecina tan liviana
que para escuchar despierta
apenas oye la puerta
cuando ocupa la ventana.480
Hacedme esta cortesía
de que os vais.
JUAN: Es imposible
sin entrar.
LUCINDA: ¡Ya estáis terrible!
JUAN: Amor, Lucinda, porfía
que le lleve a vuestra sala485
sólo a dejar estos celos.
LUCINDA: Ponerme en tantos desvelos
ni es cortesía ni es gala.
Id con Dios, que puede ser
que os resulte algún pesar.490
JUAN: Pues vive Dios que he de entrar
y que lo tengo de ver.
[Intenta forzar la puerta]
LUCINDA: ¿Golpe a mi puerta?
JUAN: Y coces
hasta ponerla en el suelo.
Salen OCTAVIO y JULIO con broqueles y espadas
OCTAVIO: A tanta descortesía495
y a tan loco atrevimiento
saldrá el honor de esta casa
a castigar vuestros celos.
La puerta está abierta. Entrad.
JUAN: No era sin causa el tenerlos.500
Vuesas mercedes me digan
si son hermanos o deudos
de esta dama, o son galanes.
OCTAVIO: Pues que no quiere entrar dentro,
donde supiera quién somos,505
afuera se lo diremos.
JUAN: Salgan, y sabrán también,
con los celos o sin ellos,
que soy don Juan de Cardona.
TELLO: Y yo Tello su escudero.510
LUCINDA: Ay, Fabia, ¿qué haré?
FABIA: Acostarte,
y dense.
LUCINDA: Sin alma quedo.
JUAN: Aquí, Tello.
TELLO: Vengan otros
que éstos ya huelen a muertos.
Vanse. Salen el CONDE Enrique y FERNANDO, criado
CONDE: ¡Bravo mayo!515
FERNANDO: No permite
distancia sin flor al suelo.
CONDE: Con las estrellas del cielo
en el número compite.
FERNANDO: Crecido va Manzanares.
CONDE: Imita al que ruin nació,520
que cuando crecer se vio
despreció los patrios lares,
que al humilde nacimiento
sucede como a este río
que descubre en el estío525
su arenoso fundamento.
¡Oh, bien haya aquel discreto
que cuando se mejoró
de fortuna, se quedó
con aquel mismo sujeto.530
No disminuye el valor,
antes muestra en parte alguna
quien desprecia la fortuna
que la merece mayor.
Muchos conozco yo aquí535
tan discretos en su estado
que todo lo que han mudado
es lo que hay fuera de sí.
Pero esto aparte dejando,
y viniendo al desatino,540
con que aquel desdén divino
me quiere matar, Fernando,
¿cómo no ha venido a ser
de aquestos campos aurora,
que ya dice el sol que es hora545
de salir y amanecer?
FERNANDO: Estaráse componiendo
de galas y bizarrías,
con que estos festivos días
sale de aurora riyendo.550
y en este verde teatro
hace la madre de amor.
CONDE: Yo, que adoro su rigor
y su desdéen idolatro,
conjuraré su donaire555
para que venga.
FERNANDO: Ya espero
que te obedezca ligero
su espíritu por el aire.
CONDE: Ponte el sombrero, Belisa,
pluma blanca y randas negras560
aunque no ha menester plumas
quien en tales pies las lleva.
Ponte al espejo, y retrata
en su cristal tu belleza,
para que tengas envidia565
de que nadie te parezca.
Que tú sola de ti misma
puedes trasladar las señas
formando tú y el cristal
otra mentira tan bella.570
Mira que te aguarda el Soto
y que en su verde alameda
aún no han cantado las aves
por esperar que amanezcas.
Péinate el pelo a lo llano575
y no lo rices en trenzas
que, si te ven la jaulilla,
harás que las aves teman.
Mira que rosas y lirios,
para salir a la selva,580
no rompen la verde cárcel
hasta que les des licencia.
Sarta de cuentas de vidrio
banda de tu cuello sea,
porque cuando te la quites585
quede convertida en perlas.
Con las flordelises de oro
ponte la verde pollera,
pues que son pueblos en Francia
mi esperanza y tus defensas.590
Para que la cuesta bajes
a tus chinelas acuerda
que hay muchos ojos que suben
cuando se bajan las cuestas.
Ponte en la cabeza rosas595
y en los zapatos rosetas,
de manera que en los pies
y en la cabeza se vean.
Aunque yo tengo más celos
del pie que de la cabeza600
que, aunque toda vas florida,
no a lo menos toda honesta.
Ven a matar de mañana,
aunque el amor forme quejas,
que esté durmiendo el aurora605
y tú, Belisa, despierta.
Si alguno te dice amores
de estos que de hablar se precian,
di que no vas a mirar
sino sólo a que te vean.610
Así, discreta Belisa,
segura del Soto vuelvas;
que no te engañen los ojos
esto que llaman guedejas.
Ponte el manto sevillano,615
no saques más de una estrella;
que no has menester más armas
ni el amor gastar sus flechas.
Más airosa vas tapada
y al fin con menos sospecha,620
que matando cuanto miras,
te conozcan y te prendan.
Bien puedes salir, que ya
los ruiseñores comienzan
a ser campanas del alba625
para que la tuya venga.
FERNANDO: Quedo, no conjures más.
CONDE: ¿Por qué?
FERNANDO: Porque ya se acerca.
CONDE: ¡Oh, conjuros amorosos,
divina tenéeis la fuerza!630
Salen BELISA con la mayor gala de color que pueda, manto y sombrero de plumas, y FINEA de la misma suerte. [BELISA habla sin ver al CONDE]
BELISA: ¿Adónde Celia quedó?
FINEA: Con unas amigas queda
sentada orilla del río.
BELISA: Como no tiene mis penas,
cansóse de verme andar635
buscando la causa de ellas.
Mucho es que aquestas mañanas
don Juan al Soto no venga.
FINEA: Tendrále preso Lucinda.
BELISA: ¿Cómo? ¡Si don Juan se queja640
de sus desdenes y engaños!
FINEA: ¡Qué bien tus celos consuelas!
Aparte a FINEA
BELISA: ¡Ay, Finea! ¡El conde!
FINEA: Amor
hoy quiere que coger puedas
en el Soto de Madrid645
los azahares de Valencia.
CONDE: Ya es tarde, Belisa, ingrata,
para encubriros de mí,
que dentro del alma os vi
en cuyo espejo os retrata.650
Ya que los campos de plata
la dorada aurora pisa,
no envidien su dulce risa
las aves, fuentes y flores
cuando con más resplandores655
sale a los nuestros Belisa.
Y aunque con sola una estrella
podéis dar luz, no es razón
que esconda el manto a traición
la que ha venido con ella.660
Descubrid, Belisa bella,
la que venís ocultando;
mátenme entrambas, que cuando
es tan cierta la vitoria,
bien es que partan la gloria665
de haberme muerto mirando.
La mayor honestidad
que fue de la villa espejo
le debe al campo el despejo
de su verde soledad.670
Descubrid, mirad, matad;
que es crüel razón de estado
mostrar, con el desenfado
de que amor se maravilla,
bizarrías en la villa675
y desdenes en el Prado.
BELISA: No por veros me encubrí,
cuando me alegré de veros.
CONDE: Gracias al amor y al campo
en que más humana os veo.680
¿Queréis escucharme?
BELISA: Sí,
que tan cortés caballero
no dirá cosa en mi agravio.
CONDE: Oíd:
Hablan bajo BELISA y el CONDE. Salen don JUAN y TELLO [sin verlos]
JUAN: No descubro, Tello,
en todo el Soto a Lucinda,685
y en su casa nos dijeron
que había salido al campo.
TELLO: Que nos engañaron temo;
que esto de envïar al Soto
siempre ha sido mal agüero.690
JUAN: No estará, Tello, Lucinda
con Octavio por lo menos.
TELLO: Bravo revés le pegaste.
JUAN: Como le sentí en el pecho
defensa, tiré por alto.695
TELLO: Si no llega gente, creo
que en enero vuelvo a Julio.
Tiréle un tajo, y abriendo
el broquel subió tan alto
por esos aires el medio700
que, apartadas las estrellas,
pienso que no estuvo un dedo
de descalabrar la luna.
JUAN: Vengué con sangre mis celos,
mas mira, por Dios, si ves705
a Lucinda.
TELLO: Preguntemos
por ella.
JUAN: ¿a quién?
TELLO: A este Soto,
ejército de conejos.
Diga, señor Manzanares,
sacamanchas de secretos,710
a quien debe su limpieza
la información de los cuerpos,
el que lava en el verano
lo que se pecó en invierno,
cuya espuma es de jabón,715
cuyas orillas de linzo,
¿ha visto vuesa merced
una mujer de buen gesto,
muy enemiga de amores,
muy amiga de dineros,720
que desde pobres acá
la perdió don Juan por serlo,
y con ella una crïada,
centella de aqueste fuego
que le hurta los borradores,725
como los poetas versos?
Habla el río–“Esa mujer
que habéis perdido, escudero,
está en casa con Octavio
almorzando unos torreznos730
con sus duelos y quebrantos.
¡Tal me vinieran los duelos!”
¿De qué lo sabéis buen río?
“De que estoy en su aposento
en un cántaro, que al rostro735
le doy el primer bosquejo.”
¿Oyes lo que dice el río?
JUAN: Oigo que vienes muy necio.
FINEA: Señora, señora, escucha.
BELISA: ¿Qué quieres?740
FINEA: Don Juan y Tello
están junto a aquellos olmos.
BELISA: Señor Conde, yo me atrevo
en fe de vuestro valor
que me aguardéis un momento
junto a aquel coche, entretanto745
que con aquel caballero
hablo dos palabras solas.
CONDE: Si siendo celoso puedo
ser cortés, iré forzando
mi paciencia a obedeceros;750
pero sufrir que un galán,
Belisa, os diga requiebros,
más viene a ser bajo estilo
que amoroso sufrimiento.
BELISA: No es galán, aunque lo es,755
y así no hay de qué ofenderos,
pues el nombre de marido
siempre mereció respeto.
De Aragón viene a casarse
conmigo; que os vais os ruego760
que no es de cobarde amante
en público ni en secreto,
para no perder la dama,
dejar el campo a su dueño.
CONDE: ¿Que estáis casada?765
BELISA: No sé.
Esto han tratado mis deudos.
CONDE: ¡Por cierto que él es galán!
BELISA: ¿No os parece que me empleo
justamente en él.
CONDE: Después
os responderán mis celos.770
Vanse el CONDE y FERNANDO
BELISA: Señor don Juan, los soldados
y caballeros, ¿tan presto
olvidan obligaciones?
JUAN: Señora mía, no pienso
que os ha ofendido mi olvido,775
falta sí de atrevimiento.
Dos mil veces he querido,
obligado a lo que os debo,
ir a besaros la mano
y a resolverme no acierto.780
¡Qué buena ventura mía,
pues la he tenido de veros,
que esta mañana me trujo
donde tan hermosa os veo!
¡Qué bizarra! ¡Qué gallarda!785
¡Qué talle! ¡Qué lindo aseo!
¿Qué jardín se debe a mayo?
¿Cuándo abril se fue lloviendo
tantas rosas, tantas flores?
¡Qué airosamente el sombrero790
coronel de vuestros ojos,
timbre de vuestros cabellos,
os hace Marte del Soto,
belicosamente Venus
para matar y dar vida795
a los mismos que habéis muerto!
BELISA: ¿Lisonjas después de olvidos?
¿Después de agravios requiebros?
Guardadlos para Lucinda.
¿Después de ingrato, discreto?800
¡No, señor don Juan! ¿Vos sois
Cardona? ¿Vos caballero
de Aragón? ¿No hay más disculpa
que decir “quiero y no tengo”
de perdido por Lucinda?805
¿Cómo os va con ella? ¿Hay celos?
¿Hay desdenes? ¿Hay galanes?
Ya se deben de haber hecho
las amistades, hablad.
¿De qué os suspendéis?810
JUAN: No puedo
deciros de mis desdichas
más de que loco amanezco
en su calle, donde el sol
me deja, cuando por cercos
de oro en le mar de occidente815
argenta el rubio cabello,
hasta que peina el del alba
con los rayos de su eterno
curso, ilustrando los aires,
dorando el verde elemento,820
cual suele por verde selva
celoso novillo huyendo
de su contrario, en los troncos
romper la furia soberbio,
temblar las ramas, sonando825
por varias partes los ecos,
cubrir de polvo las nubes
arañando el seco suelo.
Así yo la calle asombro,
para mí selva de fuego,830
rompiendo a las duras rejas
con mis suspiros los hierros.
BELISA: ¡Qué linda comparación!
¡Que bien aplicado ejemplo!
¡Qué bien pintado novillo!835
¡Qué amanecer! ¡Qué concepto!
¿Sois poeta?
JUAN: ¿Quién, señora,
no ha hecho malos o buenos
versos amando, que Amor
fue el inventor de los versos?840
BELISA: En lo tierno se os conoce
¿Queréis hacerme un soneto
a una mujer, que castiga
la Fortuna, Amor, y el Tiempo?
La Fortuna, por soberbia,845
por venganza el Amor ciego,
y el Tiempo con derribar
sus bizarras pensamientos;
tan necia que quiere a un hombre,
después de tantos desprecios,850
que está abrasado por otra.
JUAN: De componerle os prometo,
pero advertid que no soy
culto, que mi corto ingenio
en darse a entender estudia.855
Hablan bajo BELISA y don JUAN
TELLO: Ninfa del sombrero al sesgo,
¿quiere veinte y dos palabras?
FINEA: Quite veinte y diga presto.
TELLO: No sois vos de mala casta.
Yo soy un mozo moreno,860
natural de Calahorra.
Ya he dicho las dos, si tengo
de hablar más, prorrogue el pacto.
FINEA: Por no estorbar nuestros dueños,
llegue cerca, y diga.865
TELLO: Digo.
Hablan bajo TELLO y FINEA. Salen LUCINDA, con sombrero de plumas, y FABIA
LUCINDA: Ya te he dicho lo que siento.
FABIA: ¿Pues cómo, si quieres bien
a don Juan, le estás haciendo
tiros con Octavio? ¿A un hombre
que te adora?870
LUCINDA: Porque espero
a puros celos rendirle
de manera que troquemos
la esperanza en posesión
y al amor en casamiento.
FABIA: ¿Por mal le quieres llevar?875
LUCINDA: Reducido a tal extremo,
él se casará conmigo.
FABIA: ¿Por bien no es mejor consejo?
LUCINDA: ¡Ay, Fabia, aquí está don Juan!
FABIA: Y no está ocioso a lo menos.880
LUCINDA: ¡Gentil mujer! ¡Bravo talle!
FABIA: Hasta el socarrón de Tello
tiene su poco de dama.
A BELISA
JUAN: Si habéis tenido deseo
de conocer a Lucinda885
agora veréis si tengo
buen gusto.
BELISA: ¿Es ésta?
JUAN: ¿No veis
en la mudanza que han hecho
mis ojos, que quiere el alma
salir a verla por ellos?890
BELISA: Vos estáis bien empleado;
con tanto, con ella os dejo.
JUAN: Antes no, que quiero yo
probar también a dar celos.
BELISA: ¿De eso tengo de servir?895
JUAN: Ya que por mi amparo os tengo,
suplicoos, pues no os importa,
que entre los dos la matemos.
BELISA: Ahora bien, va de matar.
(¿Qué es esto que intento? ¡Ay cielos! Aparte900
¿Estoy loca? ¿Soy quien fui?
¿Quién en tanto mal me ha puesto?)
LUCINDA: Suplico a vuesa merced,
mi reina, la del sombrero
blanco, que por otra tal905
me preste ese caballero,
que si le ha menester mucho
y ha sido galán al vuelo,
para hablalle dos palabras;
que le volveré tan luego910
que apenas sienta su falta.
BELISA: Ninfa del sombrero negro,
y los guantes de achiote,
no entra bien con el pie izquierdo
si viene a tomar la espada,915
porque es terminillo nuevo
pedir el galán prestado;
pero que sea, le advierto,
que soy como amigo ruin
que ni convido ni presto.920
Aparte a don JUAN
(¿Voy bien?
JUAN: ¡Extremadamente!
Decidle más.)
BELISA: ¡El despejo
con que me pide el galán
que es alma de aqueste pecho!
Aparte a don JUAN
(¿Queréis más?925
JUAN: ¡Matadla, muera!)
Aparte a FABIA
LUCINDA: (¡Ay, Fabia, que estoy muriendo!)
BELISA: ¿Pero sobre qué le pide?
Quizá nos concertaremos
a manera de mohatra,
con prendas, ribete, y tiempo,930
porque no hay diamantes chinos,
oro en Tibar, ni en el Cerro
de Potosí plata, ni ámbar
en la Florida, por…
LUCINDA: Quedo,
no pase de “por.”935
BELISA: ¿Por qué?
LUCINDA: Porque si es amor mohatrero,
no tengo más prendas yo
que palabras, juramentos,
papeles, firmas, engaños.
BELISA: No hacemos nada con eso.940
Vuesa merced se ha engañado
que este galán me le llevo
como mi marido acaso.
LUCINDA: ¿Marido?
BELISA: Lo que le cuento.
LUCINDA: ¡Jesús!945
BELISA: Si ha de desmayarse
del susto de este suceso,
acérquese más al río,
dama, porque caiga dentro.
A don JUAN
Dadme la mano, mis ojos.
JUAN: Y el alma es poco.950
LUCINDA: No quiero
verlos ir, vámonos, Fabia.
(¿Esto llaman amor? ¡Fuego!) Aparte
Vanse LUCINDA y FABIA
JUAN: ¡Oh, qué bien me habéis vengado!
BELISA: (¡Ay, cielos! De mí me vengo.) Aparte
JUAN: Muriendo voy por Lucinda.955
BELISA: (Y yo abrasada de celos.) Aparte
Vanse BELISA y don JUAN
TELLO: Dame tú también la mano.
FINEA: ¿Tiénesla lavada?
TELLO: Pienso
que ayer hizo tres semanas.
¿Tu nombre?960
FINEA: Finea.
TELLO: Bueno,
Fineza te he de llamar.
FINEA: ¿Y el tuyo?
TELLO: Tello.
FINEA: Si es Tello
de Meneses, comerás
muchas tortillas de huevos.
TELLO: Mejor estas manecitas,965
como yo fritas en ellos.
FINEA: ¡Ay qué Tello!
TELLO: ¡Ay qué Finea!
¡Ay qué niña de los cielos!
FINEA: ¡Ay qué socarrón!
TELLO: ¿De quién?
FINEA: ¿De quién dices? Del infierno.970
TELLO: Dame un favor.
FINEA: Tuya soy.
TELLO: ¡Qué barbita!
FINEA: ¡Qué moreno!

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

Scroll to Top