TANTO ES LO DE MÁS COMO LO DE MENOS

Tirso de Molina (Gabriel Téllez)

Este texto electrónico fue preparado por Vern Williamsen en 1998. Se basa en el texto de DOCE COMEDIAS NUEVAS DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA, PRIMERA PARTE (Sevilla: Francisco de Lyra, 1627) que ha sido cotejado con la edición de don Emilio Cotarelo y Mori (COMEDIAS DE TIRSO DE MOLINA, tomo I, NBAE 4, 1906).


Personas que hablan en ella:

ACTO PRIMERO


Salen NINEUCIO, LIBERIO y LÁZARO
NINEUCIO: ¿En fin, en mi competencia amáis los dos á Felicia? LIBERIO: No siempre guarda justicia el juez que ciego sentencia; y siendo ciego el Amor, cuando te venga a escoger Felicia, por ser mujer, vendrá a escoger lo peor. NINEUCIO: No imagines que me afrento de tu loca mocedad; que yerra tu voluntad, pero no tu entendimiento; que éste, por torpe que sea, confesará, aunque forzado, que no hay hombre afortunado que el bien que gozo posea. No hay caudal ni posesión que en Palestina pretenda ser réditos de mi hacienda; casi mis vasallos son cuantos en Jerusalén saben mis bienes inmensos, sus casas me pagan censos, sus posesiones también. Desde el Nilo hasta el Jordán Ceres me rinde tributo; cada año a Baco disfruto desde Bersabé hasta Dan. ¿No cubren estas comarcas vellocinos apacibles para el número imposibles respetados por mis marcas? Los vientos me engendran potros que brotan aquesos cerros, en sus crías los becerros se impiden unos a otros. A la aritmética afrenta la suma de mi tesoro, pues entre mi plata y mi oro se halla alcanzada de cuenta. De suerte el planeta real con diamantes me enriquece y esmeraldas, que parece que traigo el sol a jornal. Las ondas del mar, si a verlas llego, son tan liberales, que en nácares y en corales me ofrecen púrpura y perlas; con las unas y otras quiso honrarme el cielo, que trata mi dicha, visto escarlata, gasto cambray, rompo biso. Mi mesa es la cifra y suma donde el gusto no preserva desde el arbol a la hierba, desde la escama a la pluma. Bríndo a la sed que desprecia vides que poda Tesalia, ya con Falernos de Italia, y ya con Candias de Grecia; y a tal gloria me provoco, que conforme a lo que escucho, para rey me sobra mucho, para dios me falta poco. Si de esto tenéis noticia, ¿no será temeridad, viendo mi felicidad, que pretendáis a Felicia? LIBERIO: Ponderativo has estado, rico y poderoso eres, mas no es razón que exageres con tal soberbia tu estado. Arrogante, a Dios te igualas, y a nadie te comunicas; caudaloso te publicas y a ti solo te regalas. El bien es comunicable, Dios es bien universal; tú para ti liberal, para todos miserable; mira cuán diversos modos distinto de Dios te han hecho: tú a ninguno de provecho, y Dios todo para todos. Podremos sacar de aquí, aunque te injuries, los dos, que no es bueno para Dios quien es todo para sí. Yo en las riquezas no fundo la pretensión de mi amor, que en fin soy hijo menor, pues me hizo el cielo segundo, en las partes personales con que me aventajo, sí; de ilustre sangre nací, dotes tengo naturales; juventud y gentileza es el tesoro mayor para los gustos de amor, cuyo objeto es la belleza. En esta felicidad hallarás tus desengaños. No quita el oro los años que ya han mediado tu edad; ya en la tela de tu vida teje la vejez ingrata hilos de peinada plata que traen la muerte escondida; ya con arrugas procura tu cara desengañarte, pues te dobla por guardarte el tiempo en la sepultura. Disforme estás para amante, que la gula corpulenta, en fe que en ti se aposenta, te hizo su semejante. Si Amor se pinta con alas, porque siempre es ágil, ¿cómo siendo tú un monstruo de plomo, a mi agilidad te igualas? Anda, que ése es barbarismo. Come, bebe y atesora, de ti mismo te enamora, pues eres dios de ti mismo. Procura desvanecer el fuego que te estimula, y pues adoras la Gula, no busques otra mujer. NINEUCIO: Eres loco y te desprecio.
A LÁZARO
Sólo, sobrino, de ti me admiro por ver que así intentes como este necio, haciéndome oposición, desacreditar la fama que sabio y cuerdo te llama. LÁZARO: Sobrárate la razón si estribara la esperanza que en Felicia tengo puesta en la riqueza molesta, que es tu bienaventuranza. Si es causa la voluntad del amor, y ésta potencia del alma, cuya excelencia goza de inmortalidad, no creo yo, siendo tan sabia Felicia, que hará elección de tus riquezas, blasón caduco que el alma agravia. Menos rico que tú soy, aunque con bastante hacienda para que esposa pretenda a quien inclinado estoy. Y advierte, porque deshagas la rueda sobre que estribas, más considerado vivas, y menos te satisfagas, que imitó Naturaleza a una madre que ha crïado dos hijas a quien da estado, una de extraña belleza, y ofra fea, y que acomoda, porque casarlas desea, toda su hacienda a la fea, y a la otra su gracia toda. Entre sabios e indiscretos Dios sus dones repartió; ingenio a los sabios dió y hacienda a los imperfetos; que por eso es pobre el sabio, y el ignorante es tan rico. Pon el ejemplo que aplico en los dos, aunque en tu agravio, que si para tu desprecio la sabia Naturaleza reparte hacienda y riqueza a la medida del necio, de estos dos diversos modos la cuenta podrás hacer, que tan necio vendrá a ser el que es más rico de todos. NINEUCIO: Consuélete esa opinión, que no por eso me agravio; tan rico fue como sabio Job, David y Salomón. No es bien que por eso cobre desestima de mi estado. Siempre el rico es murmurado y desvergonzado el pobre. Llamados hemos venido por Felicia todos tres; si es hermosa, discreta es; escoger quiere marido. Al más digno ha de nombrar por esposo de nosotros. Ésta es. ¡Pobres de vosotros, cuáles os he de dejar!
Sale FELICIA
FELICIA: Reconocida al amor que todos tres me mostráis, y aunque confusa en la deuda, deseosa de pagar, os permito, caballeros, que agora merced me hagáis, honrando esta casa vuestra, que ufana en veros está. Si yo tuviera tres almas en tres cuerpos que lograr, entre sujetos tan nobles diera en amorosa paz fin a vuestra competencia, brío a vuestra voluntad, quietud a mi confusión y a mi sangre calidad. Mas siendo vosotros tres, y una sola la que amáis, fuerza es que entre vuestro amor viva mi elección neutral. Desvelos me habéis costado con que el cuidado, a pesar del sueño, diversas noches, ya abogado, ya fiscal, os abona y os condena. Ved como sentenciará quien es juez en causa propia, si es pasión su tribunal. Reconozco de Liberio que es ilustre, que es galán, que es discreto, que es hermoso, que es cortés, que es liberal; y cuando voy a elegir, hallo que alegando está Lázaro merecimientos de valor y estima igual. Considérole apacible, virtuoso y principal, bienhechor de sus vecinos, amado en esta ciudad. Bien pudieran tantas partes reducir mi libertad, si no la contrapusiera Nineucio, prosperidad de este siglo, mayorazgo de la Fortuna, caudal del contento y la riqueza, que en él colmados están.
A LIBERIO
En fin, halla en vos el gusto gentileza y mocedad;
A LÁZARO
en vos, prudencia y virtud;
A NINEUCIO
Y en vos halla autoridad y riqueza el interés. Colegid cuál estará quien ha de escoger al uno, y perder a los demás. Pero, pues ha de ser fuerza, y Felicia me llamáis la inclinación determino con el nombre conformar. Felicia soy; solamente aquel mi dueño será que poseyere en su estado la humana felicidad. Vos, Liberio, mientras vive vuestro padre y a él estáis sujeto hijo de familia, tasándoos la cortedad de su vejez alimentos, mal os podréis alabar de ser feliz, pues consiste el serlo, en la libertad. Juventud y bizarría son venturas al quitar que, o el tiempo las tiraniza, o postra la enfermedad. Felicidad de futuro, sujeta a la variedad de mudanzas y accidentes, mientras llega, pena da; en espera, sois dichoso, martirio es el esperar; dichas presentes procuro, pues que tardan, perdonad. Y vos, Lázaro también, que puesto que sea verdad que os den fama las virtudes que piadoso ejercitáis, ya remediando pobrezas, componiendo pleito ya, con que os llama todo el reino su socorro universal, entretanto que adquirís a costa de la mortal la felicidad eterna, a que piadoso aspiráis disipando vuestra hacienda y faltándoos el caudal, fuerza es, casando con vos, que también falte la paz. En la casa de Nineucio no halló la necesidad puerta franca, ni hasta ahora ha entrado en ella el pesar. La abundancia es quien la habita, y hasta ella corriendo van los deleites como ríos, por ser Nineucio su mar. Llámale rico avariento la murmuración vulgar, porque con ellos no gasta los bienes que Dios le da. miente el vulgo, que el avaro, sólo por acrecentar riqueza a riqueza, es verdugo de sí mortal. Cuando más rico, es más pobre. No come por no gastar, no viste por no romper, no duerme por no soñar. En la casa de Nineucio, desde el retrete al zaguán toda güele a ostentación, toda sabe a majestad. Sus paredes cubren telas, sus artesones están compitiendo en sus labores con la esfera celestial. Biso delicado viste, arrastra púrpura real, sobre blandas plumas duerme, en carrozas fuera va. ¿Qué invención el apetito ha inventado, qué manjar, que no registre su mesa? ¿Qué licor tan cordïal que su sed no satisfaga, si su prodigalidad empadrono para el gusto cuanto abraza tierra y mar? Luego no será avariento quien, consigo liberal, no malogra sus riquezas y bienes con los demás. Si es Nineucio, pues, tan rico, discreto sois, sentenciad el pleito de vuestro amor, que entretanto que envidiáis mí elección y su poder, él y yo con yugo igual al triunfo de Amor unidos consagraremos su altar.
Danse las manos NINEUCIO y FELICIA
NINEUCIO: Consolaos el uno al otro, y uno de otro me vengad. Rico soy, Felicia es mía; cuerdos seréis si sacáis en mi abono y vuestra afrenta, que aunque el bien partido está en honesto y deleitable, no hay bien sin utilidad.
Vanse los dos
LIBERIO: No fueras tú mujer, y no eligieras interesables gustos. Si tú amaras, mis dotes naturales abrazaras, sus miserables bienes pospusieras. Adora a un monstruo de oro; lisonjeras mentiras apetece, estima avaras felicidades torpes, pues reparas en lo que esconden montes, pisan fieras. Riquezas, de tu amor apetecidas, herede yo, si así te satisfaces, que premiaran tu amor; pero más justo es, que imitando en la elección a Midas, tengas, cuando en tu esposo el oro abraces, con sed al interés, con hambre al gusto.
Vase LIBERIO
LÁZARO: Tan lejos de formar quejas ni celos estoy de ti, Felicia interesable, que mil gracias te doy porque mudable, tus desengaños curan mis recelos. ¡Qué contrarios que son nuestros desvelos! Tú en deleites humanos varïable, felicidad elijes; yo, inmutable, agregación de bienes en los cielos. No es gloria la que teme a la mudanza y amenaza en peligros de la vida; mas funda en ella tu razón de estado, pondré yo en Dios mi bienaventuranza y veremos los dos a la partida cuál de los dos es bienaventurado.
Vase LÁZARO. Salen CLEMENTE, viejo, y MODESTO, su hijo
MODESTO: No te espante de que viva Liberio tan sueltamente, señor, si en tu amor estriba de sus vicios la corriente que su juventud derriba. Si por ser hijo menor te ha de ocasionar tu amor a consentir lo que pasa, sin que tenga a nadie en casa ni respeto, ni temor, cuando disipe tu hacienda, tu fama desacredite, juegue, desperdicie, venda, llórelo quien lo permite y le da tan larga rienda; que yo, cumpliendo con esto, y a obedecerte dispuesto, aunque soy hijo mayor, me quejaré de tu amor y sus locuras. CLEMENTE: Modesto, hasta que padre hayas sido y con tierna sucesión hayas cuerdo repartido en hijos el corazón, de sí mismo dividido, no culpes lo que no alcanzas. La juventud en mudanzas gasta la flor de sus años, y el tiempo con desengaños suele lograr esperanzas. Cuerdas amonestaciones doy a Liberio; no puedo violentar inclinaciones. Que es travieso te concedo; mas, si no excusas razones, ¿he de ser con él tirano? ¿No puso Dios en su mano su libertad y albedrío? Rompa la presa este río cual avenida en verano. Quien ve un arroyo pequeño crecer con la tempestad, hacerse del campo dueño, inundar una ciudad, y en breve espacio pequeño, el que antes imitó el mar, dejarse humilde pisar sin barco o vado a pie enjuto, de un simple niño, de un bruto, pues así has de comparar. La juventud licenciosa, borrasca es en el estío de la edad, que presurosa saca de madre este río, cuya creciente furiosa rompe peñas y edificios, pero como son los vicios que causaban sus crecientes, bienes no más que aparentes, dan de su violencia indicios; y empalagando el descanso que en ellos creyó tener, se reduce a su remanso, y vuelve luego a correr seguro, apacible y manso. MODESTO: Pudiérate replicar mil cosas, a no mirar lo que obedecerte estimo. De mi hermano me lastimo; el cielo le dé lugar para que ataje prudente su juvenil desvarío, que es mar la muerte inclemente, y suele sorberse un río en Mitad de su corriente.
Sale GULÍN, con una caja de joyas escondida
GULÍN: ¡Alto! Mi gozo en el pozo: en las brasas hemos dado. CLEMENTE: ¿Qué es esto? MODESTO: Éste es su criado. ¡Cual el amo, tal el mozo! CLEMENTE: ¿Dónde te vuelves? Espera. GULÍN: Un poco se me olvidaba allá dentro. (¡Angustia brava!) Aparte CLEMENTE: Detente. GULÍN: (¡Quién se escurriera!) Aparte MODESTO: ¿Qué es lo que escondes, turbado, con la capa? GULÍN: ¿Yo qué escondo? CLEMENTE: ¿No respondes? GULÍN: Ya respondo. CLEMENTE: ¿Qué llevas? GULÍN: Cierto recado. CLEMENTE: Muestra. GULÍN: Camisas y un cuello con ropa sucia es. CLEMENTE: Espera. GULÍN: Llévolo a la lavandera. CLEMENTE: ¿Pues yo por qué no he de vello? GULÍN: ¿Para qué has de ver andrajos, señor, de un salario corto? CLEMENTE: Reporta. GULÍN: Ya me reporto. MODESTo: Enseña. GULÍN: ¿Cuatro estropajos, por mejor decir, rodillas, quieres ver? MODESTO: Yo sé que mientes. CLEMENTE: Enseña. GULÍN: No están decentes, porque algunas seguidillas que causó cierta fiambrera, me forzaron sin razón a hacer versos a traición que borre la lavandera. MODESTO: Cualquiera bellaquería se puede esperar de ti. ¿Qué es lo que cubres aquí?
Descúbrele la caja
CLEMENTE: Toda esta es hacienda mía. Traidor, ¿mis joyas me llevas? ¿Hay atrevimiento igual? GULÍN: Yo soy lacayo leal. CLEMENTE: Muy bien con esto lo pruebas, pues me robas. GULÍN: ¿Yo? MODESTO: ¿A excusar te atreves? GULÍN: ¿Y es maravilla, si aun el basto y la espadilla no robo, por no robar? Mi señor, que enamorado colige, por ser galán, que amor del tribu de Dan sale mejor despachado, no cesa de dar jamás, porque so pena de olvido, Cupido se acaba en "pido," y sus damas en "da más." Anoche descerrajó tus escritorios por ver si el interés mercader en amor se transformó; y perdido por Felicia, para comprar su hermosura hizo esta tarde postura, mas pujando la codicia, venció su competidor. Quiso despicarse luego jugando, que en fin el juego es triaca contra el amor; perdió el dinero en diez pintas, de tabardillo serán, y según prisa le dan, ya no debe tener cintas. Mandóme en fin que viniere por el oro, que escondido guardó anoche, prevenido que nadie en casa me viese. Es mi amo, y yo soy fiel, pues dice el refrán que anda, "Haz lo que tu amo te manda si quieres cenar con él." CLEMENTE: Vos sois un... GULÍN: Dirás, bellaco. CLEMENTE: ¡Qué á su medida os halló vuestro buen amo! GULÍN: Si yo, lo que él hurta a plaza saco, ¿en qué peco, o qué te asombra? Sombra es el crïado fiel de su señor; voy tras él. ¿No imita el cuerpo a su sombra? ¿Si él roba, he yo de rezar? En casa del tamborilero, el mozo baila el primero. Mozo soy, y he de bailar. CLEMENTE: No has de estar más un instante en casa. Las faltriqueras le mira, que son terceras de sus hurtos. GULÍN: ¿No es bastante disculpa la que te he dado? Riguroso estás.
Regístranle y le hallan una taba
CLEMENTE: ¿Qué es eso? MODESTO: No sé--¡por Dios!--este güeso hallé sólo en este lado. CLEMENTE: Enseña. ¿Pues para qué traes este hechizo contigo? GULÍN: ¿Yo, hechizo? CLEMENTE: Habla, enemigo. GULÍN: ¿Brujo yo? CLEMENTE: ¿Pues no se ve? GULÍN: Solamente te faltaba para formarme procesos desenterrarme los güesos. CLEMENTE: ¿Pues qué es aquesto? GULÍN: Una taba; juego desacreditado para andar entre esportillas, aunque libre de pandillas y sin artificio hallado.
Juega con la taba
Échase así. Si hacia arriba cae la carne, que es ésta, gana el que tira la apuesta; pero si sobre ella estriba éste, cuyo nombre oculto para callar es mejor, pierde al punto el tirador. MODESTO: No es honesto. GULÍN: Juego culto, pero entretiene cuidados. CLEMENTE: Provechosa ocupación. ¿Qué es eso? MODESTO: Tres dados son. GULÍN: Nunca los busco prestados. CLEMENTE: Con oraciones devotas a los demás te aventajas. MODESTO: Aquí tienes dos barajas.
Sácaselas
GULÍN: Siempre me persiguen sotas. MODESTO: ¡Buen libro! ¡devoción buena! GULÍN: Y tal, que suele obligar las más veces a ayunar esta santa cuarentena. CLEMENTE: ¡Qué hable éste tan sin empacho, y su vicio no le asombre! GULÍN: Si tú jugaras al hombre y supieras dar un chacho, lograr la espada y bastillo con la malilla y enfolla, hacer reponer la polla, llevártela de codillo, valdándote de un manjar, y los reyes escoger, te olvidaras de comer y de dormir por jugar. CLEMENTE: No olvidaré de daros, yo al menos, el galardón digno de la ocupación en que sabéis emplearos. ¡Hola!
Salen dos CRIADOS
GULÍN: (En habiendo oleadas, Aparte tormenta promete el mar.)
A los CRIADOS
CLEMENTE: Atadme éste. GULÍN: (Salmonar Aparte me quieren las dos lunadas.) Señor, desde hoy pondré fin al juego y hurtos.
Sale LIBERIO
LIBERIO: ¿Qué es esto? CLEMENTE: ¿Qué ha de ser? GULÍN: Acude presto, que corre riesgo Gulín. CLEMENTE: Dos grillos y una cadena le echad. LIBERIO: ¡A Gulín! ¿por qué? GULÍN: ¿Comílo yo? Mi amo fue. CLEMENTE: Llevalde. GULÍN: ¿A dónde? CRIADO 1: A la trena.
Vanse los dos CRIADOS con GULÍN
CLEMENTE: Mal, Liberio, te aprovechas del amor con que te trato. A Dios y a tu padre ingrato, consejos cuerdos desechas, y haciendo ya mis sospechas verdades, porque te adoro, osas perderme el decoro, y eres, por vivir sin rienda, ladrón de tu misma hacienda, pirata de tu tesoro. Aun si en nobles ejercicios mozo la desperdiciaras, o amigos con él ganaras, en la adversidad propicios, colorearas los vicios con que darme muerte quieres; pero en juegos y mujeres, peste de la juventud, hospital de la salud, del infierno mercaderes... ¡Ay, de ti! que al mismo paso que a engaños vicios enlazas, tu perdición misma abrazas corriendo, ciego, a tu ocaso. De tu edad verde haz más caso, que el que en torpezas livianas gasta las flores tempranas de su juventud florida, plazos acorta a su vida y al tiempo adelanta canas. LIBERIO: No ha estado malo el sermón para el humor con que vengo. Sabio David en ti tengo cuando ser quiero Absalón. ¿Tan, torpes mis vicios son? ¿Tan adeudado te dejo para que llores perplejo culpas que finges en mí, que en cada maravedí me has de dar siempre un consejo? Gentil modo has inventado de ahorrar por no persuadirte; siempre que llego a pedirte, me riñes adelantado. Ya yo estuviera casado, si menos guardoso fueras, con quien honrarme pudieras, y mi sosiego alabaras, en nietos te conservaras y noble en ellos vivieras. Mas como dura el invierno de tu larga vejez tanto, me tienen, y no me espanto, por hijo del Padre Eterno. De tu cansado gobierno es ya mártir mi paciencia, edad tengo y experiencia. Padre, acaba, o muérete, o la parte se me dé que me toca de mi herencia. El dote que, caudaloso de mi madre te enriquece, la mitad me pertenece; por esto te soy odioso. No es mi edad para el reposo que me aconsejas molesto. Mucho vives, mas supuesto que al alma te ha de llegar el querértela sacar, así morirás más presto. MODESTO: Atrevido, ¿así es razón que hables a quien el ser debes? ¿Asi a tu padre te atreves? LIBERIO: Empieza tú otro sermón, hipócrita en la opinión de quien tiene entendimiento; encarece sobre el viento la virtud que no acreditas, díme que a mi padre imitas, por ser cual él avariento. Alábate que no juegas, que nunca serviste damas, que si Modesto te llamas, modesta vida sosiegas; que si soberbio me alegas que eres mi hermano mayor, te probaré yo, en rigor, que del justo Abel en fin fue hermano mayor Caín, vino a ser el peor. Si, en los primeros que el mundo tuvo, el mayorazgo fue tan malo, ¿es justo que esté sujeto a ti por segundo? En no estimarte me fundo, por ser de ti tan distinto, que si obediente te pinto, será hipócrita avariento para que en su testamento te mejore en tercio y quinto. Por huir de él y de ti pienso partirme tan lejos que os espante. Tus consejos y tu ambición huyo así. Liberio soy; pues aquí oprimes mi libertad, excuse mi libre edad vuestra avara hipocresía y busque en Alejandría la humana felicidad. Corte soberbia es Egipto; lograré en ella mi hacienda, soltaré al deleite rienda y presas al apetito. Con el mismo sol compito en gentileza; a mi amor la dama de más valor, más rica, sabia y hermosa, rendiré. Será mi esposa, y yo de Egipto señor. Triunfará mi mocedad, sin perdonar juego o fiesta, convite, prado, o floresta, deleite o prosperidad. Ésta es la felicidad por quien me dejó Felicia, ésta mi gusto codicia, y ésta sola me destierra de mi casa y de mi tierra, y en fin, de vuestra avaricia. Venme, padre, a entregar luego lo que heredé de mi madre, saca el testamento, padre, o pondré a tu casa fuego. CLEMENTE: Liberio, ten más sosiego; considéralo mejor; no uses tan mal de mi amor, que ya tu perdición lloro.
Llora
LIBERIO: Mejor dirás popotl oro, de quien soy tu ejecutor. Como guardas el dinero, guarda lágrimas también, y haz que mi hacienda me den; que partirme a Egipto quiero. Ni me repliques severo, ni amoroso me persuadas. A romper voy aceradas arcas y cofres que adoras; no me enterneces, que lloras lágrimas, padre, doradas. Dame mi hacienda y no intentes que mala vejez te dé. CLEMENTE: Oye. Eso y más te daré, como de mí no te ausentes. MODESTO: Respeta canas prudentes, y si estás de mí ofendido, perdón y brazos te pido. LIBERIO: Aparta engañosos lazos. Dinero quiero, y no abrazos. Tus engaños he entendido. Todo es por lo que sentís que a los dos el oro os lleve; ni vuestro llanto me mueve, ni con él me persuadís. ¡Vive Dios! Si me impedís la hacienda que me usurpáis y el tesoro me negáis en que idolatráis avaros, que en casa no he de dejaros un sólo pan que comáis.
Vase LIBERIO
MODESTO: Dásela, corra este río, como dices, caro padre, sin presas; salga de madre su juvenil desvarío. CLEMENTE: ¡Ay, engañado hijo mío! Experimenta mortales peligros que a buscar sales, si el desengaño previenes; que nunca estimó los bienes quien nunca probó los males.
Vanse lo dos. Salen NINEUCIO, vistiéndose y lavándose con música de chirimías; CRIADOS dándole de vestir y DINA se hinca de rodillas y dice
DINA: Señor, si en tiempo de bodas los reyes hacen mercedes, y tú aventajarte puedes entre las personas todas que coronan sus cabezas, casándote hoy, no hay dudar que te hayas de aventajar a todos, como en riquezas. Mayordomo tuyo ha sido mi esposo; dió mala cuenta de su oficio y de tu renta, en deleites divertido. Disculpa en parte merece, pues en ellos te ha imitado, que todo leal crïado a su señor se parece.
Vase paseando y vistiendo NINEUCIO
En mil ducados le alcanzas, y le has hecho encarcelar; no te ha de poder pagar, si no le das esperanzas. Deudo es tuyo y yo mujer; si uno y otro no es bastante a enternecer un diamante, tu misma sangre, tu ser cifro en dos ángeles bellos, partes de mi corazón. Haz crüel ejecución en tu sangre y cobra de ellos, o da lugar a su padre para pagarte después, siquiera porque a tus pies está su afligida madre. NINEUCIO: Cantadme algún nuevo tono. DINA: Quien vale mucho, hace mucho. NINEUCIO: Cantad. DINA: Escucha. NINEUCIO: No escucho. DINA: Perdónale. NINEUCIO: No perdono. DINA: Si no le das libertad, ¿cómo ha de satisfacer? NINEUCIO: Los hijos podéis vender para pagarme. Cantad.
Cantan
MÚSICOS: "Si el poder estriba sólo en tener, y es más el que tiene más, tú que das tus bienes, que son tu ser, serás tu propio homicida; pues mientras gastas sin rienda, cuanto dieres de tu hacienda tanto acortas de tu vida." NINEUCIO: ¿Cúya es esa letra? MÚSICO 1: Es de un poeta corpulento en verdades avariento y en los versos calabrés. Miente más que da por Dios; tahur en naipes y engaños, viejo en pleitos, como en años, y es en la cara de a dos. NINEUCIO: Ése ha de estar en mi casa; gajes desde hoy le señalo. MÚSICO 1: Este medra porque es malo, que aquí la virtud no pasa.
Sale SIMÓN
SIMÓN: Señor, mi esposa y tu prima, espiró ahora, y es cierto que más la hambre la ha muerto que la enfermedad; si estima tu sangre la compasión que a los difuntos se debe; si el ser tu deudo te mueve, si obliga la religión que adoras y profesaste y con tu piedad concierta, dame con que entierre muerta a quien viva no amparaste. No tengo con que le dar mortaja ni sepultura. NINEUCIO: Los pobres y la basura echarlos al muladar. En Job esta verdad fundo, pues, luego que empobreció, en un muladar paró, por ser basura del mundo. SIMÓN: ¿No fue sangre tuya? NINEUCIO: Si, mas fue sangre aborrecida, por ser pobre corrompida, y echéla fuera de mí. Sangre que no es nutrimento del cuerpo que en ella espera, de su oficio degenera. Quien me pidiere sustento, no se llame sangre mía, pues mi sustancia empobrece. La sangre mala enflaquece, la buena alimenta y cría. De parientes me he sangrado pobres, que me dan congoja, pues al muladar arroja su sangre el que la ha sacado. Haz a los cuervos con ella plato, en que sepulcro cobre, si por ser carne de pobre, los cuervos osan comella.
Hase acabado de vestir
SIMÓN: ¡Señor! NINEUCIO: No seas importuno. Cántad. Echadlos de aquí. SIMÓN: ¡Que el oro enloquezca así!
Sale FELICIA con una caja en un plato. Chirimías y CRIADOS con toalla y platos y bebida
NINEUCIO: ¿Qué es esto? ¡Hola! MAYORDOMO: El desayuno. FELICIA. Porque te sepa mejor, quise yo servirte el plato. NINEUCIO: Invídieme el aparato el monarca que hay mayor; pues ninguno mereció el banquete que hoy recibo en fuentes de cristal vivo, mas tengo más dicha yo. ¿Qué hacéis? Cantad mi ventura.
Cantan
MÚSICOS: "En la casa del placer ha convidado a comer al apetito la hartura." NINEUCIO: Felicia es quien la procura, pues a pesar del pesar, al gusto ofrece manjar y a los ojos hermosura. MÚSICOS: "Aunque en diversos extremos plato franco hace el amor."
Salen cuatro POBRES e híncanse de rodillas
POBRE 1: Danos limosna, señor, que de hambre perecemos. MÚSICOS: "Satisfecho el gusto vemos, pues que le sirve la hartura." POBRE 2: Señor, nuestra desventura manda por Dios remediar. MÚSICOS: "Al gusto sirve el manjar, y a los ojos la hermosura."
A los mendigos
NINEUCIO: ¡Oh, asqueroso y vil enjambre de moscas, que licenciosas, en las mesas más preciosas osáis matar vuestra hambre! Después que aquí habéis entrado el alma me habéis revuelto; ¿de qué infierno os habéis suelto, o qué peste os ha brotado? ¡Qué presto olistes mis bodas, harpías de mis regalos! Echádmelos de aquí a palos; cerradme esas puertas todas.
Quieren echarlos y sale LÁZARO al encuentro y tiénelos
LÁZARO: ¿Con tal desalumbramiento, tío, los pobres maltratas, que del crédito de Dios son abonadas libranzas? Dichoso pretendes ser, y cuando se te entra en casa el bien, le cierras las puertas, porque a los vicios las abras. Ya que niegas buenas obras, no niegues buenas palabras, siquiera porque en el mundo son la moneda que pasa. ¿Cómo ajustarás tus cuentas con Dios, que al más santo alcanza, si en el registro del cielo las cartas de pago rasgas? Si felicidades buscas, mayor bienaventuranza es dar que no recibir, que esta sirve, aquella manda. Aprende de las criaturas, que unas con otras contratan, ya dando, ya recibiendo, con trabazón soberana. No fuera, augusto planeta el sol si su luz negara, pues no se alumbra a sí mismo, y alumbra a todos de gracia. Si sutiliza vapores que le da la tierra, paga en nubes, que fertilizan sus verdes campos con agua. Recibe el fuego materia en que conserva sus llamas, y paga con el calor que nos alienta y ampara. Recibe el aire impresiones peregrinas, que rehusara si en respiración vital las vidas no conservara. Recibe el aire hospedaje en la tierra, que es su casa, y págale, agradecido, en dar humor a sus plantas. La tierra que toma a usura los granos a sus entrañas, de los tres vivientes es generosa tributaria. Todos pagan, si reciben; tú solamente te apartas de esta ley, pues que de todos recibes, y a nadie pagas. ¿Quieres ver cuán triste cosa es recibir? Pues repara en el invierno encogido, que es cuando, necesitada, mendiga la humilde tierra, ya la nieve, ya la escarcha, el sol, la lluvia, el calor, la sementera y labranza, y verás que, porque a todos pide, ¡qué desaliñada, qué melancólica está! Mas recibe ¿qué me espanta? Considérala después que a sus acreedores llama desde el abril al octubre, verás qué hermosa y bizarra al mayo corre cortinas, las primaveras que arrastra, los tabíes que entapiza, los plumajes que la agracian. ¡Ayer triste, hoy tan alegre! ¡Válgame Dios! ¿qué mudanza es esta? Ayer recibió; recibir es cosa baja. Hoy paga, hoy tiene que dar, y el dar es de reyes. Salga cuando hace mercedes, reina; cuando las recibe, esclava. Da a tus deudos, da a los pobres, y no serás semejanza de estéril tierra en invierno, ni malograrás tu fama. NINEUCIO: Desairado persuades sofísticamente engañas; para conclüirte, quiero valerme de tus palabras. Prodigaliza la tierra cuando tras pobrezas largas, en invierno padecidas, se le sigue la abundancia. Pero mira tú después que desnuda y esquilmada desperdició sus riquezas, si en el invierno se holgara de guardar, por no pedir, y luego a la hormiga alaba, que no mendiga en enero, porque en el agosto guarda. Será bien que en el estío de mi edad, necio reparta bienes que eche después menos en la senectud helada? Si yo limosna a estos diera, otros pobres convocaran, porque siempre se eslabonan los pobres y las desgracias. Tengo mucho que vivir, sustento familia y casa; saducea es mi opinión; la inmortalidad del alma niego; en muriéndose el hombre, todo para él se acaba. Ni espero premios del cielo, ni el infierno me amenaza. Tú, que en opinión distinta, quimérica gloria aguardas, deposita en pobres toscos bienes que con ellos gastas; y si en el mundo, mendigo vieres a la hambre la cara, por la hartura que esperas, muy buen provecho te haga. LÁZARO: ¡Qué ciego estás! Ven acá. A tu mayordomo alcanzas en mil ducados; por ellos te quiero dar una granja que orillas del Jordán tengo. NINEUCIO: Ya la he visto. LÁZARO: Soltar manda por ella a tu mayordomo. NINEUCIO: Hazme, pues la entrega, y salga. DINA: Dame esos piadosos pies, amparo de pobres. LÁZARO: Alza.
A SIMÓN
¿Qué pides tú? SIMÓN: Con que entierre mi esposa, mitad del alma. LÁZARO: Sangre es mía; en el sepulcro donde mis padres descansan esté, y para sus obsequias, si cien escudos no bastan
Dale un bolsillo
que aquí llevas, ven por más. SIMÓN: Pisen mis labios tus plantas. NINEUCIO: ¡Oh, sepulturero loco! Mientras que tu hacienda gastas en la basura del mundo, yo con acciones contrarias quiero sepultar deleites en mí mismo. Haz que me traigan para cenar esta noche el ave Fénix, si Arabia se atreve a ponerla en precio.
En la escena aparecerán a un lado LÁZARO con los pobres, y a otro NINEUCIO con sus criados
POBRE 1: Yo, señor, pido frazadas para el hospital, que hay muchos, y casi no tienen camas. LÁZARO: ¡Ay agentes de Dios vivo! Todo es pagar libranzas. Ve a la noche, y te daré cuanta ropa tengo en casa. NINEUCIO: ¡Hola! Haced a mis caballos y a mis yeguas nuevas mantas; cortadlas de paño azul y guarnecedlas de grana. LÁZARO: Cenad conmigo vosotros esta noche, que empalaga el manjar comido a solas. NINEUCIO: Estén mis puertas cerradas mientras me asiento a cenar, que no es mi mesa villana para que a otros pague pechos. SIMÓN: ¡Qué vidas tan encontradas!
Suena un clarín y salen a caballo, bizarramente de camino, LIBERIO, y en una mula de alquiler, tras él, GULÍN a lo gracioso
LIBERIO: Mucho me huelgo de hallaros juntos cuando me despido. Ya de menor he salido; ya no tengo que envidiaros. De los tesoros avaros que mi padre encarceló, la parte que me tocó pone a mi apetito espuelas; de alimentos y tutelas mi libertad me sacó. A la Babilonia egipcia, de Alejandro fundación, me destierra la elección bárbara que hizo Felicia. Juzgue agora su codicia, si da lugar al consejo, mientras que de ella me quejo, cuál es más cumplido gozo, o el gusto en brazos de un mozo, o el pesar en los de un viejo. Que aunque el tesoro le sobre, ¿qué importa, si ya publica que al paso que triunfa rica, llora el gusto triste y pobre? De su felicidad cobre réditos el interés, y compitamos los tres sobre quién es en su estado, sólo el bienaventurado reinará en los dos después.
A NINEUCIO
Gasta tú solo contigo, regálate, come, bebe; y tú, empobreciendo en breve,
A LÁZARO
gana el cielo por amigo; que yo, que otro extremo sigo, sin que perdone mi edad fiesta, deleite, beldad, galas, convites, placeres, sólo en juegos y en mujeres pongo mi felicidad.
Tocan el clarín y vase LIBERIO
GULÍN: Yo, lacayo Gandalín, y el primero que anda a mula, trompetero de la gula, que por eso soy Gulín, ya en jumento, ya en rocín, ya de portante, ya al trote, comiendo a pasto o a escote, daré a venteros venganza, no me llamen Sancho Panza, que se enoja don Quijote.
Vase GULÍN
NINEUCIO: ¿Un loco me desafía a deleites? ¡Vive Dios, mi bien, que hemos de ir los dos a la egipcia Alejandría! Hasta allí la hacienda mía llega. Hasta Menfis alcanza mi poder. Déme venganza quien soberbio me resiste, y sépase en qué consiste esta bienaventuranza. LÁZARO: En vosotros, pobres míos, la suya ha puesto mi fe. Venid y os regalaré; corran al mar estos ríos; pues sois del cielo navíos, mi hacienda al cielo llevad, que en él mi felicidad tengo solamente puesta. NINEUCIO: Este necio me molesta. Triste estoy. ¡Hola! Cantad.
Tocan chirimías, y vanse unos por un lado y otros por otro

FIN DEL ACTO PRIMERO

Tanto es lo de más como lo de menos, Jornada II


Texto electrónico por Vern G. Williamsen y J T Abraham
Formateo adicional por Matthew D. Stroud
 

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Actualización más reciente: 25 Jun 2002