Los favores del mundo — Jornada I

LOS FAVORES DEL MUNDO

Juan Ruiz de Alarcón

Texto basado en la edición príncipe de LOS FAVORES DEL MUNDO en PARTE PRIMERA DE LAS COMEDIA DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Madrid; Juan González, 1628). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.


Personas que hablan en ella:

  • GARCÍA Ruiz de Alarcón
  • Don JUAN de Luna
  • El PRÍNCIPE don Enrique, híjo de don Juan II de Castilla
  • Don DIEGO, viejo, tío de Anarda
  • El CONDE Mauricio
  • LEONARDO, su criado
  • HERNANDO, gracioso
  • GERARDO, paje del Príncipe
  • ANARDA, dama
  • JULIA, dama
  • INÉS, criada de Anarda
  • BUITRAGO, escudero
  • Dos PAJES
  • CRIADOS

JORNADA PRIMERA


Salen don GARCÍA Ruiz y HERNANDO, con vestido de color
HERNANDO: ¡Lindo lugar!
GARCÍA: El mejor;
todos, con él, son aldeas.
HERNANDO: Seis años ha que rodeas
aqueste globo inferior,
y no vi en su redondez5
hermosura tan extraña.
GARCÍA: Es corte del rey de España,
que es decirlo de una vez.
HERNANDO: ¡Hermosas casas!
GARCÍA: Lucidas;
no tan fuertes como bellas.10
HERNANDO: Aquí las mujeres y ellas
son en eso parecidas.
GARCÍA: Que edifiquen al revés
mayor novedad me ha hecho,
que primero hacen el techo,15
y las paredes después.
HERNANDO: Lo mismo, señor, verás
en la mujer, que adereza,
al vestirse, la cabeza
primero que lo demás.20
GARCÍA: Bizarras las damas son.
HERNANDO: Diestras pudieras decir
en la herida del pedir,
que es su primera intención.
Cifrase, si has advertido,25
en la de mejor sujeto,
toda la gala en el peto,
toda la gracia en el pido.
Tanto la intención crüel
sólo a este fin enderezan,30
que si el “Padre nuestro” rezan,
es porque piden con él.
Hoy a la mozuela roja
que en nuestra esquina verás,
dije al pasar, “¿Cómo estás?,35
Y respondió, “Para aloja.”
GARCÍA: Con todo, siento afición
de Madrid en ti.
HERNANDO: Y me hicieras
merced si aquí fenecieras
esta peregrinación;40
que molerán a un diamante
seis años de caminar
de un lugar a otro lugar,
hecho caballero andante.
GARCÍA: Hernando, estoy agraviado,45
y según leyes de honor,
debo hallar a mi ofensor;
no basta haberlo buscado.
Mas no pienses que me canso,
que hasta llegar a matarle,50
de suerte estoy, que el buscarle
tengo sólo por descanso.
No a mitigarme es bastante
tiempo, cansancio ni enojos,
que siempre tengo en los ojos55
aquel afrentoso guante.
¡Ah, cielos! ¿En qué lugar
escondéis un hombre así?
Cielos, o matadmc a mi,
o dejádmelo matar.60
Yo, que en la africana tierra
tantos moros he vencido;
yo, que por mi espada he sido
el asombro de la guerra,
yo, que en tan diversas partes65
fijé, a pesar del pagano
y el hereje, con mi mano
católicos estandartes,
¿he de vivir agraviado
tantos años, cielo? ¿Es bien70
que esté deshonrado quien
tantas honras os ha dado?
HERNANDO: Por Dios te pido, señor,
que no te aflijas así,
que yo espero en Dios que aqui75
has de restaurar tu honor.
Si las señas no han mentido,
don Juan en Madrid está.
Sufre lo menos, pues ya
lo más, señor, has sufrido.80
Deja esa pena inhumana,
no pienses en tu contrario.
GARCÍA: Es pedir al cuartanarío
que no piense en la cuartana.
HERNANDO: Diviértete, considera85
cómo está en caniculares
con ser pobre Manzanares,
tan honrada su ribera,
que de él dijo una señora,
cuyo saber he envidiado,90
que es, por lo pobre y honrado,
hidalgo de los de agora.
Bien puede aliviar tus males
ver ese parque, abundoso
de conejo temeroso,95
blanco de tiros reales.
GARCÍA: Detente. ¿No es mi enemigo
el que miro?
HERNANDO: ¿Don Juan?
GARCÍA: Sí,
el que viene hablando allí…
con aquel coche…100
HERNANDO: Yo digo
que me parece don Juan,
pero no puedo afirmarlo.
GARCÍA: Ya ves que importa no errarlo.
Pues tan divertidos van,
al descuido has de acercarte,105
y con cuidado mirar
si es él; que yo quiero estar
escondido en esta parte
hasta que vuelvas. Advierte
que certificado quedes.110
De espacio mirarlo puedes,
que él no podrá conocerte.
HERNANDO: El coche paró… una dama
sale…; él sirve de escudero.
GARCÍA: Acaba, vete.115
HERNANDO: El cochero
me dirá cómo se llama.
Vase HERNANDO; don GARCÍA se esconde a un lado, y por el opuesto salen doña ANARDA y doña JULIA, con mantos, y don JUAN
JUAN: El Príncipe, mi señor,
que de este parque en la cuesta
dando está con la ballesta
lición, y envidia al amor,120
como vuestro coche vio,
contento y alborotado
a daros este recado,
bella Anarda, me envió.
miradlo en aquel repecho,125
sobre el hombro la ballesta,
la mira en el blanco puesta
que sigue tan sin provecho.
ANARDA: Al parque, don Juan, subiera,
no dando qué murmurar,130
mas está todo el lugar
de ese río en la ribera.
Perdón me ha de dar su alteza,
y porque pueda advertir
que nace en mí el no subir135
de honor, y no de esquiveza,
aquí me quiero asentar,
donde el príncipe me vea;
Siéntanse las damas; don JUAN se arrodilla
que ver lo que se desea,
algo tiene de gozar.140
Y vos, que con él priváis,
estaos aquí, porque arguya
que esta fortaleza es suya,
pues por alcaide quedáis.
Habla aparte doña JULIA con doña ANARDA
JULIA: Parece que se mitiga145
tu acostumbrado rigor.
ANARDA: A esto me obliga el temor,
ya que el amor no me obliga.
A don JUAN
¿De rodilla?
JUAN: Tus despojos
adoro.150
ANARDA: Mucho te humillas.
JUAN: ¿No pondré yo las rodillas
donde el Principe los ojos?
Y cuando no a tu deidad
tal veneración le diera,
a tu prima se la hiciera,155
pues adoro su beldad.
Sale HERNANDO. Sale don GARCÍA al encuentro a HERNANDO y habla con él sin ser vistos de don JUAN ni las damas
GARCÍA: ¿Es don Juan?
HERNANDO: Sin duda alguna,
que yo pregunté al cochero
quién es este caballero
y dijo, “don Juan de Luna.”160
GARCÍA: En cas del embajador
de Ingalaterra te espero.
Con mis joyas y dinero
ponte en salvo.
HERNANDO: Voy, señor.
Vase HERNANDO. Don GARCÍA saca la espada y embiste a don JUAN; él se levanta, y la saca también
GARCÍA: Aquí pagará tu vida165
tu atrevimiento.
JUAN: Detente.
GARCÍA: ¡Ah, don Juan! aquí no hay gente
que la venganza me impida.
ANARDA: ¡Qué confusión!
JULIA: Prima mía,
¿qué haremos?170
ANARDA: ¡Oh, trance fuerte!
JUAN: ¿Veniste a buscar tu muerte?
¿No me conoces, García?
GARCÍA: Tanto mayores serán,
si aquí te venzo, mis glorias,
cuanto lo son tus victorias.175
Vienen a los brazos y cae debajo don JUAN
ANARDA: Vencido cayó don Juan.
Don GARCÍA saca la daga
GARCÍA: Ya llegó el tiempo en que salga
de tanta afrenta. ¡Enemigo,
éste es tu justo castigo!
Va a darle una puñalada
JUAN: ¡Válgame la Virgen!180
Detiene el brazo alzado don GARCÍA, y se levanta
GARCÍA: Valga;
que a tan alta intercesora
no puedo ser descortés.
JUAN: Déjame besar tus pies.
GARCÍA: Don Juan, a nuestra Señora,
virgen, madre de Dios hombre,185
de la vida sois deudor;
que refrenar mi furor
pudiera sólo su nombre.
JUAN: Matadme; que más quisiera
morir, que haber agraviado190
a quien la vida me ha dado.
GARCÍA: Más queda de esta manera
satisfecha la honra mía;
que si ya pude mataros,
más he hecho en perdonaros195
que en daros la muerte haría.
Matar pude, vencedor
de vos solo; mas así
he vencido a vos y a mi,
que es la victoria mayor.200
Sólo faltó derribar
el brazo ya levantado;
más fue perdonar airado,
que era, pudiendo, matar.
ANARDA: (De turbada estoy sin mí.) Aparte205
Necio, descortés, grosero,
si valiente caballero,
fuera bien mirar que aqui
estaba yo, para dar
a ese intento dilación.210
¿Faltáraos otra ocasión
de poderlo ejecutar?
GARCÍA: En que os habéis ofendido,
reparad, señora mía,
llamando descortesía215
lo que ceguedad ha sido.
Ciego llegué del furor;
que, ¿quién, señora, os mirara,
que suspenso no quedara
o de respeto o de amor?220
ANARDA: Vanas las lisonjas son,
cuando con lo que intentastes,
de ningún modo guardastes
el decoro a mi opinión.
¿Qué dijeran los que están225
buscando que murmurar,
viendo a mi lado matar
un hombre como don Juan?
JUAN: Si advertís, señora mía,
perdón merece en su error230
quien, por tener mucho honor,
tuvo poca cortesía.
ANARDA: ¡Bueno es disculparlo vos!
JUAN: ¿No estoy a hacerlo obligado,
cuando la vida me ha dado?235
Sale GERARDO, paje
GERARDO: Su alteza llama a los dos.
GARCÍA: ¿El príncipe?
GERARDO: Veislo alli.
JUAN: No tenéis que alborotaros,
que presto pienso pagaros
lo que habéis hecho por mi.240
A las damas
Su alteza a llamarme envía.
ANARDA: Bien es que le obedezcáis.
JUAN: Si el coche, Anarda, tomáis,
dejaros en él querría.
ANARDA: Desde aquí del aire y soto245
gozar queremos las dos.
JUAN: Julia, adiós.
JULIA: Don Juan, adiós.
Vase don JUAN
GARCÍA: Perdonad este alboroto,
si puedo esperar perdón
de quien, sólo con mirar250
da muerte.
ANARDA: De perdonar
vos me habéis dado lición.
JULIA: ¡Qué bizarro caballero!
Las almas lleva tras sí.
Sale HERNANDO. Don GARCÍA se encuentra con él al retirarse y los dos hablan aparte
GARCÍA: ¿Aquí estás?255
HERNANDO: Quise de aqui
ver el suceso primero.
GARCÍA: Quédate, y sabe quién son
esas mujeres.
HERNANDO: ¿Ya estás
herido?
GARCÍA: En ellas verás,
si es bastante la ocasión.260
Vase don GARCÍA y HERNANDO se queda en el fondo
GERARDO: El príncipe, mi señor,
que este caso viendo ha estado,
os dice que se ha alegrado
de tener competidor
que a su privado ha querido,265
porque os hablaba, ofender;
que dueño debe de ser
quien cela tan atrevido.
ANARDA: Decid, Gerardo, a su alteza
que mostrárseme penado270
de este susto que me han dado,
fuera más alta fineza
que condenarme a liviana
con tanta resolución,
por sola la información275
de una conjetura vana.
Que ya de don Juan sabrá
cuán otra la causa ha sido,
y de haberme así ofendido
el yerro conocerá.280
Y porque entienda que yo
no sé a dos favorecer,
le suplico haga prender
al que mi agravio causó.
Id con Dios.285
GERARDO: Quede contigo.
Vase GERARDO
JULIA: Yo pensé que merecía
su humildad y cortesía
antes premio que castigo.
Villana estás, por mi fe,
con quien perdón te pidió.290
(Préndaos Anarda; que yo, Aparte
forastero, os libraré.)
ANARDA: ¡Oh, qué mal me has entendido!
¿Ves este enojo y rigor?
Pues ardides son que amor295
ha trazado y ha fingido.
JULIA: ¿Quieres al príncipe ya?
ANARDA: Nunca tan necia te vi.
Quien vio el forastero, di,
¿cómo otro dueño querrá?300
Aquel bizarro ademán
con que la espada sacó,
el valor con que venció
y dio la vida a don Juan,
la gala, la discreción305
en darme disculpa, el modo,
gentileza y talle, todo
me ha robado el corazón.
JULIA: (¡Rabiando estoy de celosa!) Aparte
ANARDA: Y así, por volver a verlo,310
lo aseguro con prenderlo,
de que se irá temerosa,
porque forastero es.
JULIA: Cuando se apartó de aquí,
al oído hablar le vi315
a aquel mancebo que ves.
É; informarte pudiera.
ANARDA: Bien dices: hablarle quiero.
JULIA: (Así ha de ser, forastero, Aparte
mi contraria mi tercera.320
ANARDA: ¡Ah, caballero!
HERNANDO: (¿Si a mi Aparte
caballero me llamó?
¿Tan buen talle tengo yo?)
¿Es a mí, señora?
ANARDA: Sí.
HERNANDO: Extrañé la nueva forma,325
cuando me vi caballero,
si bien no soy el primero
que en la corte se trasforma.
Mas son vanas intenciones
cuando con pobreza lidio330
que es el dinero el Ovidio
de tales trasformaciones.
Pero si puedo serviros,
dama, sin ser caballero,
mandadme.335
ANARDA: Pediros quiero …
HERNANDO: Pues bien podéis despediros.
¿Para pedirme, decid,
sólo me llamáis las dos?
Animosas sois, por Dios,
las mujeres de Madrid.340
Que pida la que se ve
de mí rogada y querida,
¡vaya! Mi amor la convida,
y pues pido, es bien que dé.
Que la mujer que hablo yo345
en la iglesia, tienda o calle,
me pida, ¡vava!, el hablalle
ya por ocasión tomó.
Mas, ¡llamarme, hacerme andar,
y luego pedírme! ¿Es cosa350
el dar tan apetitosa,
que he de andar yo para dar?
ANARDA: Lo que pediros intento,
sólo hablar ha de costaros.
HERNANDO: De eso bien me atrevo a daros355
cuanto os pinte el pensamiento.
ANARDA: Oíd, pues.
HERNANDO: Decid, señora.
ANARDA: Que me digáis sólo quiero
quién es aquel forastero
que al oído os habló agora.360
HERNANDO: Con que vos, señora mia,
antes quién sois me digáis,
os lo diré; y no tengáis
lo que os pido a groscria,
porque sin saber a quién,365
decir quién es no conviene
puesto que enemigos tiene.
ANARDA: ¡Qué cauto sois!
HERNANDO: Hago bien;
que en la corte es menester
con este cuidado andar;370
que nadie llega a besar
sin intento de morder.
ANARDA: Si así ha de ser, yo me llamo
doña Lucrecia Chacón.
HERNANDO: García Ruiz de Alarcón375
es el nombre de mi amo.
ANARDA: ¿Es caballero?
HERNANDO: ¿Tan mal
os informa su apellido?
La Mancha no lo ha tenido
más antiguo y principal.380
Y sin el nombre, el sujeto
os pudiera haber mostrado
su calidad.
ANARDA: ¿Es casado?
HERNANDO: No, sino hombre muy discreto.
ANARDA: Déte el cielo buenas nuevas.385
Doña ANARDA habla aparte con doña JULIA
JULIA: Disimula. Loca estás.
ANARDA: ¿Qué quieres?
JULIA: Pregunta, mas
sin mostrar el fin que llevas.
ANARDA: ¿Es rico?
HERNANDO: ¡Gracias a Dios
que llegamos al lugar!390
Si queríades preguntar
sólo ese punto las dos,
¿qué sirve parola vana
y hablar de falso primero?
Bien sé que apunta al dinero395
toda aguja cortesana.
ANARDA: Ya no lo quiero saber,
por mostrar otros cuidados.
HERNANDO: Pues hasta dos mil ducados
de renta deben de ser400
los que en sus vasallos tiene.
ANARDA: ¿A qué vino a este lugar?
HERNANDO: Ése es mucho preguntar.
ANARDA: Sólo si de espacio viene
me decid.405
HERNANDO: Si no es aquí
rémora un nuevo cuidado…
ANARDA: ¿Hase acaso enamorado?
HERNANDO: (¿Picaisos?) Aparte
Pienso que sí.
ANARDA: Malas nuevas te dé Dios.
HERNANDO: (Mal disimula quien ama.) Aparte410
ANARDA: ¿Puede saberse la dama?
HERNANDO: Oso decir que sois vos.
ANARDA: Pues, ¿cuándo me ha visto?
HERNANDO: Ahora.
ANARDA: Y ¿cómo sabéis que aqui
se ha enamorado de mí?415
HERNANDO: Porque sé que os vio, señora.
ANARDA: ¿Lisonjas?
HERNANDO: Verdades son,
de que tengo algún indicio.
JULIA: Que viene el conde Mauricio.
ANARDA: Pues huyamos la ocasión.420
Sale el CONDE Mauricio y LEONARDO. Se quedan en el fondo observando a las damas
LEONARDO: Lince eres en conocellas.
CONDE: Ciega amor y vista da.
¿Cúyo crïado será
el que está hablando con ellas?
ANARDA: Tu nombre…425
HERNANDO: Hernando es mi nombre.
ANARDA: ¿De qué?
HERNANDO: Hernando, cerrilmente,
que no le sirve al sirviente
más que el nombre el sobrenombre.
ANARDA: Mucho tu modo me obliga.
Gusto me ha dado tu humor.430
HERNANDO: Eso, hablando a lo señor…
Hablan aparte doña ANARDA y doña JULIA
ANARDA: Dile, Julia, que nos siga,
como que sale de ti.
JULIA: (Tu mismo fuego me abrasa.) Aparte
Ven a saber nuestra casa,435
que he de hablarte.
HERNANDO: Harélo así.
Vanse las damas
¡Pobretilla! ¿Ya me quieres?
Las armas de amor trajimos,
que un hombre a matar venimos,
y hemos muerto dos mujeres.440
Vase HERNANDO
LEONARDO: El coche toman. Huyendo
van de ti, señor.
CONDE: Cuidado
me da, Leonardo, el crïado.
¿Ves cómo las va siguiendo?
LEONARDO: ¿Qué determinas?445
CONDE: Saber
quién es su dueño y su intento,
que amor me forma del viento
mil visiones que temer.
Vanse el CONDE y LEONARDO. Salen el PRÍNCIPE, con gabán y ballesta, GARCÍA y don JUAN
GARCÍA: Supuesto que obedecer
es forzoso a vuestra alteza,450
oya a quien ha ejercitado
más la espada que la lengua.
García Ruiz de Alarcón
es mi nombre, en las fronteras
berberiscas más temido455
que conocido en las vuestras.
Vasallos tengo en La Mancha,
que mis pasados heredan
del Zavallos, que a Castilla
abrió de Alarcón las puertas.460
En ciñéndome la espada,
fui a serviros a la guerra,
que heredar honra es ventura,
y valor es merecerla.
Callar quiero mis hazañas465
pues que la fama os las cuenta,
y en la tierra las escriben
ríos de sangre hagarena.
Habrá, pues, señor, seis años
que en la batalla sangrienta470
que tuvimos con los moros
en Jerez de la Frontera,
militó don Juan de Luna,
de cuyos rayos pudiera
el mismo sol envidiar475
fuego para sus saetas,
porque su valiente espada
era encendido cometa
que a fuego y sangre amenaza
la berberisco potencia.480
Al trabar la escaramuza,
con tan animosa fuerza
las huestes de África embisten,
que las de Castilla afrentan.
Desbaratados los nuestros485
olvidaron su soberbia,
y aun volvieron las espaldas,
que esto es verdad, si es vergüenza.
Yo, despachado de ver
tan nunca usada flaqueza,490
atajélos con la espada,
castiguélos con la lengua.
0 se deba a mis razones,
o al valor de ellos se deba,
corridos los castellanos495
repararon la carrera,
y en nuevo Marte encendidos,
revuelven con tal violencia,
que más pareció el huir
artificio que flaqueza.500
Vos, señor, al fin vencistes,
que son los reyes planetas,
y las obras del vasallo
se deben a su influencia.
Pues como yo fui la causa505
de que los nuestros volvieran,
por autor de la victoria
todo el campo me celebra;
con que en algunos cobardes
la envidia tósigo siembra,510
que la pensión de las dichas
es la emulación que engendran.
Juntos pues los envidiosos
a fabricar mis afrentas,
a don Juan de Luna eligen515
para el instrumento de ellas.
Sólo en su valor confían,
y en la confïanza aciertan,
pues a lo que él se atrevió,
nadie, sin él, se atreviera.520
Dícenle, para incitarlo
a la venganza que intentan,
que de su espada y valor
he hablado mal en su ausencia;
que he dicho que las espaldas525
suyas fueron las primeras
que vieron los enemigos
en la pasada refriega.
Uno el agravio denuncia,
los otros con él contestan,530
y él con falsa información
justamente me condena.
Y estando en corrillo un dia
con otros soldados, llega
determinado don Juan,535
diciendo de esta manera,
:Yo soy don Juan, cuya luna,
de gloriosos rayos llena,
el honor de mis pasados,
con ser inmenso, acrecienta;540
vos habéis dicho de mí
que soy cobarde en la guerra,
sabiendo que en valentía
os venzo, como en nobleza.”
“¡Mentís en todo!” le dije;545
mas húbelo dicho apenas,
cuando le tiró en un guante
a mi honor una saeta
que si bien no me llegó,
es por la desdicha nuestra550
el honor tan delicado,
que del intento se quiebra.
Saqué a vengarme la espada,
y él la suya en su defensa,
que de dos humanos Joves555
dos rayos vibrados eran,
y a no impedírnoslo tantos,
no digo yo cuál muriera;
que con ventura se vence,
si con valor se pelea.560
Al fin, no pude romper
muros de espadas opuestas,
que aunque el valor las excede,
no las igualan las fuerzas.
Ausentóseme don Juan,565
y yo, en sabiendo quién eran
los autores del engaño
de que resultó mi ofensa,
los dos de tres arrojé
al mar desde una galera.570
Por las bocas me ofendieron,
y entró la muerte por ellas.
El tercero se ausentó,
y a mí el agravio me lleva
buscando a don Juan de Luna575
por varios mares y tierras,
determinado a matar
o morir; y a sus esferas
seis vueltas ha dado el sol
mientras yo al mundo una vuelta.580
Supe que estaba en Madrid;
vine, y vilo en la ribera
de Manzanares agora;
embestí a vengar mi afrenta;
vino a los brazos conmigo,585
donde al hijo de la tierra
en valor y fuerza excede,
¡pero yo al honor de Tebas!
La daga y brazo levanto
que ardiente furia gobierna,590
y él, viendo que ya en el suelo
ningún remedio le queda,
“¡Válgame la Virgen!”, dice.
“Valga”, digo, y la sentencia
revoco en el breve instante595
que al golpe empezado resta.
Éste es el caso. Don Juan,
pues he hablado en su presencia,
me puede enmendar agora
lo que mi memoria yerra.600
JUAN: Éste, señor, es el caso.
PRÍNCIPE: García-Ruiz de Alarcón,
claras vuestras obras son.
Desde el oriente al ocaso
da envidia vuestra opinión.605
Las más ilustres historias
en vuestras altas victorias
el non plus ultra han tenido;
mas la que hoy ganáis, ha sido
plus ultra de humanas glorias.
Vuestra dicha es tan extraña,610
que quisiera, vive Dios,
más haber hecho la hazaña
que hoy, García, hicistes vos,
que ser príncipe de España.
Porque Alejandro decía615
–¡ved cuánto lo encarecía!–
que más ufano quedaba
si un rendido perdonaba,
que si un imperio rendía;
que en los pechos valerosos,620
bastantes por sí a emprender
los casos dificultosos,
el alcanzar y vencer
consiste en ser venturosos;
mas en que un hombre perdone,625
viéndose ya vencedor,
a quien le quitó el honor,
nada la Fortuna pone;
todo se debe al valor.
Si vos de matar, García,630
tanta costumbre tenéis,
matar, ¿qué hazaña sería?
Vuestra mayor valentia
viene a ser que no matéis.
En vencer está la gloria,635
no en matar, que es vil acción
seguir la airada pasión,
y deslustre la vitoria
la villana ejecución.
Quien venció, pudo dar muerte,640
pero quien mató no es cierto
que pudo vencer; que es suerte
que le sucede al más fuerte
sin ser vencido, ser muerto.
Y así no os puede negar645
quien más pretenda morder,
que más honra os vino a dar
el vencer y no matar,
que el matar y no vencer.
Dar la muerte al enemigo650
de temerlo es argumento;
despreciarlo es más castigo,
pues que vive a ser testigo
contra sí del vencimiento.
La vitoria el matador655
abrevia, y el que ha sabido
perdonar, la hace mayor,
pues mientras vive el vencido,
venciendo está el vencedor.
Y más donde a cobardía660
no puede la emulación
interpretar el perdón,
pues tiene el mundo, Carcía,
de vos tal satisfacción.
Dadme los brazos.665
GARCÍA: Señor,
con que a vuestros pies me abaje
premiáis mi hazaña mayor.
PRÍNCIPE: Ésos pide el vasallaje,
y esotros debo al valor.
GARCÍA: Como rey sabéis honrar.670
PRÍNCIPE: Alzad, Alarcón, del suelo,
que en el suelo no ha de estar
quien ha sabido obligar
la misma reina del cielo.
Y que pago considero675
por libranza suya a vos
las honras que daros quiero,
que es el rey un tesorero
que tiene en la tierra Dios.
Abrázale
Libre de,ser derribado680
agora me juzgo yo,
que bien seré sustentado
de un brazo a quien, levantado,
tal furia no derribó.
Y así, en mi casa, García,685
os quedad. Desde este día
andemos juntos los dos,
que quiero aprender de vos
la piedad y valentía.
Gentilhombre de mi boca690
os hago.
GARCÍA: Dadme esos pies.
PRÍNCIPE: El servirme de vos es
para vos merced muy poca,
porque es mi propio interés.
Y yo no pretendo hacer695
de esto premio o beneficio,
porque el cargo ni el oficio
no premia al que ha menester
el rey para su servicio.
El un hábito escoged700
de los tres.
GARCÍA: ¿Cuándo, señor,
serviré tanta merced?
Arrodíllase don JUAN
PRÍNCIPE: Aquesto a vuestro valor,
y no a mí, lo agradeced.
Lo mucho que habéis servido,705
el hábito manifiesta.
Pues ¿qué merced habrá sido
la que a mí nada me cuesta,
y vos habéis merecido?
¿Por qué estás, don Juan, así?710
JUAN: Estas honras que le das
a García Ruiz, por mí
agradezco.
PRÍNCIPE: Debo más
a quien hoy me ha dado a ti.
A pagarle me apercibo715
esta vida con que vivo,
en la que hoy, don Juan, te dio;
que eres, amigo, otro yo,
y en ti la vida recibo.
JUAN: A todos sabes honrar.720
Sale GERARDO
PRÍNCIPE: ¿Qué hay, Gerardo?
GERARDO: A vuestra Alteza
aparte quisiera hablar.
Desvíase el PRÍNCIPE con GERARDO, y hablan aparte GARCÍA y don JUAN
JUAN: Merece vuestra nobleza
tan soberano lugar.
GARCÍA: Un deudor en mí tenéis725
de las honras que hoy recibo.
JUAN: Cuando a merced vuestra vivo,
nada deberle podéis
por ley a vuestro cautivo.
Mas donde el sujeto es tal,730
no tanto estiméis que aplique
el ánimo liberal
el príncipe don Enrique
a haceros merced igual;
porque en su real persona735
puso el cielo tal nobleza,
benignidad y largueza,
que hoy os diera su corona,
a tenerla en la cabeza.
PRÍNCIPE: (Confuso estoy. ¿Qué he de hacer? Aparte740
¿Al que tanto agora honré
tengo al punto de prender?
Pues dejar de obedecer
a Anarda, ¿cómo podré?
¡Oh, fuero de amor injusto!745
¿A tan heroico varón
hacer tal agravio es usto,
por solo el liviano gusto,
de una mujer sin razón?
Pero prenderlo, ¿qué importa,750
si luego le he de soltar,
y a mí me viene a librar
su prisión liviana y corta
de un largo enojo y pesar?
Pero tengo por mejor,755
por mostrarme poco amante
sufrir de Anarda el rigor,
que dar nota de inconstante
a un hombre de tal valor.
Mas si la causa le digo,760
bien disculpará el efeto…
No me tendrá por discreto,
si aun no empieza a ser mi amigo
cuando le fío un secreto.
Mas ya sé lo que he de hacer.)765
Vedme esta noche, García.
GARCÍA: Vuestro soy.
PRÍNCIPE: Habéis de ver
a mi padre; que poner
vuestra persona querría
en el estado que cuadre770
al valor que en vos se ve.
GARCÍA: Con serviros lo tendré.
PRÍNCIPE: Esta noche, de mi padre
el hábito alcanzaré.
Vase el PRÍNCIPE
JUAN: Ya con él os miro yo,775
que el rey don Juan a su alteza
nada jamás le negó;
que de su padre heredó
el príncipe la largueza.
Vase don JUAN
GARCÍA: En mar sangriento de cruel venganza,780
de rabia, de ira y de coraje lleno,
corrí tormenta, de esperanza ajeno
de llegar en mi estado a ver bonanza;
y un súbito accidente, una mudanza
el pecho libra del mortal veneno,785
y el que en mi agravio a mi furor condeno,
en el perdón produce mi esperanza.
No la privanza me movió futura,
que Fortuna en sus obras desiguales
no hace de los méritos memoria;790
mas debo a mi piedad esta ventura,
y por lo menos en hazañas tales
de la gentil acción queda la gloria.
Vase don GARCÍA. Salen HERNANDO, con capa y sombrero viejo, e INÉS
HERNANDO: Tu nombre saber deseo.
INÉS: Inés.795
HERNANDO: Decirte podré,
según en mí no sé
qué siento después que te veo,
“Un poco te quiero, Inés.”
INÉS: A lo menos no dirás,
pues que ya dicho lo has,800
“Yo te lo diré después.”
HERNANDO: La lengua en amor osada
es más dichosa y más cuerda,
porque la mula que es lerda
tarde llega a la posada.805
Enfermo es quien tiene amor,
y es el doctor el amado.
Pues, ¿cómo será curado
quien su mal calla al doctor?
Salen el CONDE y LEONARDO, de noche
LEONARDO: Ocupada está la puerta.810
CONDE: Reconocer determino…
LEONARDO: El celoso desatino
tus acciones desconcierta.
CONDE: No me repliques. ¿Quién es?
INÉS: (Éste es el conde.) Aparte815
Inés soy,
que gozando el fresco estoy.
CONDE: No hablo contigo, Inés,
sino con aquese hidalgo.
INÉS: Un soldado es que llegó,
como a la puerta me vio,820
a pedir por Dios.
HERNANDO: Dad algo
para pagar la posada,
caballeros, a un soldado
desvergonzante y honrado,
que trae la pierna colgada825
y tiene un brazo torcido,
por amor de…
LEONARDO: Perdonad.
HERNANDO: Miren la necesidad
con que por Dios se lo pido.
CONDE: ¿Queréis no ser majadero?830
HERNANDO: ¿Así a un pobre se responde?
(¿Éste es conde? Sí; éste esconde Aparte
la calidad y el dinero.)
Vase HERNANDO
CONDE: Hermana Inés, no concierta
con el honor de esta casa835
ver, quien a tal hora pasa,
hombres hablando a su puerta.
INÉS: Un mendigo remendado
que por Dios llega a pedir,
¿qué puede dar que decir?840
CONDE: Un tercero, disfrazado
de mendigo, busca así
la ocasión a su mensaje;
y a estas horas el mal traje
no se ve, y el hombre sí,845
y a estar vos, como es razón,
encerrada en vuestra casa,
al mendigo y al que pasa
quitárades la ocasión.
INÉS: No sé yo, por vida mía,850
desde cuándo acá o por dónde
le ha tocado, señor conde,
el cargo a vueseñoria
de alcaide o de guardadamas
de esta casa. ¿Qué marido,855
padre o galán admitido
es de alguna de mis amas,
para que las guarde así?
CONDE: ¡Vive el cielo, que a no ser
de aquesta casa y mujer!…860
LEONARDO: Calla. Inés, ¿estás en ti?
¿Asi te atreves al conde?
INÉS: Y al mismo rey me atreviera,
si tanta ocasión me diera.
Quien por su dueño responde865
se atreve muy justamente.
Pero yo le diré a Anarda
que el conde su puerta guarda,
para que el remedio intente.
Vase INÉS
LEONARDO: Perdido vas.870
CONDE: Tal estoy
de celoso y desdeñado,
que ya, de desesperado,
en nuevos intentos doy.
Ya que no puedo obligar,
vengarme sólo deseo,875
que estas visiones que veo,
la materia me han de dar.
El mozo que hoy en el río
las habló y siguió después;
hallar a la puerta a Inés880
y hablarme con tanto brio;
de Anarda el airado ceño
hoy, porque al coche llegué,
todo dice, o nada sé,
que esta casa tiene dueño.885
LEONARDO: ¿Eso dudas?
CONDE: De inquirirlo
y darles pesares trato.
LEONARDO: No le saldrá muy barato,
si tú das en perseguirlo,
al pobre amante el favor.890
CONDE: Tenga disgustos al peso
que los tengo.
LEONARDO: Para eso
te hizo Dios tan gran señor.
Páguela quien te la hiciere.
CONDE: Bien es para tales hechos895
vestir de acero los pechos.
LEONARDO: Quien dar pesadumbres quiere,
ha de vivir con cuidado.
CONDE: Vamos por armas; que el día
ha de hallarme aquí en espía,900
Leonardo, hasta ser vengado.
Vanse el CONDE y LEONARDO. Salen GARCÍA y HERNANDO, de noche
GARCÍA: Prosigue.
HERNANDO: Llegóse a mí
el dicho conde Mauricio,
como ve que sigo el coche,
y pregúntame a quién sirvo.905
Digo que a nadie. Él replica
de dónde soy conocido
de aquellas damas que hablaba,
y por qué ocasión las sigo.
Que ni sigo ni conozco,910
le respondo y certifico.
“Pues no os tope yo otra vez
a vista del coche,” dijo,
“o a palos haré mataros.”
Yo me aparto, y a un mendigo,915
que limosna entre los coches
pidiendo andaba en el río,
mi capa y sombrero doy,
y estos andrajos le pido,
con que, si me ves de día,920
oso engañarte a ti mismo.
Con esto, y con que la noche
también ayuda nos hizo,
las seguí, y entré en su casa,
de que somos tan vecinos,925
que es ésta que estás mirando,
cuyo soberbio edificio
avaramente publica
los tesoros escondidos.
Hablé con ellas, y al fin,930
la que ser Lucrecia dijo
me dio de tenerte amor,
si honestos, claros indicios.
Pregunta tu casa, y yo
con decirla me despido.935
De mi humor dicen que gustan,
mas yo, que a tu amor lo aplico,
me di al disfrazado brindis
de “a más ver” por entendido.
A Inés, secretaria suya,940
mandan que salga conmigo
hasta dejarme en la calle,
cosa bien fuera de estilo,
pero no de la intención,
que presumo y averiguo.945
Que fue porque yo de Inés
me informase en el camino
de lo que ellas me negaron,
lance de amor conocido.
Supe que era el nombre Anarda,950
y Girón el apellido
de la que doña Lucrecia
Chacón nombrarse me dijo.
La otra es su prima, Julia
su nombre, y un viejo tío955
es el curador y el Argos
de estas dos huérfanas Íos,
ambas por casar, y tienen
dos mayorazgos muy ricos
con que puede hacer dichoso960
cada cual a su marido.
Ciertas esperanzas mías
dieron con esto en vacío,
y a Inés, envuelta en donaires,
una flecha de amor tiro.965
Llegamos así a la puerta,
donde con celoso brío
se llegó a reconocerme,
determinado, Mauricio.
Dice que un mendigo soy970
Inés; yo fínjolo al vivo.
Él responde, “No hay qué daros.”
Yo a fuer de pobre porfío.
Enfadóse, fuime, halléte
en la posada, salimos,975
las mercedes me contaste,
que hoy el príncipe te hizo.
Llegamos aquí, paramos…
Con que en breve suma he dicho
cuanto he hecho desde el punto980
que me dejaste en el río.
GARCÍA: De los favores de Anarda
y los celos de Mauricio
me forman los pensamientos
un confuso laberinto.985
Hernando, perdido estoy.
No sé qué poder divino
tiene Anarda, que en un punto
me arrebató los sentidos.
Tal estoy que no me alegran990
los favores que hoy me hizo
su alteza; que los de Anarda
sólo quiero y sólo estimo.
Juzga pues cuál me tendrán
las licencias de Mauricio;995
que mucho tiene de dueño
quien cela tan atrevido.
HERNANDO: Advierte que a una ventana
dos personas han salido.
Salen doña ANARDA e INÉS, a la ventana
ANARDA: Dos son.1000
INÉS: El conde y Leonardo
siguen el intento mismo.
ANARDA: ¿Es el conde?
GARCÍA: El conde soy.
(A mi muerte me apercibo; Aparte
pero venid, desengaño,
que cuanto os temo os estimo.)1005
A HERNANDO
Aparta; que las verdades
de amor no quieren testigos,
y saber éstas deseo.
HERNANDO: A esa esquina me retiro.
Vase HERNANDO
ANARDA: Conde, a vuestro atrevimiento1010
y grosera demasía,
ni conviene cortesía,
ni es cordura el sufrimiento.
¿En qué favor fundamento
el guardarme así ha tenido?1015
A quien nunca fue admitido
pretendiente ni galán,
decid. ¿Qué leyes le dan
las licencias de marido?
Si con tanta libertad1020
guardáis mi puerta y mi calle,
¿quién hará al vulgo que calle,
o estime mi honestidad?
Si bien me queréis, mirad
mi fama y reputación,1025
que es forzosa obligación
que al bien amar corresponde.
Salen el CONDE y LEONARDO, armados
ANARDA: Y si no me queréis, conde,
dejadme en este rincón.
El CONDE escucha a doña ANARDA
Y si os pretendéis vengar1030
con eso de mi desdén,
sabed que el no querer bien
no ofende, ni obliga a amar;
que inclinar o no inclinar
sólo lo puede el Amor.1035
Y si el veros tan señor
esfuerza vuestra malicia,
el rey sabe hacer justicia,
y yo sé tener valor.
Retíranse doña ANARDA e INÉS
CONDE: (Huélgome que no soy yo Aparte1040
solamente el desdeñado.)
GARCÍA: (La vida mi amor ha hallado Aparte
donde la muerte esperó.)
CONDE: (Pobre amante!) Aparte
LEONARDO habla aparte con el CONDE
LEONARDO: ¿Muere, o no?
CONDE: Viva, pues vive penando.1045
HERNANDO llégase a su amo, y hablan aparte
HERNANDO: ¿Qué tenemos?
GARCÍA: Vida, Hernando:
el conde muere.
HERNANDO: Con esto,
¿cenaremos?
GARCÍA: Vamos presto,
que está el príncipe esperando.
Vanse don GARCÍA y HERNANDO
CONDE: Sospecho que no hago bien,1050
Leonardo, en no conocello.
Si es mi igual, sacaré de ello
el consuelo a mi desdén,
y a lo menos sabré quién
no ha de causarme cuidado.1055
Vamos tras él.
LEONARDO: Acosado
toro embestimos, señor;
que aun sospecho que es peor
un amante desdeñado.
Vanse todos

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

Scroll to Top