JORNADA SEGUNDA
Salen TEÓGENES, y CARAVINO, con otros cuatro NUMANTINOS, gobernadores de Numancia, y MARQUINO, hechicero, y siéntanse
TEÓGENES: Paréceme, varones esforzados,
que en nuestros daños con rigor influyen
los tristes signos y contrarios hados,
pues nuestra fuerza humana disminuyen.
Tiénennos los romanos encerrados540
y con cobardes manos nos destruyen;
ni con matar muriendo no hay vengarnos,
ni podemos sin alas escaparnos.
No sólo a vencernos se despiertan
los que habemos vencido veces tantas;545
que también españoles se conciertan
con ellos a segar nuestras gargantas.
Tan gran maldad los cielos no consientan;
con rayos hieran las ligeras plantas
que se muestren en daño del amigo,550
favoreciendo al pérfido enemigo.
Mirad si imagináis algún remedio
para salir de tanta desventura,
porque este largo y trabajoso asedio
sólo promete presta sepultura.555
El ancho foso nos estorba el medio
de probar con las armas la ventura,
aunque a veces valientes, fuertes brazos
rompen mil contrapuestos embarazos.
CARAVINO: ¡A Júpiter pluguiera soberano560
que nuestra juventud sola se viera
con todo el cruel ejército romano,
adonde el brazo rodear pudiera,
que allí, al valor de la española mano,
la misma muerte poco estorbo hiciera565
para dejar de abrir franco camino
a la salud del pueblo numantino!
Mas pues en tales términos nos vemos,
que estamos como damas encerrados,
hagamos todo cuanto hacer podemos570
para mostrar los ánimos osados.
A nuestros enemigos convidemos
a singular batalla; que, cansados
de este cerco tan largo, ser podría
quisiesen acabarle por tal vía.575
Y cuando este remedio no suceda
a la justa medida del deseo,
otro camino de intentar nos queda,
aunque más trabajoso a lo que creo.
Este foso y muralla que nos veda580
el paso al enemigo que allí veo,
en un tropel de noche le rompamos
y por ayuda a los amigos vamos.
NUMANTINO 1: O sea por el foso o por la muerte,
de abrir tenemos paso a nuestra vida;585
que es dolor insufrible el de la muerte,
si llega cuando más vive la vida.
Remedio a las miserias es la muerte
si se acrecientan ellas con la vida,
y suele tanto más ser excelente590
cuanto se muere más honradamente.
NUMANTINO 2: ¿Con qué más honra pueden apartarse
de nuestros cuerpos estas almas nuestras
que en las romanas haces arrojarse
y en su daño mover las fuerzas diestras?595
Y en la ciudad podrá muy bien quedarse
quien gusta de cobarde dar las muestras;
que yo mi gusto pongo en quedar muerto
en el cerrado foso o campo abierto.
NUMANTINO 3: Esta insufrible hambre macilenta600
que tanto nos persigue y nos rodea
hace que en vuestro parecer consienta
puesto que temerario y duro sea.
Muriendo, excusar hemos tanta afrenta;
y quien morir de hambre no desea605
arrójese conmigo al foso y haga
camino su remedio con la daga.
NUMANTINO 4: Primero que vengáis al trance duro
de esta resolución que habéis tomado,
paréceme ser bien que desde el muro610
nuestro fiero enemigo sea avisado,
diciéndole que dé campo seguro
a un numantino y a otro su soldado
y que la muerte de una sea sentencia
que acabe nuestra antigua diferencia.615
Son los romanos tan soberbia gente
que luego aceptarán este partido;
y si lo aceptan, creo firmemente
que nuestro amargo daño ha fenecido,
pues está un numantino aquí presente620
cuyo valor me tiene persuadido
que él solo contra tres de los romanos
quitará la victoria de las manos.
También será acertado que Marquino,
pues es un agorero tan famoso,625
mire qué estrella o qué planeta o signo
nos amenaza a muerte o fin honroso,
o si se puede hallar algún camino
que nos pueda mostrar si del dudoso
cerco crüel do estamos oprimidos630
saldremos vencedores o vencidos.
También primero encargo que se haga
a Júpiter solemne sacrificio,
de quien podremos esperar la paga
harto mayor que nuestro beneficio.635
Cúrese luego la profunda llaga
del arraigado acostumbrado vicio.
Quizá con esto mudará de intento
el hado esquivo, y nos dará contento.
Para morir, jamás le falta tiempo640
al que quiere morir desesperado.
Siempre seremos a sazón y a tiempo
para mostrar muriendo el pecho osado;
mas, porque no se pase en balde el tiempo,
mirad si os cuadra lo que he demandado,645
y, si no os parece, dad un modo
que mejor venga y que convenga a todo.
MARQUINO: Esa razón que muestran tus razones
es aprobada del intento mío.
Háganse sacrificios y oblaciones650
y póngase en efecto el desafío;
que yo no perderé las ocasiones
de mostrar de mi ciencia el poderío.
Yo os sacaré del hondo centro oscuro
quien nos declare el bien, el mal futuro.655
TEÓGENES: Yo desde aquí me ofrezco, si os parece
que puede de mi esfuerzo algo fïarse,
de salir a esta duda que se ofrece
si por ventura viene a efectuarse.
CARAVINO: Más honra tu valor claro merece.660
Bien pueden de tu esfuerzo confïarse
más difíciles cosas, y aun mayores,
por ser el que es mejor de los mejores.
Y pues tú ocupas el lugar primero
de la honra y valor con causa justa,665
yo, que en todo me cuento por postrero,
quiero ser el heraldo de esta justa.
NUMANTINO 1: Pues yo con todo el pueblo me prefiero
hacer de los que Júpiter más gusta,
que son los sacrificios y oblaciones,670
si van con enmendados corazones.
NUMANTINO 2: Vámonos, y con presta diligencia
hagamos cuanto aquí propuesto habemos,
antes que la pestífera dolencia
de la hambre nos ponga en los extremos.675
Si tiene el cielo dada la sentencia
de que en este rigor fiero acabemos,
revóquela, si acaso lo merece
la presta enmienda que Numancia ofrece.
Vanse y salen MARANDRO, y LEONICIO, numantinos
LEONICIO: Marandro amigo, ¿dó vas,680
o hacia dó mueves el pie?
MARANDRO: Si yo mismo no lo sé,
tampoco tú lo sabrás.
LEONICIO: ¡Cómo te saca de seso
tu amoroso pensamiento!685
MARANDRO: Antes, después que le siento,
tengo más razón y peso.
LEONICIO: Eso ya está averiguado;
que el que sirviere al amor,
ha de ser por su dolor690
con razón muy más pesado.
MARANDRO: De malicia o de agudeza
no escapa lo que dijiste.
LEONICIO: Tú mi agudeza entendiste;
mas yo entendí tu simpleza.695
MARANDRO: ¿Qué simpleza? ¿Querer bien?
LEONICIO: Si al querer no se le mide
como la razón lo pide,
con cuándo, cómo, y a quién.
MARANDRO: ¿Reglas quiés poner a amor?700
LEONICIO: La razón puede ponellas.
MARANDRO: Razonables serán ellas,
mas no de mucho primor.
LEONICIO: En la amorosa porfía
a razón no hay conocella.705
MARANDRO: Amor no va contra ella,
aunque de ella se desvía.
LEONICIO: ¿No es ir contra la razón,
siendo tú tan buen soldado,
andar tan enamorado710
en tan extraña ocasión?
Al tiempo que del dios Marte
has de pedir el favor
¿te entretienes con Amor
quien mil blanduras reparte?715
¿Ves la patria consumida
y de enemigos cercada,
y tu memoria burlada
por amor, de ella se olvida?
MARANDRO: En ira mi pecho se arde720
por ver que hablas sin cordura.
¿Hizo el Amor, por ventura,
a ningún pecho cobarde?
¿Dejé yo la centinela
por ir donde está mi dama725
o estoy durmiendo en la cama
cuando mi capitán vela?
¿Hasme visto tú faltar
de lo que debo a mi oficio,
para algún regalo o vicio730
ni menos por bien amar?
Y si nada no has hallado
de que debo dar disculpa,
¿por qué me das tanta culpa
de que sea enamorado?735
Y si de conversación
me ves que ando siempre ajeno,
mete la mano en tu seno,
verás si tengo razón.
¿No sabes los muchos años740
que tras Lira ando perdido?
¿No sabes que era venido
en fin todo a nuestros daños,
porque su padre ordenaba
de dármela por mujer,745
y que Lira su querer
con el mío concertaba?
También sabes que llegó
en tan dulce coyuntura
esta fuerte guerra dura750
por quien mi gloria cesó.
Dilatóse el casamiento
hasta acabar esta guerra
porque no está nuestra tierra
para fiestas y contento.755
Mira cuán poca esperanza
puedo tener de mi gloria,
pues esta nuestra victoria
toda en la enemiga lanza.
De la hambre fatigados,760
sin medio de algún remedio,
tal muralla y foso en medio,
pocos, y ésos encerrados;
pues como veo llevar
mis esperanzas del viento,765
ando triste y descontento,
ansí cual me ves andar.
LEONICIO: Sosiega, Marandro, el pecho;
vuelve al brío que tenías;
quizá que por otras vías770
se ordena nuestro provecho,
y Júpiter soberano
nos descubra buen camino
por do el pueblo numantino
quede libre del romano,775
y en dulce paz y sosiego
de tu esposa gozarás,
y la llama templarás
de aquese amoroso fuego;
que para tener propicio780
al gran Júpiter tonante,
hoy Numancia en este instante
le quiere hacer sacrificio.
Ya el pueblo viene y se muestra
con las víctimas e incienso.785
¡Oh, Júpiter, padre inmenso,
mira la miseria nuestra!
Apártanse a un lado, y salen dos numantinos vestidos como sacerdotes antiguos, y han de traer asido de los cuernos en medio un carnero grande, coronado de oliva y otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla, y otro con un jarro de agua, y otros dos con dos jarros de vino, y otro con otra fuente de plata con un poco de incienso, y otros con fuego y leña, y otro que ponga una mesa con un tapete donde se ponga todo lo que hubiere en la comedia, en hábitos de numantinos; y luego los SACERDOTES, dejando el uno el carnero de la mano, diga
SACERDOTE 1: Señales ciertas de dolores ciertos
se me han representado en el camino790
y los canos cabellos tengo yertos.
SACERDOTE 2: Si acaso no soy mal adivino
nunca con bien saldremos de esta empresa.
¡Ay, desdichado pueblo numantino!
SACERDOTE 1: Hagamos nuestro oficio con la priesa795
que no incitan los agüeros tristes.
Poned, amigos, hacia aquí esa mesa.
SACERDOTE 2: El vino, incienso y agua que trujisteis
poneldo encima y apartaos afuera,
y arrepentíos de cuanto mal hicisteis;800
que la oblación mejor y la primera
que se ha ofrecer al alto cielo
es alma limpia y voluntad sincera.
SACERDOTE 1: El fuego no le hagáis vos en el suelo,
que aquí viene brasero para ello,805
que así lo pide el religioso celo.
SACERDOTE 2: Lavaos las manos y limpiaos el cuello.
Dad acá el agua. ¿El fuego no se enciende?
NUMANTINO: No hay quien pueda, señores, encendello.
SACERDOTE 1: ¡Oh, Júpiter! ¿Qué es esto que pretende810
de hacer en nuestro daño el hado esquivo?
¿Cómo el fuego en la tea no se enciende?
NUMANTINO: Ya parece, señor, que está algo vivo.
SACERDOTE 2: Quítate afuera. ¡Oh, flaca llama oscura,
qué dolor en mirarte tal recibo!815
¿No miras cómo el humo se apresura
a caminar al lado de poniente,
y la amarilla llama, mal segura,
sus puntas encamina hacia el oriente?
¡Desdichada señal, señal notoria820
que nuestro mal y daño está patente!
SACERDOTE 1: Aunque lleven romanos la victoria
de nuestra muerte, en humo ha de tornarse,
y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.
SACERDOTE 2: Pues debe con el vino rucïarse825
el sacro fuego, dad acá ese vino
y el incienso también ha de quemarse.
Rocía el fuego con el vino a la redonda, y luego pone el incienso en el fuego, y dice
Al bien del triste pueblo numantino
endereza, ¡oh gran Júpiter!, la fuerza
propicia del contrario amargo sino.830
Ansí como este ardiente fuego fuerza
a que en humo se vaya el sacro incienso,
así se haga al enemigo fuerza
para que en humo, eterno padre inmenso,
todo su bien, toda su gloria vaya,835
ansí como tú puedes y yo pienso;
tengan los cielos su poder a raya,
ansí como esta víctima tenemos,
y lo que ella ha de haber él también haya.
SACERDOTE 1: Mal responde el agüero; mal podremos840
ofrecer esperanza al pueblo triste,
para salir del mal que poseemos.
Hácese ruido debajo del tablado con un barril lleno de piedras, y dispárese un cohete volador
SACERDOTE 2: ¿No oyes un ruido, amigo? Di, ¿no viste
el rayo ardiente que pasó volando?
Presagio verdadero de esto fuiste.845
SACERDOTE 1: Turbado estoy; de miedo estoy temblando.
¡Oh, qué señales, a lo que yo veo,
que amargo fin están pronosticando.
¿No ves un escuadrón airado y feo?
¿Ves unas águilas feas que pelean850
con otras aves en marcial rodeo?
SACERDOTE 2: Sólo su esfuerzo y su rigor emplean
en encerrar las aves en un cabo,
y con astucia y arte las rodean.
SACERDOTE 1: Tal señal vituperio y no la alabo.855
¿Aguilas imperiales vencedoras?
¡Tú verás de Numancia presto el cabo!
SACERDOTE 2: Aguilas, de gran mal anunciadoras,
partíos, que ya el agüero vuestro entiendo,
ya en efecto contadas son las horas.860
SACERDOTE 1: Con todo, el sacrificio hacer pretendo
de esta inocente víctima, guardada
para aplacar al dios del gesto horrendo.
SACERDOTE 2: ¡Oh, gran Plutón, a quien por suerte dada
le fue la habitación del reino oscuro865
y el mando en la infernal triste morada!
Ansí vivas en paz, cierto y seguro
de que la hija de la sacra Ceres
corresponda a tu amor con amor puro,
que todo aquello que en provecho vieres870
venir del pueblo triste que te invoca,
lo alegues cual se espera de quien eres.
Atapa la profunda, oscura boca
por do salen las tres fieras hermanas
a hacernos el daño que nos toca,875
y sean de dañarnos tan livianas
sus intenciones, que las lleve el viento,
como se lleva el pelo de estas lanas.
Quita algunos pelos del carnero, y échalos al aire
SACERDOTE 1: Y ansí como te baño y ensangriento
este cuchillo en esta sangre pura880
con alma limpia y limpio pensamiento,
ansí la tierra de Numancia dura
se bañe con la sangre de romanos
y aun los sirva también de sepultura.
Sale por el hueco del tablado un demonio hasta el medio cuerpo, y ha de arrebatar el carnero y [todos los sacrificios], y volverse a disparar el fuego
SACERDOTE 2: Mas, ¿quién me ha arrebatado de las manos885
la víctima? ¿Qué es esto, dioses santos?
¿Qué prodigios son éstos tan insanos?
¿No os han enternecido ya los llantos
de este pueblo lloroso y afligido
ni la arpada voz de aquestos cantos?890
Antes creo que se han endurecido
cual pueden inferir en las señales
tan fieras como aquí han acontecido.
Nuestros vivos remedios son mortales;
toda nuestra pereza es diligencia,895
y los bienes ajenos, nuestros males.
NUMANTINO: En fin dado han los cielos la sentencia
de nuestro fin amargo y miserable.
No nos quiere valer ya su clemencia;
lloremos, pues es fin tan lamentable,900
nuestra desdicha; que la edad postrera
de él y de nuestras fuerza siempre hable.
TEÓGENES: Marquino haga la experiencia entera
de todo su saber, y sepa cuánto
nos promete de mal y la lastimera905
suerte, que ha vuelto nuestra risa en llanto.
Vanse todos, y quedan MARANDRO y LEONICIO
MARANDRO: Leonicio, ¿qué te parece?
¿Han remedio nuestros males
con estas buenas señales
que aquí el cielo nos ofrece?910
¡Tendrá fin mi desventura
cuando se acabe la guerra,
que será cuando la tierra
me sirva de sepultura!
LEONICIO: Marandro, al que es buen soldado915
agüeros no le dan pena,
que pone la suerte buena
en el ánimo esforzado,
y esas vanas apariencias
nunca le turban el tino.920
Su brazo es su estrella o sino;
su valor, sus influencias.
Pero si quieres creer
en este notorio engaño,
aún quedan, si no me engaño,925
experiencias más que hacer,
que Marquino las hará,
las mejores de su ciencia,
y el fin de nuestra dolencia
si es buena o mala sabrá.930
Paréceme que le veo.
MARANDRO: ¡En qué extraño traje viene!
Quien con feos se entretiene,
no es mucho que venga feo.
¿Será acertado seguille?935
LEONICIO: Acertado me parece
por si acaso se le ofrece
algo en que poder serville.
Aquí sale MARQUINO con una ropa de bocací grande y ancha, y una cabellera negra, y los pies descalzos, y la cinta traerá de modo que se le vean tres redomillas llenas de agua; la una negra y la otra clara y la otra teñida con azafrán; y una lanza en la mano, teñido de negro, y en la otra un libro; y ha de venir otro con él que se llama MILBIO, y cuando entran LEONICIO y MARANDRO, se apartan afuera MARQUINO y MILBIO
MARQUINO: ¿Dó, dices Milbio, que está el joven triste?940
MILBIO: En esta sepultura está encerrado.
MARQUINO: No yerres el lugar do le perdiste.
MILBIO: No; que con esta hiedra señalado
dejé el lugar adonde el mozo tierno
fue con lágrimas tiernas enterrado.945
MARQUINO: ¿De qué murió?
MILBIO: Murió de mal gobierno;
la flaca hambre le acabó la vida,
peste crüel, salida del infierno.
MARQUINO: ¿Al fin dices que ninguna herida
le cortó el hilo del vital aliento,950
ni fue cáncer ni llaga su homicida?
Esto te digo, porque hace al cuento,
de mi saber que esté este cuerpo entero,
organizado todo y en su asiento.
MILBIO: Habrá tres horas que le di el postrero955
reposo y le entregué a la sepultura
y de hambre murió, como refiero.
MARQUINO: Está muy bien, y es buena coyuntura
la que me ofrecen los propicios signos
para invocar de la región oscura960
los feroces espíritus malinos.
Presta atentos oídos a mis versos,
fiero Plutón, que en la región oscura,
entre ministros de ánimos perversos,
te cupo de reinar suerte y ventura;965
haz, aunque sean de tu gusto adversos,
cumplidos mis deseos en la dura
ocasión que te invoco; no te tardes,
ni a ser más oprimido de mí aguardes.
Quiero que al cuerpo que aquí está encerrado970
vuelva el alma que le daba vida
aunque el fiero Carón del otro lado
la tenga en la ribera denegrida
y aunque en las tres gargantas del airado
cancerbero está penada y escondida.975
Salga, y torne a la luz del mundo nuestro
que luego tornará al escuro vuestro;
y pues ha de salir, salga informada
del fin que ha de tener guerra tan cruda
y de esto no me encubra y calle nada980
ni me deje confuso y con más duda
la plática de esta alma desdichada.
De toda ambigüedad libre y desnuda
tiene de ser. Envíala. ¿Qué esperas?
¿Esperas a que hable con más veras?985
¿No desmovéis la piedra, desleales?
Decid, ministros falsos. ¿Qué os detiene?
¿Cómo no me habéis dado ya señales
de que hacéis lo que digo y me conviene?
¿Buscáis con deteneros vuestros males,990
o gustáis de que ya al momento ordene
de poner en efecto los conjuros
que ablanden vuestros fieros pechos duros?
Ea, pues, vil canalla mentirosa;
aparejaos al duro sentimiento,995
pues sabéis que mi voz es poderosa
de doblaros la rabia y el tormento.
Dime, traidor esposo de la esposa
que seis meses del años a su contento
está, sin duda, haciéndote cornudo,1000
¿por qué a mis peticiones estás mudo?
Este yerro, bañado en agua clara
que el suelo no tocó en el mes de mayo,
herirá en esta piedra, y hará clara
y patente la fuerza de este ensayo.1005
Con el agua clara de la redomilla baña el hierro de la lanza, y luego herirá en la tabla, y debajo suenan cohetes y hágase ruido
Ya pareces, canalla, que a la clara
dais muestras de que os toma crüel desmayo.
¿Que rumores son éstos? ¡Ea, malvados,
que aún sin venir aquí venís forzados!
Levantad esta piedra, fementidos,1010
y descubrid el cuerpo que aquí yace.
¿Qué es esto? ¿Qué tardáis? ¿A dó sois idos?
¿Cómo mi mando al punto no se hace?
¿No curáis de amenazas, descreídos?
Pues no esperéis que más os amenace;1015
esta agua negra del estigio lago
dará a vuestra tardanza presto pago.
Agua de la fatal negra laguna,
cogida en triste noche, oscura y negra;
¡por el poder que en ti sola se aúna,1020
a quien otro poder ninguno quiebra,
a la banda diabólica importuna
y a quien la primer forma de culebra
tomó, conjuro, apremio, pido y mando
que venga a obedecerme aquí volando!1025
Rocía con agua negra la sepultura, y ábrase
¡Oh, mal logrado mozo! Salid fuera.
Volved a ver el sol claro y sereno.
Dejad aquella región do no se espera
en ella un día sosegado y bueno.
Dame, pues puedes, relación entera1030
de lo que has visto en el profundo seno.
Digo de aquello a que mandado eres
y más si al caso toca y tú pudieres.
Sale el cuerpo amortajado, con un rostro de muerte, y va saliendo poco a poco, y, en saliendo, déjase caer en el tablado
¿Qué es esto? ¿No respondes? ¿No revives?
¿Otra vez has gustado de la muerte?1035
Pues yo haré que con tu pena avives
y tengas el hablarme a buena suerte.
Pues eres de los míos, no te esquives
de hablarme, responderme. Mira, advierte
que, si callas, haré que con tu mengua1040
sueltes la atada y enojada lengua.
Rocía el cuerpo con el agua amarilla, y luego le azotará
Espíritus malignos, ¿no aprovecha?
Pues esperad. Saldrá el agua encantada
que hará mi voluntad tan satisfecha
cuanto es la vuestra pérfida y dañada;1045
y aunque esta carne fuera polvos hecha,
siendo con este azote castigada,
cobrará nueva aunque ligera vida
del áspero rigor suyo oprimida.
Alma rebelde, vuelve al aposento1050
que pocas horas ha desocupaste.
Ya vuelves, ya lo muestras, ya te siento,
que al fin a tu pesar en él te entraste.
En este punto se estremece el cuerpo y habla
MUERTO: Cese la furia del rigor violento
tuyo, Marquino. Baste, triste, baste1055
lo que yo paso en la región oscura
sin que tú crezcas más mi desventura.
Engáñaste si piensas que recibo
contento de volver a esta penosa,
mísera y corta vida que ahora vivo,1060
que ya me va faltando presurosa.
Antes me causas un dolor esquivo
pues otra vez la muerte rigurosa
triunfará de mi vida y de mi alma.
Mi enemigo tendrá doblada palma.1065
El cual, con otros del oscuro bando,
de los que son sujetos a agradarte,
están con rabia eterna aquí esperando
a que acaba, Marquino, de informarte
del lamentable fin, del mal infando,1070
que de Numancia puedo asegurarte,
la cual acabará a las mismas manos
de los que son a ella más cercanos.
No llevarán romanos la victoria
de la fuerte Numancia, ni ella menos1075
tendrá del enemigo triunfo o gloria,
amigos y enemigos siendo buenos;
no entiendas que de paz habrá memoria,
que habrá albergue en sus contrarios senos;
el amigo cuchillo, el homicida1080
de Numancia será, y será su vida;
y quédate, Marquino, que los hados
no me conceden más hablar contigo,
y aunque mis dichos tengas por trocados,
al fin saldrá verdad lo que te digo.1085
En diciendo esto, se arroja el cuerpo en la sepultura
MARQUINO: ¡Oh, tristes signos, signos desdichados!
Si esto ha de suceder del pueblo amigo,
primero que mirar tal desventura
mi vida acabe en esta sepultura.
Arrójase MARQUINO en la sepultura
MARANDRO: Mira, Leonicio, si ves1090
por do yo pueda decir
que no me haya de salir
todo mi gusto al revés.
De toda nuestra ventura
cerrado está ya el camino;1095
si no, dígalo Marquino,
el muerto y la sepultura.
LEONICIO: Que todas son ilusiones,
quimeras y fantasías,
agüeros y hechicerías,1100
diabólicas invenciones;
no muestres que tienes poca
ciencia en creer desconciertos;
que poco cuidan los muertos
de lo que a los vivos toca.1105
MARANDRO: Nunca Marquino hiciera
desatino tan extraño,
si nuestro futuro daño
como presente no viera.
Avisemos de este paso1110
al pueblo, que está mortal.
Mas, para dar nueva tal,
¿quién podrá mover el paso?
