LA PAREDES OYEN
Texto basado en la edición príncipe de LAS PAREDES OYEN en PARTE PRIMERA DE LAS COMEDIAS DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Madrid; Juan González, 1628). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.
Personas que hablan en ella:
- Don MENDO, galán
- Don JUAN, galán
- El DUQUE, galán
- El CONDE, galán
- LEONARDO, criado
- BELTRÁN, gracioso
- Doña ANA, dama viuda
- Doña LUCRECIA, dama
- CELIA, criada
- ORTIZ, escudero
- Otro ESCUDERO
- MARCELO, criado del duque
- FABIO, criado del duque
- Una MUJER
- Cuatro ARRIEROS
JORNADA PRIMERA
Salen don JUAN, vestido llanamente, y BELTRÁN
JUAN: Tiéneme desesperado,
Beltrán, la desigualdad,
si no de mi calidad,
de mis partes y mi estado.
La hermosura de doña Ana,5
el cuerpo airoso y gentil
bella emulación de abril,
dulce envidia de Dïana,
mira tú, ¿cómo podrán
dar esperanza al deseo10
de un hombre tan pobre y feo
y de mal talle, Beltrán?
BELTRÁN: A un Narciso cortesano,
un humano serafín
resistió un siglo, y al fin15
la halló en brazos de un enano,
y, si las historias creo
y ejemplos de autores graves
–pues, aunque sirviente, sabes
que a ratos escribo y leo–20
me dicen que es ciego Amor,
y sin consejo se inclina;
que la emperatriz Faustina
quiso un feo esgrimidor;
que mil injustos deseos,25
puestos locamente en ella,
cumplió Hipia, noble y bella,
de hombres humildes y feos.
JUAN: Beltrán, ¿para qué refieres
comparaciones tan vanas?30
¿No ves que eran más livianas
que bellas esas mujeres,
y que en doña Ana es locura
esperar igual error,
en quien excede el honor35
al milagro de hermosura?
BELTRÁN: ¿No eres don Juan de Mendoza?
Pues doña Ana ¿qué perdiera
cuando la mano te diera?
JUAN: Tan alta fortuna goza,40
que nos hace desiguales
la humilde en que yo me veo.
BELTRÁN: Que diste en el punto, creo,
de que proceden tus males.
Si Fortuna en tu humildad45
con un soplo te ayudara,
a fe que te aprovechara
la misma desigualdad.
Fortuna acompaña al dios
que amorosas flechas tira;50
que en un templo los de Egira
adoraban a los dos.
Sin riqueza ni hermosura
pudieras lograr tu intento;
siglos de merecimiento55
trueco a puntos de ventura.
JUAN: Eso mismo me acobarda.
Soy desdichado, Beltrán.
BELTRÁN: Trocar las manos podrán
Fortuna y Amor. Aguarda.60
JUAN: Si a don Mendo hace favor,
¿qué esperanza he de tener?
BELTRÁN: En ése echarás de ver
que es todo fortuna amor.
A competencia lo quieren65
doña Ana y doña Teodora;
doña Lucrecia lo adora;
todas, al fin, por él mueren.
Jamás el desdén gustó.
JUAN: Es bello y rico el mancebo.70
BELTRÁN: ¡Cuánto mejor era Febo!
Y Dafnes lo desdeñó.
Y, cuando no conociera
otro en perfección igual,
aquesto de decir mal75
¿es defecto como quiera?
JUAN: Y ¿no es eso murmurar?
BELTRÁN: Esto es decir lo que siento.
JUAN: Lo que siente el pensamiento
no siempre se ha de explicar.80
BELTRÁN: Decir…
JUAN: Que calles te digo;
y ten por cosa segura
que tiene, aquél que murmura,
en su lengua su enemigo.
BELTRÁN: Entre tus desconfïanzas,85
en su casa entrar te veo;
sin duda que el gran deseo
engaña tus esperanzas.
Veste en desierto lugar,
y no cesas de dar voces,90
y, aunque tu muerte conoces,
nadas en medio del mar.
JUAN: Lo que en gran tiempo no ha hecho,
hace Amor en solo un día,
venciendo al fin la porfia.95
BELTRÁN: Que te sucede sospecho
lo que al tahur, que en perdiendo,
solamente con decir
“¡que no sepa yo gruñir!”
está sin cesar gruñendo.100
Tú dices que desesperas;
y, entre el mismo no esperar,
nunca dejas de intentar.
¿Qué más haces cuando esperas?
¿Tú piensas que el esperar105
es alguna confección
venida allá del Japón?
El esperar es pensar
que puede al fin suceder
aquello que se desea;110
y, quien hace porque sea,
bien piensa que puede ser.
JUAN saca una carta
JUAN: Pues si con esta invención
en su desdén no hay mudanza,
aunque viva mi esperanza115
morirá mi pretensión.
BELTRÁN: El mercader marinero,
con la codicia avarienta,
cada vïaje que intenta
dice que será el postrero.120
Así tú, cuando imagino
que desengañado estás,
ya con nuevo intento vas
en la mitad del camino.
Mas dime. ¿Qué te ha obligado125
a tratar esta invención
para mostrar tu afición
pudiendo, con un crïado
de su casa, negociar
lo que tú vienes a hacer?130
JUAN: No he de arriesgarme a ofender
a quien pretendo obligar;
que, como es tan delicada
la honra, suele perderse
solamente con saberse135
que ha sido solicitada.
Y así, del murmurador
pretendo que esté segura
mi desdicha o mi ventura,
su flaqueza o su valor;140
que aun a ti mismo callado
estos intentos hubiera,
si en ti, Beltrán, no tuviera
más amigo que cesado.
BELTRÁN: ¿Toda esta casa, don Juan,145
a una mujer aposenta?
JUAN: Seis mil ducados de renta,
¿qué alcázar no ocuparán!
BELTRÁN: Celia es ésta.
Sale CELIA
CELIA: ¿Qué mandáis,
señor don Juan?150
JUAN: Celia mía,
besar las manos querría,
si licencia me alcanzáis,
a mi señora doña Ana.
CELIA: Que será imposible entiendo;
porque se está previniendo155
para partirse mañana
a una novena en Alcalá.
JUAN: ¿De la corte se desvía
cuando el celebrado día
de San Juan tan cerca está?160
CELIA: Para los tristes no hay fiesta.
JUAN: Pues, Celia, verla me importa.
La visita será corta;
sólo le quiero dar ésta
que le ha venido en un pliego,165
y me dice quien la envía
que sólo de mí confía
el darla.
CELIA: Yo salgo luego.
Vase CELIA
BELTRÁN: No hay pobre con calidad:
si un villano rico fueras,170
a fe que nunca tuvieras
en verla dificultad.
JUAN: Si ella está tan de camino,
que es justa la excusa creo.
BELTRÁN: “Lo que con los ojos veo…”175
JUAN: Malicioso desatino.
BELTRÁN: ¿Cuánto va que no la ves?
JUAN: De no alcanzar no se ofende
quien lo difícil emprende.
Mas doña Ana es muy cortés.180
BELTRÁN: Y agora ¿qué hemos de hacer?
Que ella se parte a Alcalá.
JUAN: En tanto que ausente está,
aguardar y padecer
BELTRÁN: Bueno fuera acompañarla.185
JUAN: Si como quien soy pudiera,
forzoso el hacerlo fuera,
si así entendiese obligarla;
mas ni me ayuda el poder.
ni ella lo agradecería,190
por la nota que daría
si se llegase a entender,
BELTRÁN: Ella sale.
JUAN: Di, Beltrán,
que la Aurora bella y clara.
Salen Doña ANA, viuda, y CELIA, y habla a CELIA aparte
ANA: ¡Ay, Celia, y qué mala cara195
y mal talle de don Juan!
JUAN: Aunque me dijo, señora,
Celia vuestra ocupación
–Con que fuera más razón
el no estorbaros agora–,200
Dale la carta
la importancia contenida
en esta carta que os doy,
me disculpa.
ANA: Nunca estoy,
señor don Juan, impedida
para recibir merced205
de tan noble caballero.
JUAN: Vuestro soy. Respuesta espero.
Si sois servida, leed.
ANA: Ser descortés me mandáis.
JUAN: Leed, que importa una vida210
que cerca está de perdida
si remedio no le dais.
ANA: Si está su defensa en mí,
la pena y temor dejad.
JUAN: El caso es grave. Mandad215
que estemos solos aquí;
que tenemos que tratar,
y el secreto es importante.
ANA: Dejadnos solos.
BELTRÁN: (Amante Aparte
fué el inventor de engañar.)220
Vanse BELTRÁN y CELIA
JUAN: Pues contigo solo estoy,
porque mi recato veas,
Va a leer doña ANA, y detiénela
oye, señora: no leas;
que la carta viva soy.
Que me atreva, no te altere,225
pues estoy solo contigo,
y un agravio sin testigo
al punto que nace muere.
Desde que la vez primera
vi la luz de tu arrebol230
dos veces la ha dado el sol
a los signos de su esfera.
Como al que el rayo tocó
de Júpiter vengativo,
por gran tiempo muerto, vivo235
en un instante quedó;
como aquel que la cabeza
de la Gorgona miraba,
por un peñasco trocaba
la humana naturaleza;240
tal en viéndote me veo,
tan absorto y admirado,
que en admirarme ocupado,
no doy lugar al deseo;
que esos divinos despojos245
tanta gloria me mostraron,
que al punto me arrebataron
toda el alma por los ojos.
ANA: Tened, don Juan. Eso ¿para
todo en que amor me tenéis?250
JUAN: No, porque ya lo sabéis,
y en vano el tiempo gastara.
ANA: ¿En que os morís?
JUAN: No, señora,
pues ni en morir parará;
que en el alma vivirá255
el amor que os tengo agora.
ANA: ¿Pára en pedirme que os quiera?
JUAN: Ni llega, señora, ahí,
que no hay méritos en mí
para que a tal me atreviera.260
ANA: Pues decid lo que queréis.
JUAN: Quiero… Sólo sé que os quiero,
y que remedio no espero,
viendo lo que merecéis.
Como el mísero doliente,265
en el lecho fatigado,
a cualquier parte inclinado
los mismos dolores siente.
y, por huir del tormento,
que en cada lado es mayor,270
busca alivio a su dolor
en el mismo movimiento.
Así yo con mi cuidado
vengo a vos, dueño querido,
no de esperanza inducido,275
sino de dolor forjado,
por no morir con callarlo,
no por sanar con decirlo;
que es imposible el sufrirlo
como lo es el remediarlo.280
Y así, no os ha de ofender
que me atreva a declarar,
pues va junto el confesar
que no os puedo merecer.
ANA: ¿Queréis más?285
JUAN: ¿Qué más que a vos?
Si entender queréis mi estado,
en que os quiero está cifrado.
ANA: Pues, señor don Juan, adiós.
JUAN: Tened. ¿No me respondéis?
¿De esta suerte me dejáis?290
ANA: ¿No habéis dicho que me amáis?
JUAN: Yo lo he dicho, y vos lo veis.
ANA: ¿No decís que vuestro intento
no es pedirme que yo os quiera,
porque atrevimiento fuera?295
JUAN: Así lo he dicho y lo siento.
ANA: ¿No decís que no tenéis
esperanza de ablandarme?
JUAN: Yo lo he dicho.
ANA: ¿Y que igualarme
en méritos no podéis,300
vuestra lengua no afirmó?
JUAN: Yo lo he dicho de ese modo.
ANA: Pues, si vos lo decís todo,
¿qué queréis que os diga yo?
Vase doña ANA
JUAN: ¡Oh! venga la muerte, acabe305
con vida tan desdichada,
que sólo puede su espada
remediar pena tan grave.
¿Qué delito cometí
en quererte, ingrata fiera?310
¡Quiera Dios!… Pero no quiera;
que te quiero más que a mí.
Salen CELIA y BELTRÁN
CELIA: ¡Ah, desdichado don Juan!
BELTRÁN: Ayúdale.
CELIA: ¡A Dios pluguiera
que mi voluntad valiera!315
Vase CELIA
BELTRÁN: Pues, ¿qué tenemos?
JUAN: Beltrán,
la verdad huyo; a la esperanza
pido engaños que alimenten mi deseo;
eternos contra mí imposibles veo;
nado en un golfo, ni de un leño asido.320
Con el vuelo de amor más atrevido,
no subo un paso; y aunque más peleo,
al fin vencido soy de lo que creo,
vencedor sólo en lo que soy vencido.
Así, desesperado victorioso,325
niego al deseo engaños, y a la gloria
más vivo anhela, si su muerte sigo.
¡Triste, donde es el no esperar forzoso,
donde el desesperar es la vitoria,
donde el vencer da fuerza al enemigo!330
BELTRÁN: ¡Triste, donde es forzoso andar contigo,
donde hallar qué comer es gran vitoria,
donde el cenar es siempre de memoria!
Vanse don JUAN y BELTRÁN. Salen el CONDE, don MENDO y ORTIZ, escudero
MENDO: A mi señora Lucrecia
dad, Ortiz, ese papel.335
Dale un papel a ORTIZ
ORTIZ: Guárdeos Dios.
Vase ORTIZ
MENDO: Cosa crüel.
Conde, es una mujer necia.
CONDE: ¿Cómo?
MENDO: Con celos y amor
sale Lucrecia de sí.
CONDE: ¿Con causa don Mendo?340
MENDO: Sí;
mas tanto el yerro es mayor.
Si por doña Ana estoy ciego.
ella ¿qué ha de remediar
con reñir y con celar,
sino añadir fuerza al fuego?345
CONDE: (¡Quieran, Lucrecia, los cielos Aparte
que te mude esta mudanza,
y a mi perdida esperanza
abran la puerta tus celos!)
Y vos ¿qué le respondéis?350
MENDO: Nunca el negar hizo daño.
CONDE: Mejor fuera el desengaño,
si en otra parte queréis.
MENDO: Dañarme, Conde, podría;
que su amor causó en mi pecho355
terrible incendio, y sospecho
que hay centellas todavía.
Y quien antiguo cuidado
arraigado al alma tiene,
ha de obligar el que viene360
sin despedir el pasado;
que mil veces se agradó
de la novedad Cupido,
y vuelve a buscar, rendido,
lo que arrogante dejó.365
CONDE: Avariento sois de amor.
MENDO: Más el de doña Ana estimo.
CONDE: Y ella ¿os quiere?
MENDO: Pienso, primo,
que merezco su favor.
CONDE: ¿Que hay de Teodora?370
MENDO: Quería
que yo fuese su marido,
como si hubieran nacido
mis abuelos en Turquía.
CONDE: Sin ser loca, yo no creo
que ninguna mujer pida375
la esclavitud de una vida
por la muerte de un deseo.
MENDO: Pues ya, después que mi amor
sacó pies amedrentado,
en ella crece el cuidado380
y, al paso de él, mi rigor.
Ya, sin esa condición,
estimara mis favores.
CONDE: Dichoso sois en amores.
MENDO: En el signo de León,385
Marte y Venus concurrieron
de mi nacimiento el día;
y, si hay cierta astrología,
ellos amable me hicieron.
Mas, adiós primo, que es tarde390
y a doña Ana quiero ver;
que hoy su sol se va a poner
en Alcalá.
CONDE: Dios os guarde.
Vase el CONDE. Sale LEONARDO
LEONARDO: El coche a la puerta está;
que ya se parte imagino.395
MENDO: Tenme el coche de camino
a la puerta de Alcalá.
Parta al punto el repostero
y encárgales, por mi vida,
que esté a punto la comida400
en la venta de Vivero.
Haz cómo doña Ana vea
en mi prevención mi amor.
LEONARDO: Toda tu gente, señor,
su vida en tu gusto emplea.405
Vanse don MENDO y LEONARDO. Salen doña ANA, de camino, y CELIA
ANA: ¿De qué vas triste? ¿De qué
lo van todas mis doncellas?
Habla, dime sus querellas.
CELIA: Señora, verdad diré,
pues obligación me pones.410
Tienen tus crïadas todas
en la esperanza sus bodas
y en la corte sus pasiones;
y, como de aquí a seis días
es la noche de San Juan415
–cuando los amantes dan
indicios de sus porfías–
sienten el ver que esa noche
en la corte no han de estar.
ANA: Pues pierdan, Celia, el pesar;420
que, por la posta, en un coche
conmigo entonces vendrán.
Porque se alegre mi gente
gozaré secretamente
de la noche de San Juan,425
y volveréme a la aurora
a proseguir mis novenas.
CELIA: Alivie el cielo tus penas.
Mas ¿no era mejor, señora,
dilatar esta partida?430
ANA: Si sabes que estoy muriendo
por dar la mano a don Mendo,
y no hay cosa que lo impida
sino el cumplir las novenas
que a San Diego prometí,435
¿dilataré, estando así,
el remedio de mis penas?
Con esta trata que doy
ninguna queda quejosa.
CELIA: Hágate el cielo dichosa.440
A darles la nueva voy.
ANA: Encárgales, por mi vida,
el secreto.
CELIA: Así lo haré.
Don Mendo viene.
Vase CELIA
ANA: Tendré
buen agüero en la partida.445
Sale don MENDO, de color
MENDO: Los campos de Alcalá, bella señora,
desdeñan los favores del verano,
y de la fértil Flora
no solicitan ya la diestra mano,
después que primaveras les reparte450
la dichosa esperanza de mirarte.
Los arroyos–que esperan ser espejos
en quien de esos dos soles celestiales
se miren los reflejos
transforman sus corrientes en cristales;455
y el agua, en cambio de besarlos, grata
hace a tus blancos pies puente de plata.
Al nuevo sol que nace agradecidas,
en verdes ramos las cantoras aves,
a coros divididas,460
dando a los vientos músicas süaves,
para explicar la gloria de este día
articular intentan su armonía.
Parte ¡o feliz! que el céfiro süave
lisonjear pretende codicioso465
la rodadora nave,
de nueva Europa Júpiter dichoso,
por quien, en Indias vuelto Manzanares,
España de sus glorias hace a Henares.
Parte ¡o primero móvil adorado!,470
de quien siguiendo voy el movimiento,
si bien arrebatado
–pues tras mi centro corro–, no violento,
que yo, si lo merezco, gloria mía,
voy a ser el lucero de ese día.475
ANA: Los campos de esperanza matizados,
la consonancia dulce de las aves,
los cristales cuajados,
las lisonjas del céfiro süaves,
en nada estimo; y estimara sólo480
llevar por mi lucero al mismo Apolo.
Mas, cuando el corazón lo solicita,
forzosa acción de amor correspondiente,
ni el honor acredita,
ni el estado que tengo lo consiente.485
MENDO: Es imán de mis ojos tu presencia.
ANA: Justo efecto de Amor es la obediencia.
MENDO: ¿Sin ti quieres dejarme?
ANA: Yo, don Mendo,
parto sin ti.
MENDO: ¿Qué mucho? Vas helada
cuando yo quedo ardiendo.490
ANA: ¡Segura fuese yo, como abrasada!
MENDO: No me apartes de ti si desconfías.
ANA: Vive el recato entre las ansias mías.
MENDO: ¿No me llamas tu dueño?
ANA: Y de mis ojos,
cierta lengua del alma, lo has sabido.495
MENDO: ¿De quién temes enojos,
cuando te adoro yo, de ti querido?
ANA: Hasta el “sí” conyugal temo mudanza;
que no hay dentro del mar cierta bonanza.
En tanto que a mis deudos comunico500
la dichosa elección de vuestra mano,
y devota suplico
en Alcalá a su dueño soberano
que lleve a fin feliz mi intento nuevo,
y las novenas pago que le debo,505
puede mudarse vuestro amor ardiente
y quedar mi opinión en opiniones
del vulgo maldiciente,
que a lo peor aplica las acciones.
MENDO: ¿Mudarme yo?510
ANA: Temores son de amante.
MENDO: Más parecen cautelas de inconstante.
Si ya nuevo cuidado te fatiga,
el fingido recato, ¿qué pretende?
Declárate, enemiga.
No el desengaño, la mudanza ofende.515
Vete segura. Ocuparé entre tanto
el alma en celos y la vida en llanto.
ANA: Ofendes mi lealtad si desconfías;
mas porque de tu error te desengañes,
pon secretas espías,520
prueba mi fe, como mi honor no dañes.
MENDO: Confïanza tendré, mas no paciencia,
contra el rigor, señora, de tu ausencia.
Sale CELIA
CELIA: Doña Lucrecia, señora,
viene a visitarte.525
ANA: ¿Quién?
CELIA: Tu prima.
MENDO: (A impedir mi bien Aparte
la trae mi desdicha agora.)
Sale doña LUCRECIA, con manto, y ORTIZ
LUCRECIA: No quise, prima, dejar
de verte en esta partida.
ANA: Ni yo, Lucrecia querida,530
me partiera sin pasar
por tu casa, porque el ver
al pasar tu rostro hermoso,
fuese presagio dichoso
del viaje que he de hacer.535
Doña LUCRECIA habla aparte a don MENDO
LUCRECIA: Niégame agora, traidor,
las verdades que estoy viendo.
ANA: ¿Qué le dices a don Mendo?
LUCRECIA: Del vestido de color
le pregunto la ocasión;540
porque de irte a acompañar
lo indicia el tiempo y lugar,
y fuera galante acción.
ANA: Tan alto merecimiento
con mi humildad no conviene,545
y, más que lisonja, tiene
malicia ese pensamiento.
Mas, si conmigo partiera,
de parecer, prima, soy,
que, pues yo de negro voy,550
de color no se vistiera.
CELIA: Ya bien te puedes partir,
que los coches han venido.
ANA: Que no me olvides te pido.
LUCRECIA: Por puntos te he de escribir.555
ANA: Adiós, don Mendo.
MENDO: Señora,
en el coche os dejaré.
ANA: Si alguno en la calle os ve,
sospechará lo que agora
ha sospechado mi prima.560
Quedaos y salid después.
MENDO: Yo obedezco, y vuestros pies
sigue el alma que os estima.
Vanse doña ANA y CELIA. Saca un papel LUCRECIA y muéstraselo a Don MENDO
LUCRECIA: ¿Conoces este papel?
MENDO: Yo, Lucrecia, lo escribí.565
LUCRECIA: Junta lo que has hecho aquí
con lo que dices en él.
Traidor, fingido, embustero,
engañoso, ¿a ti te dan
apellido de Guzmán570
y nombre de caballero?
¿Qué sangre puede tener
quien tiene pecho traidor?
¿Es hazaña de valor
engañar una mujer?575
MENDO: Oye, señora…
LUCRECIA: No muevas
esos fementidos labios;
que intentas nuevos agravios
con satisfaciones nuevas.
MENDO: Pues ¿qué quieres? ¿Condenarme,580
sin oír satisfación,
por sola una presunción?
LUCRECIA: ¿Qué disculpa puedes darme?
¿Presunción llamas, traidor,
esta tan clara probanza585
de mi agravio y tu mudanza?
MENDO: En lo que fundas mi error
fundo la satisfación.
¿No te dijo de mi parte
tu escudero, que de hablarte590
deseaba una ocasión,
donde el descargo sabrías
del recelo que te abrasa?
Tuve aviso de tu casa
que a ver tu prima salías,595
y vine a esperarte aquí,
y adelantéme en llegar,
por no dar que sospechar
viéndome venir tras ti.
¡Mira por qué me condenas!600
LUCRECIA: ¿De modo que te disculpas
multiplicando tus culpas
y acrecentando mis penas?
Causa doña Ana mi daño,
¡y con hallarte con ella605
das remedio a mi querella!
MENDO: Porque fuese el desengaño
en su presencia más fuerte.
LUCRECIA: ¿Qué desengaño me diste?
MENDO: Como tu pena encubriste,610
no quise, hablando, ofenderte;
mas ten cierta confïanza,
para asegurar tus celos,
que en el orden de los cielos,
antes que en mí, habrá mudanza.615
Tuyo soy.
LUCRECIA: Las obras creo.
MENDO: Presto, con la voluntad
de tu padre, su verdad
te mostrará mi deseo.
Sale el CONDE
CONDE: (¿Dónde hay con celos cordura?) Aparte620
¡Lucrecia hermosa! ¡Don Mendo!
MENDO: Conde, que venís entiendo
traído de mi ventura;
que Lucrecia ha de saber
de vos lo que hablamos hoy625
de su amor.
CONDE: Testigo soy.
MENDO: Eso a solas ha de ser;
que pensará que os obligo
con mi presencia a abonarme.
Vase don MENDO
LUCRECIA. (¡Tú dejas, para informarme Aparte630
en tu favor, buen testigo!)
CONDE: ¿He de decir la verdad?
LUCRECIA: Para eso quedas aquí.
CONDE: Pues escúchala de mí,
pague o no mi lealtad.635
Y por prevenir el daño,
si acaso no me creyeres,
ten secreto lo que oyeres
y averigua si es engaño.
Que, pues me dijo don Mendo640
que cuente lo que hoy pasó,
cumpliendo lo que él mandó,
nadie dirá que le ofendo;
que, aunque su intento haya sido
que use contigo de engaño,645
no debo para mi daño
darme yo por entendido.
Dando hoy para ti un papel
don Mendo a Ortiz, tu crïado,
desdeñoso y enfadado,650
me dijo, “¡Cosa crüel,
Conde, es una mujer necia¡
Después que a doña Ana di
en servir, sale de sí
de amor y celos Lucrecia.”655
Yo le dije, “¿No es mejor
no engañarla?” Y respondió,
“Mil veces lo que dejó
volvió a desear amor,
Y este caso previniendo,660
nada pierdo en conservalla.”
LUCRECIA: ¿Qué enredos inventas? Calla.
¿Tal pudo decir don Mendo?
¿Que tu afición agradezca
quieres así disponer?665
¿Piensas que te he de querer
aunque a don Mendo aborrezca?
CONDE: Oye.
LUCRECIA: No me digas nada.
CONDE: Averígualo advertida,
y dame pena ofendida,670
o premio desengañada.
Y, si por amarte yo,
duda en mi verdad has puesto,
sírvate de indicio aquesto,
ya que de probanza no.675
Él va tras ella a Alcalá,
y no es éste mal testigo
del desengaño que digo.
Despacha tú quien allá,
con cuidado y sin pasión,680
secretamente lo siga;
y, si mi verdad te obliga,
premia un leal corazón;
que será culpable error
que prefiera tu cuidado685
un engaño averiguado
a un averiguado amor.
LUCRECIA: La verdad diciendo estás,
que si negándola estoy,
no es que crédito no doy,690
sino que pena me das.
¡Ah, falso! ¡Ah, mal caballero!
¡Plega a Dios que, en igual grado
amante y desengañado,
pruebes el mal de que muero!695
¡Pluguiera a Dios, conde mío,
pudiera, en esta ocasión,
mudarse la inclinación
al paso del albedrío!
Mas vive cierto, señor,700
que, si me has dicho verdad,
te dará mi voluntad
lo que te niega mi amor.
CONDE: Yo lo estimo de esa suerte.
LUCRECIA: Tanto más me deberás705
cuanto me forzare más,
conde, por corresponderte.
Vanse doña LUCRECIA y el CONDE. Salen don JUAN y BELTRÁN, de noche
BELTRÁN: El duque Urbino esta noche
bien pudiera perdonarte.
JUAN: ¿Qué puede querer?710
BELTRÁN: Llevarte
querrá consigo en el coche,
amarrado a un duro banco,
sin poderte entretener,
cuando el decir y el hacer
anda por las calles franco.715
Que, noche de San Juan, hallo,
si un peón sabe embestir,
que suele solo rendir
más que treinta de a caballo;
que hay mujer que, en el engaño720
que en esta noche previene,
librados los gustos tiene
de los deseos de un año.
Cuál llega al poblado coche
de angélica jerarquía,725
y, siendo paje de día,
pasa por marqués de noche;
cuál sin pensar se acomoda
con la viuda disfrazada,
que, entre galas de casada,730
hurta los gustos de boda;
cuál encuentra y desbarata
una sarta de doncellas,
de quien son las manos bellas
engasaduras de plata;735
cuál se llega a las que van
brindando los retozones,
y trueca a mil refregones
un pellizco que le dan.
JUAN: Quien los encuentros enseña,740
encuentre con un azar.
BELTRÁN: ¿Es el azar encontrar
una mujer pedigüeña?
Si ése temes, en tu vida
en poblado vivirás,745
porque ¿dónde encontrarás
hombre o mujer que no pida?
Cuando dar gritos oyeres,
diciendo, “Lienzo” a un lencero,
te dice, “Dame dinero,750
si de mi lienzo quisieras.”
El mercader claramente
diciendo está sin hablar,
“Dame dinero, y llevar
podrás lo que te contente.”755
Todos, según imagino,
piden, que para vivir,
es fuerza dar y pedir
cada uno por su camino.
Con la cruz el sacristán,760
con los responsos el cura,
el monstruo con su figura,
con su cuerpo el ganapán;
el alguacil con la vara,
con la pluma el escribano,765
el oficial con la mano
y la mujer con la cara.
Y ésta, que a todos excede,
con más razón pedirá,
pues que más que todos da,770
y menos que todos puede.
Y el miserable que el dar
tuviere por pesadumbre
–ellas piden por costumbre–
hago costumbre en negar;775
que tanto, desde que nacen,
el pedir usado está,
que pienso que piden ya
sin saber lo que se hacen.
Y así, es fácil el negar;780
porque se puede inferir
que quien pide sin sentir,
no sentirá no alcanzar.
JUAN: Aunque más razones halles,
no has de quitarme el temor,785
Beltrán; que el azar mayor
es el no tener que dalles;
y más si la que he adorado
se dignase de mis dones.
BELTRÁN: ¿Aún te duran tus pasiones?790
JUAN: Ardo más, más desdeñado.
BELTRÁN: Éste es el duque.
Salen el DUQUE y don MENDO, de noche
DUQUE: ¡Don Juan!
JUAN: Déme los pies vueselencia.
DUQUE: Ya acusaba vuestra ausencia.
JUAN: Si don Mendo de Guzmán,795
Apolo de discreción,
acompañándoos está,
señor, ¿qué falta os hará
el que en su comparación
luz de una estrella no envía?800
MENDO: Merced recibo de vos.
DUQUE: La amistad de entre los dos
extraña la cortesía.
JUAN: Decidme, pues, el intento
con que hemos sido llamados.805
MENDO: Aquí tenéis dos crïados.
DUQUE: Dadme, pues, oído atento.
Hombre que a la corte viene
recién heredado y mozo
–pájaro que estrena el viento810
nave que se arroja al golfo–
que a los ojos de su rey
y a los populares ojos,
ni debe mostrar flaqueza
ni puede esconder el rostro,815
ha de regir sus acciones
por los expertos pilotos,
obligados, por parientes;
por amigos, cuidadosos
con esta ley os obligo,820
y con esta fe os escojo
capitanes veteranos
de este soldado bisoño.
Acompañadme los dos,
advertidme lo que ignoro,825
decidme el nombre, el estado
y la calidad de todos;
y en lo de las cortesías
principal cuidado os pongo,
advirtiendo que con nadie830
pretendo pecar de corto;
que el señor siempre es señor,
como Apolo siempre Apolo,
aunque en lugares indignos
entren sus rayos hermosos.835
Lengua honrosa, noble pecho,
fácil gorra, humano rostro,
son voluntarias Argeles
de la libertad de todos.
Enseñadme los bajíos840
en que tocar suelen otros;
cuál es Acates fiel,
y cuál Sinón cauteloso;
Ya del dulce lisonjero
el veneno en vaso de oro,845
ya la canora sirena,
porque me defienda sordo.
Al fin, los dos sois el hilo;
la corte, el cretense monstro.
Por mi corren mis aciertos,850
y mis yerros por vosotros.
MENDO: Yo confieso que es muy débil
para ese cielo este polo;
mas suplirán mis deseos
el defecto de mis hombros.855
JUAN: De no ser un Quinto Fabio
hoy con mi suerte me enojo;
mas el que soy, obediente
a serviros me dispongo.
DUQUE: Con eso, en nombre de Dios,860
seguro a la mar me arrojo.
Vamos andando las calles
mientras pregunto y me informo.
MENDO: Ésta es la calle Mayor.
JUAN: Las Indias de nuestro polo.865
MENDO: Si hay Indias de empobrecer,
yo también Indias la nombro.
JUAN: Es gran tercera de gustos.
MENDO: Y gran cosaria de tontos.
JUAN: Aquí compran las mujeres.870
MENDO: Y nos venden a nosotros.
DUQUE: ¿Quién habita en estas casas?
JUAN: Don Lope de Lara, un mozo
muy rico, pero más noble.
MENDO: Y menos noble que tonto.875
Hacen dentro ruido de bailar
DUQUE: Tened, que bailan allí.
JUAN: San Juan es fiesta, de todos.
MENDO: Yo aseguro que van éstos
más alegres que devotos.
DUQUE: ¿Quién vive aquí?880
JUAN: Una viuda,
muy honrada y de buen rostro.
MENDO: Casta es la que no es rogada;
alegres tiene los ojos.
BELTRÁN: (¡Bien haya tan buena lengua¡ Aparte
¡Vive Cristo, que es un Momo!)885
JUAN: Esta imagen puso aquí
un extranjero devoto.
MENDO: Y, entre aquestas devociones,
no le sabe mal un logro.
JUAN: Un regidor de esta villa890
hizo este hospital famoso.
MENDO: Y primero hizo los pobres.
BELTRÁN: (Por Dios, que lo arrasa todo.) Aparte
Salen doña ANA y CELIA a la ventana
ANA: Hoy hace, Celia, tres años
que mi esposo, con sus días,895
dió fin a mis alegrías
y dió principio a mis daños.
CELIA: Si de Alcalá te veniste
sólo a gozar la alegría
que Madrid hace este día,900
¿por qué quieres estar triste?
¿Por qué con esta memoria
tan injusta guerra mueves
contra el contento que debes
a noche de tanta gloria?905
Ya que tu luto funesto
te impide salir de casa
hoy, que los limites pasa
el estado más honesto,
y estar quieres encerrada910
noche que el uso permite
que los altares visite
la doncella más honrada;
con quien pasa, tus enojos
divierte, señora mía,915
y niegue esta celosía
lo que conceden tus ojos.
Las doce han dado, señora.
Oye del segundo esposo
el pronóstico dichoso.920
ANA: A don Mendo el alma adora.
MENDO: Don Juan de Mendoza…
ANA: ¡Ay, Dios!
¿Don Mendo no es el que habló?
CELIA: Sí, mas a don Juan nombró.
ANA: ¿Quién duda que de los dos925
es don Mendo de Guzmán
pronóstico para mí?
Pues antes su voz oí
que no el nombre de don Juan.
CELIA: Mas ¿qué fuera que ordenara930
el destino soberano
que tu blanca hermosa mano
para don Juan se guardara?
ANA: Calla, necia. ¿Quién pensó
tan notable desatino?935
¿Qué importará que el destino
quiera, si no quiero yo?
Del cielo es la inclinación:
el sí o el no todo es mío;
que el hado en el albedrío
no tiene jurisdición.940
¿Cómo puedo yo querer
hombre cuya cara y talle
me enfada sólo en miralle?
CELIA: El amor lo puede hacer.
ANA: Sólo quitará el morirme,945
Celia, a don Mendo mi mano;
que está el plazo muy cercano
y mi voluntad muy firme.
DUQUE: ¿Cúyos son estos balcones?
JUAN: De doña Ana de Contreras.950
El sol, por sus vidrieras,
suele abrasar corazones.
ANA: Escucha, que hablan de mí.
DUQUE: ¿Es la viuda de Siqueo?
JUAN: La misma.955
DUQUE: Verla deseo.
MENDO: Pues agora no está aquí.
(Ni yo en mí, que estoy sin ella.) Aparte
DUQUE: ¿Dónde fué?
MENDO: Velando está
a San Diego en Alcalá.
DUQUE: La fama dice que es bella.960
JUAN: Pues por imposible siento
que en algo la haya igualado
el dibujo que ha formado
la fama en tu pensamiento;
que en belleza y bizarría,965
en virtud y discreción,
vence a la imaginación,
si vence a la noche el día.
MENDO: (¡Plega a Dios que esta alabanza Aparte
no engendre en el Duque amor,970
que con tal competidor
mal vivirá mi esperanza.
Yo quiero decir mal de ella
por quitar la fuerza al fuego.)
Ciego sois, o Yo soy ciego,975
o la viuda no es tan bella.
Ella tiene el cerca feo,
si el lejos os ha agradado;
que yo estoy desengañado,
porque en su casa la veo.980
DUQUE: ¿Visitáisla?
MENDO: Por pariente,
alguna vez la visito;
que si no, fuera delito,
según es impertinente.
ANA: (¡Ha, traidor!) Aparte985
MENDO: Si el labio mueve
su mediano entendimiento,
helado queda su aliento
entre palabras de nieve.
BELTRÁN habla aparte con don JUAN
BELTRÁN: ¡Ya escampa!
JUAN: ¿Que trate así
un caballero a quien ama?990
BELTRÁN: Esto dice de su dama.
¡Mira qué dirá de ti!
MENDO: Pues la edad no sufre engaños,
aunque la tez resplandece.
Hablan aparte doña ANA y CELIA
ANA: ¡Ah, falso! ¿Qué te parece?995
Aun no perdona mis años.
MENDO: Mil botes son el Jordán
con que se remoja y lava.
Hablan aparte el DUQUE y don MENDO
DUQUE: Pues ¿cómo don Juan la alaba?
MENDO: Para entre los dos, don Juan1000
es un buen hombre; y si digo
que tiene poco de sabio,
puedo, sin hacerle agravio.
Vuestro deudo es y mi amigo;
mas esto no es murmurar.1005
JUAN: ¡Que queráis poner defeto
en tan hermoso sujeto!
MENDO: En la rosa suele estar
oculta la aguda espina.
JUAN: Ellos son gustos, y al mío,1010
o del todo desvarío,
o esta mujer es divina.
MENDO: Poco sabéis de mujeres.
JUAN: Veréisla, duque, algún día,
y acabará esta porfía1015
de encontrados pareceres.
MENDO: (Don Juan me quiere matar, Aparte
y aquello mismo que he hecho
para sosegar el pecho
del duque, me ha de dañar.)1020
CELIA: ¿Qué te parece?
ANA: Estoy loca.
CELIA: ¿A este hombre tienes amor?
ANA: El pecho abrasa el furor.
Fuego arrojo por la boca.
¿Posible es que tal oí?1025
Vil, ¿a quien te quiere infamas
¿Así tratas a quien amas?
CELIA: No ama quien habla así.
Él te engaña.
ANA: Claro está.
Di que me traigan un coche.1030
Volvamos, Celia, esta noche
a amanecer a Alcalá,
que lo que agora escuché,
castigo del cielo ha sido
por haber interrumpido1035
las novenas que empecé.
CELIA: Antes este desengaño
le debes a esta venida.
ANA: Si con él pierdo la vida,
mejor me estaba el engaño.1040
Vanse doña ANA y CELIA. Hacen dentro ruido de cuchilladas
MENDO: Allí suenan cuchilladas.
DUQUE: Estas damas, de mi voto,
sigamos.
Vase el DUQUE
MENDO: Es más devoto
de mujeres que de espadas.
Vase don MENDO
JUAN: Y así al más amigo abona;1045
para que advertido estés.
BELTRÁN: Su lengua, en efeto, es
la que a nadie no perdona.
Vanse don JUAN y BELTRÁN
