LA VIÑA DEL SEÑOR
Auto Sacramental

Pedro Calderón de la Barca

Texto preparado con el apoyo de varias ediciones de la misma obra. Fue pasado al HTML para presentarse en esta colección por Vern Williamsen en 1998.


Personas que hablan en ella:
Cantando dentro el Lucero del DÍA, y respondiendo toda la MÚSICA, salen por una parte el Lucero de la NOCHE, y por otra la MALICIA como oyendo a lo lejos lo que se canta
DÍA: Jornaleros de la vida, que a providencias de Dios, pan de ángeles cogisteis, sembrando pan de dolor, venid a mi voz. MÚSICA: Venid a mi voz. DÍA: Que el sueldo que os dio el señor de la mies, igual os dará de la viña el señor. MÚSICA: Que el sueldo que os dio el señor de la mies, igual os dará de la viña el señor. MALICIA: ¿Qué misteriosas voces saludan hoy al día, alternando veloces del ritmo de su métrica armonía, las cláusulas suaves, con las hojas, las fuentes y las aves? NOCHE: ¿Qué misteriosa salva tan festiva hoy madruga, que al llorar de la aurora, al reír del alba, risas aumenta y lágrimas enjuga, a cuyo acorde acento en aves, fuentes y hojas calma el viento? MALICIA: El orbe suspendido yace al ver que en sus cóncavos más huecos no hay parte en que no suene repetido el balbuciente idioma de los ecos. NOCHE: Aún los troncos más áridos, más secos, rejuvenecen al templado canto. MALICIA: Sola yo absorta... NOCHE: Solo yo adormido... MALICIA: Sierpe al conjuro... NOCHE: Víbora al encanto... MALICIA: Toda horror... NOCHE: Todo espanto... MALICIA: Su frase ignoro... NOCHE: Ignoro su sentido... LOS DOS: Por más que articular oiga esparcido en átomos al céfiro veloz... MÚSICA: Venid a mi voz, que el sueldo que os dio el señor de la mies, igual os dará de la viña el señor. NOCHE: Mas ¡ay de mí! ¿Qué mucho que admire el nuevo cántico que escucho? MALICIA: Mas ¡ay de mí! ¿Qué extraño que tema el nuevo cántico en mi daño? NOCHE: Cuando es objeto de mi devaneo... MALICIA: Cuando término es de mi suspiro... NOCHE: Nuevo alcázar que allí labrado miro. MALICIA: Nueva heredad que allí plantada veo. NOCHE: Lo que oigo dudo. MALICIA: Lo que dudo creo. NOCHE: ¿Qué pirámide altiva será aquella que a coronar de la mayor estrella su chapitel tan elevada sube que empieza torre y se remata nube? MALICIA: ¿Qué fértil viña bella, que hasta hoy no vi, será la que cercada tanto sobre las bardas se descuella, que deja ver en ella, de fértiles verdores coronada, los laberintos de amorosas lides con que se enlazan pámpanos y vides? NOCHE: ¿Qué fuera ¡ay infeliz! que la alta torre de la viña atalaya, unión tuviera con aquel canto? MALICIA: ¡Ay infeliz! ¿Qué fuera que aquella voz que tan sonora corre, con este hermoso pago conviniera? NOCHE: Dándome en lo frondoso de su esfera hoy las mismas fatigas las vides, que me dieron las espigas. MALICIA: Dándome hoy en sus dos frutos opimos, las ansias que los haces los racimos. NOCHE: Y es sin duda, pues que dijo, convidando a su labor... MALICIA: Y es sin duda, pues llamando a su afán, dijo el pregón...
Cantan los dos y la MÚSICA
Jornaleros de la vida, que a providencias de Dios pan de ángeles cogisteis sembrando pan de dolor venid a mi voz, que el sueldo que os dio el señor de la mies, igual os dará de la viña el señor. NOCHE: ¿Qué señor ni qué viña? ¿De la era del sembrador divino el padre de familias no lo era? MALICIA: ¿El padre de familias no es quien vino a conducir obreros, igualando primeros y postreros? NOCHE: ¿Pues cómo de la siega a la vendimia pasa? MALICIA: ¿Pues cómo, si es que llega a fabricar plantel, lagar y casa, en dos sacras parábolas le infiero una vez labrador y otra heredero? NOCHE: ¡Oh quién, ya que la gracia y la hermosura perdió, perdido hubiera la ciencia, pues con eso no tuviera que batallar en mí la conjetura! MALICIA: ¡Quién, ya que me llamó docta escritura, depravado delirio de la mente, entre las sombras de la edad presente ofuscara la luz de la futura! NOCHE: Y pues mi pena dura... MALICIA: Y pues mi ansia tirana... NOCHE: No hay con quien más se desvanezca vana. MALICIA: No hay con quien más sus senos desabroche. NOCHE: Me iré a valer de la Malicia humana. MALICIA: Consultaré al Lucero de la noche. LOS DOS Donde, pues... NOCHE: ¡Mas qué miro! MALICIA: ¡Mas qué veo! NOCHE: ¿Has venido a mi voz o a mi deseo? MALICIA: A tu deseo y a tu voz, supuesto que en tu voz y deseo el mío se indicia. NOCHE: ¡Oh, si se buscan, qué unos y qué presto se hallan réprobo Espíritu y Malicia! Dime, pues, ¿qué me quieres? MALICIA: Lo que tú a mí si en mí tu pena infieres. Bien te acordarás, Lucero, --que en ti no puede caber lo flexible del olvido-- de aquel fiero pasmo, aquel mortal susto en que nos puso de dudar y de temer el sembrador, que comprando el trigo del mercader para su siembra, y saliendo al campo al amanecer, en cuatro partes de tierra los sulcos abrió a su mies. Dejo aparte si cayendo el grano en piedras tal vez no prendió raíces; dejo, Lucero, aparte también si cayendo en el camino, ya del ave o ya del pie robado, rindió el tributo en secas aristas, bien como el que cayó en vicioso campo sufocado dél en malas yerbas; y, en fin, dejo si fue o si no fue el que cayó en sazonada tierra --en logro de la fe del sembrador-- fértil colmo de lo inútil de los tres, y voy a que esta semilla nos dio bien claro a entender en metáfora de trigo de Dios la palabra, pues en el duro corazón cae, de piedra, a no prender raíces; en el perezoso, flojo y descuidado, a que el polvo le desvanezca; y en el lascivo a que dé en malas yerbas verdores que hermosos al parecer son luego adelfas y ortigas siendo solo en quien se ve útil fruto el corazón de quien le concibe fiel. Hasta aquí he dicho por solo dejar asentado que significada en el trigo de Dios la palabra esté y en el trigo y la palabra sombras y luces que den esperanza a los mortales de un gran prometido bien. Sobre este principio paso a que nadie dude ser el gran padre de familias rico mayoral de aquel sembrador, pues labrador le acredita ser de quien su mismo hijo pronunció "mi padre agrícola es," en cuyo ejercicio vimos que al primero rosicler del sol llamó a su labranza obreros y sin perder tiempo otros al mediodía y otros al anochecer, dando a los de antes el mismo sueldo que a los de después como quien dice, "a mis puertas para ostentar mi poder cualquiera y a cualquier hora, como llegue, llega bien." Este conducir obreros para una cosecha ayer y hoy para otra, ayer de pan y hoy de vino; este ofrecer igual el jornal mostrando que no hay distinción en él de tiempos ni de personas, pues llamados a merced de su sueldo los iguala sin injusticia de que dando a unos lo suficiente a otros lo gracioso dé, me ha puesto en obligación --como dije--de temer viendo pasar a la viña las tareas de la mies si de aquel prometimiento de Dios hay visos también como en el pan en el vino. NOCHE: Bien temes y dudas bien; pues la misma duda, el mismo temor es mi ansia cruel, mayormente si corriendo aquella primera tez de su corteza a las sombras y figuras, de que ves lleno el sagrado volumen, noto que halla el que le lee iguales lejos y visos de su esperado placer como en el pan en el vino. MALICIA: Eso ¿cómo puede ser cuando acabamos de oír que el hombre en la desnudez de mísero jornalero puede atento a su interés sembrando pan de dolor pan de ángeles coger? NOCHE: Como ese pan de dolor, con dolor no dudo... MALICIA: ¿Qué? NOCHE: Que a pan de ángeles sabrá y a pan de dolor sin él. MALICIA: ¿Con él y sin él no implica? NOCHE: No, Malicia, que ha de haber muchos llamados y pocos escogidos; y porque veas si en el vino hay vislumbres que al hombre den señas de premio y castigo la misteriosa embriaguez de Noé lo diga, puesto que fue el vino árbitro juez de réprobos y elegidos, pues dél resultó en Noé dar la maldición a Can y la bendición a Sen. MALICIA: Yo no sé más de que el trigo inmenso mérito fue de las espigas de Rut en los campos de Belén. NOCHE: También sé yo que fue el vino mérito inmenso, pues sé que vino a campos de Amar el racimo de Caleb. MALICIA: El subcinericio pan fue viático con que el espíritu de Elías llegó a los montes de Horeb. NOCHE: Mezclado el vino, mandó la sabiduría poner las mesas y en su convite solo se hizo mención dél. MALICIA: Montón de trigo, vallado de lilios, llamó tal vez allá el esposo a la esposa. NOCHE: Y tal vez la dijo, "Ven del Líbano que ya empiezan las viñas a florecer." MALICIA: El pan de proposición el Levítico poner mandó en el propiciatorio, desde donde Aquimelec se le ministró a David. NOCHE: Y David dijo después que había alegrado Dios su corazón recto y fiel con frutos de pan y vino. MALICIA: La nave del mercader de lejos condujo el pan. NOCHE: Y de cerca el vino quien viéndole agua al repartir vio que era vino al beber. MALICIA: La mortal hambre de Egipto sació el trigo de Joseph. NOCHE: Ahora acabo de decir transubstanciación en que si allá el trigo sació el hambre el vino en Canán la sed. MALICIA: En hacimiento de gracias del victorioso laurel sacrificio de Abrahán fue el pan del Melchisedec. NOCHE: ¿Cómo en ese sacrificio te olvidas del vino, pues sacrificio consumado no sería a faltar él? MALICIA: ¿Consumado sacrificio no sería? NOCHE: No. MALICIA: ¿Por qué? NOCHE: Porque así le instituyó el gran sacerdote rey. MALICIA: Luego si corren iguales desde el altar de Salén tantos aparatos como van disponiendo a la fe en vino y pan, vid y espiga, planta y siembra, viña y mies, no en vano es nuestro temor. NOCHE: Eso me trae a valer de ti, que yo, con ser yo, Malicia, te he menester; que en sacrílegos insultos no tiene ¡ay de mí! poder sin la malicia del hombre la malicia de Luzbel. Y pues de otra sementera echaste el trigo a perder sembrando en él la cizaña, y de otra viña el plantel viciaste haciendo que espinas y abrojos por uvas dé, mira cómo de esta nueva viña, casa de placer de ese padre de familias, nuestra sañuda altivez podrá, apagando las luces las sombras, desvanecer haciendo... pero los ecos me vuelven a suspender.
Dentro los instrumentos sonando hasta que se cante
NOCHE: Y no con menor asombro a mí los ecos y el ver que con alguna familia, de las muchas de quien es padre, hacia aquí repitiendo la invocación viene. MALICIA: Pues retirémonos los dos y a la mira hasta saber quién viene en su llamamiento y qué pacto hace con él andemos; cuya noticia advertirnos podrá ser de lo que nuestras calumnias habrán de intentar después. NOCHE: Dices bien, y desde aquí los podremos atender y notar en lo que para decir una y otra vez...
Cantan
DÍA: Jornaleros de la vida, los que de Dios a merced sembrando pan de dolor pan de ángeles cogéis, a mi voz atended. MÚSICA: A mi voz atended. DÍA: Que igual os dará de la viña el señor, el sueldo que os dio el señor de la mies. TODOS: Que igual os dará de la viña el señor, el sueldo que os dio el señor de la mies.
Con esta repetición salen los MÚSICOS de villanos; ISAÍAS, y JEREMÍS de profetas; el Lucero del DÍA de pieles. Luego el PADRE de familias, viejo venerable, de mayoral, con la mano en el hombro del HIJO, vestido de zagal. Representan dando vuelta al tablado, y tras ellos el Lucero del DÍA y la MALICIA como en acecho de ellos
PADRE: Aunque con lástima advierto, bello lucero del día, que con ser tu voz la mía es voz que clama en desierto, pues tan pocos han venido de sus acentos llamados, con todo eso mis cuidados que siempre ayudar han sido al pobre, quieren que sea tan otro mi llamamiento que más al provecho atento los traiga que a la tarea, y así mudando el pregón, no al trabajo los convides; a la labor de esas vides, lagar y torre, que son hoy mis delicias mayores, llama. Acudan los obreros no ya como jornaleros sino como arrendadores; veamos si hace el interés menos molesto el afán. HIJO: A esa gracia que vendrán no dudes, y más cuando es la misma gracia, señor, quien tus piedades publica. MALICIA: ¿La misma gracia þ¡qué horror!þ quien sus piedades publica? NOCHE: Calla, y el oído aplica hasta entenderlo mejor. JEREMÍAS: Yo que en tu familia soy quien más de este honor se obliga, de parte de la fatiga del hombre gracias te doy, pues dándole la heredad con que pague de su fruto mismo algún leve tributo de la excelsa majestad y grandeza que hay en ti, será no pequeño indicio que cultive en tu servicio y que gane para sí, de cuyo inmenso favor cargo le hará mi cuidado. HIJO: ¿Qué mucho si tal crïado la grandeza es del señor? MALICIA: "¿Qué mucho si tal crïado la grandeza es del señor?" NOCHE: Atiende y calla. ISAÍAS Gozoso, yo qué te diga no sé, mas sé que al mundo diré cuán benigno, cuán piadoso, llamaste a tu viña bella a fin que el que la labrase de sus achaques hallase la salud de Dios en ella. Esta mejora en los dos yo al mundo publicaré. HIJO: ¿Qué harás en eso si fue tu nombre salud de Dios? MALICIA: "¿Su nombre salud de Dios?" NOCHE: Disimula la inquietud que esos tres nombres te han dado. MALICIA: ¿Cómo, si los ha nombrado grandeza, gracia y salud de Dios, templas mis extremos? NOCHE: Como hay, si tu ser lo ignora, más que saber; calla agora que después discurriremos. PADRE: Ya que de mi parecer estáis, otra vez llamad; veamos a quién la heredad da qué obrar y merecer. HIJO: Para tan gloriosa acción yo al cántico ayudaré. ISAÍAS: Si tú cantas bien podré decir yo en otra ocasión para que del himno cuadre la alabanza al mundo entero, que cantó el hijo heredero a la viña de su padre.
Cantan
DÍA: Jornaleros de la vida que sujetos a hambre y sed, bebéis de lágrimas agua y pan de dolor coméis... HIJO: El gran padre de familias atento a vuestro interés llama a los que trabajáis para que no trabajéis... LOS DOS: Venid y veréis. MÚSICA: Venid y veréis. LOS DOS: Que el que labra en su propio provecho convierte el afán de pesar en placer. MÚSICA: Que el que labra en su propio provecho convierte el afán de pesar en placer.
Con esta representación se entran como salieron
MALICIA: ¿Qué más he de saber, cuando viendo está mi dolor fiero del día cantando al lucero y al de la noche llorando? NOCHE: La confusa fantasía de una representación en que introducidos son parábola, alegoría y historia; y llegando al caso si la parábola creo padre de familias veo, hijo y heredad; si paso a cuál la familia es, hallo una y otra virtud, pues gracia, alteza y salud del Señor me da en los tres la alegoría fundada en la historia; y si a ella acudo la interpretación no dudo en que puede estar fundada. Gracia de Dios dice Juan, salud de Dios Isaías y grandeza Jeremías, con que a dos luces están para tu pena y la mía, tu desgracia y mi desgracia, alteza, salud y gracia debajo de alegoría, y corriendo la memoria en los tres la paridad, debajo de realidad la parábola y la historia, con que a nuestras agonías gracia, alteza y salud dan no sé qué visos en Juan, Jeremías y Isaías. MALICIA: Aunque el concepto he entendido, para explicarle mejor ha de apurar mi rencor a quién y con qué partido lagar, viña y torre entrega, para ver cómo podrá introducirme a mí allá.
Dentro ruido
NOCHE: Pues sigámoslos, que llega por uno y otro camino ya varia gente a la voz que vuelve a entonar veloz aquel cántico divino
Canta
...Que el hijo compuso cuando dijo al pueblo de Israel...
Cantan dentro
HIJO: Venid los que trabajáis para que no trabajéis. LOS DOS y MÚSICA: Venid y veréis que el que labra en su propio provecho convierte el afán de pesar en placer.
Vanse los dos y con la misma repetición salen por una parte la GENTILIDAD y por otra el HEBRAÍSMO
HEBRAÍSMO: ¡Ah del valle! GENTILIDAD: ¡Ah de la selva! HEBRAÍSMO: Dime, oh tú, que su país penetras. GENTILIDAD: Dime, oh tú, que vagas su hermoso confín. HEBRAÍSMO: ¿Gentilidad? GENTILIDAD: ¿Hebraísmo? HEBRAÍSMO: ¿Tú en esta montaña? GENTILIDAD: Sí, que a ella idólatra el hebreo abrió la puerta al gentil. HEBRAÍSMO: ¿Y dónde vas? GENTILIDAD: Una voz que se ha sabido esparcir de todo el orbe escuchada y no entendida de mí, ha puesto en tal confusión la política civil de todo el romano imperio, que me ha obligado a venir para quietar de mis gentes el confuso discurrir a inquirir cúya será. HEBRAÍSMO: ¿Y qué has llegado a inquirir, que también a mí me lleva arrebatado tras sí? GENTILIDAD: Nada hasta aquí, porque solo he discurrido hasta aquí, ella dulce, ignoto el dueño, que algún dios --de su turquí salió, azul, desamparando el cristalino zafir-- ha descendido a la tierra y bien para presumir que es a esta parte, no en vano lo ha llegado a persuadir la amenidad de su sitio, pues mirando competir en las copas el verdor, en las flores el matiz, en los planteles los frutos y en todo el primor, a fin de ser por toda su esfera el mayo en la juvenil edad de los doce meses florido virrey de abril, no en vano --como ya dije-- me ha llegado a persuadir a que este sitio es sin duda aquel eterno pensil del Elíseo, de los dioses descanso, donde a vivir vuelven las almas de nuevo de un fin pasando a un sin fin. HEBRAÍSMO: ¡Qué como gentil hablaste! ¿No era más justo decir viendo en esta amenidad correr a un tiempo y lucir los arroyos del Cedrón, las fuentes de Rafidín, salpicando sus cristales con envidias del Ofir, entre palmas de Cadés y entre olivas de Setín, cedros del Líbano, haciendo brotar en cada raíz las márgenes de su riego ciento a ciento y mil a mil flores, en cuya vistosa mezcla de nieve y carmín la rosa es de Jericó clavel de Getsemaní, y, finalmente, no fuera mejor, viendo en cada vid toda la pompa abreviada de las viñas de Engadí, presumir que era su esfera aquel ameno jardín del terrenal paraíso, primera patria feliz de nuestros primeros padres? GENTILIDAD: Si esto te parece a ti, a mí no; y porque no entremos a disputar ni argüir sigamos la voz, que ella es la que ha de decidir nuestra cuestión. HEBRAÍSMO: ¿Quién adónde se oyó nos dirá? GENTILIDAD: Hacia aquí sola una zagala viene.
Sale la INOCENCIA con un pellico de villano
HEBRAÍSMO: ¡Ah villana! INOCENCIA: No es a mí, que yo so nobre. GENTILIDAD; ¡Ah pastora! INOCENCIA: Tampoco, que nunca fui ni para empuñar arado ni para guardar redil. HEBRAÍSMO: ¡Ah rústica! INOCENCIA: Hartas hay, no seré yo. GENTILIDAD: ¡Ah simple! INOCENCIA: Ahora sí, que inocente y simpre todo se va allá: ¿quién llama? HEBRAÍSMO: Oíd: ¿sabréisnos decir...? INOCENCIA: Y cómo que sabré, que en mi magín como nada sé presumo que lo sé todo. GENTILIDAD: Decid. ¿Qué dulce voz es la que los dos llegamos a oír tan a lo lejos que no la pudimos percibir ni cúya es? INOCENCIA: ¿Es una que va sonando por ahí? HEBRAÍSMO: La misma. INOCENCIA: ¿Y eso ignora? HEBRAÍSMO: Claro está, pues que de ti saberlo queremos. INOCENCIA: Pues sabed que es una voz... LOS DOS: Di. INOCENCIA: Tan dulcemente süave, tan brandamente sotil que con ser yo simpre, aún no sé lo que quixo decir; mas buen medio... LOS DOS: ¿Qué es? INOCENCIA: Que vos, pues a saberlo venís y de mí queréis saberlo, para saberlo de mí me lo digáis, y yo a estotro, y estotro a vos, con que así lo sabremos de vos él, yo de vos y vos de mí. GENTILIDAD: Quita, bárbara villana. HEBRAÍSMO: Aparta, rústica vil. INOCENCIA: Pensarán que han hecho algo en apartarme de sí, cosa que la hace cualquiera que me llega a ver y oír. GENTILIDAD: ¿Pues quién eres? INOCENCIA: Esa duda, sin llegarlo yo a decir os ha dicho ya quién so. HEBRAÍSMO: ¿Cómo? INOCENCIA: Como siendo así que so la Inocencia y no conociéndome decís que sin duda alguna anda la Malicia por aquí. GENTILIDAD: ¿Cómo siendo la Inocencia --dime--has venido a vivir a los despoblados? INOCENCIA: Como esa infame pasión roín me desterró de las cortes, y aun temo, viéndoos aquí, que en traje gentil y hebreo se haya venido tras mí. HEBRAÍSMO: ¿Por qué en traje de villana andas? INOCENCIA: Porque como fui sencilla vertud, conformen el hablar con el vestir. HEBRAÍSMO: Esto es perder tiempo y no, Gentilismo, conseguir nuestro intento. GENTILIDAD: ¿Qué podremos hacer? HEBRAÍSMO: En su alcance ir discurriendo por diversas partes los dos el país, con pacto de que el que antes noticias halle, acudir al otro deba con ellas. GENTILIDAD: Dices bien. Yo por aquí que está más llano el camino iré. HEBRAÍSMO: Yo, que a discurrir asperezas del desierto enseñado estoy, medir sabré el monte.
Vase la GENTILIDAD y al entrarse el HEBRAÍSMO suena en aquella parte la MÚSICA y él se detiene
GENTILIDAD: Pues adiós. HEBRAÍSMO: Adiós. INOCENCIA: Viendo dividir al gentil y hebreo por varias sendas no sé destenguir cuál lleva mejor camino de llegar antes a oír.
Cantan dentro
HIJO: Venid los que trabajáis... MÚSICA: Venid, venid. HIJO: Para que no trabajéis. MÚSICA: Venid, venid, que el que labra en su propio provecho convierte el afán de llorar en reír. HEBRAÍSMO: Hacia allí la voz se escucha; mejor camino elegí yo que la Gentilidad. INOCENCIA: Y yo sacaré de aquí que habló primero la voz al hebreo que al gentil; y pues ya a su vista llega retírome, ¡ay infeliz!, que no estoy bien a la mira de quien no ha de usar de mí por más que hable con él quien repite una vez y mil. MÚSICA: Venid, venid. HEBRAÍSMO: Boreal enigma que el orbe suspendes a tus acentos si bien del aire explicados mal respondidos del eco ¿por qué, ya que llamas, huyes o por qué, ya que huyes, luego vuelves a llamar?
Salen todos los que salieron con el PADRE de familias
PADRE: Porque ningún mortal jornalero de la vida decir pueda, velando yo en su provecho, que no acudió a mi servicio por falta de llamamientos. HEBRAÍSMO: ¿Pues quién eres? PADRE: Soy en cuantos fértiles campos amenos ves hoy reducir a breve mapa todo el universo padre de familias: no hay en sus rebaños cordero, en sus sembrados espiga, ni racimo en sus sarmientos de que yo dueño no sea. HEBRAÍSMO: Que seas o no su dueño aquí no es del caso. Deja la glosa y vamos al texto. PADRE: Gozoso de mis haberes planté para mi recreo esa viña que en la tierra verde pedazo es de cielo. Para su seguridad vallada la cerqué a efecto de que animales nocivos nunca puedan entrar dentro, y porque de la campaña se descubran a lo lejos sus ámbitos --sin que puedan tampoco los pasajeros asaltando sus portillos robar sin ser descubiertos sus frutos-- para atalaya la puse esa torre en medio. Dentro de ella el lagar yace con todos cuantos aprestos a su labor necesita, tan a toda costa hechos, que juzgo que no podrá mellar la lima del tiempo ni de su prensa la piedra, ni de su viga el madero. En fin, tan cabal en todo me salió, sin que el deseo pueda hacer cargo a la idea ni la idea al pensamiento, que viéndola tan hermosa la elegí no sin misterio para cláusula primera de mi último testamento en el mayorazgo que fundar a los siglos pienso en cabeza de mi hijo, mi hijo en quien con tanto afecto me complací, que en mi amor es sin duda que le engendro continuamente, bien como acto de mi entendimiento. Ésta, pues, en una parte cuánto necesita viendo de quien la labre, y en otra cuánto aprovechar deseo a los que de su sudor viven al trabajo expuestos, los voy llamando, y porque no diga algún malcontento que el sueldo le desiguala --siendo así que de mi sueldo el mérito es el contraste-- para dar segundo ejemplo de mi piedad, en abono de su beneficio, intento que lo que ayer fue jornal sea hoy arrendamiento. Trabajen para sí mismos, a cuyo fin dijo el verso que vengan los que trabajan a no trabajar, supuesto que no es trabajo el trabajo tolerado en el consuelo de que lo que afanen más será en el tributo menos, pues vendrá de su tarea a ser resulta su aumento, fuera de que otra razón me mueve hoy a este convenio, y es que yo he de hacer ausencia de este valle, porque tengo que ajustar en otra parte la cuenta de unos talentos que he dejado en confïanza del que use bien o mal de ellos. Y así, pueblo de Israel, pues eres amado pueblo de Dios, y el primero que veniste a mi llamamiento --quizá porque quise yo que vinieses tú el primero-- mira si quieres entrar por ti y por todos aquellos que aprovechados te sigan en el contrato, advirtiendo que el feudo en sus mismos frutos, suave el yugo, leve el peso de la labranza hará, en que la vigilancia encomiendo, porque a mí más me enriquece la vigilancia que el feudo, mayormente si en las gentes que a su labor traigas veo que el estado de inocencia por mí le conservas, siendo ella quien más los anime a ganar para sí mesmos. HEBRAÍSMO: Primero que te responda déjame pensar en ello, que el fin del consejo siempre fue el principio del acierto. (El logro de esta heredad Aparte según en sus plantas veo no puede dejar de ser grande, y más si considero cuán leve será el tributo pagado en sus frutos mesmos, pues si no los hay no hay razón de satisfacerlos, y si los hay ¿quién me quita coger más y decir menos? ¿Mi pueblo no ha de lastarlo? Trabaje, pues le sustento, sea suya la fatiga, mío el aprovechamiento. Sola la dificultad es la palabra que tengo dada de haber de dar parte al Gentilismo, y es cierto que tan segura ganancia le ha de poner en deseo de entrar en ella. Mas ¿cuándo miró en humanos respetos mi codicia? Una por una haga yo el arrendamiento y enójese o no se enoje el gentil.) PADRE: ¿No te has resuelto? HEBRAÍSMO: Sí. PADRE: ¿En qué? HEBRAÍSMO: En firmar el contrato. PADRE: Y para su cumplimiento ¿quién te ha de fïar? HEBRAÍSMO: Mi esposa, que es la Sinagoga, ofrezco; que se obligue con su dote, caudal de infinito precio, pues arca de sus tesoros el Arca es del Testamento. PADRE: Buena es la fïanza. HEBRAÍSMO: Dime tú ahora: ¿qué tributo tengo de pagarte yo? PADRE: Porque veas cuán liberal quiero andar contigo, del fruto que ya de coger es tiempo, solo el diezmo y la primicia. HEBRAÍSMO: Si es la primicia y el diezmo lo que el Levítico manda pagar al culto, mal puedo decir yo que no sea justo tributo de Dios impuesto. De pagarle fe, palabra y mano doy. PADRE: Yo la acepto. DÍA: Yo fiel testigo seré de la gracia que le has hecho. ISAÍAS: Yo de la salud con que hoy desde el oriente a su pueblo el cielo visita. JEREMÍAS: Yo, de la alteza de tu pecho, pues tan liberal entregas de tus haberes inmensos la heredad mejor. HIJO; Y yo, como inmediato heredero, mostrando que de mi padre la voluntad obedezco, aunque es patrimonio mío, en el contrato convengo. PADRE: Pues venid todos a darle la posesión, porque tengo de ausentarme luego que vea que en ella le dejo. HIJO: Sea en parabién festivo tu voz, hermoso lucero, quien su dicha a cielo y tierra diga. DÍA: Y porque tierra y cielo lo oigan, siendo la voz mía será de David el verso.
Canta
Oh suma felicidad, oh soberano favor de un pueblo a quien la piedad del Señor para señor eligió de su heredad. MÚSICA: Oh suma felicidad, oh soberano favor de un pueblo a quien la piedad del Señor para señor eligió de su heredad.
Al irse a entrar sale la GENTILIDAD
GENTILIDAD: .................. Parad los blandos acentos, que ya que descaminado he perdido tanto tiempo en su alcance, sobreseer pretende en la causa de ellos la Gentilidad, de parte de todo el romano imperio. PADRE: ¿Pues el imperio romano conoce del pueblo hebreo? GENTILIDAD: Sí, cuando por asociado le llama en sus graves pleitos. HEBRAÍSMO: Pues en este no le llama, que no lo es el que siguiendo una dulce voz hallase que el noble, el heroico dueño de esa heredad, para darla en seguro arrendamiento llamase y en él hiciese el ajuste del concierto. GENTILIDAD: ¿Cómo, quedando conmigo de avisarme de su encuentro y su intención, no lo hiciste? HEBRAÍSMO: Como el natural derecho es que cada uno procure para sí lo mejor. GENTILIDAD: Ni eso ni cuanto en la ingratitud del más alevoso pecho cabe, me coge de susto en ti; ni de ti me quejo, ¡oh gran padre de familias!, tampoco, porque suspenso, absorto y mudo, no sé qué reverencial respeto, qué interior cariño, qué ignorado amor, qué afecto no conocido, qué oculta veneración o qué miedo --por decirlo todo--es con el que te reverencio, que no me atrevo a la queja embargada del silencio. Con dos contrarios impulsos del uno y otro me ausento; de ti porque te idolatro, de ti porque te aborrezco, y así aunque de este desdén me haya de vengar él mesmo, no por eso me he de dar por vengado; antes te ofrezco si él de ti me venga que dél te vengue yo, y... mas esto mejor que yo te lo diga será te lo diga el tiempo.
Vase
PADRE: Desvalido el Gentilismo va de mí. HIJO: Su sentimiento podrás en otra ocasión consolar; mas no por eso dejes de cumplir en esta la palabra de que fueron las virtudes que te asisten testigos, cuando al hebreo prometiste la heredad. Sácalos tan verdaderos que vea el mundo que no solo virtudes te asisten, pero virtudes que profecías son de tus prometimientos. PADRE: Claro está que mi palabra no ha de faltar; y pues luego que en la posesión le ponga --como dije--partir tengo, prosiga la aclamación, y tú advierte que te entrego en confïanza la prenda en quien está; pero esto ahora no es de aquí, que ahora basta saber que la llevo tan dentro del corazón y de la mente tan dentro que aunque me ausento de ti no es ella de quien me ausento. HEBRAÍSMO: Fía de mí que te dé buena cuenta, y más si veo que de ella la Sinagoga hace, Señor, el aprecio que merece su hermosura cuando a su fértil recreo llamada de mí me dé gracias de tan alto empleo. HIJO: Pues para que a su noticia llegue la nueva más presto, y las albricias tu voz gane, vuelvan tus acentos a la aclamación. TODOS: Empieza que todos te ayudaremos.
Cantan
DÍA: Albricias, albricias. MÚSICA: ¿De qué? DÍA: Del favor. Albricias, albricias. MÚSICA: ¿De qué? DÍA: Del empeño que hoy hace el inmenso amor, pues hace al obrero dueño de la viña del señor. MÚSICA: Albricias, albricias, pues hace al obrero dueño de la viña del señor.
Vanse todos y sale la MALICIA deteniendo al Lucero de la NOCHE
NOCHE: ¿Al obrero dueño de la viña del señor? MALICIA: Detente. NOCHE: Suelta, Malicia. MALICIA: ¿Dónde vas? NOCHE: ¿Cuando, encubiertos áspides de incultas flores, hemos estado atendiendo a tantos presagios como el pasado temor nuestro, en competencias del pan nos da en el vino, anteviendo en el padre de familias piedades, en sus obreros beneficios, en sus gentes virtudes, y en su heredero obediencias, me preguntas dónde voy? A ver si puedo abortar en sus verdores el volcán de mis incendios, antes que el tributo sea de primicias y de diezmos eclesiástico tributo, que si David en el verso que han cantado dijo que era bienaventurado pueblo el que el Señor elegía, graduándole hoy rentero al que ayer era gañán, también dijo en otro él mesmo de otra viña, que habían dado infestados sus renuevos abrojos en vez de granos, zarzas en vez de sarmientos, y en vez de mosto el mortal, el insanable veneno de la hiel del dragón; pues ¿por qué mi abrasado aliento, siendo el dragón, no pondrá en esta el amargo tedio de las viñas de Sodoma? Y pues que murada en cerco la veo y veo la atalaya, para que nadie en su centro entre si no es por la puerta, asegurando el recelo de que el que entra por portillo es ladrón, y, en fin, pues veo, --porque para mí no hay distancia, lugar ni tiempo-- que habiendo la voz corrido, y habiendo entrado en deseo la Sinagoga de ver si el tratado de su pueblo es útil o no, en camino con su familia se ha puesto ¿qué dudas que a introducirme vaya en ella, pues no es nuevo que el disfraz me disimule, que no me faltará texto que asegure que vistió el lobo piel de cordero? Y así, no, no me detengas. MALICIA: No haré; parte, que yo quedo, porque no faltemos ambos de su vista, con el mesmo designio de hallar disfraz con que me introduzga dentro de su cerca. NOCHE: Pues si en ella, Malicia, una vez nos vemos no dudes que de su ruina se componga el triunfo nuestro.
Vase
MALICIA: Cuando no lo sea, será intentarlo por lo menos ya que no triunfo, blasón. ¿Qué industria hallará mi ingenio para que me admita este nuevo alcaide? Será bueno, fingiéndome espigadera, llegar a su umbral diciendo...
Cantando dentro
INOCENCIA: ¡Ay de heredad de quien se ausenta el dueño! MALICIA: Mas ¿qué triste acento, en traje de suspiro uniendo extremos, empieza como sonoro y acaba como severo? Vuelva a atender por si vuelven a decir sus sentimientos. INOCENCIA: ¡Ay de heredad de quien se ausenta el dueño!
Sale la INOCENCIA
MALICIA: La voz es de la Inocencia y aun ella la que allí veo. ¿Adónde, Inocencia, vas? INOCENCIA: Si yo donde vo sopiera nunca, Malicia, viniera por donde al encuentro estás, y pues con pasos inciertos huyendo de tus enfados te he dejado los poblados, déjame tú los desiertos. MALICIA: No has de irte sin que yo sepa dónde vas y qué verso el que cantabas fue. INOCENCIA: A entrar a la viña vo, y el verso es aquel que dijo que donde el dueño no está está el duelo. Y pues que ya a ambas pescudas colijo que he respondido no más me detengas. MALICIA: Oye, espera, que de ambas saber quisiera quién se ausenta y a qué vas tú a la viña. INOCENCIA: Yo vo a que el amo que ya partió a su rentero dejó encargado que yo esté en su familia, y quiriendo por huir de ti irme con él, él, porque le sirva fiel entre las gentes viviendo que aquí han de obrar, me mandó que de su parte viniera; con que he dicho qué verso era, quién se ausenta y dónde vo. MALICIA: Pues no has de pasar de aquí. INOCENCIA: ¿Por qué? MALICIA: Porque a mi pesar en la viña no has de entrar. INOCENCIA: Pues tenlo a pracer y así no será a tu pesar. MALICIA: No muevas el paso hacia ella, que acercarte ni aun a vella he de permitir. INOCENCIA: Pues yo aunque te pese entraré.
Luchan los dos
MALICIA: ¿Conmigo llegas a brazos? INOCENCIA: ¿Por qué no? MALICIA: Porque en sus lazos morirás.
Cae la INOCENCIA
INOCENCIA: No moriré, bien que la eterna justicia, no sin gran fin, dé licencia de padecer la inocencia ultrajes de la malicia el día que significado Dios en ese padre está de familias y en él da a entender que del pecado se ausenta y el hombre sienta en la lucha de los dos que aunque no se ausenta Dios ¡ay del que hace que se ausenta! Y ya que pasar no puedo en su busca volveré a darle cuenta. MALICIA: ¿De qué? INOCENCIA: De que en yéndose él no quedo yo en su viña. MALICIA: Ni a eso has de ir. INOCENCIA: Pues hoy, ¡oh inmenso poder!, permites a ella el vencer, permíteme a mí el huir.
Teniéndola del pellico se le deja en las manos
MALICIA: A detenerte me aplico. Ahora, si puedes, escapa. INOCENCIA: Sí haré, que Joseph su capa me dio para mi pellico.
Vase
MALICIA: ¿Joseph su capa, ¡ay de mí!, y dejarla ella en mi mano? Cielos, pues vengo no en vano a ser la adúltera aquí tema el mundo mi violencia: alerta, humana milicia, que se viste la Malicia el traje de la Inocencia. ¡Hebraísmo!
Pónese el pellico y sale el HEBRAÍSMO
HEBRAÍSMO: ¿Quién me llama? MALICIA: (Ya que su disfraz tomé Aparte su sencillez fingiré. Quien no solo de la fama de tu vendimia llamada viene a servirte leal, pero de tu mayoral para ese efecto envïada.) HEBRAÍSMO: ¿Pues quién eres? Porque yo no te conozco. MALICIA: (Es así, Aparte que a nadie conocer vi a su malicia.) ¿Que no me conoce? La Inocencia soy. HEBRAÍSMO: Tan de paso te vi tal vez, que no percibí mas que sola la apariencia del humilde traje tuyo y la villana rudeza de tu sencilla simpleza. MALICIA: Bien de aqueste olvido arguyo que el que con mala conciencia solo atiende a su codicia, ni conoce qué es malicia, ni sabe qué es inocencia. HEBRAÍSMO: Pero seas bien venida ya que dicen señas tales.
Dentro grita y instrumentos de villanos
TODOS: ¡A la viña, a la viña, zagales! HEBRAÍSMO: Pero esta plática impida este alborozo que da a entender que de mi esposa la aurora saluda hermosa. MALICIA: ¿Quién duda que ella será pues todo el prado se aliña de flores y de cristales?
Salen de villanos y villanas todos los que puedan y entre ellos el Lucero de la NOCHE y detrás la SINAGOGA
MÚSICA: ¡A la viña, a la viña, zagales, zagales venid, venid a la viña! ZAGAL 1: Venid, que la esposa bella al tomar posesión de ella, cada estampa de su huella la deja con su venida dos veces fecunda y mil veces florida. TODOS: ¡Zagales venid, venid a la viña! ZAGAL 2:: Venid, que en su verde esfera el otoño es primavera, pues la deja lisonjera de flor y fruto vestida dos veces fecunda y mil veces florida. TODOS: ¡Zagales venid, venid a la viña! HEBRAÍSMO: Hermosa esposa mía, en cuya gran belleza segunda vez empieza a amanecer el día, pues no había sol donde tu sol no había: muy bien venida seas. SINAGOGA: Fuerza es ser bien venida la que buscando en ti su media vida halla la entera luz de sus ideas. HEBRAÍSMO: Entra en tu posesión, que es bien que veas que supo mi firmeza buscar también empleo en que hallase el deseo con no menor fineza templo que consagrar a tu belleza. SINAGOGA: Informada venía de esta amena heredad, y su hermosura más que juzgué asegura, bien que me desconfía que ajena sea y que la llames mía. Si la hubieras comprado y propia tuya fuera, aun siendo tal, mejor me pareciera, pero esto de arrendado para tener de ajeno bien cuidado no sé si lo condeno, mas sé que no lo apruebo cuando toco que propio albergue es mucho aun siendo poco y mucho albergue es poco siendo ajeno; y con todo, mi amor de afectos lleno, por no dar a entender que esto sentía y en desdén de la heroica altivez mía algún villano note que el sentimiento era obligar mi dote, sabiendo que había un hombre que para descuidarte en la asistencia del campo, por su crédito y su nombre de agricultor hoy goza la excelencia, le he recibido. Llega a su presencia. NOCHE: Dame tus pies. HEBRAÍSMO: Levanta. MALICIA: ¿Qué miro? Mas su astucia ¿qué me espanta? HEBRAÍSMO: ¿De dónde eres? NOCHE: Distante patria bella de imperial corte fue mi primer cuna. HEBRAÍSMO: Pues ¿por qué la dejaste? NOCHE: Una fortuna deshecha fue quien me obligó a perdella, bien que las ciencias no, que aprendí en ella. HEBRAÍSMO: ¿Cómo te llamas? NOCHE: Genio. HEBRAÍSMO: ¿Y sabes con primor la agricultura? NOCHE: No hay árbol, planta o flor que de mi ingenio la oculta cualidad tenga segura: algún tronco pudiera decirlo. HEBRAÍSMO: ¡Oh quién supiera explicar lo que estimo a tu hermosura esta atención! Y porque veas que en nada a mi memoria en el ausencia excedes, también tú a mí darme las gracias puedes de haberte recibido otra crïada. Llega, ¿qué aguardas? Llega. MALICIA: Estó enturbiada al ver cuán dulcemente hermosa mira. NOCHE: ¿Qué veo? ¿Pero su astucia qué me admira? MALICIA: Prodigio soberano, si me la da la besaré la mano y de muy buena gana. SINAGOGA: ¡Qué sencillez tan pura de villana! ¿Quién eres? MALICIA: ¿Mi locuencia no la ha dicho que yo só la Nocencia? HEBRAÍSMO: El padre de familias cuando se iba dicho dejó que entre nosotros viva. SINAGOGA: No disculpes haberla recibido por pensar que he sentido ver su simplicidad, que antes me ha dado gusto por si aliviase algún cuidado alternando tal vez burlas y veras con su incapacidad. MALICIA: (Si bien la vieras...) Aparte SINAGOGA: Ven, mis tristezas templaré contigo. HEBRAÍSMO: Ven, no a ser mi zagal, sino mi amigo. Y pues que ya el octubre, de pámpanos y parras coronado, la verde alfombra de los campos cubre y está el pendiente fruto sazonado, la vendimia empecemos; vea mi esposa bella los regocijos que resultan de ella cuando los dos extremos del interés y el gusto componemos. ZAGAL 1: Si siendo tú en común el hebraísmo y nosotros tu pueblo, es uno mismo el logro que esperamos, cuando para nosotros trabajamos, ¿quién no ha de obedecerte? ZAGAL 2: La fatiga engañemos. TODOS: ¿De qué suerte? MALICIA: Yo lo diré bailando, y pues el día que la vendimia empieza es de alegría, a la viña, a la viña, zagales, y vaya de jira, de bulla y de baile. MÚSICA: ¡A la viña, a la viña, zagales, y vaya de gira, de bulla y de baile! MALICIA: ¡Zagales, venid, venid a la viña, y vaya de baile, de bulla y de gira! MÚSICA: ¡A la viña, a la viña, zagales!
Dentro golpes
HEBRAÍSMO: Oíd, esperad: ¿quién llama a esos umbrales? ISAÍAS: Abrid, pues cosa es cierta Dentro que no es ladrón quien viene por la puerta. HEBRAÍSMO: Abrid: veamos quién llama de esos modos.
Sale ISAÍAS
ISAÍAS: La salud del Señor asista en todos. HEBRAÍSMO: Aunque te reconozco por crïado del padre de familias y a su lado te vi, pensé que hacerme creer querías en la pausa que hiciste que tú eras la salud del Señor; y bien pudieras si usando las hebreas frases mías nos dieses a entender ser Isaías. Pero seas quien fueres dime ¿a qué fin me buscas y qué quieres? ISAÍAS: El gran padre de familias viendo que la edad es ésta del año en que agradecida al cielo rinde la tierra sus mejores frutos, pues cuando la fértil cosecha del trigo en agosto acaba --testigo septiembre--empieza en octubre la del vino, como en misteriosas prendas de ser juntos vino y pan sus más altas providencias, el gran padre de familias --otra vez a decir vuelva-- salud conmigo te envía, y de su parte me ordena que en la vendimia te asista para saber lo que de ella por su primicia le toca, conque tendrás esta deuda pagada, mientras tras mí otro por los diezmos venga. HEBRAÍSMO: ¿Con tanta puntualidad cobra ese señor sus deudas? ISAÍAS: Sí, que nunca este señor quiere que el tiempo se pierda. HEBRAÍSMO: Pues al mejor has venido, que este regocijo y fiesta en que a mis obreros hallas alborozo es de que sea tiempo ya de la vendimia; con ellos al lagar entra. Tomarás la razón para ajustar después la cuenta. ISAÍAS: Antes tantearé los frutos dando a sus linderos vuelta.
Vase
MALICIA: Quien viene a cobrar, ¡qué dueño viene del deudor! Apenas hizo en ti reparo. SINAGOGA: ¡Que esto mis vanidades consientan! HEBRAÍSMO: ¿No vais con él? ¿Qué experáis? ¿Antes tanta diligencia y tanta pereza ahora? TODOS: El despecho no es pereza. HEBRAÍSMO: ¿Qué despecho? TODOS: El de... ZAGAL 1: Oíd, que yo daré por todos respuesta. Venid los que trabajáis a no trabajar, aquella voz dijo, en fe de que siendo el trabajo conveniencia no es trabajo; pues si de él el primer logro se llevan ¿dónde está el no trabajar? ZAGAL 2: ¿Dónde la ganancia nuestra en beneficiar el fruto para que otros por él vengan? HEBRAÍSMO: Así lo acepté, y conmigo no en demandas ni respuestas os pongáis: tras él, villanos, id. TODOS: Será con la protesta de cuán otro es que le sirva la voluntad que la fuerza.
Vanse
MALICIA: Malcontento el pueblo va; Lucero, aviva su queja. NOCHE: Ayuda tú, que no en vano rompido habemos la cerca. HEBRAÍSMO: ¿No vas tú con ellos? NOCHE: No; y antes me daréis licencia para volverme. HEBRAÍSMO: ¿Por qué? NOCHE: Porque si pensara que era rentero a quien yo venía a servir, nunca viniera; que no es bueno para dueño pundonor que se sujeta a que pueda un cobrador llamar tan recio a sus puertas. SINAGOGA: ¡Que esto oiga! HEBRAÍSMO: Esposa ¿qué es eso? SINAGOGA: Llorar con lágrimas tiernas que tenga un advenedizo razón de venir de ajena patria a infamarte en la tuya. MALICIA: (Ahora es tiempo que se vea Aparte que en todas las disensiones, asechanzas y cautelas, si el demonio las propone, la Malicia las alienta.) Tiene razón que la sobra; siente, llora, gime y pena los desdoros a que siendo quien eres te ves expuesta. SINAGOGA: Mira cuál es mi razón pues aun la misma simpleza la conoce, bien que no toda, que alguna hay de que ella no es capaz. MALICIA: Pues dila tú. SINAGOGA No sé si sabrá mi pena explicarse. MALICIA: (Sí hará, que entre Aparte mal Genio y Malicia puesta, él te dictará la mente, yo te moveré la lengua. SINAGOGA: Cuando el padre de familias convidaba a sus tareas ¿eran más que unos gañanes los que iban a las expensas de sus sueldos? ¿Pues qué más eres tú que ellos, si arriendas a expensas de sus tributos la heredad? ¿Qué consecuencia hay para que sea mejor servir pagando una renta que servir cobrando un sueldo? Y si alguna diferencia hay ¿no es ser cierta su paga y tu ganancia no cierta? Fuera de esto ¿el hebraísmo no es, por la ley que profesa, desde Dan a Bersabé dueño de toda esta tierra? ¿Pues quién le metió en plantar con nuevo fuero, con nueva ley y con nuevo dominio, viña en posesión ajena, para que la sinagoga tributaria le obedezca perjudicando el derecho de su terreno? HEBRAÍSMO: ¡Ay, que es fuerza cumplir lo que contraté! LOS DOS: No es. HEBRAÍSMO: ¿Pues qué medio me queda? LOS DOS: No pagarle la primicia y negarle la obediencia. HEBRAÍSMO: De suerte vuestras razones el corazón me penetran, el espíritu me inflaman y sentidos y potencias me perturban, que parecen dictadas de mi soberbia. ¿Qué Vesuvio, qué Volcán, qué Mongibelo, qué Etna, es el que en mí han revestido, que con su fuego me hiela y con su hielo me abrasa? ¡Oh! Apáguemele la enmienda cuando a vista de los tres ni tú mi valor ofendas, ni tú mi honor abandones, ni tú mis desdoros sientas.
Vase
SINAGOGA: Si a fuerza del sentimiento dueño de la viña queda, siempre diré agradecida ser los dos a quien les deba igual honor. NOCHE: No lo dudes, mayormente cuando llega diciendo a sus gentes que vendimiaban malcontentas. HEBRAÍSMO: Amigos: no hay que apartar Dentro fruto alguno; la promesa trabajar para nosotros fue, con que la viña es nuestra pues es nuestra la fatiga. TODOS: Claro está, que solo de ella es dueño nuestro sudor. ISAÍAS: Primero que lo consienta mi lealtad... HEBRAÍSMO: Porque no clame, ni puedan llegar sus quejas al padre de las familias, muera a vuestras manos. TODOS: Muera, y a instrumento que le dé más dolor y menos priesa. ISAÍAS: ¡Ay, no de mí, mas de quien la salud de Dios desprecia!
Vuelve el HEBRAÍSMO
HEBRAÍSMO: Divididle en dos mitades. Ya no hay que temer que vuelva no solo con la primicia pero ni con la respuesta. Dentada aguda segur, en su púrpura sangrienta, no acaso allí hallada, fue su homicida.
Sale ZAGAL 1
ZAGAL 1: Con que al verla en su cabeza bien como si le aserraran se huelga. SINAGOGA: Ahora sí dame los brazos, que es justo que te agradezca haber cerrado con llave de acero la dura puerta del vasallaje, pues ya es preciso que mantengas libertad, en que una vez te has declarado, y en muestra de mi hacimiento de gracias, para esta noche real cena te iré a prevenir, y a todo tu pueblo. MALICIA: Yo, por que sea más festivo tu convite y más cumplida la fiesta, con disfrazados zagales compondré un baile en que tengan oído y vista, sobre el gusto, también en qué se diviertan. SINAGOGA: No creerás lo que me agradas.
Vase
MALICIA: Sí haré, que es muy halagüeña la cara de la malicia cuando parece inocencia.
Vase
HEBRAÍSMO: A ti, Genio, te he debido ver a mi esposa contenta. NOCHE: Más me he debido yo a mí en servirte. (Ea, experiencia, Aparte prosigue, que no vas mal; que si es de Dios la primera salud tener del primero achaque convalecencia y ésta hoy yace en esta viña ¿qué misterio habrá que tema en vino que para serlo caliente púrpura riega de humana sangre?
Dentro ruido, y salen algunos deteniendo a JEREMÍAS
ZAGAL 2: Esperad en ese umbral de la puerta a que licencia le pida. JEREMÍAS: No he menester más licencia yo de la que yo me traigo. TODOS: Teneos. HEBRAÍSMO: ¿Qué voces son ésas? ZAGAL 2: Este anciano dice que para entrar a tu presencia la licencia que él se trae le basta. HEBRAÍSMO: (Según las señas Aparte también le vi entre la noble familia del padre de ellas. No me dé por entendido.) Quién eres me di. JEREMÍAS: La alteza del Señor... que te habla en mí lo dirá. HEBRAÍSMO: La intercadencia con que lo has dicho parece que darme a entender intenta que eres Jeremías, porque Jeremías se interpreta alteza de Dios. JEREMÍAS: Aquí basta que te lo parezca, que es bien dejar algo a que quien lo entendiere lo entienda. HEBRAÍSMO: Y bien, ¿qué quieres? JEREMÍAS; Que pues las primicias satisfechas tendrás ya en quien vino antes que yo a su cobranza, entrega me hagas a mí de los diezmos. HEBRAÍSMO: Buena pretensión es ésa, cuando ni aun de las primicias le quise entregar la ofrenda. JEREMÍAS: ¿Por qué? HEBRAÍSMO: Porque esta heredad es mía y nada debo. JEREMÍAS: ¿Es ésa la fe que juraste? HEBRAÍSMO: No a redargüirme vengas con tus lágrimas, que ya sé que todo lo lamentas: echadle de aquí, arrojadle, no le oiga, no le vea, ni pare un punto en la viña. TODOS: Venid, pues. JEREMÍAS: ¿De esta manera se maltrata a quien de parte viene de... HEBRAÍSMO: Sacadle afuera a pedradas, ya que no os es bastante la fuerza.
Hacen que le tiran y él se va cayendo y levantando
ZAGAL 1: Desceñid todos las hondas y muera apedreado. TODOS: Muera. JEREMÍAS: ¡Ay, no de mí, mas de quien la alteza de Dios desprecia!
Vase
HEBRAÍSMO: Dile al padre de familias que vaya, Genio, a sus rentas enviando cobradores, y verás con cuanta priesa se los voy yo despachando... pero ¿qué música es ésta? NOCHE: La salva que hace la esposa por principio de la cena que te tiene prometida.
Las chirimías, y ábrese un carro en que habrá una mesa bien adornada de viandas, y aparadores, y en ella la SINAGOGA. Sube el HEBRAÍSMO y, sentados los dos comiendo en lo alto, sale al tablado la MALICIA con algunos de máscara y danzando los unos y comiendo los otros dice la MÚSICA
SINAGOGA: Sube, Hebraísmo, a la mesa que te previno mi amor en oposición de aquélla que hizo la Sabiduría, en que fue el vino la excelsa suavidad de sus manjares, como también lo es en ésta el de esas vides que ya le tributan como nuestras. HEBRAÍSMO: Subiré a gozar la dicha de tus favores. SINAGOGA: Pues sea aumento de mi festejo el festín de mi Inocencia. MÚSICA: En la cena que hoy hace la esposa, que hermosa y discreta, sus rizos corona el mayo con flores y el sol con estrellas, en la cena que hoy hace la esposa, que ufana y contenta, celebra el plantel de la viña, que goce edades eternas, en la cena que hoy hace la esposa, manjar no hay que sea más precioso que el vino, que excede al ámbar y al néctar. HEBRAÍSMO: Jamás los sentidos tuve más bien divertidos. SINAGOGA: Fuerza es que a los dos nos agraden mudanzas de la Inocencia. MÚSICA: Y porque sus mudanzas más a los dos diviertan, en otros instrumentos las voces se conviertan, a cuyo acorde ruido ayuden lisonjeras las copas en los montes, las flores en las selvas. Clarines son las aves, los céfiros trompetas, órganos los arroyos y cítaras sus perlas, diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra... DÍA: Penitencia, mortales, penitencia. Dentro HEBRAÍSMO: Parad y sabed qué voces tan contrarias de las nuestras, a consonantes preguntas dan disonantes respuestas. NOCHE: Yo lo pudiera decir. ¡Ay, Malicia! ¿Quién creyera que el Lucero de la noche oyendo al del alba tiembla? MALICIA: No tan presto desconfíes que aún esperanza nos queda. NOCHE: ¿En qué? MALICIA: En que si la salud del Señor en la primera lid se perdió, y se perdió en la segunda la alteza ¿quién duda si ese Lucero gracia de Dios se interpreta, que alteza y salud perdidas, la gracia perdida venga? ZAGAL 1: Un hombre que toscas pieles viste y de hacia las riberas del Jordán viene, es el dueño de la voz. HEBRAÍSMO: Ya sé quién sea. Cerradle la puerta, no entre... mas no vais, abierta será mejor que la halle porque quiero que me vea en la pompa, el aparato, la majestad y grandeza de que gozan mis delicias: dejadle, pues, que entre. NOCHE: ¿Y de esta circunstancia qué dirás? MALICIA: ¿Qué circunstancia? NOCHE: ¿Es pequeña que signifique la gracia y que halle abierta la puerta? SINAGOGA: Porque, aunque entre, nuestro gozo no turbe, la danza vuelva. MÚSICA: Clarines sean las aves, los céfiros trompetas, órganos los arroyos y cítaras sus perlas, diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...
Sale el Lucero del DÍA
DÍA: ¡Penitencia, mortales, penitencia! HEBRAÍSMO: Joven, que de las orillas del Jordán dulce sirena te acreditas, pues no hay a quien tu voz no suspenda, si de parte de tu dueño vienes a cobrar sus rentas, sabe que la vida a otros esa cobranza les cuesta, y vuélvete tú, que quiero permitirte que te vuelvas porque al padre de familias le digas esta opulencia con que me sirvo en su viña coronado dueño de ella. DÍA: No a cobrar sus rentas vengo sino a acusar sus ofensas, que ya sé tus tiranías, pues me obligan a que venga a reprehender cuán injustas proceden sus inclemencias el día que no hay en ti propiedad que no sea ajena. No solamente la viña lo diga; dígalo esa que como esposa a tu lado prevaricada se asienta. El tiempo que estuvo en gracia ¿de otro esposo no lo era, por quien dijo, enamorado que del Líbano descienda a ver florecer las viñas?; ¿pues cómo la traes a ésta no a ver cómo se florecen sino cómo se ensangrientan? Vuelve en ti y vuelvan esposa y viña a su dueño, y... HEBRAÍSMO: Cesa, no prosigas, que me afligen tus voces. SINAGOGA; ¿Que esto consientas sin hacer más sentimiento de tu injuria y de mi afrenta! Quitad ese asombro, ese prodigio, de mi presencia; llevadle de aquí, llevadle a la prisión más estrecha del más pavoroso seno de la gruta más funesta que se halle en toda la viña, donde encarcelado muera. TODOS: Ven, antes que contra ti tomemos hondas o sierras. DÍA: ¡Ay, no de mí, mas de quien la gracia de Dios desprecia!
Llévanle
MALICIA: La puerta abierta ¿qué importa donde el corazón la cierra? NOCHE: Como eso, malicia humana veré yo si tú me alientas. SINAGOGA: ¿De qué la tristeza es? HEBRAÍSMO: No te enojes, no te ofendas, que mi tristeza no ha dicho de qué nace mi tristeza hasta decir que es de verte quejosa a ti; y porque veas el poco aprecio que hago de reprehensiones tan necias, mientras yo a la cena vuelvo la música al baile vuelva. MALICIA: Temo... HEBRAÍSMO: ¿Qué? MALICIA: Que repetida no te canse. HEBRAÍSMO: De manera me agrada por festín tuyo, que nunca me hará molestia; y para mostrarte cuánto me divierte y me deleita no habrá cosa que me pidas que yo no te la conceda. Por la vida de mi esposa lo juro: pide ¿qué esperas? MALICIA: Yo no tengo voluntad. Consultaré a quien la tenga. ¿Qué quieres tú que le pida? SINAGOGA: Pídele... MALICIA: ¿Qué? SINAGOGA: La cabeza de esa fiera en forma de hombre, de ese hombre en forma de fiera. HEBRAÍSMO: ¿Por qué no pides? ¿Qué aguardas? ¿No fías de mi promesa? MALICIA: Tanto fío que a pedirte me atrevo. HEBRAÍSMO: Di, ¿qué recelas? MALICIA: La cabeza de ese joven que preso está. HEBRAÍSMO: ¡Oh justa pena del que ofrece o firma antes de ver qué firme o qué ofrezca! Ya lo juré, a la prisión id y en un plato traedla. (Disimular es forzoso Aparte mi dolor.) El baile vuelva, que a mí nada me perturba como tú no te entristezcas. MÚSICA: En la cena que hoy hace la esposa, que hermosa y discreta, sus rizos corona el mayo con flores y el sol con estrellas, en la cena que hoy hace la esposa, que ufana y contenta, celebra el plantel de la viña, que goce edades eternas, en la cena que hoy hace la esposa manjar no hay que sea más precioso que el vino, que excede al ámbar y al néctar.
Repítese la máscara el tiempo que fuere menester para la tramoya, y trayendo en una fuente una cabeza de pasta cubierta, la ponen en la mesa sobre un escotillón, en que escondiéndose la una, saldrá en otra fuente la del mismo Lucero
ZAGAL 2: Éste es el plato que mandas hoy añadir a tu cena.
Descúbrela
SINAGOGA: Come dél, pues él es solo el que faltaba a mi mesa. ¿Qué te admira? Toma y come. DÍA: ¡Penitencia, penitencia! HEBRAÍSMO: ¡Qué horror! ¡Qué asombro! ¡Qué espanto! No le mire, no le vea. ¿Dónde huiré de él y de mí?
Levántase furioso
SINAGOGA: Porque más no se enfurezca, de la música el encanto, siguiéndole, le adormezca. MÚSICA: Clarines son las aves, los céfiros trompetas, órganos los arroyos y cítaras sus perlas. Diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...
Cantando unos y representando otros se cierra la tramoya, tasando los versos de manera que vengan a acabar juntos, y con el último sale la MALICIA
MALICIA: Ya ¿qué hay que temer, Lucero, que de esta viña contenga sagrado misterio el vino, si ya no hay racimo en ella que no convierta el furor en sangre? NOCHE: ¡Ay, Malicia, que ésa es nueva ansia! MALICIA: ¿Cómo? NOCHE: Como al exprimirle la prensa en la viga del lagar, están temiendo mis ciencias que si hoy el furor convierte racimos en sangre, venga piedad que de estos racimos el vino en sangre convierta. MÚSICA: Diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...
Sale la INOCENCIA
INOCENCIA: ¡Ah de la sacra soberana esfera, trono, dosel y silla del padre universal de las familias!
Salen el PADRE y el HIJO
PADRE: ¿Qué quieres, Inocencia? INOCENCIA: Ya esa pregunta dio a mi voz licencia de hablar, pues cuando buscaba Dios a Adán, que se escondió, dónde estaba preguntó sabiendo él dónde estaba, y así pues humano modo a él imitas, bien podré decirte yo lo que sé aunque tú lo sepas todo. Mandásteme que viviera en tu viña; a ella no entré porque la Malicia fue bastante a dejarme fuera no solo vencida, pero desnuda; de cuyo ultraje resultó que con mi traje la Sinagoga y su fiero pueblo se prevaricase, haciendo que con violencia negándote la obediencia tus enviados matase, de suerte que... PADRE; No prosigas; no al dolor añadas, no, de haberlo previsto yo el de que tú me lo digas. ¡Ay viña! ¿No te planté para que me dieras fruto de verdadero tributo? ¿Para tu guarda no fue tu cerca obra singular? ¿Para tu adorno mayor y alivio de tu labor no te di torre y lagar? ¿Por ti no dijo Isaías, contigo hablando de mí, "qué más pude hacer por ti?" ¿No prosiguió Jeremías, viéndote de mí elegida, que temieses verte ajena de abrojos y espinas llena, en páramo convertida? ¿El Lucero, que de mí luz te dio con desengaños, no fue a reparar tus daños? ¿Pues cómo, cómo, ¡ay de ti!, pagaste, a los tres matando, los avisos que te dieron? Y tú, pueblo que eligieron mis piedades, ¿hasta cuándo sangriento, ingrato y crüel has de proceder conmigo? Y pues ya para el castigo mi viña es todo Israel, sus cercas derribaré, esté a las fieras desierta,
Llora el HIJO
y aun ellas árida y yerta, sin yerba la hallen, porque en lóbrego seno frío ni el sol la dé su esplendor, ni las nubes su candor, ni la aurora su rocío. Perezca, pues, al severo decreto de mis enojos. HIJO: No en abrasados despojos, padre, arda, sin que primero consideres que plantaste para mí esa viña bella, y que a dos luces en ella mi mayorazgo fundaste; antes, pues ya la elegiste sin ver las ofensas suyas, que lo que hiciste destruyas, perficiona lo que hiciste. Consérvala al esperado tiempo de otra edad futura, no perezca la figura hasta ver lo figurado. Si sientes verla en poder de tan ingrato rentero, yo iré, como tu heredero, a tomar la cuenta y ver si le puedo reducir a tu obediencia, pues sé que tu honra y tu gloria fue que te lleguen a pedir perdón, para cuyo efecto con él quedaré después a ser yo tu obrero, pues a mí me tendrán respeto, mayormente al ver que yo vestido el tosco buriel de la misma jerga que a él para su abrigo le dio la naturaleza humana, despierto--el rubio cabello argentado con el bello rocío de la mañana-- a ser, ¡oh padre!, el primero que acudiendo a la labor, ni agosto con el ardor, ni con escarchas enero, me acobarden para que al sol, al agua y al viento, lo inútil pode al sarmiento y escarde la grama al pie a costa de mi sudor. Verás que horror no me dan ni de la escoda el afán, ni de la azada el rigor, pues para que llegue a dar el grano cosecha inmensa, el hombro pondré en la prensa de la viga del lagar. Envíame a ser tu obrero en la viña de Israel. PADRE: ¡Ay, que es pueblo muy crüel! HIJO: ¿Pues qué más honor si muero por reducirle? Y no harán, que para obrar albedrío tienen. PADRE: Ve; por hijo mío, quizá te venerarán, y yo al mundo le argüiré, si no atiende a esta piedad, que a mi hijo no perdoné por guardarle a él la heredad de la viña que planté.
Vase
HIJO: Espera, que mi clemencia redimirá su injusticia, si a desterrar su malicia va conmigo mi inocencia. Sígueme pues. INOCENCIA: De ir desnuda a ver gentes me acobardo. HIJO: La desnudez, Inocencia, de humanas pompas y faustos es gala de la verdad con que yo llegar aguardo a la viña de mi padre a reparar sus agravios. INOCENCIA: Según la Malicia está valida por sus engaños de la Sinagoga, temo que no bien seguros vamos. HIJO: No temas, que vas conmigo. INOCENCIA: ¿Cómo no he de temer cuando, ya que no tiemble de miedo, de frío es fuerza ir temblando? HIJO: ¿Qué mucho, si escarcha y hielo ha de ser mi primer paso? ¡Qué fragoso es el camino! Apenas la planta estampo en yerba que no sea abrojo, en terrón que no sea cardo, y si para abrir la senda con la mano los aparto, al mismo instante me veo herido de pies y manos. INOCENCIA: Yo como inocencia tuya lo mismo que pasas paso; pero bien que ya a la vista, señor, de la torre estamos. HIJO: Llame desde aquí tu voz porque sepan que llegamos. INOCENCIA: Ayúdame tú, porque yendo más acompañado mi acento, le oigan mejor y más sonoro y más blando. HIJO: Sí haré, pues ya se previno que oyó la viña mi canto.
Cantan. La MÚSICA dentro
LOS DOS: ¡Ah de la florida cerca, ah de la torre y palacio de la viña de Israel! MÚSICA: ¡Ah de los desiertos campos! LOS DOS: Abrid las puertas, abrid. MÚSICA: ¿A quién, con imperio tanto? LOS DOS: A vuestro príncipe. MÚSICA: Quién nuestro príncipe es sepamos. LOS DOS: El señor de las virtudes que primero que él llegaron. MÚSICA: Ni hay príncipe ni virtud ni señor que conozcamos. LOS DOS: Abrid las puertas, levad sus fuertes rastrillos altos, entrará el rey de la gloria. HEBRAÍSMO: Abrid ¿qué esperáis? Sepamos quién rey de la gloria es, quién príncipe soberano es de las virtudes. HIJO: Yo, yo soy. ¿De qué es el espanto? HEBRAÍSMO: Del "yo soy," a cuya voz me asusto, estremezco y pasmo. HIJO: Pues ni te pasmes, ni asustes, ni estremezcas, que envïado de mi padre a tratar más de tu enmienda y tu reparo que de tu castigo vengo. HEBRAÍSMO: No te esperaba tan manso. HIJO: Ahí verás lo que le debes y mejor lo verás cuando no para menguar tus bienes, sino antes para aumentarlos, veas que a ser jornalero tuyo vengo, sin que el ampo de la nieve, el resistero del sol me excuse al trabajo. HEBRAÍSMO: De suerte tu mansedumbre me obliga, que arrodillado a tus pies una y mil veces en ellos pondré los labios. ¡Obreros del hebraísmo venid a mi voz volando!
Salen todos y el Lucero de la NOCHE y la MALICIA
TODOS: ¿Qué nos mandas? LOS DOS: ¿Qué nos quieres? Pero ¿qué es lo que miramos? HEBRAÍSMO: Que sepáis cómo de paz, mansueto, apacible y blando, convirtiendo en generosos perdones nuestros agravios, el heredero del padre de familias a estos campos a ser compañero nuestro viene, igual en cansancio, afán, sed, hambre y fatiga, y así a honor de favor tanto como hacer virtud la queja, de olivas y palmas lauros tejed, siendo en nuestra viña su entrada fiesta de Ramos, y arrojando como yo todos a sus pies los mantos, en mil repetidas voces le saludad. Santo, santo. MÚSICA: Santo, santo. HIJO: Aunque el triunfo os agradezco, festividad y agasajo con que me admitís, sabed que más vengo a acompañaros que a excederos: como igual me tratad. TODOS: Pues tan humano se nos muestra, otra y mil veces le aclamemos. MÚSICA: Santo, santo. NOCHE: ¿Qué es esto, Malicia? MALICIA: Esto es, Lucero, haber entrado en la viña la Inocencia. ¿Qué hemos de hacer? NOCHE: Acudamos a nuestro mismo furor. MALICIA: ¿De qué manera? NOCHE: Inspirando en la Sinagoga dudas, confusiones, sobresaltos y perturbaciones que prorrumpan contra este aplauso, de suerte que cuando ellos diciendo están... MÚSICA: Santo, santo. NOCHE: Ella diga revestida del espíritu de entrambos.
Sale la SINAGOGA
SINAGOGA: Suspended los regocijos, las músicas y los cantos, que tan presto mis desdichas han de convertir en llanto. HEBRAÍSMO: Pues, Sinagoga, ¿qué es esto? SINAGOGA Esto es acusar el fausto con que admites al que viene a deponerte del mando que has adquirido en la viña, por más que muestre humanado que viene de paz a ser igual nuestro, siendo llano que más vendrá a restaurar su hacienda fingiendo halagos que a dejárnosla, supuesto que para dejarla en vano era venir a decirlo, pues con solo estarse al lado de su padre sin memoria de ella lo diría más claro. Con segunda intención viene; pregúntaselo a tus sabios rabinos, tus doctos maestros, o al cómputo de los años de Daniel; verás si es todo cuanto alega falso. Y pues tu seguridad se te ha venido a las manos, pues matando al heredero no queda quien propietario pueda decir qué le toca, muera, conque asegurado quedarás del todo. HIJO: No siento tus calumnias tanto como que juzgues que en mí pudo nunca haber engaño siendo la misma verdad. SINAGOGA: ¿Quién de renombre tan alto te acredita? INOCENCIA: La Inocencia de quien viene acompañado. SINAGOGA: La Inocencia está conmigo; mira qué más desengaño de sus cautelas. HEBRAÍSMO: No sé cuál crea. NOCHE: ¿Qué estás dudando en elección tan segura como quedar, en quitando de delante al heredero, tu posesión puesta en salvo? HEBRAÍSMO: Segunda vez de tus voces el espíritu inflamado, el corazón en el pecho se me está haciendo pedazos. ZAGAL 1: Dice bien; aseguremos el dominio en que ya estamos. ZAGAL 2: Muera el heredero. TODOS: Muera. HEBRAÍSMO: Y el tronco de aqueste árbol de quien se cortó la viga del lagar será en mi mano el instrumento. NOCHE: Suspende el golpe, baste el amago. No sea dentro de la viña. HEBRAÍSMO: ¿Por qué? NOCHE: Porque salpicado con su sangre algún racimo, sangre en vino no bebamos. SINAGOGA: Bien teme; sacadlo fuera y al monte a morir llevadlo. INOCENCIA: ¡Ay mortal, mira cuán poco hay desde el triunfo al estrago! HEBRAÍSMO: Pues ya que este tronco fue --como antes dije--en mi mano, el elegido instrumento por más baldón, más agravio, él mismo al hombro le lleve. HIJO: A su grave peso caigo rendido. ¿Dónde mi pena descanso hallará? INOCENCIA: En mis brazos. HIJO: Sí, que solo en ti, Inocencia, tiene igual pasión descanso. Y pues en la mies del trigo fui grano mortificado por ti, por ti sea en la viña racimo exprimido, dando en la viña y en la mies sagrada materia entrambos a la misteriosa forma del sacramento más alto.
Vanse los dos
HEBRAÍSMO: Ya, Sinagoga, no tienes que temer los sobresaltos que te daba con su vida. SINAGOGA: Claro está, pues ya quedamos, sin heredero, señores de la heredad. NOCHE: Y más cuando al consumarse en el leño del lagar, dice expirando-- HIJO: Padre mío, padre mío, Dentro ¿por qué me has desamparado?
Fínjese terremoto
HEBRAÍSMO: ¿Qué súbito terremoto de un instante a otro ha apagado la luz del sol?
El terremoto
SINAGOGA: Bandolera la noche le salió al paso tan avaramente fiera que le asalta anticipando al robo del esplendor la emboscada del ocaso.
El terremoto
NOCHE: ¿Qué magna conjunción, cielos, no hallada en mis astrolabios, en nuevo motín confunde sol, luna, planetas y astros?
El terremoto
MALICIA: Los ejes estremecidos se trastornan desplomados afianzando el precipicio sobre los montes más altos.
El terremoto
HEBRAÍSMO: ¿Qué se nos ha hecho el día, que los elementos cuatro, en sedicioso tumulto nada es fuego y todo es rayos?
El terremoto
SINAGOGA: Lo que en ráfagas el viento, pues en mi último desmayo todo es cierzo que me yela, nada que me alivie es austro.
El terremoto
ZAGAL 1: El mar, enfrenado monstruo, el alacrán al bocado del freno de arena rompe al choque de los peñascos.
El terremoto
ZAGAL 2: Las piedras unas con otras la tierra quiebra en pedazos, y abierta en sepulcros es toda un fúnebre teatro de cadáveres. TODOS: ¡Qué asombro! HEBRAÍSMO: En tan nunca visto acaso huyendo de mí los montes me sepulten.
Vase
SINAGOGA: Los peñascos cayendo sobre mí sean mis túmulos.
Vase
NOCHE: Sus candados abra para mí el abismo. TODOS: ¡Qué horror! ¡Qué susto! ¡Qué espanto!
Vanse
MALICIA: Todos huyen; sola yo no puedo mover el paso. ¿Pero qué mucho si en todos los sacrílegos fracasos soy la primera que sobro y la postrera que falto?
El terremoto y sale la INOCENCIA despavorida
INOCENCIA: Huérfana Inocencia ¿cómo difunto tu soberano príncipe vives tú? Pero si virtud eres ¿qué extraño el que viva lo divino aunque fallezca lo humano? MALICIA: A pesar de las tinieblas, en mis sombras tropezando, de aquí huiré. INOCENCIA: ¿Quién va? ¿Quién es? MALICIA: Quien si te viera a ti al paso echara por otra senda. INOCENCIA: ¿Dónde vas? MALICIA: Huyendo salgo los horrores de esta viña. INOCENCIA: Detente, que si luchamos tal vez, tú porque no entrase yo en ella, agora al contrario hemos de luchar porque tú no salgas hasta tanto que veas para mayor tormento tuyo mi aplauso. MALICIA: ¿Qué aplauso? INOCENCIA: El que me promete el orbe atemorizado deste universal eclipse en odio de tus agravios. Y para que desde luego empieces a examinarlos, pues no se da entre las dos distancia, tiempo ni espacio, oye a la Gentilidad que al mundo desafuciando en su crítico delirio diciendo está en areopago....
El terremoto, y sale la GENTILIDAD atravesando el tablado
GENTILIDAD: O se disuelve la inmensa máquina del orbe al caos, o padece su hacedor; según todos sus teatros se visten lúgubres lutos de tupidos velos pardos, todo expira o él expira, y si yo la causa alcanzo llegando a saber quién fue a su mismo dueño ingrato, valido de las piedades de Tito y de Vespasiano empeñaré en su venganza todo el imperio romano.
Vase
MALICIA: Primero que yo lo vea huiré de aquí. INOCENCIA: Será en vano, que sabré tenerte yo. MALICIA: ¿Conmigo otra vez a brazos llegas? ¿No te escarmentó la lucha de aquel pasado duelo nuestro? INOCENCIA: No, porque tu poder determinado punto tiene y ya a él llegó desfallecida en sus lazos. MALICIA: ¡Ay de mí! ¿De vencedora tan presto a vencida paso? Mas yo vengaré esta injuria si de la fuga me valgo. INOCENCIA: ¿Cómo has de valerte de ella si yo te tengo? MALICIA: Dejando en tus manos el pellico.
Vase
INOCENCIA: Albricias, que ya ha quedado la Malicia descubierta, pues yo mi traje restauro. ¡Gentilidad!
Sale la GENTILIDAD
GENTILIDAD: ¿Quién me llama? Mas no tienes que explicarlo, que de una vez que te vi, Inocencia, fijas guardo en mi memoria tus señas. INOCENCIA: El hebreo hizo al contrario, que luego las olvidó, por eso contra él me valgo de ti a glorioso fin. GENTILIDAD ¿Cómo? INOCENCIA: Como todo ese aparato de tinieblas y de truenos, de relámpagos y rayos, arma es que los cielos tocan contra aquese pueblo ingrato a quien se entregó la viña, pues no solo no pagando al gran padre de familias sus feudos, y a sus crïados dando muerte, aun a su mismo hijo le mató y... GENTILIDAD: No el labio muevas, que tan grande insulto me empeña en su desagravio, no tanto por la palabra que di cuanto por el cargo de ser árbitro del orbe, iré en su busca. INOCENCIA: Excusado será, que la Sinagoga y él, despavoridos ambos, sin que hallen en el menor lugar quietud ni descanso, hacia aquí vienen.
Salen LOS DOS cayendo
LOS DOS: ¿Adónde o cayendo o tropezando vamos a dar? GENTILIDAD: A mis pies, para morir a mis manos. LOS DOS: Ampáranos tú, Inocencia. INOCENCIA: No venís a buen sagrado. LOS DOS: ¿Qué es esto? ¿Cómo no siendo tú, con sus señas te hallamos? INOCENCIA: Como descubierta ya vuestra Malicia ha quedado y huido de mí y de vosotros, que es muy propio del pecado influyendo en el deleite dejar en el desamparo. GENTILIDAD: Y tan grande como ver que en ti matándote mato a ella y a tu esposa.
Al darle sale el PADRE de familias teniéndole el brazo
PADRE: Tente. GENTILIDAD: ¿Tú le amparas? PADRE: Yo le amparo. GENTILIDAD: ¿Pues cómo a salvar su vida vienes? PADRE: Por ver si la salvo. Vive, aborrecido pueblo, vive, pero despojado de haberes, que es el mayor castigo de los avaros, pues no solo de la viña quedarás desheredado mas del dote de tu esposa, como bienes obligados a mi crédito, y así salid los dos desterrados de mi gracia y de mi viña, de quien hoy donación hago irrevocable entre vivos a la Gentilidad, dando en propiedad a su fe de sus labranzas el cargo, y porque lo que has perdido veas tú y tú lo que has ganado en representable idea los siglos adelantando, volved los ojos a ver al que matásteis triunfando en el Lucero y Malicia, de la muerte y del pecado.
Ábrese el carro de la torre y vése el HIJO en la cruz como oprimido de ella
HIJO: Venturoso Gentilismo, a quien de mi mayorazgo en mi nuevo testamento constituyo propietario heredero de la viña que perdió por temerario, torpe y ciego, el hebraísmo; de ella y de los confiscados bienes de la sinagoga toma posesión, pasando las sombras de la figura a luces de figurado, pues corriendo la cortina sus visos, velos y rasgos, a la militante Iglesia de quien la viña es retrato, hallarás en sus tesoros la vara de los milagros, el maná de los desiertos y los preceptos del mármol, pues hallarás en la vara el tronco significado desta cruz que de la viga del lagar fue rama, dando antídoto en el segundo al áspid del primer árbol. En la urna del maná hallarás...
En el segundo carro de la mies un NIÑO entre espigas con una forma grande
NIÑO 1: Aquese raro prodigio de los prodigios toca a la mies explicarlo, de quien yo la espiga soy que dio al sembrador el grano de aquella nave que trujo, exenta al común naufragio, en sus entrañas el trigo de quien se amasó este blanco círculo para la forma del inmenso, el soberano misterio de estar el pan en carne transubstanciado.
En el tercer carro de la viña otro NIÑO entre parras con un cáliz
NIÑO 2: Yo porque aquese misterio sacrificio consumado llegue a ser, según el orden de Melchisedec, añado siendo como soy la vid de este misterioso pago, en este cáliz el vino que exprimió en sangre bañado al racimo de Caleb la viga del lagar, cuando en la prensa del martirio se vertió por siete caños.
En el cuarto carro la FE en la mesa quitados los manjares y puesto en ella un cáliz con hostia
FE: El tercer tesoro, que es la ley escrita en el mármol, toca a la Fe, y así yo la represento, pasando los preceptos de la escrita a la de gracia, y quitando a la primera cuestión la duda de si se hallaron tantas sombras en el pan como en el vino, mezclando de la mies y de la viña los dulces frutos de entrambos, convido para esta mesa, que si antes fue del pecado ya es de la gracia, a que goce hoy todo el género humano carne y sangre en pan y vino. NOCHE y HEBRAÍSMO: Cesa que a misterio tanto... MALICIA y SINAGOGA: Cesa que a tanto prodigio... NOCHE Y HEBRAÍSMO: De horror tiemblo. MALICIA y SINAGOGA: De ira rabio. HEBRAÍSMO: Y así huyendo dél iré a vivir prófugo y vago, sin patria y sin domicilio, paz, quietud, gozo y descanso.
Vase
SINAGOGA: Yo no a vivir, a morir iré, puesto que me hallo sin pompa, sin majestad, ara, altar, templo o palacio.
Vase
NOCHE: ¡Ay de quien no puede huir, preso a estos pies y aherrojado! MALICIA: ¡Ay de quien morir no puede viviendo en mis propios lazos! NOCHE: Para siempre padeciendo. MALICIA: Y para siempre penando. GENTILIDAD: Pues mis labios no capaces son de hablar en honor tanto besen tus plantas porque no estén ociosos mis labios. TODOS: Todos hacemos lo mismo pues descubierta miramos nuestra malicia. PADRE: Llegad, llegad todos a mis brazos. TODOS: Eso es obligar que todos digamos en ecos altos...
Cantan
MÚSICA: A tan alto sacramento venere el mundo postrado, supliendo en la fe el oído, gusto, olor, sabor y tacto. INOCENCIA: Y pues es de perdón día merezca perdón el auto porque a vuestros pies gozosos una y mil veces digamos... TODOS: A tan alto sacramento venere el mundo postrado, supliendo en la fe el oído, gusto, olor, sabor y tacto.

FIN DEL AUTO


Texto electrónico por Vern G. Williamsen y J T Abraham
Formateo adicional por Matthew D. Stroud
 

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Association for Hispanic Classical Theater, Inc.


Actualización más reciente: 27 Dec 2002