¿QUIÉN ENGAÑA MÁS A QUIÉN?
Juan Ruiz de Alarcón
El texto presentado aquí, en general atribuido a Juan Ruiz de Alarcón por su similaridad a LA INDUSTRIA Y LA SUERTE, está basado en la edición príncipe en PARTE CUARENTA Y CINCO (1679). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1999.
Personas que hablan en ella:
- Don DIEGO, galán
- HERNANDO, su criado
- Don ENRIQUE, galán
- El DUQUE de Milán
- Don SANCHO, viejo
- Don JUAN, galán
- TRISTÁN, gracioso
- RICARDO, escudero
- Doña ELENA, dama
- Doña LUCRECIA, dama
- INÉS, criada
- CRIADOS
JORNADA PRIMERA
Salen don DIEGO y doña ELENA
DIEGO: Yo vine, Elena querida,
a Milán a pretender;
no a competir, no a perder
por temerario la vida.
El duque sé que conquista5
con poder y amor tus prendas.
No sé cómo te defiendas
ni cómo yo le resista;
que en la gran desigualdad
de su estado y mi ventura,10
la confïanza es locura
y el valor temeridad.
ELENA: A quien de véras desea,
y a quien estima el favor,
no deja vista el Amor15
con que los peligros vea;
y si acusan la osadía
pensamientos castigados,
atrevimientos logrados
condenan la cobardía.20
Giges, humilde villano,
pretendió y gozó atrevido
la corona del rey lido,
y de la reina la mano;
Viriato fue un pastor,25
Tolomeo fue un soldado,
y uno y otro por osado
se coronó emperador.
Venció animoso Teseo
la voraz biforme fiera,30
para que Arïadna fuera
de su vitoria trofeo.
El tracio músico amante
con el canto lisonjero
candados rómpió de acero,35
puertas abrió de diamante;
y su Eurídice perdida,
contra el estatuto eterno,
rescatada del infierno,
vio la luz, volvió a la vida.40
Tú pues, ¿porqué desconfías,
y con frívolas excusas
temeridades acusas
en lícitas osadías?
DIEGO: Porque en esos el intento45
no dejó de ser locura,
aunque tuviesen ventura
en lograr su atrevimiento;
y yo para merecerte
intentar tal desvarío,50
si en mis fuerzas no me fío,
no he de fïarme en mi suerte.
ELENA: En las empresas de amor
toda la felicidad
consiste en la voluntad,55
y es la fortuna el favor;
y no siendo yo mudable,
tu desconfïanza es loca
mientras gozas de mi boca
el céfiro tavorable.60
DIEGO: Mal lo entiendes, pues si aliento
tu céfiro en mi favor,
su tranquilidad mayor
causa mi mayor tormento;
que es el duque poderoso,65
yo pobre, aunque soy honrado;
y cuanto yo más amado,
ha de estar él más celoso;
y tu más cierta esperanza
es mi peligro mayor,70
pues ha de ser tu favor
la espuela de su venganza.
Y así, pues de cualquier modo
ha de ser fuerza perderte,
yo quiero evitar la muerte,75
para no perderlo todo.
ELENA: No soy tan necia, ni es justo,
que quiera tener segura
con su rigor mi ventura,
y con su pena mi gusto;80
y así, quiero que te impida
esos temores mi amor,
aventurando mi honor
para asegurar tu vida.
DIEGO: ¿ Cómo?85
ELENA: Invencion se me ofrece,
cuanto atrevida, segura.
Pero ya la noche obscura
luces del sol desvanece,
y a mi padre estoy temiendo.
Vuélveme a ver a deshora;90
que no tengo espacio agora
de decirte lo que emprendo.
DIEGO: Cuando la noche ligera
en su carro tachonado
de estrellas haya pasado95
la mitad de su carrera,
en tus balcones veré
anticipada la aurora.
ELENA: Yo el sol que mi pecho adora
en ellos aguardaré.100
Vanse. Salen don ENRIQUE y TRISTÁN, de noche con linterna encendida
TRISTÁN: ¿Hoy la viste, y ya la adoras?
ENRIQUE: Sí, Tristan; que es Dios Amor,
y su poder el favor
no ha menester de las horas.
Con razon la solicito;105
que es, según me han informado,
noble y rica.
TRISTÁN: ¡Buen bocado!
Pero costará buen grito.
¡Plegue a Dios no dés venganza
a la ofendida Lucrecia,110
a quien tu rigor desprecia,
y enloquece tu mudanza;
y cuando vuelvas amante
como primero a querella,
no te suceda con ella115
lo que al otro caminante!
ENRIQUE: Y ¿qué fue el caso?
TRISTÁN: Pasaba
por la quinta de un su amigo,
cuando el cielo, ya mendigo
de luces, amenazaba120
con negros preñados senos
de las nubes, tempestades,
negadas de obscuridades
y acreditadas de truenos.
Rogóle que se quedara;125
mas resistió el caminante,
y pasó al fin adelante;
y en partiéndose, dispara
el austro su artillería,
y sacudiendo las alas,130
lluvias de líquidas balas
airado a la tierra envía.
El caminante afligido
a la quinta volvió huyendo;
cerrada la halló, y diciendo,135
“Abridme; que arrepentido
vuelvo ya,” le respondió
el otro, “En vano os volvistes,
porque si os arrepentistes,
también me arrepiento yo.”140
Yo temo el mismo desdén
en Lucrecia; que ofendida,
la has de hallar arrepentida
cuando tú lo estés también.
ENRIQUE: Si consiste su venganza145
en llegar a arrepentirme,
mi nuevo amor es tan firme,
que no es sujeto a mudanza;
más ya han abierto un balcón
de Elena.150
TRISTÁN: ¿Quieres hablar?
ENRIQUE: Primero me he de informar
del estilo y condición
y las costumbres de Elena;
que el doctor, si cuerdo es,
antes se informa, y después155
las medicinas ordena.
TRISTÁN: Yo fui a llamar cierto día
para un enfermo un doctor,
y él, sin saber el dolor
o enfermedad que tenía160
me dijo, “Miéntras se ensilla
mi mula, mancebo, id,
y que le sangren decid;
que yo voy luego.”
ENRIQUE: La silla
de su mula merecía165
tan sabio físico.
Salen doña ELENA e INÉS, a la ventana
ELENA: Inés,
esto es amor, ésta es
su violencia y tiranía.
INÉS: No culpo su atrevimiento
en quien como tú le adora;170
mas dificulto, señora
que consigas el intento.
ELENA: Bien sé que es dificultoso;
mas cuando entiendan mi engañp
vendrá a ser el mayor daño175
publicarse que es mi esposo,
y ésta es mi mayor ventura.
INÉS: Del duque temo el rigor.
ELENA: Pues sabe tanto de amor,
disculpará mi locura.180
Don ENRIQUE y TRISTÁN hablan aparte
TRISTÁN: Gente viene.
ENRIQUE: Cubre bien
esa linterna.
TRISTÁN: Por Dios,
que o yo me engaño, o son dos.
ENRIQUE: Pues¿ no somos dos tambien?
TRISTÁN: Pocos somos.185
ENRIQUE: Pues, Tristán,
el temor puedes vencer;
que yo he de reconocer
cualquiera que de galán
de Elena indicios me dé;
que a este fin apercebido190
de esa linterna he venido.
TRISTÁN: Si estás resuelto, yo haré
lo que suelo.
Salen don DIEGO Y HERNANDO, de noche
DIEGO: Centinela
en esta esquina has de ser;
que el duque tiene poder195
y rondando se desvela.
En viendo gente, al instante
me avisa.
HERNANDO: Advertido quedo;
Que si no el cuidado, el miedo
Me hiciera ser vigilante.200
Retírase HERNANDO
TRISTÁN: De los dos se queda el uno
y el otro, según parece
e sin duda quien merece
ser Júpiter de esta Juno.
ENRIQUE: Señas hace a la ventana.205
ELENA: ¿Es don Diego?
DIEGO: Soy, señora,
el que tu belleza adora
como a deidad soberana.
ELENA: Logremos pues los instantes.
Oye, mi bien, la invención210
con que aspiro en mi afición
a ser ejemplo de amantes.
DIEGO: Ya te escucho.
Bajan la voz, y hablan aparte TRISTÁN y don ENRIQUE
TRISTÁN: Pues ¿qué esperas
con esto que viendo estás?
ENRIQUE: Con esto, me alientan más215
esperanzas lisonjeras.
TRISTÁN: ¿Por qué?
ENRIQUE: Porque he visto agora
que es humana esta mujer,
y yo quiero pretender,
más que a Penelope, a Flora.220
TRISTÁN: Concluyóme tu argumento,
don Enrique; que no en vano
Dijo el refran castellano,
“Quien hace un cesto hará ciento.”
ENRIQUE: Con todo, me viene a dar225
esta experiencia cuidado;
porque el celar ha empezado
donde empezó el esperar;
y así, para prevenir
los casos, quiero, Tristán,230
conocer este galán,
con quien he de competir.
TRISTÁN: ¿Cómo?
ENRIQUE: Fingirme quisiera
justicia.
TRISTÁN: Delito es grave;
mas culpa que no se sabe,235
es como si no lo fuera.
ENRIQUE: Con esta traza imagino
que aseguro tu temor.
Don DIEGO a doña ELENA
DIEGO: Los quilates de tu amor
muestra tu ingenio divino,240
y me dispongo al efeto.
ELENA: Pues recibe este papel,
Deja caer un papel y don Diego no le halla
para que suplas con él
de la memoria el defeto,
si algun punto se te olvida.245
INÉS: Gente viene.
ELENA: Adiós.
DIEGO:
Elena,
mañana acaba mi pena.
ELENA: Mañana empieza mi vida.
Retíranse doña ELENA e INÉS
HERNANDO: ¡Pese a tal, señor! ¿No ves250
Que viene gente? ¿Qué esperas?
DIEGO: Avisármelo pudieras
a mejor tiempo.
Recata el rostro
ENRIQUE: ¿Quién es?
DIEGO: ¿Quién me lo pregunta así?
ENRIQUE: La justicia.255
DIEGO: Un caballero.
Soy español.
ENRIQUE: Saber quiero
qué aguarda parado aquí.
HERNANDO: (Aquí nos coge.) Aparte
DIEGO: Sacando
un lenzuelo, salió en él
acaso envuelto un papel,260
y le estábamos buscando;
que puede ser que me importe.
TRISTÁN: (Buena la trazó.) Aparte
DIEGO: Y querría
que, pues es la cortesía
tan natural de la corte,265
Y a sazón habeis llegado
con esa luz, permitáis,
para que os satisfagáis
y yo salga de cuidado,
que le busquemos.270
ENRIQUE: (De Elena Aparte
debe de ser el papel.
Lleve uno mío por él.)
Saca un papel de la faltriquera y arrójale en el teatro, y luego lo levanta él mismo, y se lo da a don DIEGO
Más me obliga vuestra pena
que el buscar satisfación;
que en vuestro modo se ve275
que excede a la mayor fe
sola vuestra información.
DIEGO: Merced me haceis.
ENRIQUE: Yo sospecho
que le he hallado. Véislo aquí.
DIEGO: Dios os guarde; que de mí280
podéis estar satisfecho
que de vuestra cortesía
no olvide la obligación.
ENRIQUE: Vuestra hidalga condición
ha dado ejemplo a la mía.285
Vanse don DIEGO y HERNANDO
TRISTÁN: Felizmente ha sucedido.
Si te hubieras informado
Del nombre, casa y estado…
ENRIQUE: El temor no es advertido
y el delito es temeroso.290
Aun de su rostro no puedo
dar señas.
TRISTÁN: Ni yo; que el miedo
me cegó, y él receloso
lo encubrió. Pero, señor,
¿qué buscas?295
Alza don ENRIQUE el papel de ELENA
ENRIQUE: Este papel;
Que uno mío di por él
a este amante.
TRISTÁN: ¡Lo que Amor
sabe de engaños!
ENRIQUE: Yo leo.
Ten y alumbra.
TRISTÁN: ¿Pues aquí?
¿Tanta priesa tienes?300
ENRIQUE: Sí;
que es mal sufrido el deseo.
Mi sospecha confirmó;
que dice la firma “Elena.”
TRISTÁN: Por su mano se condena
quién firma lo que escribió.305
Lee
ENRIQUE: “Yo tengo en Lima un hermano llamado
don Juan de Herrera, que salió de aquí
con don Estéban de Herrera, hermano de
mi padre, veinte años ha, siendo él de
siete. Nadie en Milan le conoce; y esto,310
y el estar mi viejo padre casi ciego,
me asegura para que finjas ser este
hermano mío, y que te vienes por haber
muerto nuestro tío; y así, viviendo
conmigo, perderás los recelos que te315
atormentan –Elena.”
TRISTÁN: ¿Hay enredo más extraño?
ENRIQUE: ¿No fuera bueno, Tristán,
A Elena y a su galán
darles con su mismo engaño?320
TRISTÁN: Heroica hazaña sería,
si la alcanzases, señor;
que dar con la misma flor
es flor de la fullería.
Y digo, si esta invención325
consiguieses, que no fueras
don Enrique de Contréras,
sino otro griego Sinón.
ENRIQUE: Si de la edad la mudanza
y el transcurso de los años330
para tan nuevos engaños
a Elena dan confïanza
segura de que su hermano
no puede ser conocido;
siendo yo recién venido,335
y teniendo de la mano
de la misma Elena escrito
este papel, que ha de ser,
si se viniere a saber,
disculpa de mi delito,340
¿quién puede mejor que yo
fingir que es don Juan?
TRISTÁN: Bien dices.
Los osados son felices;
que los temerosos no.
ENRIQUE: ¡Qué bien sabes obligar345
animando y concediendo!
TRISTÁN: Yo soy crïado, y pretendo
servir, y no aconsejar.
ENRIQUE: Ánimo pues; que a lo menos,
cuando no alcance mi amor350
así de Elena el favor,
Impediré los ajenos.
TRISTÁN: Con eso vendrás a ser
el perro del hortelano,
y con el nombre de hermano355
la podrás hablar y ver,
y gozar de los regalos
y su hacienda, aunque después,
como villano entremés,
acabe la historia en palos.360
ENRIQUE: Mi seguridad, Tristan,
consiste en este papel.
TRISTÁN: ¿Cuál fue el que diste por él
al engañado galán?
ENRIQUE: Verélo.365
TRISTÁN: Que puede ser
que en este fingido intento
te dañe, siendo instrumento
de venirte a conocer.
ENRIQUE: El romance en que la historia
de doña Lucrecia y mía370
a don Alonso escribía,
era, si tengo memoria.
TRISTÁN: ¡Pese a mí!
ENRIQUE: Pues ¿qué recelas?
TRISTÁN: Ver que te nombras en él.
ENRIQUE: Poco freno es un papel375
a quien pone amor espuelas.
Yo he de emprender–¡vive Dios!–
esta hazaña.
TRISTÁN: Y yo ayudarte.
ENRIQUE: Todo con ingenio y arte
se alcanza. Mueran los dos380
a manos de su invención.
TRISTÁN: Legado a determinar,
lo que importa es madrugar
y hurtarles la bendición.
Vanse. Salen don DIEGO, doña LUCRECIA y HERNANDO, con una luz
DIEGO: Lucrecia, la obligación385
del que a pagar se condena
la más constante afición,
no es para el cuerpo cadena,
si es para el alma prisión.
Agradecer tu favor390
es razón; mas es rigor
que pongas con duro imperio
pensiones de cautiverio
en los contentos de Amor.
LUCRECIA: ¡Ay don Diego! mi cuidado395
no recela injustamente;
que un constante enamorado
solo de su prenda ausente
suele hallarse violentado.
Vuestra excusa da ocasión400
a más celosa pasión,
porque presumir es justo
que falta en mi casa el gusto
a quien la llama prisión.
DIEGO: ¿No es prision la que gozar405
de la libertad me impide?
Y ¿no es rigor obligar
a un pretendiente a que olvide
sus aumentos por amar?
Viniendo yo a pretender410
oficios que me han de hacer
honrado y rico, es error
atender solo al Amor,
pudiendo a todo atender.
LUCRECIA: En vano queréis valeros415
de excusas; que nadie ignora
que por cortesanos fueros
se visitan a deshora
damas, y no consejeros.
DIEGO: Pues ¿solo con los oidores420
se pretende? ¿No hay señores
que conviene granjear?
¿Terceros no he de obligar?
¿No he de conquistar favores?
Y hasta agora tú, en efeto,425
solo esperanzas me das;
y no es intento discreto
querer por ellas no más
que viva yo tan sujeto,
LUCRECIA: Si a la posesión, te opones430
con fingidas dilaciones,
diciendo que el casamiento
puede ser impedimento
de alcanzar tus pretensiones.
¿por qué te quejas aquí435
de que solas esperanzas
has alcanzado de mí,
si en lo demás que no alcanzas,
te debes quejar de ti?
DIEGO: No me quejo; mas te advierto440
que aunque tuvieras por cierto
que a otros gustos atendía
mientras tú no fueras mía,
no hiciera gran desacierto
cuanto más cuando el cuidado445
de tu pecho receloso
debe estar asegurado
con la palabra de esposo
que mi firmeza te ha dado
y, al fin, mientras mi afición450
no llega a la posesión
que en ti pretende y adora
no es el venir a deshora
exceso que dé ocasión
a un incendio tan violento.455
A tu cuarto te retira,
moderando el sentimiento
con que me culpas; y mira
que apuras mi sufrimiento
con celos tan mal fundados,460
que parecen afectados;
y pensaré–por los cielos–
que finges como los celos
los amorosos cuidados.
LUCRECIA: Solo falta que me arguyas,465
con causas mal presumidas,
de engañosa, y que atribuyas
a mi fe culpas mentidas,
para desmentir las tuyas;
mas pues mi vista te enfada,470
del mal voy desengañada
que en ser tu esposa pretendo;
que si deseada ofendo,
¿qué he de esperar alcanzada?
Vase
HERNANDO: Señor, no la dejes ir,475
pues te da ocasión tan buena
para acabar de reñir,
y con tu adorada Elena
has de ir mañana a vivir.
DIEGO: Déjala con su pasión;480
que la tengo obligación,
y no puedo serle ingrato,
pues con tan hidalgo trato
sustenta mi pretensión,
remediando con largueza,485
como sabes, mi pobreza.
HERNANDO: ¿Luego mudas parecer
y determinas perder
la ventura y la belleza
que te ofrece la afición490
de Elena, con la invencion
que esta noche habeis trazado?
DIEGO: ¿Cómo puede enamorado
perder tan alta ocasion?
HERNANDO: Pues ¿qué has de hacer?495
DIEGO: Ocultar
de Lucrecia mi mudanza,
mientras pueda sustentar,
desmentir y dilatar
mi invención y su esperanza
hasta que habiendo logrado500
con Elena mi cuidado,
ni tema su sentimiento,
ni pueda impedir mi intento
la palabra que la he dado.
HERNANDO: Dices bien; que es de temer,505
si airada se desenfrena,
la furia de una mujer.
DIEGO: Llega la luz; que de Elena
el papel quiero leer.
Llega la luz HERNANDO, y abre el papel de don ENRIQUE don DIEGO
HERNANDO: Señor, ¿no es de la invención510
memoria?
DIEGO: Sí.
HERNANDO: Las dos son,
y pues la lición sabemos,
mañana la pasaremos.
DIEGO: ¿Quieres tú que un corazón
loco, de amor, que ha alcanzado515
letras de su dulce dueño,
sin haberlas trasladado
al almia , le rinda al sueño,
tranquilamente el cuidado?
La letra no es de mujer,520
y son versos.
HERNANDO: Con leer
saldrá tu imaginación
presto de esta confusión.
No te quieras parecer
al necio que cuando da525
el reloj, pregunta la hora.
Lee pues; que él lo dirá,
y no discurras, agora
que dando el reloj está.
Lee
DIEGO: “La ocupación cortesana,530
don Alonso, no me deja
escribiros tantas veces
cuantas mi amistad quisiera…”
Sale doña LUCRECIA, al paño
LUCRECIA: (Mal se sosiega un agravio. Aparte
Ved si en vano se recela535
mi pecho. Leyendo está
un billete.)
HERNANDO: Las tinieblas
de la noche te engañaron,
y en vez del papel de Elena
hallamos este romance,540
descuido de algún poeta.
DIEGO: Eso es lo cierto. A buscarle
al punto importa que vuelvas.
HERNANDO: ¿Al punto?
DIEGO: Al punto.
HERNANDO: ¿No basta
buscalle cuando amanezca?545
LUCRECIA: (¡Quién los pudiera entender! Aparte
¿Qué consultas serán éstas?
Mas, pues hablan con recato,
cierto es que son en mi ofensa.)
DIEGO: ¿No echas de ver cuánto importa?550
HERNANDO: ¿Qué importa cuando se pierda,
si de memoria sabemos
cuanto contienen sus letras?
………………….
LUCRECIA: (Ya me falta la paciencia.) Aparte555
Adelántase
Enemigo, ¿qué secretos
y qué pláticas son éstas?
Suelta el papel.
Coge el papel
DIEGO: Necia estás
de celosa.
LUCRECIA: Acaba, suelta.
DIEGO: Si con eso has de dejarme,560
Tómale, para que veas
tu locura en mi verdad,
y en tu engaño mi paciencia.
LUCRECIA: Yo lo veré.
HERNANDO: Mal conoces
de mi señor la fineza.565
LUCRECIA: Pues vos, ¿qué habeis de decir,
alcahuete?
HERNANDO: Tomáos ésa.
Lee
LUCRECIA: “La ocupacion cortesana,
don Alonso, no me deja
escribiros tantas veces570
cuantas mi amistad quisiera;
demás, que para encantar
hay aquí tantas sirenas,
que el mas prevenido Ulíses
en este golfo se anega.”575
¿Tantas sirenas, don Diego,
hay en Milán que os diviertan?
¿luego no soy sola yo,
ni son sin causa mis quejas?
DIEGO: Prosigue el papel, verás580
cuán sin razón me condenas.
Lee
LUCRECIA: “Y porque me habeis pedido
que os dé siempre larga cuenta
de mis cosas, atended;
que aquí mi historia comienza.585
Libre de amor paseaba,
cuando en Dios y en hora buena
di en una Circe en hechizos…”
Don Diego, ¿qué Circe es ésta?
DIEGO: El papel lo dirá. lee.590
Lee
LUCRECIA: “…como Venus en belleza;
al fin toda me agradó.”
Y tú ¿agradástela a ella?
DIEGO: El papel lo dirá. Lee.
Lee
LUCRECIA: “Seguíla y supe quien era.”595
Claro está que no te había
de quedar por diligencia.
Lee
“Y en buen hora sea mentado,
la tal dama era doncella.”
¿Qué importa? Dale palabra,600
como a mí, cuando lo sea;
mas ya no debe de serlo,
pues que dices que lo era.
DIEGO: Pesada, Lucrecia estás.
¿De qué indicios argumentas605
qe soy quien escribe yo,
si no es aquésa mi letra,
ni en mi vida hice una copla?
LUCRECIA: El papel lo dirá. Espera.
Lee
“Era, aunque huérfana, rica,610
en nombre y beldad Lucrecia.”
DIEGO: ¿Cómo?
LUCRECIA: ¿Vés cómo el papel
atestigua lo que niegas?
¿En coplas anda mi nombre,
y mi fama en estafeta?615
DIEGO: ¿No hay más Lucrecias que tú?
LUCRECIA: Para ti no hay más Lucrecias
donde tantas cosas juntas
te culpan y te condenan.
Aparte a su amo
HERNANDO: Señor, ¿qué puede ser esto?620
DIEGO: Un confuso mar me anega.
Lee
LUCRECIA: “Admiréme, entré en su casa
honestamente compuesta,
donde una Aldonza, su tia,
era el dragón de Medea.”625
¿Hay más Lucrecias que yo?
¿Al fin, ni es túya esa letra,
ni has hecho verso en tu vida?
DIEGO: Prosigue el papel, Lucrecia
sin glosarle hasta acabarle;630
qe me apuras la paciencia.
Lee
LUCRECIA: “Era una vieja Creusa
aquello, y Dios nos defienda,
que llamo estantigua yo,
y que llaman otros dueña.635
Doña Claudia y doña Julia
eran de labor doncellas;
que ya son tambien donadas
las familias escuderas.
Su poco de gentilhombre640
ea jayán de la puerta,
de la silla precursor
y Judas de la despensa.
Un perro braco de falda
con collar y con guedejas645
era delicia del dueño
y tormento de la dueña.”
¿También de estas niñerías
importaba darle cuenta?
HERNANDO: ¡Qué bien informado estaba650
el socarron del poeta!
Lee
LUCRECIA: “Los pasos acostumbrados
de un pobre que galantea
anduvo mi amor siguiendo,
ya en visitas y ya en fiestas.655
Paró al fin en concertar
que me casase con ella;
que el tramposo y codicioso
fácilmente se conciertan.”
¿Cómo es esto del tramposo?660
Don Diego, saber quisiera
de cuál de los dos se entiende.
DIEGO: De mí, si tanto me aprietas
y a preguntar te anticipas
lo que es más fácil que sepas,665
Prosiguiendo, sin matarme
con tus comentos, la letra.
Lee
LUCRECIA: “Hícele promesa, al fin,
de esposo; que las promesas
para engañar deseosos670
son poderosas terceras.”
Acabóse. La celada,
don Diego, está descubierta.
¿Al fin habéis de engañarme?
¡Buena quedara de necia675
si a crédito de palabras
la posesion os vendiera!
¿Así paga obligaciones,
así beneficios premia,
así a finezas se obliga680
quien de tan noble se precia?
DIEGO: Dame, Lucrecia, el romance,
deja que todo lo lea.
Entendamos esta enigma.
…………………685
Toma a doña LUCRECIA el papel y lee
“La promesa pudo tanto,
o tanto el amor en ella,
que por no ser yo Tarquino,
Lucrecia no fue Lucrecia,
y antes de ser desposada690
la hermosa infanta fue dueña.
LUCRECIA: ¿Cómo?
HERNANDO: (¡Malo!) Aparte
DIEGO: Pues ¿qué dices,
Lucrecia? Agora comienzan
mis descargos y tus culpas,
porque yo hasta agora apenas695
alcancé de tí una mano;
yesto es fuerza, pues confiesa
que alcanzó la posesión,
que de otro amante se entienda.
LUCRECIA: ¿Fundar quieres tus disculpas700
en lo que fundo mis quejas?
Si antes de alcanzar te jactas
después de alcanzar, ¿qué hicieras?
¿Quién te fïara su honor?
DIEGO: Oye el papel. No pretendas705
rebatir mis argumentos
con sofísticas respuestas.
Lee
“La posesion conseguida
me enseñó la diferencia
de alcanzar a desear,710
pues en rozando sus prendas,
como otras veces solía,
aborrecíla y dejéla.”
¿Yo, por dicha, hete dejado,
Lucrecía?715
HERNANDO: (Por Dios, que aprieta Aparte
el argumento.)
LUCRECIA: ¡Ah, traidor!
Díceslo así porque piensas
ejecutarlo tan presto,
que ya por hecho lo cuentas.
HERNANDO: (Sola una mujer podía Aparte720
responder tal sutileza.)
Lee
DIEGO: “Con salud, y en este estado,
don Alonso amigo, queda
en Milán para serviros
don Enrique de Contreras.”725
LUCRECIA: (¡Ay de mí!) Aparte
HERNANDO: (¡Ah, en hora mala!) Aparte
DIEGO: ¿Qué don Enrique, Lucrecia,
es éste?
LUCRECIA: Si estos enredos
por desobligarte inventas…
DIEGO: ¿Que aun a tan claras probanzas730
buscas frívolas respuestas?
LUCRECIA: ¿Pues, don Diego, cuando fuese
esta historia verdadera,
¿no hay más Lucrecias que yo?
HERNANDO: (Darnos quiere con la nuestra. Aparte735
DIEGO: No, con estas circunstancias
no hay en Milán más Lucrecias,
fuera de que yo, engañosa,
no es esta la vez primera
que tuve nuevas confusas,740
que agora son evidencias,
de este amor de don Enrique;
y de aquí, porque lo sepas,
nació el dilatar mis bodas
y el no cumplir mis promesas.745
LUCRECIA: (¡Ah, Enrique vil! ¿No bastaba Aparte
hacerme sola una ofensa?)
DIEGO: Quien de sí misma sabía
este delito, esta afrenta,
reñía tan rigurosa750
y hablaba tan satisfecha?
Quédate, falsa, liviana;
quédate, y ya ni tu lengua
me nombre, ni en tu memoria
viva esperanza tan muerta;755
que convencida tu culpa
y averiguada mi ofensa,
pues sin honor pretendías
qe yo la mano te diera,
no podrás negar al menos760
que es tan limitada pena
dejarte, que a mi piedad
debes gracias, y no quejas.
LUCRECIA: Aguarda, señor.
Aparte a su amo
HERNANDO: Por Dios,
que te ha venido de perlas765
la ocasion para dejarla.
Vanse amo y criado
LUCRECIA: Escucha, don Diego, espera…
Mas ¿qué detengo con ruegos
a quien huye con ofensas?
¡Ah, villano don Enrique!770
¡Plega a Dios que, pues me cuesta
tu engaño el honor, te cueste
a ti la vida mi afrenta!
Vase. Salen don ENRIQUE y TRISTÁN, de camino, y don SANCHO
SANCHO: En tan buen hora volváis,
hijo querido, a mis ojos.775
Cuantas lágrimas y enojos
con la ausencia me costais.
Volvedme a abrazar. La muerte
de don Esteban de Herrera
mi hermano, solo pudiera780
con la venturosa suerte
de veros tener consuelo;
que a tantos años de ausencia
faltaba ya la paciencia.
ENRIQUE: Bien sabe, señor, el cielo785
que quisiera el corazón,
para evitar tus enojos,
que me volviese a tus ojos
menos funesta ocasión.
SANCHO: Cosas son que Dios ordena.790
TRISTÁN: (Hasta agora bueno va.) Aparte
Sale ELENA
ELENA: ¡Que vino mi hermano ya!
TRISTÁN: (Aquí es Troya.) Aparte
ENRIQUE: ¡Amada Elena!
ELENA: (Pero ¿qué es esto? ¡Ay de mí!) Aparte
ENRIQUE: ¿Es posible que te veo?795
ELENA: Yo te abrazo, y aun no creo,
que tal dicha merecí.
TRISTÁN: (Eso a los bobos; que ha dado Aparte
vuestra invencion en vacío,
y ésta es la hora en que fío800
que hubiérades vos tomado
por mas dichoso partido
que una mina reventara
y los huéspedes volara.)
Sale INÉS
INÉS: Aunque esta dicha he sabido805
la postrera, no lo soy
en el gusto. Dale a Inés
don Juan, mi señor, los piés…
(Mas ¡ay!) Aparte
ENRIQUE: Los brazos te doy.
TRISTÁN: (Ya tengo mi quebradero Aparte810
de cabeza también yo.)
Aparte a ella
INÉS: ¿Qué es esto, Elena?
ELENA: Llegó
el hermano verdadero
cuando aguardaba el fingido.
TRISTÁN: (A nublo tocan. Su pena Aparte815
publican Inés y Elena.)
SANCHO: Fatigado habréis venido.
Entrad, hijo, a descansar.
ENRIQUE: Con veros he descansado.
Vase don SANCHO. Hablan aparte TRISTÁN y su amo
TRISTÁN: ¡Vive Dios, que la han tragado!820
ENRIQUE: Ninguno puede alcanzar,
Tristán si no se aventura.
Ya logré el atrevimiento,
Fortuna. Logre el intento
de lograr esta hermosura.825
TRISTÁN: Ya con su engaño, señor,
se engañó Elena. Confía,
que la mayor fullería
es dar con la misma flor.
Vase don ENRIQUE y hablan aparte doña ELENA e INÉS
ELENA: ¿Cómo harémos, Ines, di,830
para avisar a don Diego
de este caso?
INÉS: Tu amor ciego
solo confíe de mi
tu secreto.
ELENA: Pues tomar
puedes luego, Inés, el manto;835
que por lo que importa tanto
todo se ha de atropellar.
Vase
TRISTÁN: Inés…
INÉS: ¿Qué quieres?
TRISTÁN: Espera.
Yo sea muy bien venido.
INÉS: ¿Y qué se hubiera perdido840
cuando mal venido fuera?
TRISTÁN: ¿Con tan necia sequedad
respondes a mis cuidados?
Mas siempre en los desposados
la primera es necedad.845
INÉS: ¡Qué espacio para mi prisa!
Suelta.
TRISTÁN: Irás a calentar
agua de piernas y dar
un perfume a la camisa
para el huésped, por cumplir850
con uso tan excusado.
INÉS: Ése es mi mayor cuidado.
Iré a lo ménos a huír
de un huésped tan deseoso
en todo de parecerlo,855
que aun no ha dejado de serlo
en la parte de enfadoso.
Vase
TRISTÁN: ¡Ah, Inés, cómo estais cerril!
Pues, ¡ay de vos si os abrasa
amor ajeno; que en casa860
se os ha entrado el alguacil!
