LA CUEVA DE SALAMANCA
Juan Ruiz de Alarcón
Texto basado en la edición príncipe en PARTE PRIMERA DE LAS COMEDIA DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Madrid; Juan González, 1628). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.
Personas que hablan en ella:
- Don DIEGO, estudiante, galán
- Don JUAN, galán
- Don GARCÍA, estudiante, galán
- El MARQUÉS de Villena, galán
- ENRICO, viejo grave, estudiante
- Un TENIENTE
- CHINCHILLA, corchete
- ALONSO, ganapán
- ZAMUDIO, estudiante, gracioso
- Don PEDRO, viejo grave
- ANDRÉS, criado de Enrico
- Doña CLARA, dama
- LUCÍA, criada
- INÉS, que habla dentro
- Un ALCAIDE
- Un CORREO
- Un PESQUISIDOR
- Un FRAILE, doctor
- Un VERDUGO
- Tres PRESOS
- GENTE
JORNADA PRIMERA
Salen don DIEGO, de estudiante, y don JUAN, de noche
DIEGO: Don Juan, yo os prometo a Dios
que me tenéis enfadado,
que después que sois casado
no se puede andar con vos.
Si ver mujeres ordeno,5
ninguna tiene buen talle;
si andar de noche en la calle,
os hace mal el sereno;
si al río quiero salir,
la humedad es mal segura;10
si trazo una travesura,
miráis a lo porvenir;
si colérico me veis,
entra luego el predicar;
y al fin, si riño, en lugar15
de ayudarme, me tenéis.
¡Pese a tal, don Juan, con vos!
Haced tal vez lo que quiero,
o buscad un compañero
hermano de Juan de Dios.20
JUAN: Ello está muy bien reñido,
mas poca razón tenéis,
pues, cuando soltero, veis
que nadie más loco ha sido.
¿Qué travesura intentastes25
en que yo quedase atrás?
¿En qué pendencia jamás
a ese lado no me hallastes?
¿Qué calle no paseé?
¿Qué noche fría dormí?30
¿Qué mujer con vos no vi,
o qué espaldas no os guardé?
Mas ya no es tiempo de andar,
don Diego, sin mucho tiento,
que es un yugo el casamiento35
que al más bravo hace amansar.
Esto por vos no ha pasado,
y medís sin diferencia
de un soltero la licencia
y obligación de un casado.40
DIEGO: Pues si estáis tan convertido
no salgáis de noche un punto.
JUAN: No se olvida todo junto;
el ser mozo no he perdido.
DIEGO: Pues, ¡por vida de los dos,45
que al gusto esta noche demos!
JUAN: Por vos he de hacer extremos;
basta, al fin, quererlo vos.
Sale don GARCÍA, de noche
DIEGO: ¿Quién es éste
JUAN: Don García.
DIEGO: No tengo vista.50
JUAN: ¡Eso es bueno!
¿Quién no la pierde al sereno?
DIEGO: ¿Predicáisme todavía?
¡Don García!
GARCÍA: ¿Quién va allá?
DIEGO: ¡Amigo!
GARCÍA: ¡Don Diego hermano!
¿Qué hacéis?55
DIEGO: Pasear en vano;
que donde don Juan está
no hay tratar de travesura.
GARCÍA: ¿En santulón habéis dado?
JUAN: Don Diego ha dado en pesado,
y la paciencia me apura.60
Decidme si puedo hacer
más que prometer seguiros.
DIEGO: ¡Qué lágrimas, qué suspiros
os costó ese prometer!
GARCÍA: Cómo alegrarnos tracemos,65
o voyme.
JUAN: No os vais, García,
que yo en todo, y hasta, el día,
quiero seguiros.
GARCÍA: ¿Que haremos?
DIEGO: Vamos a ver a Juanilla.
JUAN: ¿A Juanilla? ¡Hermosa pieza!70
Mal está con su cabeza,
quien busca una taravilla.
DIEGO: ¿Tan presto, don Juan, quebráis
la palabra que habéis dado?
JUAN: Digo que erré, y que callado75
iré donde vos queráis.
DIEGO: Mariquilla la bocona
no diréis que es bachillera.
JUAN: No es mala, si no pidiera;
mas, ¿vive la socarrona80
vieja?
DIEGO: ¿Qué vieja?
JUAN: La madre.
DIEGO: Sí.
JUAN: Pues yo no he de ir allá.
DIEGO: ¿No digo yo? No hallará
una almena que le cuadre.85
JUAN: Decidlo vos, don García,
que a vuestro voto me ajusto.
GARCÍA: Si he de declarar mi gusto,
gastar la noche querría
en cosa de más cuidado.90
DIEGO: Declaradla, que aquí estamos.
GARCÍA: De que a la justicia hagamos
una burla estoy tentado.
JUAN: ¡Guarda!
DIEGO: ¡Hagamos!
JUAN: ¡Eso no!
DIEGO: ¡Dos le hemos de hacer, por Dios!95
JUAN: Digo que se le hagan dos,
mas no he de ayudaros yo.
DIEGO: Necio estáis.
JUAN: Y vos sin seso.
¿Para qué es bueno arriesgarnos,
cuando podemos holgarnos100
sin temer, un mal suceso?
GARCÍA: En la burla que imagino
ningún peligro ha de haber.
JUAN: Decid, que tal puede ser,
que siga vuestro camino.105
GARCÍA: Ella al fin ha de ser tal,
que el alguacil y su gente
queden sin muela ni diente,
y se hagan ellos el mal.
DIEGO: ¡Buena, por Dios!110
GARCÍA: Un cordel
es menester.
DIEGO: ¿Qué tan largo?
GARCÍA: De seis brazas.
DIEGO: De él me encargo;
a esta tienda voy por él.
Vase don DIEGO
JUAN: ¡Oh, para estas travesuras
qué diligente es don Diego!115
GARCÍA: Moje el agua, queme el fuego
y haga el mancebo locuras,
y más cuando se granjea
hacer que pague quien debe.
JUAN. Sí ¿mas si encima nos llueve?120
GARCÍA: No viva quien tal desea.
Sale don DIEGO con un cordel
DIEGO: El cordel tenéis aquí.
JUAN: Presto venís.
DIEGO: ¿Qué queréis?
¿Acaso a mal me tendréis
volver presto ya que fui?125
¿Qué ha de hacerse?
GARCÍA: Atravesar
una calle.
DIEGO: Ya os entiendo;
y luego un fingido estruendo
de cuchilladas formar.
La justicia oye el rüido,130
viene corriendo, y adiós
boca y narices.
GARCÍA: Y vos
en la traza habéis caído,
DIEGO: Pues a mi cargo la tomo
que de mil que agudos veo135
tengo increíble deseo
de ver un alguacil romo
JUAN: Temo que le hemos de hacer
narices nuevas de plata.
DIEGO: A aquel que más se recata140
más mal suele suceder.
GARCÍA: En esta calle imagino
que es mas cierta la justicia.
JUAN: No carece de malicia
ese pensar adivino.145
GARCÍA: ¿Por qué?
JUAN: Porque da a entender
que de Clara el rostro y talle
trae rondantes a esta calle.
DIEGO: (Con que el seso he de perder.) Aparte
GARCÍA: Dos clavos quiero buscar.150
DIEGO: ¿Al engañoso artificio
esta puerta no da el quicio,
y esta esquina este pilar?
Atan el cordel atravesando el vestuario, y dice don GARCÍA aparte
GARCÍA: (¡Quien pusiera, hermosa Clara,
como pongo este cordel,155
un muro, por que con él
nadie tu calle pasara!)
DIEGO: Repartidos nos pongamos,
y el que viere a la justicia
a los otros de noticia,160
para que el rüido hagamos.
GARCÍA: Yo me quedo en esta puerta;
id a aquella esquina vos.
DIEGO: Yo me voy a esotra. Adiós,
y todo cristiano alerta.165
Repártense por el teatro. Sale ZAMUDIO corriendo un tostador cae en el teatro; ALONSO, ganapán, corre tras él y cae y abrázase con él; y don DIEGO llega dando de cintarazos a ALONSO; él saca la espada y se retira
ZAMUDIO: ¡Ésta os debo!
INÉS: ¡Alonso, acude Dentro
al ladrón!
ALONSO: Sosiega, Inés,
que no se me irá por pies.
DIEGO: ¿Rabias?170
ZAMUDIO: ¡Tal santo te ayude!
ALONSO: ¡Jesús!
DIEGO: ¡Otro nadador
por tierra!
GARCÍA: ¡No caigas, cuero!
ALONSO: Ya no puedo, majadero.
Pagaréisme el tostador,
o, ¡vive Cristo, ladrón175
que os mate!
ZAMUDIO: ¡Aquí del estudio!
DIEGO: Esta voz es de Zamudio.
¡Suelta, aparta, picaron!
ALONSO: ¡Aquí de Dios, que me matan!
Vase ALONSO
DIEGO: ¿Sacas la espada y das voces?180
Perro, mataréte a coces.
Vase don DIEGO
JUAN: ¡Las tres Furias se desatan
cuando se enoja don Diego!
GARCÍA: La que viene es la justicia.
JUAN: ¡Aquí es Troya!185
Salen un TENIENTE y CHINCHILLA y se caen; y luego saca la espada y éntrase tras de don DIEGO
CHINCHILLA: ¿Hay tal malicia?
Del vil oficio reniego,
que me he roto una rodilla.
¡Ténganse al señor teniente!
Vase CHINCHILLA
TENIENTE: ¡Jesús!
DIEGO: ¡Pícaro, detente! Dentro
TENIENTE: ¡Échales mano, Chinchilla!190
¡Pagaránme esta insolencia!
CHINCHILLA: ¡Denme las armas! Dentro
DIEGO: Corchete, Dentro
apártate, o mataréte!
CHINCHILLA: ¡Resistencia! Dentro
TENIENTE: ¡Resistencia!
¡Aquí del rey!195
Vase el TENIENTE
GARCÍA: A ayudar
vamos, don Juan, a don Diego.
Sacan las espadas. Vase don GARCÍA
JUAN: De tales burlas reniego.
Vase don JUAN. ZAMUDIO busca piedras
ZAMUDIO: ¡Que no haya podido hallar,
ya que espada no traía,
una piedra por aquí!200
¡Qué blandura, pese a mí!
¿De ahito? A fe que no es mía.
Vase ZAMUDIO. Sale ENRICO, viejo grave, con sotana y ropa de levantar y bonete, y tinta y pluma y papel, ANDRÉS, su criado, en cuerpo, con un candil pone un bufete en medio del teatro y el candil encima
ANDRÉS: ¿No es hora ya de dormir?
Mira que las doce son.205
ENRICO: Primero, Andrés, la lición
de mañana he de escribir.
Dame asiento.
Síéntase a escribir
ANDRÉS: Haces agravio
a tu edad y a tu saber.
ENRICO: Siempre queda qué aprender.210
No hay hombre del todo sabio.
ANDRÉS: ¿Cuándo saldrás de pobreza
con trabajo semejante?
ENRICO: Cuando salga de ignorante,
que el saber es gran riqueza.215
No es el fin, Andrés amigo,
del estudio enriquecer;
fin del estudio es saber.
Si eso alcanzo, lo consigo.
El que riquezas procura220
con la fortuna las ha,
cuyo buen efeto está
no en saber, sino en ventura.
Rico eminente en saber
pocas veces lo verás;225
saber pobre quiero más
que ignorante enriquecer.
Si ya en un valle templado
de verde pasto abundoso
viste el caballo vicioso,230
rico en su bestial estado,
¿tuvístele envidia? No.
¿Trocaras con él tus bienes?
No, que en la razón que tienes
el cielo te mejoró.235
Cuando un mayorazgo ves
de estos que se usan agora,
y que más que tiene ignora,
¿no te da lástima, Andrés?
Salen don DIEGO con la espada desnuda, y ZAMUDIO
DIEGO: Si acaso tenéis por dónde240
a la otra calle salgamos
los dos, a quien la justicia
viene siguiendo los pasos;
si tenéis dónde escondernos,
sed nuestro asilo y sagrado,245
ya que por dicha esta puerta
a tal hora abierta hallamos.
La traviesa mocedad
es autora de estos casos;
perdonadlos como cuerdo250
y amparadnos como honrado.
Don Diego soy de Guzmán
y Zúñiga; justo amparo
dad a un noble, si lo sois.
Pero ya siento los pasos.255
ZAMUDIO: Pongámonos en defensa
de la puerta.
Pónese a escribir ENRICO
ENRICO: Sosegaos,
don Diego, cobrad aliento,
que de libraros me encargo.
ZAMUDIO: Si un momento os detenéis,260
tarde querréis ayudarnos.
ANDRÉS: No os aflijáis, que sí quiere
sabe el vicio hacer milagros.
Cae de lo alto una nube como manga, a raíz del vestuario, coge dentro a don DIEGO y él se mete en el vestuario, y torna a subir la nube
ZAMUDIO: Qué es esto ¡Válgame Dios,
qué prodigio! El viejo es santo.265
Mas, señor, triste de mí,
¿de Zamudio no haces caso?
¿Así te vas y me dejas
en poder de tus contrarios?
¿No importa que a mí me prendan?270
¡Quiebre por lo más delgado!
Viejo santo, santo padre,
yo me pongo en vuestras manos.
ENRICO: No temas.
ZAMUDIO: De este bufete
me amparo.275
ANDRÉS: Estará debajo
de un bufete otro bufete.
ZAMUDIO: Bufetes hay muy honrados.
Métese debajo del bufete; la sobremesa besa el suelo; quitan un escotillón del teatro y húndese ZAMUDIO, y tornan a poner el escotillón. Entran el TENIENTE, y CHINCHILLA, y gente con hachas encendidas
TENIENTE: Guarden algunos la puerta.
Los demás vayan cercando280
esta calle alrededor,
que se irán por los tejados.
¿Sois el dueño de esta casa?
ENRICO: Yo soy, a vuestro mandado.
TENIENTE: ¿Y este mozo?285
ENRICO: Es mi sirviente.
TENIENTE: ¿Qué es de unos hombres que entraron
agora aquí?
ENRICO: ¿Hombres aquí?
Corta es la casa, buscadlos.
TENIENTE: ¿No hay más aposentos?
ENRICO: No.
En aquéste solo paso290
con tanta anchura la vida,
como el rey en sus palacios.
TENIENTE: ¿Tiene ventana?
ENRICO: Ninguna;
por la puerta el sol sus rayos
le da.295
TENIENTE: ¿Luego no han podido,
si es que en esta casa entraron,
salir sino por la puerta?
CHINCHILLA: Yo los vi entrar, no me engaño,
y hasta agora no han salido.
ENRICO: Mucho estudio y muchos años300
me han acortado la vista,
de modo que habrán entrado
sin verlos yo.
TENIENTE: ¡En vivo fuego
de ira y de enojo me abraso!
¿Cuatro desnudas paredes305
en un tan pequeño espacio
nos los pueden esconder?
CHINCHILLA: Señor, concluye este caso.
Suelo, paredes y techo
de abajo arriba volvamos.310
TENIENTE: Metidos en las paredes
no han de estar, y si debajo
de este bufete no están,
no hay aquí dónde buscarlos.
Alzad esa sobremesa315
con las armas en las manos.
CHINCHILLA: ¡Ténganse al señor teniente!
Levanta la sobremesa y luego déjala caer, y tórnase a poner ZAMUDIO debajo del bufete
Mas no hay aquí nadie.
ENRICO: En vano
es, por Dios, vuestra porfía.
Toda la casa es un palmo,320
sin alacena, tabique,
bóveda, cueva o sobrado;
no hay colgaduras que puedan
encubrir portillos falsos.
Derribad, romped, partid,325
si a persuadiros no valgo;
que este testigo que dice
que los vio entrar se ha engañado;
como esta casa hace esquina
a esotra calle, doblaron,330
y la obscuridad disculpa
de sus ojos el engaño.
TENIENTE: Ésta es la verdad sin duda.
Por ti se me han escapado,
Chinchilla, los delincuentes.335
CHINCHILLA: ¡Por Dios, que parece encanto!
TENIENTE: Vamos, que no he de acostarme
hasta que los prenda.
CHINCHILLA: Vamos.
Vase la justícia. Salen de debajo del bufete ZAMUDIO, y don DIEGO del vestuario
ZAMUDIO: ¡Que se quema, so Teniente!
DIEGO: Dadme los pies soberanos,340
restaurador de estas vidas.
ENRICO: Señor, ¿con vuestro crïado
habéis de hacer tal exceso?
Sale Don JUAN con la espada desnuda
JUAN: ¡Don Diego!
DIEGO: ¡Don Juan hermano!
¿Dónde estuvistes?345
JUAN: Seguro
de nuestros mismos contrarios,
escondido entre ellos mismos,
aguardé el fin de este caso.
Pero vos, ¿cómo escapastes?
DIEGO: Por un patente milagro350
del varón que veis divino.
JUAN: Razón es que conozcamos
a quien tanto con Dios puede.
DIEGO: Decid quién sois, varón santo.
ENRICO: No soy sino pecador;355
mas si algún placer os hago
en decir quién soy, sabréislo
si oís un pequeño rato.
En letras y armas la nación famosa
francesa me dio ser; padres honrados,360
si no de sangre tuve generosa,
que no jacto valor de mis pasados.
Propia virtud es calidad gloriosa;
paternas armas, timbres heredados,
armas son ciertas de su autor primero.365
Vana opinión las pasa al heredero.
En la niñez las artes liberales
me dieron en París honrosa fama;
mas en la edad autora de los males
que en el rostro el sutil vello derrama,370
fueron mis travesuras desiguales,
nacidas del amor de cierta dama,
causa de mi inquietud, hasta obligarme
de Francia mis delitos a ausentarme.
Fuime de mar en mar, de tierra en tierra;375
varias costumbres vi, varias naciones,
viviendo ya en la paz y ya en la guerra
según el tiempo hallé y las ocasiones;
mas aunque mi locura me destierra,
llevé conmigo mis inclinaciones,380
que en cualquiera región, cualquiera estado,
aprender siempre más fue mi cuidado.
Al fin topé en Italia un eminente
en las ciencias varón, Merlín llamado;
procuré su amistad, y cautamente385
a la estrecha llegué de grado en grado;
él, que mi inclinación y intento siente,
a mis letras y ingenio aficionado,
conmigo liberal, del alma rica
los más altos tesoros comunica.390
Aprendí la sutil quiromancía,
profeta por las líneas de las manos;
la incierta judiciaria astrología,
émula de secretos soberanos,
y con gusto mayor, nigromancía,395
la que en virtud de caracteres vanos
a la naturaleza el poder quita,
y engaña, al menos, cuando no la imita.
Con ésta a los furiosos cuatro vientos
puedo imponer; los montes cavernosos400
arrancar de sus últimos asientos
y sosegar los mares procelosos;
poner en guerra y paz los elementos;
formar nubes y rayos espantosos;
profundos valles y encumbrados montes405
esconder, y alumbrar los horizontes;
con ésta sé de todas las criaturas
mudar en otra forma la apariencia.
Con ésta aquí oculté vuestras figuras;
no obró la santidad, obró la ciencia.410
Ésta os ofrezco con entrañas puras
a cualquier peligrosa contingencia,
ajeno de interés, que bien me sobra
el que saco de hacer la buena obra.
En este, pues, que veis, albergue chico,415
donde vine a parar por la noticia
de esta universidad, paso tan rico
cuan libre de ambición y de codicia;
aquí mi ciencia a todos comunico;
que no de lo que sé tengo avaricia.420
Esto es y vale Enrico. Sólo queda
saber si hay más en que serviros pueda.
DIEGO: ¡Oh, prodigioso varón,
consuelo y amparo nuestro!
¡Dichoso el caso siniestro425
que nos ha dado ocasión
de gozar de tal maestro!
Mas podéisos acostar,
Enrico, que el trasnochar
a vuestra edad no conviene.430
ENRICO: Un colchón y un jergón tiene
mi cama; eso os puedo dar.
DIEGO: Dormid en él, que os hará,
pues sin pena estáis, provecho;
porque a quien con tanta está435
como nosotros, será
campo de batalla el lecho.
JUAN: Dormid, padre, que interés
de los tres guardaros es
el sueño mientras durmáis,440
pues que despierto guardáis
vos las vidas de los tres.
DIEGO: Dormid sin cuidado o pena,
que gente somos segura.
ZAMUDIO: Y de presunción tan buena,445
que si a robar se aventura,
ha de ser alguna Elena.
ENRICO: No tan poco el tiempo ha sido
que en Salamanca he vivido,
gran don Diego de Guzmán,450
que no haya a vos y a don Juan
de Mendoza conocido;
cuanto más que de esta casa
es segura guarnición
el ser la fortuna escasa,455
que el pobre sin riesgo pasa
por delante del ladrón;
y así hallastes a horas tales
de par en par mis umbrales,
y porque por puntos salgo460
a la calle a observar algo
de los cursos celestiales.
DIEGO: Idos, que es tarde, a acostar.
ENRICO: Pésame de no poder
a los tres acomodar.465
DIEGO: De lo que habemos de hacer,
nos es forzoso tratar.
ENRICO: Desnúdame, Andrés.
Vase ENRICO
ANDRÉS: Patrón,
hasta la matina.
Vase ANDRÉS
ZAMUDIO: ¡Es hora
de dormir, que las tres son!470
JUAN: ¡Estamos buenos agora,
don Diego!
DIEGO: ¿Pues qué? ¿Hay sermón?
JUAN: ¿No ha de haber, cuando por vos
hemos venido los dos
a un estado tan estrecho?475
DIEGO: Lo hecho, don Juan, ya es hecho,
¡y bien hecho, vive Dios!
Como soltero reñistes;
no temáis como casado.
JUAN: En la ocasión me pusistes,480
y en ella debe un honrado
hacer como hacer me vistes.
No hallarse en ella es ventura;
quitarse de ella, cordura;
y salir bien de ella, honor.485
DIEGO: ¡Ah, Dios, y qué a mi sabor
he hecho esta travesura!
De alguaciles y escribanos,
a quien tanto aborrecía,
vengado estoy con mis manos.490
ZAMUDIO: Tú les has dado un buen día
al cura y los cirujanos.
DIEGO: Lindamente le pegué
al bueno del escribano;
como tan cerca lo hallé495
a este lado, derribé
un revés…
ZAMUDIO: Detén la mano,
que la tienes muy pesada.
Mas, ¿por qué no dejas nada
a los demás de la gloria?500
Que este brazo la vitoria
te dio con una pedrada.
JUAN: ¡Buenos estáis! Burla ha sido
lo que nos ha sucedido.
DIEGO: El tratar de la vitoria505
y el celebrarla, la gloria
aumenta de haber vencido.
JUAN: Que tratemos será bien
de lo importante primero.
DIEGO: Bien decís.510
JUAN: La voz detén,
que siento pasos.
ZAMUDIO: Aun bien
que está cerca el milagrero.
JUAN: Pasó adelante quien era.
DIEO: De buena gana riñera
con quien pasó, ¡vive Dios!,515
que ya he descansado. ¿Y vos,
don Juan?
JUAN: Que tengáis quisiera
jüicio, por vida mía,
y ver lo que hemos de hacer.
DIEGO: Podemos desde este día520
aprender nigromancía,
y escondidos aquí, ver
el suceso de este cuento,
pues que con su encantamento
Enrico nos asegura525
de ser presos.
JUAN: Es cordura,
pues que ya en este aposento
no han de volver a buscarnos.
DIEGO: Y este francés puede darnos
y nosotros aprender530
hechizos, para poder,
mudando formas, andarnos
por la ciudad.
JUAN: Bien está.
Otro capítulo va,
que en mi libro es el primero.535
ZAMUDIO: ¿Y el sueño? A saber espero
a cuántas fojas está.
DIEGO: ¡Ah, quién te pudiera ver!
¡Cuál estarás, Clara mía,
si esto has llegado a saber!540
JUAN: ¡Cuál estará mi mujer!
ZAMUDIO: ¡Cuál estará mi Lucía!
DIEGO: Mas, ¿quién de vosotros vio
a don Garcia?
JUAN: Yo no.
ZAMUDIO: Yo lo vi de tres cercado,545
hecho un Marte de enojado;
mas no supe en qué paró.
DIEGO: Yo me duermo.
JUAN: Yo no velo.
DIEGO: Donde falta el lecho blando,
a la juventud apelo.550
ZAMUDIO: Tendido en el duro suelo,
y el alma a Dios cuenta dando.
Vanse todos. Salen don PEDRO, doña CLARA y LUCÍA
PEDRO: Hija, yo voy a saber
este alboroto.
CLARA: Ven presto,
padre, que estás indispuesto555
y temprano has de comer.
Vase don PEDRO
LUCÍA: Todo el mundo está revuelto,
herido el corregidor,
muerto el alguacil mayor.
¡El demonio anduvo suelto!560
Abrieron tanta cabeza
a Romero el escribano;
derribaron una mano
a Chispa, aquel buena pieza
que me prendió el otro día.565
¡Bien haya quien le pegó,
que de un ladrón me vengo!
Está preso don García,
y yo sé que en la prisión
da más suspiros por ti570
que por verse preso así.
CLARA: ¡Que impertinente afición!
Pésame, que es camarada
de don Diego.
LUCÍA: Tu don Diego
fue quien causo todo el fuego.575
CLARA: ¿Qué dices? ¡Ay, desdichada!
¿Don Diego?
LUCÍA: Como lo digo.
En la plaza lo oí contar;
la justicia anda a buscar
a él y a don Juan su amigo.580
Dicen que el corregidor,
por verse más bien vengado,
a la corte ha despachado
a pedir pesquisidor.
CLARA: ¡En qué pudieron parar,585
don Diego, tus travesuras!
Pero no. Mis desventuras
esto deben de causar.
Sale ANDRÉS con un papel
ANDRÉS: (Ella, por las señas, es.) Aparte
¡Oye, señora doncella!590
LUCÍA: ¿Quién es? ¿Qué quiere?
ANDRÉS: ¿No es ella
la sora Lucía?
LUCÍA: ¿Y pues?
¿Qué la quiere el sacristán?
ANDRÉS: ¿La que veo es doña Clara?
LUCÍA: ¿Qué, que sea?595
ANDRÉS: ¡Linda cara!
De don Diego de Guzmán.
traigo un papel.
LUCÍA: Llegad luego,
Pues venís a tan buen hora
que está sola mi señora.
ANDRÉS: Éste te envía don Diego600
de Guzmán.
Da el papel a doña CLARA
CLARA: Porte recibe.
ANDRÉS ¿Dónde queda? Ahí lo verás,
que yo no soy para más.
Lee en secreto doña CLARA
CLARA: ¿Llevarás respuesta?
ANDRÉS: Escribe
si quieres. Y a ti, Lucía,605
traigo un recado también.
LUCÍA: #161;Mas que es de Zamudio!
ANDRÉS: Bien,
estos abrazos te envía.
Llega, tómalos, que a fe
que cuando a mí me los dio610
me holgué mucho menos yo
que en dártelos me holgaré.
LUCÍA: ¿Hallóse en la resistencia?
¿Salió herido?
ANDRÉS: ¡Bueno es eso!
No tiene tan poco seso.615
Bien sale de una pendencia.
CLARA: Id, mancebo, en hora buena,
que aquí no tenéis que hacer.
ANDRÉS: ¿No escribes?
CLARA: No es menester.
ANDRÉS: Tened dolor de mi pena,620
Lucía, que por vos muero.
LUCÍA: Dad a Zamudio un recado.
ANDRÉS: ¿Desdeñoso?
LUCÍA: Enamorado.
ANDRÉS: Buscad otro mensajero.
Vase ANDRÉS
LUCÍA: ¿Qué te escribe?625
CLARA: La locura
mayor que en mi vida vi.
De ser preso dice aquí
que escapó por gran ventura;
pero que verme desea
y que esta noche vendrá,630
y habré de ir antes allá
porque sin riesgo me vea;
que es público en el lugar
que amor tiene en esta calle,
y en ella es cierto espialle.635
LUCÍA: ¿Sabes dónde lo has de hallar?
CLARA: En éste las señas leo
de la casa donde está.
LUCÍA: ¿Y tu padre?
CLARA: Amor dará
la industria, pues da el deseo.640
Vase. Salen el MARQUÉS, de camino, y don DIEGO y don JUAN
DIEGO: ¿Posible es que hayáis venido,
ilustre luz de Girón,
a darla a un pobre rincón
a la del sol escondido?
¿Es posible que un marqués645
de Villena se ha dignado
de pasar del rico estrado
a tanta humildad los pies?
MARQUÉS: Si tal me decís, de vos
será forzoso agraviarme,650
que bien puedo entrar y honrarme
en casa en que estáis los dos;
que si tan ilustres pechos
encontrar aquí pensara,
sin otra ocasión trocara655
por éste los altos techos.
Mas dejando estas porfías,
si bien hijas de verdad,
porque son de la amistad
ajenas las cortesías,660
decir quiero la ocasión,
pues me la habéis preguntado,
por qué esta casa he buscado.
DIEGO: Decid, pues.
MARQUÉS: Dadme atención.
En esta universidad,665
donde la sabia Minerva
hoy tiene el sagrado culto
de que está celosa Atenas,
desde la puericia dócil
a la ardiente adolescencia670
hice de mí sacrificio
a la diosa de las letras.
Era en mi casa el segundo,
y, aunque amante de las ciencias,
mucho más me provocaba675
la milicia que la Iglesia;
partíme a Italia, ambicioso
de las glorias de la guerra,
y al monstruo en ciencias Merlín
por mi dicha encontré en ella.680
Aquél que, según publican
o verdades o consejas,
lo concibió de un demonio
una engañada doncella;
que esto puede hacer un ángel685
si a vaso femíneo lleva
el semen viril que pierden
los que con Venus se sueñan…
Mas sigan esta cuestión
los que siguen las escuelas,690
que a mí no me toca agora
probar sus naturalezas.
“Merlín el hijo del diablo”
su apellido común era,
yo he pensado que por ser695
más que humano a todas ciencias.
Yo, soldado, aun no olvidado
de mi inclinación primera,
con dádivas y con ruegos
gané en su pecho las puertas.700
Enseñóme los efetos
y cursos de las estrellas,
que el entendimiento humano
hasta los cielos penetra;
las quirománticas líneas,705
con que en la mano a cualquiera
de su vida los sucesos
escribe Naturaleza.
Supe la fisonomía
muda que habla por señas,710
pues por las del rostro dice
la inclinación más secreta;
sutiles estropelías
con que las manos se adiestran,
y a la vista más aguda715
engaña su ligereza.
De números y medidas
las demonstraciones ciertas
por matemática supe
y supe por arismética.720
Estudié en cosmografía
el sitio, la diferencia,
longitud y latitud
de los mares y las tierras;
y por remate de todo725
la arte mágica me enseña,
de cuyo efeto las causas
no alcanza la humana ciencia,
pues con caracteres vanos
y con palabras ligeras730
obra prodigios que admira
la misma Naturaleza.
En esto, de que murió
mi hermano mayor las nuevas
fueron causa que de Italia735
diese a Castilla la vuelta.
Fuime a vivir a la corte,
que parecen bien en ella
las cabezas de las casas
a acompañar su cabeza.740
La parlera fama allí
ha dicho que hay una cueva
encantada en Salamanca,
que mil prodigios encierra;
que una cabeza de bronce,745
sobre una cátedra puesta,
la mágica sobrehumana
en humana voz enseña;
que entran algunos a oírla,
pero que de siete que entran750
los seis vuelven a salir,
y el uno dentro se queda.
Yo, de esta ciencia curioso,
incitado de estas nuevas,
supe de la cueva el sitio755
y partíme solo a verla.
La cueva está en esta casa,
si no mintieron las señas;
pero que verdad dijeron
muestra el hallaros en ella,760
porque, si no es por encanto,
imposible es que cupieran
dos hombres que son tan grandes
en casa que es tan pequeña.
DIEGO: Gran don Enrique, jamás765
para hazaña tan honesta
a príncipe de estos tiempos
vi calzarse las espuelas,
trocar las fiestas y gustos
al trabajo de las letras,770
y el encanto cortesano
por una encantada cueva;
acción de príncipe heroico,
acción en efeto, vuestra,
que sois quien del gran maestre775
el valor y sangre hereda.
MARQUÉS: Para quien viene a saber,
larga digresión es ésa.
DIEGO: Oíd de la cueva, Enrique,
la relación verdadera.780
Retórica la fama, de figura
alegórica usando, significa
la verdad de la cueva en la pintura.
Ésta que veis obscura casa chica
cueva llamó, porque su luz el cielo785
por la puerta no más le comunica,
y porque una pared el mismo suelo
le hace a las espaldas con la cuesta
que a la iglesia mayor levanta el vuelo;
y la cabeza de metal que puesta790
en la cátedra da en lenguaje nuestro
a la duda mayor clara respuesta,
es Enrico, un francés que el nombre vuestro,
el mismo devagar, los mismos casos
y el que tuvistes vos, tuvo maestro.795
De Merlín, como vos, siguió los pasos,
y al fin, pródigo aquí de su riqueza,
de magia informa juveniles vasos;
y porque excede a la naturaleza
frágil del hombre su saber inmenso,800
se dice que es de bronce su cabeza.
De siete que entran, que uno pague el censo,
los pocos que de muchos estudiantes
la ciencia alcanzan, declararnos pienso;
La falda ocupan muchos caminantes805
al apolíneo monte, y pocos besan
las aras en la cumbre relumbrantes.
Enrico está en escuelas; que no cesan
en casi edad caduca sus intentos
de seguir el estudio que profesan.810
En ellas oye humildes rudimentos
de las ciencias que ignora, y da en su casa,
de las que sabe, claros documentos.
En viéndolo, veréis que ha sido escasa
la fama en metafóricos pregones,815
pues la verdad sus límites traspasa.
¡Dichosa España, que de dos varones
goza en un tiempo tales! Dos Enricos
serán de hoy más sus célebres blasones.
Mas no convienen coronistas chicos820
a grandes cosas y hechos inmortales;
déjolo a estilos de caudal mas ricos.
Y por que ya sepáis los desiguales
casos, que a choza tal nos han traído,
oíd en breve suma largos males.825
En cierta resistencia habemos sido
culpados; muertos hubo, y más de nueve
acompañó el corregidor herido.
Toco a rebato, y la irritada plebe
en tal número crece, que al espeso830
granizo imita que del cielo llueve.
Fuerza fue retirarnos; yo confieso
que me faltó el aliento, y ya sería
resistir, no valor, mas poco seso.
Con alas gran caterva nos seguía;835
aquí entré perseguido, y con encanto
de sus ojos Enrico nos desvía
Quedámonos aquí, por que entre tanto
con sus artes el vicio nos defienda,
que nos da libertad el cielo santo.840
Mas, ¡ay!, que allá dejamos una prenda,
don García Girón, vuestro pariente,
que al valor de ese pecho se encomienda,
preso quedó en la lucha, y duramente
lo tienen en la pública aherrojado,845
sin darle cárcel, a quien es, decente.
Dícese que a la corte han envïado
por un pesquisidor; yo a que lo impidan
por la posta a mis deudos un crïado.
Pero los cielos, que jamás olvidan850
un pecho de desdichas oprimido,
en vos con el remedio nos convidan,
pues a tal ocasión os han traído.
MARQUÉS: Don Diego, la explicación
de la cueva que he buscado855
extraño gusto me ha dado,
y puesto en obligación.
Mas corrido me confieso
de ver que esté don García
Girón, de la sangre mía,860
en cárcel pública preso;
a un crïado de mi casa
debiera el corregidor
hacer diferente honor.
Ardiente furia me abrasa;865
rabiando está el alma mía,
amigos, ya por vengar
tan injusto agravio, y dar
libertad a don García.
Quedaos a Dios.870
DIEGO: A Él suplico
que vida inmortal os dé.
MARQUÉS: Luego a veros volveré
y a gozar del sabio Enrico.
Vase el MARQUÉS
DIEGO: ¿Qué decís?
JUAN: Que ya no dudo
de tener fin venturoso,875
que medio más poderoso
darnos la suerte no pudo.
A mi esposa es bien que escriba
de estas nuevas un papel.
DIEGO: Bien es que en mal tan crüel880
este consuelo reciba.
Vase don JUAN. Salen doña CLARA, con manto, y LUCÍA
CLARA: ¡Querido dueño mío!
DIEGO: ¡Bien de mi pensamiento!
¿Qué exceso, qué milagro, qué portento
estoy viendo? ¿Es verdad o desvarío?885
¿Un pequeño rincón triste y sombrío
cielo ya venturoso
es del sol más hermoso
que el que por inventor del claro día
tiranizó la humana idolatría?890
CLARA: ¡Ay, mi bien! ¿Qué te espantas?
Tus excesos me obligan a este exceso.
DIEGO: ¡Oh, feliz yo, que entre desdichas tantas
más que amoroso conseguí travieso!
CLARA: Como escribiste que esta noche irías895
a verme, dueño mío,
temí tus desventuras y las mías;
y así, por evitar tu desvarío
y mirar por tu vida, me he arrojado
a exceder de la esfera de mi estado.900
¿Qué desdichas son éstas, qué locuras?
¿Tú me tienes amor? Si amor tuvieras,
tu inclinación indómita oprimieras,
porque a mis penas duras
no diesen ocasión tus travesuras.905
DIEGO: No te aflijas, mi bien, que pues te veo,
nada queda que espere mi deseo.
CLARA: ¿Tú, señor, retraído?
¿Don Diego de Guzmán en una cueva
tan humilde escondido?910
DIEGO: No ya humilde la llames, pues ha sido
oriente celestial de luz tan nueva.
CLARA: En riesgo tan crüel, ¿qué determinas?
En trance tan estrecho,
¿qué medios imaginas?915
Mira si pueden dar en tu provecho
sangre mis venas, corazón mi pecho.
DIEGO: Sólo tu sentimiento,
señora, es el que siento;
lo demás todo es nada.920
CLARA: ¿Todo es nada, don Diego,
cuando el lugar se abrasa en vivo fuego,
cuando el corregidor, de una estocada
venganza pide, ciego?
¿Cuando tres escribanos925
del rigor se lamentan de tus manos,
y el alguacil mayor, por una herida,
al cielo da las quejas y la vida?
DIEGO: Pues, ¿qué es eso?
CLARA: ¿Qué es eso?
¡Harás que pierda el seso!930
DIEGO: ¿Ves esa resistencia,
esas heridas ves, ves esas muertes,
ves esas quejas y contrarios fuertes,
heridas y alborotos?
CLARA: Ya los veo.
DIEGO: Pues mucho más me aflige mi deseo.935
La vida has ofrecido
a remediar mis males;
para éstos, más mortales,
menos, mi bien, te pido.
CLARA: ¡Que bien las cosas mides!940
¿Menos me pides y el honor me pides?
¿Sin la mano querías
gozar las prendas mías?
DIEGO: Si a tu bien, dulce dueño, condujese
que yo tu esposo fuese,945
yo, ¿qué más bien quería?
Mas–¡ay, señora mía!–
si miro en tu belleza
opuesta la Fortuna
a la Naturaleza;950
si es la necesidad más importuna
cuanto es más la hermosura y la nobleza,
y yo soy por igual pobre y honrado,
¿cómo seré tu esposo,
para verme, mi bien, más obligado955
y menos poderoso?
CLARA: No estás enamorado,
que el niño Amor no alcanza
tanta razón de estado.
Para burlar, ingrato, mi esperanza,960
¿hallas tantas razones?
¡Oh, qué poco te ciegan tus pasiones!
DIEGO: Tú sí que a tu honor miras.
¡Mientes si dices que de amor suspiras!
¿En qué deuda me pones,965
si en recíproco trato de himeneo
la ejecución me vendes del deseo?
Vete, falsa, y no digas que me quieres,
que no es amor, amor interesado.
Ya estoy desengañado,970
que sólo en lo que agora te he pedido
probar tu amor mi pensamiento ha sido,
que no verlo, enemiga, ejecutado
sin ser esposo tuyo;
y pues probé tu falsedad, concluyo975
con que de aquí adelante
ni quiero ser tu esposo ni tu amante.
CLARA: Quédate, falso, tú; que pues arguyo
tu engaño de tu prueba cautelosa,
no quiero ser tu amante ni tu esposa.980
Vanse don DIEGO y doña CLARA
